Deseo y poder en “Las once mil vergas”

Críticas y Reseñas Literatura y Lingüística

Ángel Velázquez Callejas

Leída como un relato erótico, en los límites de las imágenes pornográficas, en el desenfado del autor, el interés de la retórica erótica de Las once mil vergas no ha sido captada en toda las dimensiones sociales y culturales.  Lo que se proponía Guillaume Apollinaire a través de una de las novelas más ‘desvergonzadas’ y polémica, cuyas impúdicas escenas levantaron pudor, revuelo y sospecha en la bohemia parisina de los años de la década de 1910, a nadie le interesó.  Para D. H. Lawrence, autor de El amante de Lady Chatterley (1928), cuyo relato también fue considerado ‘cuasi pornográfico’ y contrario al discurso posesivo del psicoanálisis, creía en que Apollinaire sobresalía por la deconstrucción:  ejercicio retórico capaz de describir con ironías las ocultas relaciones entre eros y poder. Es decir, poner en evidencia la relación vinculante entre eros y política y eros y arte.

La acción política como deseo y la forma de la protesta política ocultas en la superficie del reino de la sexualidad reprimida. Si el autor no intentaba traspasar el espesor del lenguaje erótico de la sexualidad y no dejase visualizar el infierno pornográfico de la vida sexual reprimida, no tendría sentido la narración novelada. La pornografía y la política tenían para Apollinaire algo en común: borraban de la escena humana la relación del uno con la alteridad. Apollinaire necesitaba dejar en claro con lo cuasi pornográfico hasta dónde la decadencia del eros suponía por añadidura la caída del narcisismo de la política dominado el rendimiento del trabajo y de la sexualidad como subproducto de la relación con el capital.

Se trataba, en suma, de reinventar el amor, la forma thymia del deseo, en el núcleo duro según el pensamiento erótico de Guillaume Apollinaire. De ahí el surrealismo erótico como narrativa. De ahí la expresión de Breton, según la cual “el único arte digno del hombre y del espacio, el único capaz de conducirlo más allá de las estrellas es el erotismo”. En este sentido, Apollinaire lo atraía el valor ético del orgullo contra el simple deseo de sentir placer. Disentía, por muchas razones, de la doctrina platónica sobre lo bello: eros por encima de todas las partes del deseo. El orgullo iracundo y la fuerza productora de ruptura, cambios, vanguardismo.

Las once mil vergas fantaseaban y usaban el ardid retórico perfecto para procura desviar la atención del deseo hacia la compresión superior de la erótica de la vida. Típica de las novelas inspiradas en una época de decadencia espiritual, donde el trabajo comenzaba a secuestrar al amor, eros se transformaba en los ojos de Apollinare en orgullo.  La propuesta narrativa de Apollinaire, tullida de política y poder, enmascaradas por voluptuosas escenas pornográficas, arrogancia sexual, masoquismo del placer carnal, vericuetos sádicos del  dominio de uno sobre otro, serían formas superficiales estéticas de la narrativa erótica surrealista. Apollinaire confrontaba al camuflaje erótico  del deseo con una escritura satírica, burlona y estremecedora. Provoca una conversión entre el amo y el esclavo y expone la tesis de cómo el esclavo se transformaba en amo del amo. Las historias de amor, a veces depravantes, a veces sinuosas, sirven al autor de pretextos para penetrar en la secreta relación eros/ política, inconsciente individual/colectivo.

Las once mil vergas no dejan de ser un relato crítico sobre la literatura positivista de la época. El lector avisado no debería encontrar en las explícitas escenas sexuales una depravación del espíritu consciente de la disciplina del sexo. Apollinaire muestra con impulso ascético un ejercicio narrativo que le permite estar atento acerca de su propia forma de vida, en los comienzos de las movilizaciones permanentes. Más que cualquier fenomenología pornográfica, relacionada entre deseo y poder, en el fondo de la literatura de Apollinare se haya una estética. Los sueños, la crítica surrealista, la decadencia: la erótica del amor maniatada por el rendimiento del capital.

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