María Llarás: ¿Y sí la cubanía a mi me llama?

Convención de la Cubanidad

Me llamo María y tengo veinticuatro años, nací en septiembre de 1992 (el mejor año para la ciudad condal —Barcelona—), pero fui fecundada en La Habana nueves meses atrás.

Mis padres se conocieron en la calle 70 entre 17 y 19 (Municipio de Playa),  ella es cubana y el español por equivocación.

Todas mis vacaciones de verano desde que tengo cinco meses han sido en Cuba, para mi La Habana era “mi pueblo de verano”, —expresión que utilizaban todos mis compañeros en la escuela cuando se iban a los pueblos de sus padres dentro del territorio Español.

Muchas veces, a lo largo de mi crecimiento, me han cuestionado el hecho de vivir llena de cubanía. No he nacido en Cuba ni hablo como los cubanos (ese acento tan meloso que arrebata a muchos), pero sentirse cubano no depende exclusivamente de esos dos factores. Tener estos genes es algo que no decides, es algo que no adquieres. Yo no me desperté un día y dije me quiero sentir cubana. No.

De hecho si me centro en mi historia personal, particularmente en mi hermano y en mí, (el si que nació allá), podemos decir que él, la cubanía la dejó en el aeropuerto José Martí o que me la entregó toda la primera vez que centró sus ojitos en los míos. Cuando éramos bien pequeños, todas las amigas cubanas de mi madre se volvían locas al ver como bailaba todas las canciones, y es que el ritmo parece que me lo quedé todo yo, porque mi hermano viene siendo eso que en Cuba se llama “patón”. Ya de adolescentes podías ir a su habitación y verlo tumbado en la cama escuchando Linkin Park, mientras yo ordenaba mi ropa al ritmo de Adalberto Alvarez con la canción “para bailar casino”.

Realmente, supongo que la crianza materna ha influido mucho en mi crecimiento y mis continuos viajes a la Isla hicieron que siempre deseara que llegara el verano para poder ir a mi tierra. Mi vocabulario (empleo muchas expresiones cubanas), mi carácter y mis gustos están relacionados con muchos rasgos visibles en la cubanía. Su cultura, sus gentes, su folklore y su esencia siempre me acompañan, están impregnadas en mí.

Y es que ser cubano no es más que preocuparse e involucrarse por lo que suceda allá y es sentir el peso de los años, también por el paso de los tuyos.

Si me preguntaran que es la cubanía, yo les diría desde mi corazón, que también lo soy yo, o mejor dicho, que también la poseo yo. Porque no es más que, sentir le emoción que te invade cada vez que divisas desde el aire las primeras palmas y casitas, es bajar del avión y percibir el olor de Cuba (porque tiene un olor específico que encandila), es ver la belleza de ese pedazo de tierra situado en medio del mar. Es dulzura, ritmo y sazón. Es, al fin y al cabo llorar y extrañar cada pedacito de lo que tiene esa Isla hechicera.

Mi padre llegó de España para estudiar percusión por tres meses y se quedó un año. Después se enamoró de mi madre, normal, ¿Quién no iba a enamorarse de ella? Si ella representaba una parte del todo que es esa tierra. Imagino que a Colón le sucedió lo mismo.

Bien, que pierdo el hilo al hablar de Cuba. Sigamos con lo nuestro. No es correcto ni permisible negarle a alguien la cubanía por el hecho de no haber nacido allá, más de una vez he deseado que mi madre me hubiera tenido allí para poder decir con orgullo que soy cubana, porque entonces no se  juzgaría mi cubanía o me tacharían de una españolita más fanática de Cuba… —por cierto debo decir que adoro la cara de asombro que se les queda a muchos cuando empiezo a hablar con ellos sobre nombre de calles, lugares o historia.

Por tanto, no posee más cubanía aquel que nace y se cría en el país, conozco varios cubanos que han dejado de interesarse cuando emigran, que han cambiado su forma de hablar, que han adquirido otros hábitos e incluso llegan a identificarse más con la nueva cultura que los rodea. Yo personalmente no los juzgo, cada cual toma el camino que más le agrada y conviene.

Es cubano es el que sabe que Cuba tiene un olor y sabor particular, el que ama recorrer sus calles sin un sentido lógico, el que se sentaría en el Malecón horas por el placer de empaparse de felicidad. Es cubano  el que anhela, sueña e imagina que aquello mejorará, el que cree que todos unidos somos un ejército invencible de cambio. El poder de la transformación ejerce milagros si todos, si siendo más, conseguimos agotar las últimas balas de aquellos que poseen el poder.

Cuba es historia, alegría, sentimiento, plenitud, grandeza y lazos. El que entienda eso, entenderá por qué amo volver a mi tierra dorada.

2 thoughts on “María Llarás: ¿Y sí la cubanía a mi me llama?

  1. Hace seis años que viajé ha Cuba, ya entonces hablaban unos mal y otros bien de este hermoso país.
    Me fui sola, sin idea preconcebida, y ese sentimiento cubano lo vivi muy de cerca. Su gente, sus calles, sus paisajes de playa, la verde montaña del pico Turquino y la comandancia de Castro impregnada de historia, me encandilaron. Cuba es poesía, mágica en todas sus formas.
    Lo que pienso, cuando la pienso es simple, Cuba es en esencia eso: Cuba

    1. Mari Carmen, por que mezclar a Castro con la Cubania?
      Si le preguntas a la mayoría de los cubanos, entre los que me incluyo, esos que no tienen la presión del miedo a responder con sinceridad, muchos te dirán que Cubania y Castro son cosas completamente opuestas…aun cuando el difunto dictador es una de las razones por las cuales millones de personas en el mundo conocen de esa islita en el caribe. Castro y todo lo que el, o ellos, representan, es lo opuesto a ser cubano, y sentirse orgulloso de serlo.

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