¿Crisis permanente del patriotismo cubano?

Críticas y Reseñas

Ángel Callejas

Lo que el escritor, sociólogo y pensador nietzscheano, Alberto Lamar Schweyer, consideró en 1929 como la fenomenología sociológica de los orígenes de la “crisis del patriotismo” es hoy en Cuba un estado de consumación: la desterritorialidad en tanto fenómeno de continuidad es anti-nacional. Schweyer afirma en el ensayo La crisis del patriotismo que  la “fatalidad migratoria” constituye una teoría cuantitativa para explicar la crisis de la nacionalidad cubana.

Si durante la República la admisión de inmigrantes, fundamentalmente españoles, fue un atentado inexorablemente contra el afincamiento de la “conciencia patriótica” (nacional), se puede sacar la conclusión que la migración cubana hacia el exterior (fundamentalmente hacia Estados Unidos) después de 1960 pone de manifiesto el igual menoscabo de la conciecia, pero a la inversa.

Si los españoles en mayor cuantía, según afirma Schweyer, no se diluyeron como tradición y cultura en el flujo de la conciencia nacional y patriótica creando la crisis denominada de conciencia porque desterritorializaron espiritualmente la isla, hoy esta deformación renace con más fuerza mediante la migración de cubanos hacia afuera. Alberto Lamar arguye tener la razón de que la dictadura de Machado iba a poner freno a la “democracia” de influjo migratorio y poder establecerse una verdadera conciencia de territorialidad nacional.

Sin embargo, lo que corresponde a la etapa del totalitarismo comunista después de 1959, previendo lo que dice Lamar, es una desterritorialidad a la inversa. La dictadura del régimen castrista no le importa establecer una conciencia nacional, sino una conciencia limitada al poder. Desde luego, a la dictadura le resulta apropiado producir  mentalidades e imaginrios de  migración cubana  hacia afuera (para usar un término spengleriano de lejanía) provocando una mayor la crisis del patriotismo jamás conocida.

En su contexto,  la intelectualidad tildan a Lamar Schweyer de fascista, por aquello de apoyar la dictadura de Machado. No sé cómo los detractores de Lamar no se auto titularon también fascistas. Según la conocida definición de Mussolini, un nacionalista de izquierdas, el fascismo se entendía como el “horror ante la vida cómoda”.  Un rechazo voraz y tenaz a la paz. Un sentido del espíritu contra la desmovilización militante después de la guerra. Una expresión poética, menos convencional, nos la concede Spengler en 1933 en su libro Los años decisivos: el fascismo consiste en el ademan del pueblo que toma la movilización como la victoria. En Cuba, a partir de la caída de Machado, comienza la historia real de la movilización permanente como victoria, hasta cuajar en la frase célebre del Ché: ¡hasta la victoria siempre!, un estado permanente de movilización tras la guerra que no existe.

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