Que pasen los ¡bienaventurados de orgullo!, no los pobres de espíritu

Ascetología

Por: Ángel Velázquez  Callejas

El ego no es una construcción mental. No existe en la mente como la tradición oriental insiste. Más bien en la tradición occidental tiene una condición somática. Los griegos antiguos, los de las polis lo ubicaron en la glándula thimo, en el centro superior del pecho, entre el corazón y el esternón. De ahí que la filosofía existencial helénica consideraba la fuerza, el orgullo, la voluntad de poder, la reafirmación ética como impulsos thimoticos, salidos del pecho. De ahí también los atletas griegos y los modernos simbolizasen el coraje golpeando al pecho con los puños, mostrando con el gesto de la fuerza de un golpe promedio la existencia  del ego.

En un libro arrollador, escrito hace varios años en Estados Unidos, Resentment Against Achievement, Robert Sheaffer expone con audacia como se bambolea la valoración moral del espíritu de la época corriente. Escribe acerca de la diferencia tácita de dos valores, bases de la civilización occidental: el orgullo y el resentimiento. Por un lado, están los sujetos que afirman la vida, cosechando éxito mediante la autoafirmación de las pulsiones thimoticas y, por otro, los que fracasan utilizan fuerzas libidinosas y eróticas que los mueven hacia el resentimiento. Los que reafirman el resentimiento (la tradición del cristianismo según Nietzsche) defienden  la existencia de la psicología del complejo de inferioridad y atacan  la cultura thimotica del ego. Se convierten en los llamados humilditas.

Los que reafirman el orgullo, la voluntad de poder,  logran el  éxito  en las actividades del deporte, el comercio, la producción, el arte, la política y las ciencias. Sheaffer escribe que, con la moralidad del orgullo, yo, ego, es decir, la autoafirmación de sí mismo comienza a predominar la tendencia discursiva y retórica en cuyas civilizaciones florecen en las ciencias, las bellas artes y las economías.  En su estudio sobre el resentimiento contra el logro, Robert recomienda enfáticamente que los portadores de sentimientos de orgullo ayuden a los que se oponen al ego, a los que niegan la   soberbia a la virtud. Que pasen los ¡bienaventurados de orgullo!, no los pobres de espíritu.

Fragmento del libro EGOFITNESS

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