«Mestizos. De Aponte a Belkis Ayón»

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(…) no existe una raza cubana, pues raza pura no hay ninguna.
La raza no es sino un estado civil firmado
por autoridades antropológicas.   
Fernando Ortiz 


He leído con detenimiento cada una de las páginas que conforman este libro, en ellas se advierte de primera impresión la voluntad del  autor de indagar sobre el tema, como una necesidad de buscar respuestas más allá de las que pudieran ofrecerle las obras del artista en cuestión;  desmenuza cada dato en investigación consciente, insistiendo en precisar como funciona esa voracidad  infinita de la isla de la que son presas las poéticas de muchos de los artistas cubanos con los que ha trabajado y en los que el diálogo, reclamo o monólogo hacia “lo cubano” no se disimula. 

Antes de comenzar la lectura hay que precisar “Mestizos: De Aponte a Belkis Ayón” oscila entre dos miradas, dos cosmovisiones, dos maneras de asumir y representar el fenómeno: la del artista, latinoamericano, por ende mestizo; que crea sus imágenes a partir de una pulsión que va más allá del puro mecanicismo pictórico, y la del crítico de arte, español, occidental; que desde la mirada del otro, evalúa, asimila y empatiza con este proceso de una manera  intelectual.  

En este libro  el crítico español Gregorio Vigil-Escalera nos presenta su visión sobre el mestizaje ya sea como fenómeno, condición o impronta en la formación de la identidad cubana. Al acercarnos a los temas vemos como se hacen visibles cada uno de los métodos a partir de los cuales fue conformada su estructura: primero el elemento clave que formalizó cada una de las inquietudes indagatorias: la obra del artista Felipe Alarcón Echenique, una obra directa, fluida, que exige espacialidad aún en su naturaleza planimétrica; segundo el proceso investigativo con la consulta de materiales literarios, sociológicos, antropológicos, desde Espejo de Paciencia de Silvestre de Balboa, obras de Fernando Ortiz, Alejo Carpentier, hasta materiales que analizan el mestizaje desde sus otras aristas; tercero: el análisis puesto en función de la conjunción de las dos fuentes: la histórica y la pictórica, buscando esa interacción que justifique cada trazo y palabra. 

Teóricos, antropólogos refieren que el mestizaje es ese encuentro de factores biológicos y culturales, cuya mezcla da lugar a nuevos grupos y fenotipos; cuando se alude a este rasgo se relaciona con frecuencia con el proceso llevado a cabo en Iberoamérica hace ya más de 500 años; que ha condicionado un tipo de presencia racial, social y cultural actual. Este proceso denominado también “transculturación” advierte además de la presencia hispana y aborígen, la africana, llegada al territorio en calidad de esclavos, portando consigo un cúmulo de expresiones culturales, religiosas, sociales que, a partir de un proceso largo y complejo, fueron aclimatándose  a nuevas realidades. Esta presencia ha sido crucial, en la formación de la identidad cubana,  pues su permanencia ha superado a la aborigen, tanto cultural como étnicamente. El mestizaje en Cuba a decir de Vigil redunda en esa (…) simultaneidad de 3 presencias, 3 pieles, 3 culturas, 3 tradiciones, 3 historias.

Es una de esas máscaras definitivas que ha adoptado la identidad cubana; este mixticus de razas como  resultado de esos vaivenes geográficos, espirituales y culturales, que han caracterizado a la formación etnosociológica del cubano, que dentro de los imaginarios de la diáspora ha funcionado como un elemento vital para la construcción de un tipo de discursividad; como otra más de las alusiones a ese añorado retorno, en este caso a las raíces.  Lo mestizo no es más que otra de esas expresiones de “cubanidad”,  que  han variado según las épocas, las influencias etnogénicas, las circunstancias económicas; concepto, que en las últimas décadas, ha adquirido connotaciones que escapan a delimitaciones antroplógico-culturales, expandiéndose, como un  modismo posmoderno hasta la indefinición de sus formas más reconocibles; propiciando una  constante necesidad de redefinición de la identidad cubana, en pos de mecanismos de singularización;  convirtiéndose así en el  eje central de  los imaginarios  artísticos sobre todo fuera del territorio insular.

Alarcón alude al mestizaje desde sus aportaciones y permanencia; recurre a la impronta cultural, más que étnica o histórica;  es por eso el empleo de  personajes fácilmente reconocibles dentro de la tradición cultural cubana. Dichas implicaciones tienen mucho que ver con la sedimentación de valores, formas, y prácticas que se han bifurcado en un cúmulo de tradiciones y expresiones culturales. Mestizaje como una manera de eclecticismo étnico-cultural. Condición que se traduce en el color que le infunde en los rostros de sus personajes, dejando los espacios sujetos al dinamismo cromático, que funciona como un símbolo que se transforma en texto. 

Agrupa imágenes de distintas procedencias, connotaciones. Un texto visual que aglutina información histórica, biográfica, social y cultural. En estas obras  la materia y el discurso se encuentran en unión indisoluble. Cada escena le confiere protagonismo al gesto pictórico, la carga visual, la expontaneidad. Sus imágenes van más orientadas al estímulo simbólico que a lo narrativo. Es trascendental la historia que se cuece tras cada figura, imágenes que  tomadas desde lo real, fueron sometidas a un proceso de resignificación, tomando en cuenta su anterior historia. Los elementos se articulan como un todo orgánico, que dialoga en un campo infinito de especulaciones. 

Por su parte Vigil  no insiste en la elaboración de un tratado sociológico, ni de índole historicista; más bien con un  carácter de apología  concatena con efectividad los temas, que asume, corporizan a la obra de Alarcón Echenique. Cada componente se presenta como un bagaje teórico necesario, que sustenta a las imágenes pictóricas. Podemos establecer un contraste dinámico entre las visiones del artista sobre el mestizaje y las del autor; este último lo asume desde una interpretación exhaustiva, investigada, pero también con esa mirada de sujeto occidental que ha observado a Latinoamerica desde el caliz del exotismo y la ficción. 

Pero  Vigil no es un Cronista de Indias, su obra va más allá que la de estos empeñados en trasladar sus mitologías al Nuevo Mundo. En los textos de este libro se potencia  algo más que una relación de reflexiones y observaciones por parte del autor. En ella vivifica al mestizaje entre dos polos: presencia cotidiana y nostalgia. Demostrando la impronta  de lo mestizo  como  connotación de una  cubanía  policultural, múltiple, exhuberante. 

Es el mestizaje como esa condición de “lo cubano”, que a la vez se comporta como el sustantivo humano que moldea esa peculiaridad adjetiva que denominamos cubanidad.  Esta que  se comprende como esa manera de ser, condición distintiva, particularización dentro del rango universal y que para asumirla en la infinitud de su condición, deben abarcarse múltiples factores (étnicos, sociales, psicológicos, culturales, religiosos);  que funcionan desde los ámbitos objetivos y subjetivos, como molde de ese complejo y contradictorio tejido que hemos dado en llamar nuestra identidad. 

Lic. Liannys Lisset Peña Rodríguez 
Diciembre, 2018


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