Infierno en el Paraíso*

Críticas y Reseñas

Por: Julio Benítez

     Yo pudiera comenzar estas notas citando a algún autor de fama para ofrecerle fuerza académica a una obra que desconocía, gracias a muchos factores que van desde su posible secuestro en el mundo de la Isla oprimida hasta la recepción ausente allende los mares, de casi todo lo que tuvo o tiene que ver con la llamada Revolución Cubana. Pero me tocó tan de cerca su lectura y las experiencias que viví en carne propia, incluyendo la prisión política que decidí llenar de impresiones esta presentación más que un esfuerzo por sobresalir en el lenguaje o revestir mis palabras de clasicismo crítico literario.  

No es la primera vez que hemos observado esa tendencia a desconocer la realidad cubana. Quizá lo que más me llama la atención es precisamente el valor estético de esa obra que supera en mucho a lo que se escribía en Cuba o sobre mi Cuba en el tiempo en que ella es publicada por primera vez.

Ediciones Exodus, dirigida por Ángel Velázquez Callejas y Roger Castillejo se ha convertido en estos tiempos en una editorial de respeto y calidad. Y entre sus logros se encuentra el rescate de obras y autores relevantes de nuestra cultura como es el caso de Alberto Lamar, quien desde una posición de derecha hurgó y a la vez describió con visión única, a pesar de sus extremos, los problemas de la sociedad de su tiempo. Así como Elías Entralgo en su aproximación sociográfica de la realidad nacional que nos recuerda a Bachelard en su definición del espacio como elemento importante de una obra literaria.

Si prefieren citas textuales, los dirijo a la exhaustiva e incisiva explicación que Armando de Armas escribe en el prólogo de la edición más reciente.

Infierno en el Paraíso, aunque refleje tiempos que alcanzan los primeros años de la instauración del régimen autoritario existente en mi país, denota una actualidad increíble. Yo diría que el testimonio y la ficción se unieron para dejarnos un documento de lo que fue el inicio de la pesadilla y aún más la descripción del presente que aun esclaviza a Cuba.

Ahora bien, cuando pienso en obras desmitificadoras de la utopía fallida, traigo a la memoria el Doctor Shivago, o La Gran Estafa por el hecho de que, en ellas, una novela y la otra, testimonio, descubren los rasgos negativos de las revoluciones socialistas que han plagado el mundo desde el 1917. Estos libros gozaron de un amplio reconocimiento y divulgación. La novela de Pasternak no sólo ofrece testimonio de una época, sino que crea un personaje inolvidable en la literatura occidental.

La Gran Estafa por otro lado es el testimonio de un ex cuadro de la Internacional Comunista quien, desde su país, recorrió un itinerario que incluyó una estancia en Rusia adonde pudo corroborar la falsedad de la Revolución Comunista como un elemento de reivindicación humana.

Obras escritas por George Wells describen también como mucha imaginación el totalitarismo de izquierda radical. Esos libros que mencioné más arriba, y los del autor inglés, gozaron así mismo de un reconocimiento internacional ilimitado. Piénsese en Rebelión en la Granja o 1984 y estaremos cerca del porqué de esta opinión.

Desafortunadamente, no siempre las obras que narran con criticismo la llamada Revolución cubana han gozado de suficiente divulgación y respeto por parte de lectores, intelectuales y otros factores envueltos en el mundo del libro como sugerí más arriba.

El autor de Infierno en el Paraíso: Alberto Baeza Flores nos entrega la memoria de una época que parece repetirse por casi sesenta años. Nacido en Chile y como muchos latinoamericanos admiradores del proceso cubano en sus primeros momentos, se aplatanó en el lenguaje y las costumbres hasta el punto de escribir una novela que contiene elementos sustanciales tanto por su denuncia, así como en su elaboración estética. Hoy casi olvidada, la editorial Exodus decide rescatar lo que parece ser fue una de las primeras novelas de ese evento que sacudió a Cuba, y que la mantiene aun conectada como denuncia contra la dictadura que ahí se describe.

Basta recorrer sus primeras páginas cargadas del testimonio que representa el abuso del poder revolucionario con sus ejecuciones sumarias y el llamado “ajusticiamiento” de criminales, en muchos casos malintencionadamente condenados. En esos primeros capítulos sentí una especie de repetición. Llegué a pensar de que se trataba de un panfleto político.

Afortunadamente, cada nueva sección iba agregando no solo denuncia y testimonio sino también un refinado estilo narrativo. Los personajes principales cobraron nueva dimensión ya fuera como parias en la nueva sociedad. así como víctimas de los abusos y excesos de la llamada Revolución y su líder innombrable. Hay mucho de los primeros años. Digamos hasta los años sesenta y dos. Pero la capacidad del autor de captar lo que ocurría lo lleva a una descripción de lo que ha sido un modo de vida en ese país nuestro que tanto ha sufrido.

No conocía a Baeza; pero respeto ese interés suyo por lo cubano y me parece un amigo casi cercano. Fue un hombre convencido de que fue engañado, que todo el aparatoso cambio solo traería autoritarismo, ruptura de familias, amigos y exilio. Y sorprende en un hombre nacido en otro país y que se “aplatanó” hasta el punto de que el narrador se va moviendo en un lenguaje cubano, de una idiosincrasia propia de la isla, a pesar de que en ocasiones nos señala que “como dicen los cubanos”. Pero es engañoso. No hay ruptura entre el elemento socio-lingüistico del habla regional cubana y la del chileno.

Habría que valorar aún más esta novela. Mucho se habló del Presidio Político en Cuba de José Martí, pero al hojear los momentos en que se describen los horrores de la prisión castrista, no me sorprende. Lo constaté con viejos compañeros de lucha por los derechos humanos que fueron consignados en esos primeros años y también en mi propia experiencia cuando sentí el rigor del más horrible castigo.

 Para mí Infierno en el Paraíso, representa el disentir sin mentir. En ese sentido, Baeza que fue poeta y ensayista supera aquellos cuentecillos y novelas de autores de la generación de las dos primeras décadas de la pesadilla que ha vivido Cuba y que pueden haber señalado algún punto negro, como fue el caso de Norberto Fuentes; pero que en el fondo no fueron capaces de develar los efectos de una sociedad podrida desde su misma fundación. No hay paraíso alguno nos dice este narrador sino un infierno que ha durado más de sesenta años.

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*Texto leido en la presentación de la novela La muerte en el paraíso de Alberto Baeza Flores el 25 de noviembre del 2019

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