El pensamiento ético y estético de José Martí

Filosofía

Por: Rufino  Modesto Pavón

 

Presentación

Martí, medularmente ético, nos dejó un pensamiento de inigualable belleza, pero ubicado de hecho en el campo de la ciencia. Las conclusiones a las cuales arriba, como fruto de un bregar dinámico y harto complejo, se dan muchas veces en sintéticas expresiones con carácter de apotegmas. Era su concepción de que todas las ideas esenciales, dimanadas de la vida, cabían en el pico de un colibrí.

El asunto aquí estudiado testimonia sobre la riqueza de su pensamiento, y es donde se eleva a alturas insospechadas el portentoso análisis martiano. Martí, desgranó durante su fructífera vida un conjunto de valoraciones factibles de encontrar en todos sus escritos, conformando un coherente modelo de análisis, con el cual dejó sentadas pautas para la reflexión científica y la práctica social, factible de asumirse a inicios del siglo XXI.

Para el estudio de la relación de lo ético-estético en el pensamiento martiano, partimos del año 1862, donde se encuentra su primer escrito conocido hasta ahora: la carta a su madre desde Hanábana. En esta se encuentra el primigenio testimonio de su visión estética, etapa que concluye con el término de sus estudios en España, en 1874. Este es un período de asimilación creadora, donde el adolescente Martí no se limita únicamente a recopilar informaciones y vivencias para su posterior laboreo intelectual. Desde ese mismo instante fue incorporando a su quehacer literario y político las amplias experiencias estéticas en las cuales participa, y las conclusiones a las que iba arribando, en su prolífero acceso a la cultura cubana y universal.

Desde su llegada a México, en 1875, hasta su breve estancia en Venezuela, en 1881, asistimos a su periplo por los países latinoamericanos, donde incorpora la experiencia singular del contacto con los pueblos situados al sur del río Bravo. En este periodo vemos el primer despliegue del aparato conceptual del joven Martí, quién a través de sus críticas de arte, literatura y crónicas de viaje deja un conjunto de ideas relevantes sobre el tema.

En los años de vida en Estados Unidos, es donde el pensamiento martiano se eleva a cotas muy elevadas, al analizar la sociedad norteamericana con una rigurosa visión científica, que permite fertilizar los hallazgos de las etapas anteriores, así como visualizar factores hasta ese momento no analizados sobre el particular. En especial se aborda cómo lo ético – estético matiza toda su labor revolucionaria, en aras de unir a los cubanos para la liberación de la patria.

Martí fue conclusivo, al determinar que la tarea más ciclópea a realizar por la humanidad, era elevar al hombre del reino de la necesidad material al de la necesidad espiritual, y fundamenta con vigor esta tesis central. Así es capaz de afirmar, en fecha no del todo determinada, pero posible de ubicar a finales de los años 80:

Crean otros que la belleza no es más que el florecimiento pasajero de una hora, o la elaborada exhibición de la riqueza, o un simple intermezzo en los asuntos serios de la vida. Conformar la vida a la belleza es el único asunto serio de la vida. Allí donde la vida disiente de la belleza –esté está en la forma de moralidad, o de reposo, o de orden, allí empieza la desgracia, y la real infelicidad, y la degradación y mengua de nuestra verdadera existencia.

Conocer el proceso intelectual por el cual llega Martí a estas conclusiones, y los sustentos conceptuales en los cuales se basó, es el interés fundamental. Lo es también incorporar en los análisis de la obra martiana este enfoque, donde se sostiene la guía suprema de hacer un mundo mejor, que es hacerlo más bello.

El análisis realizado devela, con singularidad sin par, las peculiaridades del pensamiento martiano, resultado de aplicar consecuentemente la metodología heredada del pensamiento cubano, cuando tempranamente definió el carácter electivo que debía tener todo proceso de inculturación. Martí, consecuente con ese pensamiento, injerta el mundo en su cultura persona, sin ser copia de él.

Con respecto a esta lucha que tiene todo intelectual por no ser mimético con la cultura que le antecede, juega un papel de suma importancia la experiencia personal del Maestro, en cuanto a través de esta se puede comprobar o no la validez de los sistemas teóricos conocidos, así como incorporar al torrente universal la síntesis de las singularidades en que se mueve el pensador. En la tesis se demuestra cómo al llegar a los Estados Unidos este proceso se particulariza, dejando como saldo una visión más compleja y exhaustiva del fenómeno.

Queda demostrado que el Maestro tiene un coherente y sistémico aparato de análisis sobre el tema, sintonizando con lo más avanzado del pensamiento de su época, al cual tuvo acceso. Es así como lo vemos superar las posiciones donde se diluían ambas formas de la conciencia social, o quienes veían como una entropía en la definición del sistema de las artes la presencia de lo ético. Es importante observar como las ideas martianas anteceden al pensamiento más avanzado del siglo XX, dado por las acertadas apreciaciones realizadas. Este magisterio, aún desconocido, se puede potenciar para la historia con este trabajo.

Con relación al pensamiento cubano, se demuestra, una vez más, los aportes realizados por el Maestro, al llegar a conclusiones no presentes en otros pensadores; lo cual dotó a la cultura cubana de un acervo, que le permite hablar con voz propia en el concierto mundial.

Los resultados alcanzados nos permiten ofrecer un punto de partida para una reflexión sobre las posibilidades de intervenir en el proceso de formación, consolidación y desarrollo de los valores éticos a través de lo estético; aspecto éste de vital importancia, no sólo para nuestra circunstancia histórica cubana, sino también para la humanidad, que está hoy más que nunca deseosa de justicia. Así como evitar las tendencias a utilizar el arte como una forma más de adoctrinamiento y adocenamiento ético de la personalidad humana, práctica que, lamentablemente, aún persiste en algunas culturas y sistemas políticos.

La Formación del pensamiento ético-estético en José Martí

 La experiencia en general es una insustituible fuente de conocimiento, y en los fenómenos artísticos y estéticos, en general, es requisito imprescindible, para elevar cualquier conceptualización a rango de teoría valedera, siempre y cuando seamos honestos con la vida y nosotros mismos. Esto se explica cuando vemos el carácter axiológico de todo proceso de percepción, y porque lo estético se estructura como una peculiar forma de conocer y racionalizar procesos que solo se dan en este sistema.

Martí no tuvo necesariamente que partir de conocimientos previos del pensamiento estético conocidos por él para vibrar con la música, para valorar la importancia de este arte en la revelación de los valores humanos, porque él lo sintió y pudo, con una observación de su entorno, llegar a generalizar estas experiencias personales en una conceptualización, permitiéndole reconocer a esta manifestación artística como el alma de los pueblos. Esto no quiere decir que propongamos una negación del pensamiento abstracto como vía de conocimiento. Él afirmó: “La abstracción es la madre de la productividad. Una idea en el cerebro debe cuidarse como la madre protege al hijo antes de nacer: hay que dejarla desarrollar, florear y dar fruto.”1 Se necesita, pues, reconocer la particularidad de la experiencia estética como hecho no solo sensorial y perceptual, sino de captación de una idea a través de lo emocional.

(…)

Es necesario recordar que, dentro de la tradición cultural que recoge directamente Martí, se encuentra la que, partiendo de José Agustín Caballero, llega hasta Mendive, su maestro, en sucesivas transferencias.

Para José Agustín Caballero, el sublime Caballero, padre de los pobres y de nuestra filosofía, se revela la belleza como un impulso natural instintivo, siendo las fuentes de ella el buen orden, la variedad reducida a unidad, que se puede hallar tanto en los objetos corporales como en los espirituales. Veía unida en la educación pública la educación ética y la estética. Consideraba al cómico de carácter como útil a las costumbres “… porque ofrece el origen de los vicios, y los sofoca…”. Tenía en buena consideración que el arte fuera portador de moralidad, siempre que se acompañara del ingenio, así como criticaba la ausencia de moral en algunas obras y la presencia del placer. Caballero, en sus apreciaciones, estaba atado a una crítica preceptista y devela los valores de las obras cuando estas se atenían a las reglas del arte. Pero, por encima de ellas, veía la utilidad moral de la obra­:

Y aunque todos sabemos que, teniendo las reglas dramáticas, es admisible alguna vez semejante desenlace, si alguna vez porque la razón y el interés de las costumbres buenas exigen siempre se presente al público el castigo del vicio y el triunfo de la virtud…

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Félix Varela, quien legó a la posteridad un coherente pensamiento estético, no dejó de lado la relación de lo ético y lo estético en la formación de valores para la sociedad, y criticó a los detractores de las artes que creen:

…que los pintores, y los demás que cultivan el bello gusto, no producen en la sociedad bienes algunos, antes bien la imperfección excitándolo a frívolos placeres…

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Conocido por su actividad científica, Felipe Poey y Aloy, severo filósofo y bondadoso sabio,  dejó para el pensamiento estético cubano un conjunto de apreciaciones, dignas de ubicar en la historia que se haga. Aliado de la concepción de la utilidad de la belleza, era poseedor de una peculiar manera de escribir donde el humor ronda al costumbrismo. En sus apreciaciones donde se recogen sus ideas estéticas, por momentos nos parece estar escuchando a Martí, tanto por la forma como por el mensaje que da. El mejor ejemplo se encuentra en el discurso que hiciera en La Habana en 1850, cuando se produce la distribución de los premios de los juegos florarles. Se cita en extenso estos momentos:

Para ser conmovidos, venimos al Liceo, escuchad la música. Ella os llevará al océano sin límites, os paseará por sus hondos cimientos, os ensalzará sobre la espuma…

El pensamiento estético de José de la Luz y caballero el padre amoroso del alma cubana, (4-418) alcanza un lugar significativo como precedente y correa trasmisora entre los primogénitos del pensamiento cubano y Martí. El que se detiene a observar las valoraciones de éste, con relación a las figuras cimeras del pensamiento que le antecede, se da cuenta del lugar privilegiado que tuvo a este hombre, a quien no conoció, pero por el cual tembló y lloró al conocer de su muerte.

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Más cercano a Martí está Rafael María de Mendive, aquel enamorado de la belleza,  hombre que con sus concepciones y creación poética marca el tránsito del romanticismo hacia una etapa diferente en el quehacer de la cultura nacional. Se ha hecho observar la influencia que tuvo el maestro en su discípulo en cuanto a la formación patriótica, pero es necesario verlo en otras direcciones de la formación de la cosmovisión martiana. En el plano de lo estético es innegable la huella que dejó Mendive en su alumno, hecho reconocido por éste cuando recordaba las lecturas de las obras literarias del maestro, muchas de las cuales ayudó a copiar…

 

Coordenadas del pensamiento ético-estético martiano

La orientación estética del niño Martí en la relación con el mundo, se observa en la carta dirigida a su madre el 23 de octubre de 1862, la cual constituye su primer escrito, hasta ahora conocido. En ésta explica que está enseñando a caminar a su caballo enfrenado para que “marche bonito”1 lo que constituye una transformación consciente hacia el logro de la belleza en el entorno en que actúa. En esa misma carta habla del gallo fino que le han regalado, que es “muy bonito”. En este caso la belleza es un atributo donado por la naturaleza, valor que encuentra en su percepción de la realidad.

Años después, se encontrará un indicio de cómo opera un elemento cultural en la definición de su conciencia estética, pues al escribir a su maestro Mendive indica el interés de su padre quien “…no quiere que me presente a nadie como un marrano y ha de comprarme antes de irnos un sombrero y unas camisas”.

La actividad productiva estética aumenta con el de cursar del tiempo y escribe versos, cartas, artículos y hasta una obra de teatro, “Abdala”. Su vocación por las artes se detecta cuando ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, aunque por poco tiempo, pues al mes se le da baja por inasistencia.

Testimonia su fina sensibilidad artística y humana su incapacidad de escribir versos en las condiciones anestéticas del presidio, aspecto referido a su madre en carta desde la cárcel habanera. Es precisamente en esta misiva que se encuentra, por primera vez de forma explícita, la vinculación de lo ético y lo estético en sus escritos. Allí señala: “Esta es una fea escuela; -porque aunque vienen mujeres decentes, no faltan algunas que no lo son”. Y decimos que es la primera vez que se explicita esta relación porque con anterioridad, en su obra de teatro “Abdala”, el término sublime irrumpe en el dialogo, en múltiples ocasiones, caracterizando las acciones patrióticas de los personajes.

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Con la llegada a España, después de la tumultuosa y lacerante experiencia del presidio, continúa y se profundiza la apertura del joven desterrado a la cultura universal, lo cual se realiza a un alto costo de su salud, como recogen sus biógrafos. Dos escritos pueden testimoniar el camino que viene recorriendo en su pensamiento: su drama “Adultera” y el cuento “Hora de Lluvia.”

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Sobre la formación del pensamiento martiano en estos años, muchos estudiosos de esta etapa han señalado el impacto del Krausismo en el joven cubano. En cuanto al tema que se estudia también se puede rastrear la presencia de esta importante corriente en sus ideas, sobre todo cuando hace ver su simpatía por el criterio de que a través del arte se ennoblece al hombre.

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Una vez terminado sus estudios universitarios el patriota cubano encamina sus pasos hacia México. La sociedad mexicana se caracteriza en ese momento por la estabilidad social alcanzada después de los sucesos de la intervención francesa y la guerra fratricida.

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Con la llegada a México se realiza la primera eclosión del magisterio martiano. En tierra azteca comienza a comunicar los resultados de un proceso harto complejo mediante el cual se formó, como ya vimos, un pensamiento que visualiza el amplio panorama de la cultura universal para sacar de ella, en síntesis magistral, una visón profunda de todo el acervo cultural que le antecede.

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En estos años de vida en México se produce una explosión del pensamiento martiano, quién por primera vez es capaz de unir en sus escritos los altos vuelos literarios como conceptuales; de ahí que se puedan recoger a cada paso un sinnúmero de reflexiones que testimonian la forma de pensar del cubano, quién deslumbraría así a los cenáculos intelectuales mexicanos.

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El abandono de su proyecto de vida en México, se debee al cambio de las circunstancias históricas que permitieron su llegada, en específico el golpe de estado dado por Porfirio Díaz, lo cual obliga encaminarse a Guatemala. Bien pudo despedirse el cubano con aquellas palabras escritas años más tarde, donde reconoce que hay mucha maldad en el mundo y mucho obstáculo a la libertad verdadera, pero que el mayor consuelo y fuerza que tienen los hombres buenos es el conocimiento de que la beldad moral resplandece en ellos.

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Para febrero de 1877, se encuentra el revolucionario cubano en Guatemala, después de un breve viaje a La Habana. El 11 de abril escribe al Ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Joaquín Macal, su fe de emigrado, como respuesta a inquietudes surgidas sobre su presencia en la nación:

La vida debe ser diaria, movible, útil; y el primer deber de un hombre de estos días, es ser un hombre de su tiempo. No aplicar teorías ajenas, sino descubrir las propias. No estorbar a su país en abstracciones, sino inquirir la manera de hacer prácticas las útiles.

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Ahora en Guatemala el impacto de la naturaleza se maximiza. El recién llegado no esconde su deslumbramiento ante la apoteosis de sus agrestes montañas, sus volcanes de fuego y agua, el brotamiento de la floresta, todo lo cual se burla del maravilloso arte faraónico, y hace observar al entorno como proveedor de un estado benéfico para el hombre, pues: “¿Cómo ha de haber nada malo donde hay una ave tan hermosa? Muy bella, porque no se dobla a nadie”. La naturaleza vista así se presenta  como paradigma de rectitud ética para el observador.

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Nuevamente, el patriota cubano se ve compulsado a cancelar su proyecto de vida y llevado por las circunstancias, vuelve a La Habana, adonde llega el 2 de setiembre de 1878.

Ya en Guatemala había dicho Martí que amaba la polémica viva. Ahora tendría oportunidad de desarrollarla en todo su esplendor, al participar en el debate convocado por el Liceo de Guanabacoa sobre el idealismo y el realismo en el Arte.

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Algunas confusiones se han visto en las propuestas martianas durante el debate, como señalara Mirtha Aguirre. Es lógico que se presentaran confusiones en un camino de lo indeterminado, en un debate en que la improvisación es una camisa de fuerza. No obstante, a la luz del tiempo pasado, se revela el pensamiento del joven Martí dando coordenadas, que años más tarde tendrían aceptación en otros pensadores.

No son tampoco acertadas las propuestas que encuentran incongruencias entre lo dicho en aquella ocasión y otras posteriores, realizadas por él mismo. El debate, como ya se apuntó, no solo es testimonio de lo alcanzado hasta ese momento, sino una oportunidad de observar cómo el pensamiento martiano se construye dinámicamente en el bregar de la práctica y la experiencia intelectual, con lo cual podrá entenderse su posterior accionar. No es interés del autor presentar todo lo expresado por Martí como verdades eternas y absolutas, sino alertar sobre el cuidado que debe tenerse al enfrentar el estudio de estas notas, nacidas, en el liceo guanabacoense, al calor de la polémica aguda y por momentos agresivas en que se produjeron.

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Signado por su misión patriótica, la mar se le abre nuevamente a su andar. Atrás deja la tierra que por su estatus colonial le privaba del alimento para el alma: la libertad, y lo obligaban a refugiarse en la sombra. Al destierro forzado le sigue el exilio voluntario, primero por breve tiempo en Estados Unidos, con una limitada escala en Venezuela.

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Del primer encuentro con la sociedad norteamericano, en 1880, existen las evidencias de que fue marcado por su percepción estética de los hechos. Contrario a lo que se afirmó por mucho tiempo, y hoy siguen algunos sosteniendo, Martí no se deslumbró ante la nación a la que llegaba, por múltiples razones, algunas de ellas muy prácticas, como fue su previa crítica a esta sociedad.

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Consolidación de su pensamiento: la vida en Estados Unidos

La sociedad norteamericana, y el pensamiento que en ella se gesta en  esos años, le brindan al recién llegado múltiples novedades.

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Debe apuntarse que hay dos pensadores de su época que abordan el tema objeto de estudio, y que no fueron ajenos a la pluma martiana.

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El filósofo norteamericano Randolf Emerson (1803-1882), el idealista, -tan cercano en el tiempo y las ideas a Martí- consideraba que el arte no debía ser juego ni tender al placer y afirmaba: “Para ser bueno no necesita más que ver lo bello.” 58 La estética de Emerson tiene como punto de partida el reconocer, “…que la hermosura del Universo fue creada, para inspirarse el deseo, y consolarse los dolores de la virtud, y estimular al hombre a buscarse y hallarse” Consideraba que el objeto de la vida era “…la satisfacción del anhelo de perfecta hermosura”,

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Oscar Wilde, el burlado y loado apóstol del esteticismo,  quien en su viaje a Estados Unidos fue seguido de cerca por la pluma martiana, era portavoz de una corriente de pensamiento que consideraba la necesidad del cultivo por los hombres “…de lo que tiene de divino y menos al cultivo de lo que le sobra de humano”59.

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Otro pensador al cual le prestó atención desde su llegada a la nación norteña fue el Dr. Félix Adler. En octubre de 1881, cuando narra el entierro del presidente Garfield, da a conocer en el periódico La Nación de Buenos Aires, su presencia dentro del contexto cultural de la ciudad. Ya en mayo del siguiente año dedica una reseña a describir las teorías de este, “…uno de los pensadores más independientes, elocuentes y celebrados…

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Como resultado del entrecruzamiento de todas estas fuentes y la profundización que realiza en la observación aguda de esa sociedad, por cerca de tres lustros, se conforma una visión peculiar y nunca superada de los Estados Unidos de Norteamérica, a finales del siglo XIX.

Lo primero que salta a la vista del analista, es un cambio importante en la orientación axiológica del Maestro, en relación a las concepciones emitidas hasta ese momento. Si bien con anterioridad sus análisis tienen un carácter generalizador, axiomático, revelador de esencialidades paradigmáticas para la sociedad y el ser humano, marcado por un sentido místico, ahora el pensamiento martiano presta atención a niveles intermedios, mediatizadores de los procesos. Es así como en sus análisis reconoce las dificultades en la realización de algunos de estos paradigmas, tanto por las condiciones sociales especificas en que se desenvuelven, lo circunstancial, como en esencialidades humanas que se revelan en determinados contextos.

Puede afirmarse que en estos años el pensamiento martiano hace una mirada más detenida, no tanto a las esencialidades de los fenómenos estéticos y a sus orígenes – aunque siempre les presta atención- sino que incorpora un detallado análisis a las formas de manifestarse. No es un dejar de lado su proyección mística, la cual nunca abandona, sino fecundar las verdades alcanzadas con las herramientas brindadas por el quehacer cultural de la humanidad para esos años, y en específico de la sociedad norteamericana.

Patria y Revolución

Múltiples son los aspectos que reafirman la presencia en la predica martiana de la unidad de lo ético y lo estético para movilizar a los cubanos, forma esta de enfrentar los desafíos nuevos que implicaba, a finales del siglo, iniciar una guerra en Cuba. Las dificultades y nuevas relaciones establecidas en nuestra cultura y vida social, se pueden revelar por la comprensión martiana del papel que juega la subjetividad del individuo en los empeños libertarios. La elevación del potencial ético en la organización y desarrollo de la guerra es garantía no sólo del triunfo, sino para la construcción de la patria nueva. En esa necesidad encuentra un auxiliar de capacidad probada por él en sus experiencias anteriores: lo estético.

Para Martí, se vive a finales del siglo XIX en una época psico sensual, donde se asiste a un cambio significativo en la relación del hombre con la vida social. La época del deber está en crisis, la sensualidad, el hedonismo es fruto de la holgura material, vence lo fugitivo y brillante frente a lo modesto y a lo sólido, se asiste así a un rejuvenecimiento del paganismo, los sentidos se enseñorean. Pero este hecho no se desenvuelve uniformemente, no hay un determinismo que indique una línea absoluta del desarrollo, el hombre tiene el libre albedrío, la capacidad de construir su propio destino, el hombre se puede elevar sobre la fatal ley del progreso, es así como: “En lo moral marcha todo y se desenvuelve como el azar, la libertad de la fuerza, el vigor del elemento esencial independiente, quiere. La voluntad es la ley del hombre: la conciencia es la penalidad que completa esa ley”. Y lo estético es un auxiliar eficiente para la voluntad y la conciencia, por tanto la salvación pasa por el mundo del arte, de la espiritualidad.

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En todo el proceso, que lleva a la feliz oportunidad de reiniciar la guerra trunca, por más de quince años, es una constante martiana la observación del estrecho vínculo entre la belleza y las cualidades éticas que sostienen el actuar de sus compatriotas. En esta misma edición de Patria, cualifica el entusiasmo revolucionario alcanzado en las actividades del Partido Revolucionario Cubano como bellas.

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A tenor con lo analizado hasta aquí, puede hacerse una nueva lectura sobre aspectos tratados con anterioridad en la historiografía martiana, donde se ha ignorado la dimensión ético-estética del pensamiento martiano, o se ha parcializado el análisis. Esto se detecta en los estudios o referencias realizadas al escrito, “La exhibición de pintura del ruso Vereschagin”, de 1889. En especial a la frase: “La justicia primero y el arte después”.

Es poco probable que estuviera en la óptica martiana una percepción limitada sobre el deber del artista, como portavoz de su circunstancia histórica, de hacer un arte comprometido políticamente. Hay en el asunto múltiples posibilidades de análisis.

La disyuntiva planteada en el escrito, entre el arte y la justicia, no es excluyente de la valoración suma que tuvo sobre el papel de la belleza y el arte en la definitiva emancipación de la humanidad, al liberarla de sus ataduras de prejuicios, miedos, envidias, vicios que la hacen esclava, lo cual es la gran pena del mundo, como señalara en sus versos. Más que ver una subordinación absoluta de esta esfera a la justicia social, también fuente de belleza, se debe comprender el sentido práctico de la propuesta, pues en estos imperfectos mundos, como él mismo afirmara, y en el común de los hombres la prosperidad es un requisito previo para alcanzar dimensiones redentoras dentro de la esfera espiritual. Pero la esfera de lo estético no es omnipotente, como se ha visto necesita de determinadas condiciones que permitan el desempeño en toda su extensión de sus potencialidades, por ello, la justicia sería el requisito previo para alcanzar la paz social y la libertad, condiciones básicas e imprescindibles para el despliegue de todas sus virtudes.

Para Martí el arte no es tarea secundaria ni subordinada a los deberes políticos y sociales, como se ha afirmado, a lo sumo, estos últimos son deberes prioritarios en la correlación dada por las circunstancias históricas y sociales. No es posible que en medio de una atmósfera de insalubridad y de enajenación, se creen las condiciones para la revolución interna del hombre a través de lo estético. Un hombre hambreado, enfermo, acosado, acorralado no está en condiciones de elevar su espíritu a las esferas que ofrece la relación estética. En esas condiciones predomina el instinto de conservación, la parte animal de la persona. Ya en 1884 había dicho, relacionado con las limosnas de algunas iglesias:

(…)

Si fuéramos a entender en su justa dimensión lo que expresara Martí a Baliño, cuando le indicó que la revolución verdadera era la que se haría en la república, después del parto doloroso de la manigua, debe recordarse como Martí desde México ha pregonado la necesidad de una revolución, que una vez concretada negara totalmente las vías por las que se hacían las revoluciones hasta ese momento. Es la revolución del espíritu, la que llega desde dentro hacia fuera, la que eleva al hombre de ser cotidiano a ser artístico y estético, en cuanto bajo esa condición se garantiza el afloramiento, consolidación y expansión del ser moral pleno en dimensiones de expansión de luz, pues los hombres están hechos de luz y han de dar luz. La luz no como hecho físico, sino como proyección sagrada, y por ello ética y estética: purificación total del ser, la luz que no se contamina, la que traspasa lo circunstancial y apunta a lo eterno.

Martí es artista y poeta como político y revolucionario, porque aquellas condiciones garantizan las segundas. La política es un arte y la revolución tiene su artisticidad, es así como creando el Partido Revolucionario está haciendo poesía, pues era síntesis y creación. Él nunca traicionó esa condición, pues no sólo fue poeta de hacer versos. Porque cuando bajo el tronar de las balas dio fin a su vida física, estaba creando la sinfonía de la eternidad.

(…)

Y se reafirman estas apreciaciones hechas, cuando en el periódico Patria, el 24 de octubre de 1894, a poco menos de siete meses de su caída en combate, escribió:

¡Qué placer será, después de conquistada la patria al fuego de los pechos poderosos, y por sobre la barrera de los pechos enclenques -cuando todas las vanidades y ambiciones, servidas por la venganza y el interés, se junten y triunfen, pasajeramente al menos, sobre los corazones equitativos y francos- entrarse, mano a mano, como único premio digno de la gran fatiga, por la casa pobre y por la escuela, regar el arte y la esperanza por los rincones coléricos y desamparados, amar sin miedo la virtud aunque no tenga mantel para su mesa, levantar en los pechos hundidos toda el alma del hombre!102

O cuando decía a Gonzalo de Quesada, dos años antes: “En este mundo no hay nada de verdadero más que la nobleza y la hermosura. Créese virtud, créese arte.”

 

Nota: Fragmento del libro En camino a la luz: ética y estética en José Martí

 

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