¿Tres tipos de poetas?

Críticas y Reseñas

El poeta en actos

 

“La belleza nos rodea, pero normalmente necesitamos andar en un jardín para saberlo”.

Rumi

 

Según la investigación de Rolando Reneville plasmada en el ensayo titulado Poetas y místicos (en revista mexicana El hijo Pródigo, No. 19, 1940) establece la diferencia de dos tipos de poetas; el moderno, interesado en el mercado y la lectura del libro y el místico, dado a la inspiración poética, obligado a escribir en versos.

Un tercer tipo, desconocido en la literatura occidental moderna, el poeta en actos, en virtud de sus discípulos se convierte en poeta en versos. En la literatura aparece como el poeta dijo…nunca escribió, pero sus amigos, la tradición recoge lo que dijo; lo que dice no forma la totalidad de la experiencia. Más allá del ego poético, la totalidad no puede ser expresada en palabras. De ahí fragmentos, de ahí mentiras, de ahí el engaño del Poeta. El poeta es un estafador, un ladrón, valga la metáfora.

El primer tipo, el poeta moderno, abunda hoy por doquier. El poeta del modernismo. Se interesado en el ego poético. Crear el mercado, produce un lector. Para Nietzsche en Así habla Zarathustra los poetas modernos serán como mosca en el mercado. Escriben para saciar el ego. Más que un creador es un constructor, un técnico. Llega al culmen de la disciplina, a la aparente forma de ser un poeta; se convierte en un especialista del verso. Un armador. Copia, restaura, mutila y arma. Se vale del conocimiento filosófico y
cultural para construir el poema. Se cree haber expresado una experiencia, un súbito poético, una vivencia oblicua. La metatranca es la salvación. Refinada y cultivada, la modernidad del ego poético se pierde por entero en el segundo tipo de poeta.

El místico, poeta de calibre. No está interesado en nadie sino en su propio ser.  Roland de Reneville intentaba reconstruir magistralmente la posible unión entre el acto pasivo poético o místico y el acto activo por fuerza de concentración consciente. El poeta acceder al laberinto de lo misterioso. Para Renevill, el abandono del yo poético trae la gracia; el poeta y el místico son uno, se funden. Blake se considera poeta pasivo, de inspiración mística; Juan de la Cruz de Rimbaud y Baudelaire por la poesía activa, consciente.

Sin embargo, Blake, Rimbaud y Baudelaire no fueron en sí mismos poetas místicos, pero no fueron modernos. Aunque a partir de sus métodos accedieron a un fragmento de la verdad, a tener vislumbre del misterio de la vida, sólo la belleza de sus versos indicó ese contacto con el misterio; pero en verdad ellos no fueron
místicos, sino poetas que accedieron al campo del místico pasiva y activamente por inspiración. Siempre la inspiración llevará el sello de la poesía. La poesía es inspiración. Renevill afirma:

“Mientras que el poeta se encamina hacia la Palabra, el místico tiende al Silencio. El poeta se identifica con las fuerzas del universo manifestado, mientras que el místico las atraviesa, y trata de alcanzar, detrás de ellas, la potencia inmóvil y sin límite de lo absoluto”.

“Así pues, los místicos y los poetas, empleando el método activo o el método pasivo con el fin de conquistar la plenitud de su espíritu, llegan progresivamente a la negación de su yo, a la negación de los valores éticos y acceden a una realidad tenebrosa en cuyo seno la noche y la luz cesan de oponerse.”

Al considerar a Juan de la Cruz temperamentalmente pasivo se confunde la dimensión esencial entre el poeta y el místico. Como lo ha dicho Shree Rajneesh en el Desiderata: “De vez en cuando el místico es también poeta; ésta es una coincidencia. Cuando sucede –como en el caso de Lao Tse, de Zarathustra, de Mahoma- entonces tenemos algo del más allá que está disponible para nosotros. Pero un místico no necesariamente es un poeta;
ser poeta es un talento diferente. Se puede ser un místico sin ser poeta, se puede ser un poeta sin ser un místico.” En otras palabras, “el místico es un poeta para siempre”.

En resumen, entre el poeta moderno, que constituye la mano extendida del poeta místico, vive el poeta que de vez en cuando accede al terreno del místico. En otras palabras, el poeta moderno trabaja con hechos, con objetos; sus vivencias serán a través de fuentes muertas, mientras el místico trabaja con el asombro, el misterio y la vida. El moderno es científico y el místico es religioso.

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