Cubanidad: segunda historia

Convención de la Cubanidad

Por: Dr. Callejas

Para conocer la “segunda historia” de la nacionalidad cubana debemos transcender el enfoque de la poética etno-naturalista y positivista de la narrativa intelectual (poesía, narrativa, filosofía cubana tradicional). Debemos introducirnos en los intersticios de la segunda cubanidad a través de una poética bio-inmunológica cultural.

Lo que está en liza en forma implícita son los rechazos a las crisis (rupturas) culturales desde las envergaduras de los sistemas inmunológicos de las culturas. Y la cubana per se ha tenido que mutar de un sistema inmunológico cultural a otros para sortear los embastes de los imperios sociales invasores. Desde la formación en el siglo XIX, la cubanidad ha transitado por diferentes formas de vida inmunológicas, de las cuales no sabemos nada. El exilio, por ejemplo, puede ser considerado una forma inmunológica intrauterina de la cubanidad en el afuera, allende los mares para preservar continuidades en evidentes procesos de aniquilación.

Si profundizamos un poco en la metáfora etno-natural de trans-culturación, podremos ver que no se trata de una simple formula empírica lingüística. Podremos continuar ajustándonos a diferentes variantes culturales, pero sin obviar un módulo defensivo inmunológico cultural. Al descubrimiento por tercera vez de la cubanidad le faltó narrar  la segunda historia, el  segundo relato sobre la verdad de lo real. En materia del arte y literatura se privó del derecho a un relato ascendente de los artistas y escritores, los cuales quedan en manos de una descendencia generacional con fallas de copias. Y en materia religiosa y espiritual los procesos convidados camuflaron las prácticas inmunológicas más sostenibles sobre la trascendencia y el sentido de la muerte física y cultural.

Una segunda historia se retrotrae a la “poética del comenzar criollo”. Lo que se denomina criollo (o proceso de criollez) como clase fisiócrata y social no es otra cosa que el embrión de la primera célula del sistema inmunológico de la cubanidad. Para que se produzca esta primaria forma de vida cultural, la cria del criollo debe ser orientada en relación al amor a la tierra. Lo que el criollo establece de inmediato en su forma de vida es un mecanismo de defensa frente al poderío del comercio y la burocracia colonial: la tierra cría al criollo, da al  cuidado del criollo una formula inmunológica.  Nuestra primera fórmula cultural responde a una fisiocracia inmunológica, jurídica y solidaria, de cuyo resultado nace un condicionamiento político, ideológico y espiritual. Joseph de Rivera, Arango y Parreño, Saco, Cisneros Betancourt y la oligarquía de haciendas y plantaciones forman parte de el estatuto de  criollo criados por el fruto de la tierra. Algunos asumieron formas contemplativas y otros activas. Sobre todo el trabajo literario se traduce en factor de humanitas entre los primeros descendientes de la tierra en cuba. Tierra y literatura, constituyen ciceroneamente las bases primigenias de la inmunología cultural de la cubanidad in nuce. En caso donde la cultura se ve relacionada con un mito, como en Bayamo durante el periodo colonial, la leyenda toma caracter inmunológico. El comportamiento de los agentes en tanto a la  configuración ideo-políticas y sociales no funcionan al margen de lo mítico. Lo mítico asegura y preserva el comportamiento de la inmunidad.

Lo que vendrá después, en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX,   configuran formas simbólicas de auto-cuidados colectivos basados en el espíritu de la nacionalidad y la nación. Estos hechos no serán trascendentes sino se le vinculan a  la muerte de Dios.  La segunda fase inmunológica de la cubanidad se proyecta a partir del advenimiento de la formula política inmunológica y no religiosa, aunque este factor juega un rol importante: la nacionalidad. El crio ha tomado carta de nacionalidad en el asunto de la crianza y la domesticación cultural. En este caso los hijos de la tierra se trasforman en una unidad jurídica y militar con una gran dosis simbólica espiritual: los hijos de la conservación y la transmisión. Lo que se conoce aquí como cultura no es otra cosa  que el proceso de crianza y domesticación de los hijos de la tierra en función de una domesticación superior:   los colectivos inmunológicos nacionales.

La unidad inmunológica primigenia en embrión se convierte en sistema de escudo para el cuidado de la transmisión cultural domesticada.  Lo que conocemos como metáfora etno-naturalista del ajiaco, es la representación múltiple de  la racionalidad del trabajo de los órganos vitales de la cultura cubana, sufriendo e intentando ascender a un superior peldaño simbólico inmunitario: la nación cubana. Cuando la cultura debilita su sistema inmunológico entra en crisis. Para aquellos que no creen en la existencia de las ciencias culturales, están se hacen plausibles a partir de una determinada crisis cultural. La cubana es una cultura que merece una segunda historia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*