Articulaciones peregrinas

Críticas y Reseñas

María Eugenia Caseiro

Aun cuando la sombra se halle acantonada en su negrura, sabemos que la luz es quien la viste. Entre la luz y su sombra, o entre la sombra y su luz, hay un universo contenido. Allí gravita el cosmos en calibrada fase de recogimiento. Allí se erige el puente de las pausas con ese intermedio incalculable en que la luz y la sombra se semejan de manera tal que convergen en una sola fuerza. Allí donde esa fuerza apuntala el universo, se halla el punto cabal para que nuevamente luz y sombra se deslinden. Allí el rayo invisible que en notable brevedad fulgura, cohabita con su carga fragmentada de mansa oscuridad y luego se disipa dando paso a ese otro rayo que lanzado contra el hálito vivo de las cosas es tan vasto como la luz del sol, o al volar hasta la resignación de un cuerpo muerto, tan pequeño como el ojo de la trémula luciérnaga. Allí entre lances que precisan derroteros; los transcursos, el perpetuo suceder del día y de la noche, la intención imperecedera de la Naturaleza. Allí abriéndose la flor de la curiosidad con esa magnitud que graba en la memoria un mandamiento y deja su perfume para siempre.

Vaga la sombra en el espacio de toda incertidumbre; la luz va aparentemente a la medida de lo que llaman certeza; sin embargo viajan luz y sombra en coexistencia. Sombra que en verdad no muere cuando la noche muere ante el día que llega, ni el día se rinde al arribo de la noche; porque la sombra, que nace de la luz, es luz; y es la luz esa otra cara de la sombra, lo mismo que es la sombra la otra cara de la luz, así palpitan luz y sombra en inmortal empalme. Ante esa condición germina una semilla de naturalidad, porque todo cuanto acontece entre la luz y la sombra es constante y requisito para que ambas se proyecten. Donde todo está escrito no pueden perderse las palabras. Donde todo se cose no hay lugar para lo descosido. Donde todo es natural no hay vereda para lo irrazonable. De todo cuanto se halle acorazado en la vislumbre, ni siquiera el insecto, apenas un zumbido errante en el vasto universo claroscuro, pierde resonancia.

Sirve la sombra de espaldar a lo que alumbra, le abroquela y se sostiene a su reverso. Sirve la luz de vestidura a lo sombreado, le pule las aristas y se sirve igualmente de su anverso. Y es la luz el espejo de la sombra, y es la luz en cada sombra, el espejo de la vida. Y es la sombra el reflejo de la luz, y es la sombra ante la luz, un destello de los sueños.

Luz y sombra trasegando el infinito laberinto del espacio. Luz y sombra de ovillo claroscuro transitando en la aguja del reloj que percibe la sagrada muesca de sus mordeduras. Luz y sombra peregrinas en ubicua emanación de persistencia.

 

nota: publicado La Peregrina Magazine, 2010

http://www.laperegrinamagazine.org/ma_eugenia_caseiro_prosa_lpm2010.html

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