Prólogo: La razón individual y el socialismo individualista

Filosofía Historiografía

Por: Ángel Velázquez Callejas

…el próximo destino social y político del hombre, está en un sistema que concilie la razón y el interés del indi­viduo, con la razón y el interés plural de la sociedad.

Fernando Lles

Sin duda, el nombre de Fernando Lles (1883-1949) aparece en la lista (elaborada por mi) de los 10 más destacados pensadores de Cuba. Por ser un «escritor dinamita», sus contemporáneos lo borraron del imagina­rio intelectual. Escribió versos, ensayos filosóficos y de fi­losofía política con un marcado carácter nietzscheano. El instinto y la voluntad de poder constituyen dos pode­rosas armas de la elaboración de sus ensayos. Se enfrascó durante más de 20 años en una investigación sobre el in­dividualismo, produciendo tres textos de connotación universal y local: El individualismo y la relación con las formas políticas de Estado.

Un ferviente defensor de los valores del individualismo, de la libertad individual, creyó que su objetivación no terminaba en el capitalismo, sino que se transformaría en individua­lismo socialista. Anticomunista por naturaleza, de dónde Lles saca la tesis del individualismo socialista, idea que llamó la atención al poeta Gastón Baquero. Para Fernando Lles, en plena década de fascismo, militarismo, totalitarismo, stalinismo, el capitalismo podía superarse así mismo, dejar atrás el período de inestabilidad social mediante un mesia­nismo pluralista. Nadie mejor que Lles había soñado con lo imposible, intentando abrir la puerta a la hermenéutica del sueño de la filosofía política: la de una sociedad plural compensatoria con el individualismo que da y no quita.

Un panorama no estudiado en el primer tercio del si­glo xx sobre la interpretación de la politización en autores como Alberto Lamar Schmeyer y Fernando Lles alcanzan niveles sin precedentes en la historia de las ideas en Cuba. En resumen, sería escandaloso mencionar el hecho de que ambos autores, sobre todo Lamar, eran de la derecha política y apoyaron la dictadura de Machado. Por supuesto Lamar era un machadista a su manera, a la manera de un hombre superior, un pensador que doblaba todas las realidades del mundo y luego fingía hablar ontológicamente sobre la situación del patriotismo cubano y del fatídico destino político que Machado reconociera en la revolución del 30.

No es que Lamar fuera un pensador político irrespon­sable. Es que su pensamiento al encontrarse con el tiempo histórico y la crisis colectiva del patriotismo llegó al fondo del espíritu de la época, a diagnosticar como Baudelaire el monstro gentil, el estado mental de la época: la abulia. Quien lea su novela La roca de patmos habrá de entender lo que estamos aduciendo. El patriotismo no era patriótico sino displicencia, por lo que se convirtió en fuerza para la socialdemocracia. Es decir, el aburrimiento habitual de que realmente se alimentaba profundamente al patriotismo constituye la forma original de un colectivo que, en cierta forma, se concretaba bajo el nombre histórico de nacional­socialismo. Lamar contradecía eso, por lo que decidió aliarse a la dictadura de Machado, al tradicionalismo en parte co­lonial en parte poscolonial, para recabar ayuda y oponerse intelectualmente a lo que después del derrocamiento de régimen dictatorial se vertebró en la isla como tendencia políticamente predominante: una intelectualidad plegada de socialdemocrasismo en vista al destino.

La recuperación de obras de intelectuales cubanos que de una forma u otra manejan el tema del existencialismo de la pesadez y proporcionan atisbos para entender los intríngulis de la formación colectiva de las masas. Lamentablemente, en el caso cubano no se destacan investigadores e inte­lectuales políticos que se interesen en la investigación del tema. Una limitación como esta conduce a apartar la vista de lo real: si en el siglo xix fue una primorosa deformidad dantesca, en el siglo xx y lo que va del xxi servirá de un feroz esperpento de masas.

Aplazo para otra ocasión el estudio integral de la obra filosófica y poética de Fernando Lles y me concentro, según la tarea de la filosofía política, en el contenido concreto del análisis del individuo, el individualismo y el Estado. Entre las décadas de 1920 y 1930, Lles publicó tres ensayos, mediante los cuales examinó la relación del individualismo con las nuevas formas políticas del Estado capitalista y socialista. Las tareas de esos estudios la impusieron ciertos impul­sos de la obra de Nietzsche sobre el instinto, la moral y la voluntad de poder durante un debate en torno a la eficaz tarea del socialismo, que sostuviera en 1926 con unos de sus amigos de época, el filósofo Medardo Vitier. En esta introducción pretendo brevemente exponer en contexto, dos puntos cardinales del pensamiento de Fernando Lles, poco hollado por la crítica republicana y por las reseñas de los humanistas marxistas posteriores a 1959: crítica a la razón individual y teoría acerca del individualismo socialista.

Para entender esta parte de la obra de Lles, habría que repasar su obra filosófica, la cual estuvo dedicada en gran parte al pensamiento griego antiguo. Pero este no sería el lugar ni el propósito. De entrada, nos gustaría examinar el pensamiento de un hombre, cuya formación fue auto­didacta, pero con una sobrada lectura plural en aquellos tiempos. Lles se auto denominaba liberal y anticomunista. Su deliberada concepción de que la sociedad debía transi­tar hacia el individualismo socialista lo ubica en una tradición del proyecto de liberalidad en tanto separado del conservadurismo liberal. Al respecto dice:

Son viejos liberales los que conocen, en efecto, que es intan­gible, que es sagrado todo cuanto corresponde al derecho constitucional de un pueblo. Reformar esa ley básica de otro modo que no sea precisamente y lealmente por el que en esa misma ley se establece, constituye un peligro de total derrumbamiento de las libertades públicas, porque los derechos ciudadanos no tienen otro resguardo ni otra garantía que los que se le reconocen a una nación en la fuerza obligatoria de su Carta fundamental.

No es tan complejo entender en qué consiste el individua­lismo socialista si partimos de la estructura confirmativa de los sistemas parciales de la sociedad. Unos años antes de morir, el escritor Gastón Baquero dejó testimonio de que andaba interesado en estudiar la figura de Fernando Lles, poeta, filósofo, ensayista, olvidado por la tradición del pen­samiento cubano. En una entrevista concedida por Baquero a Laura Ruiz Monte en 1997, el poeta expresó:

Estoy haciendo un trabajo sobre alguien a quien ustedes los matanceros tienen olvidado, escribo sobre Fernando Lles.

Las observaciones de Baquero se dirigían fundamental­mente a desentrañar la visión política e intelectual del autor de Individualismo, socialismo y comunismo: los problemas de la conciencia que publicara en una editorial local matan­cera en 1934. El libro de Baquero sobre Lles nunca —que sepamos— se ha publicado. Pero las intuiciones baqueranas, según diferentes textos y entrevistas, apuntan a hacia una contrapartida al pensamiento patriótico independentista de la nación cubana. Indudablemente Baquero, colaborador del periódico de la derecha cubana Diario de la Marina, no dejaba de pensar y descubrir en la obra ensayística de Fernando Lles la formación de un pensamiento de derecha.

Las intuiciones desarrolladas sobre un autor sui generis, que apostaba por una sociedad individualista y predomi­nantemente institucionalizada por la propiedad privada, se revelan en Baquero a partir de la lectura del folleto titulado El pensamiento de Fernando Lles, publicado por José No­darse (amigo de Fernando) en 1939. Cuando hablemos de la República de Cuba (1902-1958), no podemos dejar de mencionar la obra de Fernando Lles, en tanto no podemos soslayar su anticomunismo.

Como se dijo arriba, Lles publicó en 1934 un libro que merece ser leído por todos: Individualismo, socialismo y comunismo: los problemas de la conciencia contemporánea.

Pero antes, en 1926, había editado El individualismo: ensayo sobre el instinto y la conciencia. En él hablaba de la instaura­ción de una república donde predominara la competitividad y el rendimiento de los dirigentes más idóneos, más capaces e inteligentes. En La sombra de Heráclito, libro publicado en 1923, deja entrever cierto pesimismo en torno a la po­lítica administrativa en la República patriótica y propone:

  1. La creación de instituciones funcionales y territo­riales con el objetivo de descentralizar el Estado y sus poderes
  2. Un sistema pluralista que permitiría salvaguardar la inserción del poder del individuo en la sociedad
  3. Negaba el papel rector de la democracia en la forma­ción de la república.

«Examina el contrato social subsistente bajo todos sus aspectos y verás como no hay ni pequeño ni grande egoís­mo o necesidad que no se disfrace con el nombre de algo trascendente, religioso, metafísico, subjetivo, digno para ti de hondas e indocumentadas veneraciones». La obra de Lles pudiera ser considerada el primer intento de la ascetología en Cuba. De modo que, tenemos un pensamiento sobre el egoísmo en Cuba sin dilucidad a fondo. Más que una historia del poder en Cuba de clases sociales, a Lles le interesaba el poder como disciplinamiento: una república para egoístas.

De formación autodidacta, Lles nació en Matanza en 1883 y murió en 1949 mediados del xx. Poeta, sociólogo y filósofo, fue uno de los poquísimos en abrazar el pensamiento del autor de Así habló Zaratustra. En uno de sus libros dice: la esencia humana está determinada por el egoísmo y la ambi­ción, como elementos innatos.

En el discurso de ingreso como miembro de número a la Academia Nacional de Arte y Letras en 1926, Carlos Loviera presentó en su defensa el texto Un gran ensayista cubano: Fernando Lles. En ese documento el autor de Generales y doctores escribió lo siguiente:

He leído los libros de Lles, releyendo el primero de ellos hasta tres veces. He penetrado en la médula, por decirlo así, de esa obra de fuerte sabor trágico y he revivido con el ensayista cubano el largo proceso de la angustia humana sobre el mundo. Porque esa obra ha despertado en mi espíritu el eco de pensamientos liberal ya algo remotos, que fueron míos y de un grupo de amigos investigadores, de camaradas de cenáculo, que la vida ha regado por ahí; pensamientos sobre cuya conmovedora génesis pasó más de una vez, desconcertada, la ansiedad de mi mente y se agitó con violencia mi juvenil corazón.

Ni fundó ni perteneció a ningún partido de derecha, pero por lo que su pensamiento expresa, Fernando Lles debe ser catalogado liberal de derecha y precursor del movimiento de derechas el cual funcionó en los márgenes de la política en Cuba. Quién es el filósofo más destacado del periodo republicano en Cuba, me preguntó Euclides Rosalba hace un par de días como si yo todo lo supiera. No lo sé —res­pondí—; solo sé que hay varios destacados. Pero de súbito, se me ocurrió mencionar a Medardo Vitier, el autor de Las ideas en Cuba y La filosofía en Cuba, secundado por otros con notoriedades públicas como Roberto Agramonte, Rafael García Bárcena y Humberto Piñera.

Al final del súbito, apareció en la mirada oblicua, en el firmamento y la lejanía como era de esperar, una estrella solitaria, una presencia hipertélica: Fernando Lles y Berda­yes. Un filósofo de Matanzas, que renegaba del positivismo filosófico de su época y que se interesaba por la filosofía como medio para transformar la conciencia del hombre. En 1926 publicó el libro El individualismo: ensayos sobre el instinto y la conciencia. Pero fue en 1932 cuando la cosa tomó otro derrotero; publicó el libro que lo llevaría a la tumba del ostracismo intelectual: Individualismo, socialismo y comunismo. Los problemas de la conciencia contemporánea.

Si, —mi querido Euclides— ahora lo recuerdo: para mi Fernando Lles es el filósofo más significativo de la era re­publicana en Cuba.

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