El libro del poeta en actos

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Vuelve a la carga el proyecto de la gaya ciencia sobre  El libro del poeta en actos, esta vez con una edición revisada y aumentada. Podrán comprarlo durante los días de la Feria Internacional del libro de Miami. Por ahora, disfruten un fragmento del texto que lleva el nombre del subtitulo del libro: La antorcha perdida de la poesía.

La poesía ha perdido sus días de gloria. En manos de unos torpes se ha dañado su dignidad. Hoy no contiene valor significativo, ninguna búsqueda fundamental: no señala ningún misterio sobre la vida. Quizás por esta razón el público en general no lee poesía. Le aburre la idea de que estamos sujetos a la desesperanza, a vivir una vida sin sentido. Fatalmente, un reducido grupo de poetas ha terminado leyéndose a sí mismo.

La poesía se ha transformado en un ritual sinfónico que apoya la filosofía del suicidio, la melancolía y una actitud trágica ante la vida. La poesía hoy no contiene asidero, impulso poético, para entender y trascender la abulia existencial. La poesía es hoy un mito; un mito empobrecido para sostener la caridad y el desosiego. Es dada a recibir a cambio de algo. Constituye una transacción manufacturada en el mercado de la existencia, sobre todo en el desconcierto en que transcurre la conciencia humana.

Hubo un tiempo en que la poesía portaba una antorcha. Eran momentos de encanto, de fiesta, porque la poesía, en el verdadero sentido de la palabra, postulaba una búsqueda sincera de la “verdad”. No quería limitarse a pensar, a filosofar, sino a amar la vida, a celebrar el misterio. El misterio de la vida era su amor. Pero la antorcha pasó olímpicamente a otros y se apagó. El acto poético, el impulso poético, desaparecieron. Hoy nos cuesta reconocerlos porque los nombrados “grandes poetas” modernos no son más que excéntricos comprometidos con el lenguaje. No les interesan la Existencia en sí misma, sino la palabra “existencia” y cuantas formas verbales puedan utilizar de acuerdo al contexto y al significado. No le llamaría a esta tradición de “poetas”, sino de “sofistas”.

La poesía hoy es un resultado del sofismo más irreverente y petulante. Vive fingiendo la vida través de las palabras. De hecho, un ladrón pudiera decir: Yo cumplo con robar, pero es la poesía quien me lo ordena. La poesía de hoy se ha vuelto eso: una bonita manera de fingir, de justificar por qué no se ha hallado salida a la angustia existencial. No tiene ningún interés en la “verdad”. Ellos, los nuevos sofistas, retiraron del espacio poético su impulso, su Élan vital, su inocencia, y lo ocuparon con el lenguaje. Ha sido el acto suicida más importante de nuestra época.

No fue la filosofía existencialista la que creó la “irremediable vacuidad” de la vida. Fueros los nuevos sofistas, los poetas, con su desmedido acento en las palabras, los primeros en señalar ese punto sin retorno al que está abocada la humanidad. Al apagar la antorcha de la poesía, abrieron el hoyo, la brecha de la “vacuidad”. Sienten que están haciendo algo hermoso con el lenguaje. Se sienten hegelianos en el sentido de que, mientras más extravagantemente usen el lenguaje, más profundidad habrá en lo que dicen. Pero es sólo una sensación.

Hubiera sido mejor continuar aquellos tiempos de gloria en que la poesía era una búsqueda perenne de la verdad, toda la magia que impregnaba al poeta en actos.

1 thought on “El libro del poeta en actos

  1. Muchas gracias y felicitaciones, Angel, por tu libro. Y por colocarnos el tema de la poesia, además de sumamente interesante, especialmente por la trascendencia que también há tenido en nuestra literatura cubana. Y no tengo, refiriéndonos al espacio insular, pues que concordar contigo. Hoy, pese a que tenemos tantos poetas y poetisas, la obra poética está com escasos resultados. Em general nos la vienen reduciendo a “una transacción manufacturada en el mercado de la existencia, sobre todo en el desconcierto en que transcurre la conciencia humana”. Com todo, en estos tempos postcoloniales, tenemos que dar uma outra mirada a la palabra misma y al acto poético. Nuevos aires se nos vienen encima. Sólo que esos aires poéticos e incluso ese producto poético no necessariamente viene de los reconocidos como “clásicos”. Convengamos en que ese es reconocimiento que tiene mucho de ejercicio de poder. Sólo lo que trasciende es lo reconocido como poesia, y de esta no deja de estar sometida al ejercicio de la arbitrariedade la consideración de “clássico”. Ahí está, por ejemplo, la poesia africana de todos los tiempos. Y su creador habitualmente no juega com la palabra, sino que nos la revela, la usa para darnos más, mucho más, complementando com la lírica otras partes del ejercicio del pensamento, como la filosofia.

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