En Tiempo de la Colonia: El Cobarde Fusilamiento de los Estudiantes de Medicina. Hechos Desconocidos Ocurridos

Historiografía

 René León

  El Ministro de Ultramar en Madrid, Moret Prendergast, era partidario de la terminación de la guerra en Cuba. Él abrigaba la idea de que podía terminar la guerra, negociando la pacificación con los jefes mambises. Se oponía a la guerra de exterminio que se llevaba en Cuba, por algunos oficiales del ejército español y Voluntarios. La situación en la Habana era tensa, pues los Voluntarios por cualquier motivo realizaban ataques contra los de origen cubano. En Manzanillo hubo un caso, donde un capitán de infantería en estado de embriaguez mandó a fusilar y machetear a doce personas, sin motivo alguno. Salvo, por el motivo de ser cubanos.

Al surgir una polémica entre los periódicos cubanos de Key West y los de origen español de la Habana trajo como consecuencia un reto a duelo entre don Gonzalo Castañón y el cubano Pío Rosado. Siendo muerto Castañón en un altercado callejero en Key West. Sus restos fueron trasladados a la Habana.

El 23 de noviembre de 1871 un grupo de estudiantes de la Escuela de Medicina del primer año, asistía a las clases que se efectuaban en el anfiteatro anatómico, conocido como San Dionisio. Al ser suspendida las clases, salieron del edificio y al ver el carro donde se transportaban los cadáveres subieron, a él y dieron vueltas a la pequeña plaza que existía delante del Cementerio. Fue su ingenuidad, ya que nada grave había hecho, lo que los condujo al paredón de fusilamiento con los otros compañeros.

El órgano de propaganda de los Voluntarios “La Voz de Cuba”, aprovechó la ocasión para levantar calumnias e insultos contra ellos, acusándolos de la violación de la tumba de Castañón. Los Voluntarios no tenían el coraje de ir a pelear contra las fuerzas cubanas, pues eran unos cobardes y hombres sin dignidad que hicieron todo lo posible para que aquellos jóvenes fueran fusilados. El gobernador Político don Dionisio López Roberts que era un hombre sin escrúpulos, que se prestó a todo el rejuego, pensando sacar algún provecho de la situación, tal como pedir dinero a las familias con la condición de poner a los estudiantes en libertad. Roberts era considerado un ladrón, que se aprovechaba de todas las oportunidades, como en el caso de la recogida de chinos, para ser nuevamente vendidos. En el caso de los estudiantes todo terminó en unos de los crímenes más grandes cometidos por el colonialismo español en Cuba.

En carta de Alexander Graham-Dunlop, Cónsul general de Inglaterra en Cuba, a Mr. G.Wylde Esq. Foreign Office, en Londres con fecha de 30 de diciembre de 1871, le informaba:

Mi querido señor Wylde:

“El último gobernador político de aquí, (La Habana) don Dionisio López Roberts, ha sido destituido sumariamente y regresado.  A España con una gran fortuna, amasada a través de los medios más indignos y deshonestos su mando en La Habana. No sólo ha hecho esto, sino que se ganó el odio de toda persona de bien en este lugar, y la terrible convicción (si es que tenga algo parecido a la conciencia) de ser el instigador y principal partícipe del crimen de los ocho jóvenes estudiantes que fueron fusilados para apaciguar los salvajes apetitos de los Voluntarios el 27 último {sic.} y la prisión de los demás. Todo el mundo cree que él arrestó a los 42 adolescentes con la idea de exprimir a los padres y así aumentar la crecida suma de su botín”. Tomado de A cien años del 71. EL FUSILAMIENTO DE LOS ESTUDIANTES, Luis Felipe Le Roy y Gálvez, p.9

El único en defender a los estudiantes fue el Catedrático Dr. Don Manuel Sánchez Bustamante. El otro que quedó en el corazón de los cubanos el capitán Federico Capdevila, que fue su abogado defensor. A la una de la tarde del 27 de noviembre de 1871, el capitán don José Gener abrió uno de los balcones del edificio del Gobierno Político en la Plaza e Armas, y en medio de un silencio repentino leyó la sentencia: “De conformidad con el precedente dictamen, apruebo la sentencia del Consejo de Guerra verbal pronunciado en este proceso, por la que se condena á: Alonso Álvarez de la Campa y Gamba, Ángel Laborde y Perera, José de Marcos y Medina, Carlo Augusto de la Torre y Madrigal. Eladio González y Toledo, Juan Pascual Rodríguez y Pérez, Anacleto Bermúdez y González de Piñera, Carlos Verdugo y Martínez, á la pena de ser pasados por las armas.” A las cinco de la tarde del lunes 27 de noviembre de 1871, en medio de una doble fila de soldados de línea, fueron conducidos al lugar de la ejecución: la explanada de La Punta frente al costado norte de los paredones del edificio de la cárcel. Los fusilaron de dos en dos, de espaldas y de rodillas. Habían sólo pasado cinco minutos quedó consumado “el crimen no sólo de los Voluntarios, sino del Colonialismo español en Cuba”.

Varios capitanes españoles protestaron por el fusilamiento de los estudiantes: Federico Capdevila que los defendió. Nicolás Estébanez, ante la noticia de la condena y fusilamiento, partió su sable en la Acera del Louvre, en el Paseo del Prado. El capitán Víctor Miravalles y Santa Olalla, por repudiar el crimen fue enviado de inmediato a España por el Gobernador de la Isla, por decir en el Consejo de Guerra que estaba de acuerdo con Federico Capdevila, y que no firmaría una condena injusta. Los Voluntarios trataron de apresarlo, pero aprovecho la confusión y abandono el lugar, se escapó de sus perseguidores. Al llegar al hotel donde se hospedaba, se vistió de paisano y fue a ver al general Romualdo Crespo, que decidió enviarlo para España.

Entre otros antecedentes podemos citar lo aparecido en el periódico La Quincena, donde informaban que, a las once de la noche del 27 de noviembre, cuando apostados detrás de los fosos que se extienden frente a la plaza, unos negros dispararon sus revólver (sic) contra los Voluntarios, hiriendo a un alférez de artillería; pero perseguidos en el acto fueron muertos al intentar la fuga. Otro testimonio lo fue de Ramón López de Ayala, administrador de correos de La Habana y capitán de Voluntarios, quien mandó el pelotón de fusilamiento (murió loco en un hospital de Burdeos) en carta a su hermano, a la sazón Ministro de Ultramar, la que le relataba que: “…unos negros dispararon sus armas de fuego contra un grupo de Voluntarios de artillería, a cuyo teniente mataron e hirieron a otro individuo. El resto de los que se sintieron atacados por los negros arremetieron inmediatamente contra ellos, y en aquel punto fueron despedazados los cinco que se creyeron autores de la agresión”. (Antonio Pirala): “Los sucesos de 1871”, vol. II, p.303-308, Madrid.) El celador del barrio de La Punta, en un informe rendido a sus superiores, dio cuenta de que:” …son cinco los hombres de color muertos, recogidos en diferentes lugares de este barrio, los cuales heridos de armas de fuego y bayonetas.” Otro parte oficial del suceso:” …en el tiroteo resultaron heridos de bala el teniente de artillería Antonio Pérez, natural de Navarra, cerrajero, de 37 años, que lo fue en una pierna y el Voluntario Ramón Santilla, gallego, de 22 años y empleado del tren de basura de La Habana, en un brazo y en una pierna.” (Augusto Warela: “Páginas olvidadas de nuestra historia: cinco héroes negros”, en Orientación Social, Santiago de Cuba, 1956).  Le Roy aclara en su libro sobre la muerte de los cinco negros en La Habana: “Esta matanza de cinco negros ha sido objeto de mucha especulación, inventándose la versión novelesca de que ese día hubo un levantamiento de ñañigos (Sociedad secreta, ilegal, formada casi exclusivamente por elementos de la raza negra) juramentados, según unos, o esclavos leales, según otros, que pretendían rescatar por la fuerza a los ocho estudiantes que iban a morir. La falsedad de esta especie se patentiza en el hecho de que, no sólo no existe tradición seria alguna en ese sentido, sino, también, que el número de defunciones asentadas en los libros de entierros del cementerio de esta capital, mantiene su nivel normal durante todos estos días’. (p.140)

  Han pasado 145 años del fusilamiento de los Estudiantes de Medicina, y su recuerdo sigue vivo en el corazón de los cubanos. Cada día nos vamos a encontrar con más información sobre lo pasado. Gracias a Fermín Valdés Domínguez, se pudo encontrar el lugar donde fueron enterrados los cuerpos de los estudiantes. Al pasar los años Luis Felipe Le Roy y Gálvez profesor de la Universidad de La Habana, e investigador pudo recoger más información sobre lo sucedido.

Los Estudiantes nunca serán olvidados.

Así es la vida.

 

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