CONTRA SÍ: idea y cambio en Joel James

Críticas y Reseñas Filosofía Historiografía

Ángel Velázquez Callejas

Una de las ideas que promete ser reveladora, pero que no ha sido estudiada a fondo por la historiografía cubana es la propuesta del historiador cubano Joel James sobre lo que considera la Cuba profunda. Una Cuba vista no en el orden usual de la contemplación positivista y hechológica, sino ahondando en los aspectos ocultos de   las estructuras sociopolíticas subyacentes.

Dentro de esta profundidad ―si es que cabe la palabra en tal sentido― James encuentra lo que para mí es crucial en el sentido de desvelar, en término sociológico, un segmento particular de la continuidad cultural en la mentalidad cubana: se trata de expoliar, dentro de las sujeciones con la que se entrelazan las clases sociales en Cuba y en determinado momento de la estructura social temporal de la cubanidad, la raíz de la frase del contra sí. Una abstracción teórica cuya posibilidad heurística puede vislumbrar la capacidad del cubano, en término culturales, de construir y, al mismo tiempo, destruir tanto lo heredado como lo asimilado.

La capacidad arraigada durante más de 200 años, de que el cubano se contrapone así mismo, a su propia voluntad creadora, constituye un hecho perenne de “la idea del cambio en Cuba”. Idea que no pasa de ser una idea, ya que, en contraposición a la idea misma, el cambio sería lo ideal. Contraponiéndome a lo que hago, cambiaré.

Entonces, ¿cuál es el problema cardinal de la situación perenne en Cuba? Para James,  asumir por entero la metafísica de la “la idea del cambio”. Cuando el cubano toma consciencia del cambio, comienza a luchar por una idea. La entera idea de la nacionalidad nació de esa consciencia del cambio. El cambio ha sido central en la cultura cubana como idea; sin esa idea del cambio la mentalidad colectiva cubana no funciona en sus aspectos racionales. El cambio no solo expresión lingüística, sino también imaginación evocativa, redefiniéndose en la cultura cubana. Sin embargo, paradójicamente, debido a la larga duración de esa “evocación imaginativa”, de que el cambio es todo dentro de la contraposición, Cuba no puede cambiar del todo. La idea del cambio es la barrera para todo cambio verdadero.

¿Cómo puede ser esto posible? La propia manifestación de la voluntad inconsciente del contra sí cubano lo determina por naturaleza. La determinación del ego cultural cubano, cuya manifestación de contra sí lleva dentro resguardada como forma ideal de vida; desde lo más cotidiano hasta lo más abstracto, desde la forma de hacer el amor hasta las complejidades de hacer política. Constantemente nos estamos contradiciendo para bien o para mal, pero siempre para sentir la idea del cambio. Sin ese sentir la idea, sean cuales sean las penurias y las desgracias, la cultura cubana queda abocada a la muerte. Pero el cambio se desliza de un modo sutil, al sentir la pura idea, que soslayamos la inquebrantable finalidad del cambio. Hemos creado una racionalidad acerca del cambio y ahora tememos contradecirla. Es el problema de la Cuba actual: el cambio contra el cambio. Cuatro etapas pueden ser estudiadas en términos de “idea de cambio” en la cultura cubana:

1 Surge el cambio. En el manifiesto de Arango y Parreño, en el Discurso sobre la Agricultura, se halla el surgimiento del cambio. El surgimiento de una clase social que pretende ser cambiada.

2 Contra el cambio. Con la guerra del 68, en el manifiesto del 10 de octubre, se aboga por el cambio, pero es contra el cambio inicial. Los patriarcas orientales vs los plantadores esclavistas occidentales.

3 El cambio vs lo viejo. El Manifiesto de Montecristi. No solo la idea del cambio va contra el colonialismo español, sino que va en oposición directa a los rezagos de la esclavitud de plantaciones y del modelo patriarcal.

  1. Cambio vs cambio. Desde la Enmienda Platt hasta nuestros días. Lo cambiamos todo, pero no nos cambiamos a nosotros mismos. La misma mente que funciona con la idea del cambio permanece igual: el cambio de idea, pero no el cambio verdadero.

Todo lo anterior equivale a una propuesta sujeta a comprobación: no jugar más con la idea del cambio, porque esa idea solo trae consigo cambio en la política. ¿Cuba necesita el cambio como idea para cambiar verdaderamente? La misma estructura de manifestación de la “idea del cambio” en el fondo parece decir que no. Pondremos las cosas al revés: el “contra sí” nos lleva a contraponernos al cambio. Mientras más intentamos cambiar las cosas, parece que la idea del retorno se vuelve más vigorosa. Entonces el problema está en la raíz del “contra sí”, en nuestra constitución psicológica.

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Nota: Fragmento de un capítulo sobre el libro en preparación Joel james y el pensamiento abstracto.

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