Introducción: Egofitness

Ascetología

 “Está en tu poder…,”

Proverbio estoico.

 El retorno antidiluviliano: la ética fitness

 Estimados lectores: el texto que continuación ponemos a consideración de ustedes posee dos características especiales. La de un libro en vivo y en proceso de actualización. Estas características harán del libro más atractivo y, al mismo tiempo, programático si lo juzgamos en un orden pos-literario. Nada en la vida tiene un fin, una meta en sí mismo si nos apartamos de la idea de progreso; en este sentido, la teología narrativa del libro pierde interés y positividad, habida cuenta de que ahora escribir asume un carácter ascendente. Como toda obra fitness, forma en que la evolución se presenta ante la naturaleza y la cultura, el texto hasta aquí elaborado constituye un primer resultado y un primer rendimiento en la difícil tarea de redactar, investigar y pensar. Nietzsche, el padre de la ascetología del fitness, pensaba que cada práctica y nivel de esfuerzo humano alcanzaba una determinada altura, contribuyendo al mismo tiempo a crear nuevas bases para continuar ascendiendo a nuevas cotas y formas de vida desconocidas. Lo mínimo que nos podía ocurrir en la vida –aseguraba el autor de Aurora– ante la necesidad de sortear las dificultades era elevar el nivel y grado del ejercicio, bajo la protuberancia del entrenamiento y más entrenamiento.  Si de existir se trata, el hombre pasa por la vida todo el tiempo entrenándose e incluso para morir.

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Si el ego merece atención particular por parte de la ingeniosidad humana, es porque a través de él se ha movilizado un mal entendido conceptual, genealógico y lingüístico. El ego no solo es parte de la imagen del mundo, la imagen de estar ahí en el mundo los seres humanos, sino también del entrenamiento y la formación. Somos egos en tanto existimos en el mundo en un determinado espacio de existencia competitiva. La única existencia real en el mundo es el único y su posible propiedad que se entrena. No para la producción sino para el consumo parcial y total de las cosas capaces de ser digeridas por el cuerpo humano en forma de orgullo. Ya es hora que nuestras operaciones rediman la denominación desdeñosa de la palabra orgullo. En la Ilíada de Homero, el orgullo de Aquiles, endosando  la ira, acometer el combate. La primera presencia del egoísmo en la literatura. La primera ética.

“Lo que me llama la atención es que la ética griega se preocupaba más por la conducta moral del hombre, su ética y su relación consigo mismo y con los demás, que por los problemas religiosos. ¿Qué nos sucede después de la muerte? ¿Qué son los dioses? ¿Intervienen en nuestras vidas? Todas estas preguntas tenían muy poca importancia, ya que no estaban directamente relacionadas con la ética. Ésta, por su parte, no se hallaba vinculada con un sistema legal. Así, por ejemplo, las leyes contra la mala conducta sexual eran escasas y poco constrictivas. Lo que los griegos en realidad se proponían era construir una ética que fuese una estética de la existencia.” Eso dice Foucault A partir del psicoanálisis, las denominaciones que constituyeron una misma aserción semántica se separó y el ego resultó la  modalidad peyorativa y negativa.

Antes de seguir quisiera dejar establecido que este ejercicio narrativo no constituye un libro de “autoayuda” y tampoco una obra para el desarrollo “motivacional”. ¡No busca ayudarte! Desde luego, tampoco esperen en las páginas que siguen un “tratado de consejería espiritual y social”. En cambio, intentamos grosso modo representar, a través del diagnóstico de la historia de las culturas, lo que Alphonse de Lamartine sentía al expresar con la frase: “sólo el egoísmo y el odio tienen patria”. Nos interesa aquí abordar la fenomenología del ego, la existencia de su movimiento, la forma como adquiere vida en el mundo, en qué lugares se impone la voluntad de vivir y proporcionar una hipótesis que contribuya a explicar por qué el ego, el orgullo, la ira se convierten en la palanca como mecánica aplicada al yo.

En el caso particular del hombre (la Naturaleza la hace también), es muy curioso que la naturaleza corporal mantenga una estrecha relación con la naturaleza cultural. Sin embargo, a lo largo de los siglos hemos visto pasar una gran lucha, donde el espíritu insubordina al cuerpo y produce un mal entendido que se profesa hasta hoy: la vida para el hombre deja de tener sentido si no busca trascender, ir más allá de sí mismo.

Pues bien, el sentido a la vida se lo otorga el hombre precisamente cuando comprende que entre el cuerpo y la cultura están unidos por el entrenamiento y el ejercicio vital. Lo que se entiende tradicionalmente como vitalismo no es otra cosa que la forma ascética del acontecer humano.  No habría que trascender nada a no ser que llevar a efecto la transvaloración de la ascesis espiritual del ego por ego fitness.

La historia prueba que no se trata únicamente de la movilidad del discurso y la retórica sino de la buena forma, de estar fitness y muy bien entrenado. Particularmente, en la esfera de la subjetividad, donde imperan los problemas más acuciantes del hombre, el ego garantiza la fuerza y el valor de la ejercitación mental. Las filosofías, que por ejemplo intentan presentar la Escuela de Kioto sobre el zen, el yoga y otras formas de conocimientos antifilosóficos, no serán otras variantes de las genealogías morales y las prácticas ascéticas acerca de la trascendencia del tiempo y el espacio.

Quedaría por dilucidar hasta qué punto una ruptura referente a estos medios religiosos y metafísicos, como desarrollo programático donde se encontraba el cristianismo, respondían a formas de castigo y abdicación. Lo que nos interesaría más adelante, en última instancia, averiguar es cómo en estos sistemas ascéticos les acampanan fuerzas de hábitos correspondientes a magnificar el resentimiento como forma anti-vida. De ahí que súrjase y se extendiese hasta hoy, en renovados tintes coloreados, el discurso del buenismo, la nueva ofrenda cifrematica de la cultura de masas basada en un religiosísimo humanista, místico y orientalista. No hay que perder de vista que Tranta y Yoga son formas de vida ascéticas, técnicas auto eugénicas de transformación psicológicas que concluyen en una auto imposición narrativa, a la manera de venganza y animosidad.

Desde luego, en este libro no estoy proponiendo algo nuevo, sino invirtiendo la lógica de la voluntad de poder. La excentricidad nos puede ubicar en el centro del panorama de una época ametrallada por la ideología del discurso. Pretendo persuadirlos e invitarlos a que reflexionen sobre el alcance de la vida como ejercicio: mientras estemos en la vida, en el mundo, en lo abierto y tremendo el ego y la voluntad de vivir constituyen de consuno la palanca o el truco para lograr y mantener la sobrevivencia en la tierra.

Como dije al principio, estas consideraciones están en proceso de ejercitación y continuarán en desarrollo en futuras líderes del fitness como parte de la existencia de la vida. Conste que el cuerpo y el espíritu del libro seguirán el curso del creciendo sobre el hallazgo de nuevas y mejores formas de vida de escribir. No olviden, amigos lectores, que ustedes también integran una buena porción de este proyecto y pueden aportar con la crítica, el debate y la reflexión elementos plausibles al mejoramiento del producto siempre y cuando lo consuman como su propiedad.

El libro comienza con un breve capítulo intentando explicar el mal entendido, que ya de hecho es consuetudinario. El ego cambia de misión, propósito y autoridad no se sabe dónde y cuándo. Lo cierto es, que estas cuestiones genealógicas de ilegitimidad impropia vienen arrastrándose desde hace varios siglos de antigüedad. Cuando en el Teatro Isabelino, un dramaturgo espabilado llamado Shakespeare propone sacar a luz como la jerarquización de las ascendencias legales del reino iba hacer sustituidas por los advenedizos espurios, se ponía a prueba el poder del egoísmo. Edmundo para ganar el mundo –se lee en El rey Lear– siente la necesidad por fuerza y orgullo de concebirse tan legítimo como su hermano permitido.  Esa aquiescencia que luego vemos en políticos, estadistas, intelectuales, escritores y artistas ilustres son orígenes del egoísmo.

Separarse de la tradición en el ámbito genealógico ha sido un acto de egoísmo. Naturalmente, gran parte del desarrollo egoísta de la historia ha sido escamoteado por la irrupción de la filosofía transcendental, el marxismo y el psicoanálisis, este último a partir de la peor interpretación sobre el mito de Edipo. Un hijo que parece tan egoísta y cruel que mata a su progenitor tan pronto este lo venera con la premonición de la muerte.

No estamos seguro haber agotado el problema del mal entendido que dio origen a la cruzada contra el ego. Pero en su esencia misma creemos haber acercanos a los objetivos e intereses. Fue a partir de entonces desarrollamos la narrativa del fitness buscando esbozar la tragedia del ego practica e intelectualmente. Habría que tomar en cuenta, al hablar sobre el ego, que correspondencia suscitaba la definición y la función en la sociedad. A saber:

Estar en forma fue una actitud tan antigua como la llevada a cabo por los primeros retirados del mundo exterior al interior. Aquel fenómeno egoísta de tremenda repercusión ascética tenía que ver con la observación por unos pocos con el absoluto derecho de mirar de lejos. En lontananza, el ego constituido podía vigilar con cierta eficacia a los demonios y las malas costumbres que azotaban a los pueblos, permitiendo que, por primera vez apareciera en el imaginario fenoménico la hechura del espacio interior. Ellos fueron, cinco siglos antes de Cristo, los primeros en darse cuenta de la existencia del Yo. Entonces permitieron que el primer agón fuese el estandarte de la subjetividad, apareciendo el primer escenario ascético para decir Yo.

Ahora bien: ¿Cómo yo se transfigura en ego y como este se transforma en propiedad? En un libro que hizo escándalo por el atrevimiento erótico, Filosofía del tocador, el Márquez de Sade interpretó el espíritu de la época como un desafío contra el tradicionalismo moral en el sentido anti-diluviano de la propiedad. El goce del cuerpo, el consumo de mi propiedad. Tal acto se consideró en la época tan estrambótico, que el libertino pasó a formar parte de los mitos de la historia como egoístas diluvianos.

Era imposible proseguir las pesquisas sobre la fenomenología del ego sin antes atender la relación con el absoluto de la amistad: alter ego. Lo que suele llamarse la otra personalidad en la filosofía del psicoanálisis, no era más en los antiguos sumarios y egipcios que la imagen del yo, el competidor íntimo. En la epopeya del Gilgamesh, la más antigua escritura sumaria, aparece el yo desdoblado en amistad. Juntos avanzan en la dura tarea de vencer la muerte. Alter ego juega un rol de estatura prosaica, narrativa en tanto lenguaje. La alteridad proviene del lenguaje.

Lo que resta de texto serán ejemplificaciones, llamémoslas arbitrarias, para identificar la forma del egoísmo. Capitulo interesante del libro es aquel que relata la visión del egoísmo como fuerza creadora universal en la narrativa de John Galt, de la novela La Rebelión de Atlas.  Dentro de la forma de egoísmo necesitábamos exponer cómo se llevaba a cabo la ascesis moral, el entrenamiento y el rendimiento. De aquí se desprendía atenernos a un concepto del superhombre como entidad atlética reveladora.

Finalmente, quise dedicar el libro al músico, cantante y versátil del escenario Freddie Mercury. No en balde el artista fue uno de los pocos entre ellos que tenía cierta comprensión y atisbo del fenómeno ascético cuando inspirado compuso aquella canción que la hizo popular e inmortal: We are the champions. Mercury hizo de la vida un espectáculo artístico con la música, una forma de vida del egoísmo, la voluntad de poder y el fitness total.

 

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