Reacciones a la Biología de la Democracia de Alberto Lamar Schweyer

Críticas y Reseñas

Jorge A. Sanguinetty

¿Es la democracia factible en los países latinoamericanos? ¿Cuáles son las causas de la inestabilidad política de América Latina desde el final del sistema colonial? ¿Qué papel juega la cultura en la gobernabilidad? ¿Qué sentido tiene hablar de biología en el contexto de democracia? Publicado en La Habana en 1927, y redescubierto ahora gracias al gran esfuerzo editorial de Angel Velázquez Callejas, este enormemente polémico libro trata de estos temas y ofrece un caudal de ideas, propuestas y supuestos que debieran ser de gran interés para cualquier estudioso de la democracia en Cuba y en América Latina. El libro es un estudio sobre la factibilidad de la democracia en los países latinoamericanos, un tema raramente discutido a fondo por nuestros intelectuales y que tiene especial relevancia en presencia de las iniciativas socializantes de los países de la región. Dado mi gran interés en los asuntos cubanos desde el punto de vista de las ciencias sociales, este libro cobra especial relevancia en presencia de lo que puede observarse como la transfiguración y posible disolución de la sociedad cubana como la conocemos o conocíamos antes del proceso revolucionario que comenzó en 1959.

Lamentablemente el libro fue olvidado por lo que parecen ser dos razones principales: una, las simpatías y relaciones del autor con la dictadura de Machado, la otra por sus consideraciones teóricas de tipo racista. Y digo que es lamentable porque independientemente de los elementos factuales y metodológicos, equivocados y obsoletos que el texto pueda contener, el autor pone a contribución pensamientos que tendrían un valor científico si vemos más allá de sus sesgos ideológicos y prejuicios sociales. A pesar de todo, la cultura y su compleja y no obvia relación con la desorganización de las sociedades latinoamericanas y sus sistemas políticos tienen una gran vigencia, siendo factores que hasta ahora han sido menospreciados por los intelectuales cubanos. Lamar puede ser reconocido por identificar dichos elementos analíticos y señalar un camino a seguir por otros pensadores. Después de todo, la acumulación de conocimiento es siempre un proceso azaroso y errático. En las ciencias sociales aplicadas a Cuba la escasez de pensamiento e investigación de nuestros intelectuales debiera hacernos más pacientes en el escrutinio de textos que tienen partes que no nos gustan, antes de desechar lo que puede tener algún valor.

Lo más original de Biología creo que es el papel de la cultura y su valor como variable explicativa del grado de organización en que se forman y evolucionan las sociedades. Pero Lamar invalida su análisis al confundir cultura con raza, de una manera muy torpe y obsoleta. El autor no separa el concepto de naturaleza del de crianza o educación (la vieja dicotomía que en inglés se conoce como nature vs nurture) haciendo que sus lectores lancen por la borda al bebé junto con el agua del baño, trampa no intencionada en la que caen inadvertidamente sus críticos, mientras el autor se gana el mote de fascista. Al hablar de cultura en términos agregados, sin mencionar sus elementos constituyentes el autor nubla más el análisis. ¿De qué hablamos cuando decimos cultura? ¿Cuáles son los elementos que la constituyen? ¿Cómo se forman y cómo inciden en la capacidad de las sociedades de organizarse para que una democracia sea factible? Sin duda el análisis de Lamar es superficial y errado pero sus críticos erran al no reconocer la importancia del tema.

Acertadamente Lamar sugiere que la falta de capacidad organizativa y las insuficiencias culturales conducen al caudillismo y a la dictadura pero al asociarlas causalmente con variables étnicas condena teóricamente a los negros, indios y mestizos a vivir siempre en formas inferiores de gobierno. No deja abierta la posibilidad de la educación para cultivar la democracia al hacer de las culturas de las razas una relación inamovible. ¿Es éste el resultado conclusivo de la visión biológica que Lamar sostiene sobre el fenómeno social aplicado al desarrollo de las sociedades y la organización de sus sistemas políticos?

En este punto vale señalar que las ciencias sociales han avanzado lo suficiente como para ofrecer  explicaciones más complejas y realistas sobre estas relaciones, visiones que hay que tener en cuenta para complementar el análisis de Lamar en cuanto al papel de la cultura. Primero creo que hay que trabajar en una tipología  o catálogo de lo que llamamos cultura en un contexto científico. En este sentido insisto como en otras ocasiones, y no me canso de repetirlo, en la necesidad de incorporar otras experiencias históricas y estudios de otras latitudes. Me refiero al estudio crítico de los elementos culturales que condujeron a la Revolución Gloriosa en Inglaterra y a la americana en Estados Unidos. Al fin y al cabo ambas representan lo más avanzado en materia de “tecnología” para la organización política y social de las sociedades libres, aunque muchos atavismos ideológicos y chauvinistas impidan reconocerlo. Me refiero también a las teorías sobre la acción colectiva consagradas por Mancur Olson, la formación de capital social estudiada por James Coleman y Robert Putnam sobre capital social, la Nueva Economía Institucional de Douglas North y Ronald Coase y muchos otros avances modernos en las ciencias sociales.

Lo que hemos venido observando como la descomposición imparable de la sociedad cubana bajo el castrismo y las turbulencias sociales y políticas de América Latina debieran estimular el trabajo de los intelectuales sobre estos temas. Debo señalar que cuando se habla de intelectuales en nuestros entornos, rara vez se contempla, mucho menos se recaba o busca, el trabajo de los que se dedican a las ciencias sociales. Este desequilibrio contribuye a mantener bajo el nivel de comprensión de la ciudadanía sobre los elementos que contribuirían a la formación y evolución de sociedades democráticas en Cuba y otros países.

Miami, 12 de febrero de 2017

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