¿Ser totalitarista?

Ascetología Filosofía Politología

Por: Ángel Velázquez Callejas

En la esfera de la Filosofía Política existen dos maneras básicas (esquemáticas) de describir al totalitarismo. La fenomenológica, de carácter descriptivo y la esencialista, basada en un centro y en un punto de partida. La fenomenología descriptiva, la tesis más popular, dice que hay una forma, cuyas imágenes las constituyen varias características al uso: 1) discurso (ideología) oficial, 2) control de los medios de información, 3) concentración y centralización de la economía al Estado, 4) instrumentación de la violencia y el terror mediante cuerpos represivos, 5) creación de un enemigo imaginario, 6) un partido político único para manipular las masas. La manera esencialista se apoya, aunque no deja de ser una descripción, en el “terror” como esencia misma del totalitarismo.

Hay una tercera forma, cuya imagen no entra en la descripción de la filosofía política. Descoser esa forma ha provocado una catástrofe política y, desde luego, provoca no entender a fondo en qué consiste el totalitarismo y por qué nos alcanza y nos sobrepasa:  la clásica metafísica sobre el cosmos. Quien lea desde este ángulo a Paradiso, la novela de Lezama Lima, se topará con esta imagen de del hombre transformado en ser totalitario; es decir, la individualidad y la existencia llegan al rango de ser totalitaria del espacio en la tierra.

Ser totalitario en la nueva época significa, en este sentido, estar ahí en el mundo imaginando la totalidad, lo único en el espacio terrestre. Para preguntarlo de otra manera: cómo y por qué el hombre se convierte es un ser proclive de totalitario. No basta con la descripción generalizada dada por la filosofía política, a la que estamos acostumbrados reciclar. Aquí el problema nos lo recuerda a Nietzsche desde los fundamentos de la ascetología general. El totalitarismo es una ascesis del trabajo del hombre. Es como preguntarse: ¿cómo y por qué Fidel Castro se convierte en ser totalitario?

No importan las descripciones establecidas, se trata primero de la imagen que lleva el ser sobre la totalidad. Si esa totalidad es compartida, deja de ser totalitaria; pero si es absoluta se transfigura en discurso oficial, único sobre la totalidad de la esfera. Primero la imagen que se tenga del mundo, luego aparecerán las descripciones.  Lamentablemente Cuba vive inconscientemente bajo el dominio de la imagen del mundo “ese sol del mundo moral”. La imagen de la particularidad del mundo en Cuba no existe. Somos totalitarios por naturaleza cultural. Y este es un problema que subyace en la llamada Cuba profunda, hasta ahora no dilucidado por algún proyecto de investigación social y cultural.

Tendremos que empezar por aquí, por el hombre, por la existencia y la imagen de sí mismo en relación con el medio. A partir de entonces se puede establecer una historicidad, una continuidad de la práctica realizada para descubrir cuáles fueron los hábitos y costumbres, formas habitualizadas de mirar el mundo, coadyuvantes de imágenes absolutas. ¿Cuáles serían los ideales del totalitarismo en Cuba?   Reside en una práctica establecida desde los días de las prefecturas o los campamentos mambises: “morir por la patria es vivir”. Imagen que llevamos todos sobre la isla como práctica absoluta. Nos alcanza y nos sobrepasa. Hemos hecho la imagen, sin declararla la razón de ser de nuestra existencia. Vivimos dentro de una cosmología totalitaria. De Heredia a Céspedes; de Martí a Varona; de José Antonio a Fidel Castro: los mentores de la ascetología totalitaria cubana.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*