El Corso me decían ˈin processusˈ

Críticas y Reseñas Literatura y Lingüística

Ángel Velázquez Callejas

En abstracto, cómo comienza un proceso aparentemente democrático y revolucionario, cuya transformación histórica evoluciona en un término de una década hacia la dictadura socialista, resulta el epicentro y el leimotif de la plataforma empírica  y del contexto narrativo de la novela El Corso me decían. Pocos libros como éste, testimonia con audacia kafkiana la relevancia de un proceso preñado de intrigas, donde sobresale en su defecto la violencia, el poder, el chantaje y el miedo. Quien se sumerja en la lectura de cada pliego (carta) podrá constatar con qué ironía el Corso retrata la animosidad del proceso histórico sobre los congéneres hijos de la revolución.

Tengo la impresión que la narrativa avanza sobre la base de una pregunta oculta que desea sostenerse sin intenciones de relevancia hasta el final: ¿se podrán escapar del proceso? ¿Hasta qué punto el proceso continúa al margen del proceso? La idea, más que reflejar el ditirambo de la ideología del Jefe, la revolución y la dictadura, pretende  indagar sobre cómo la vida en Cuba es procesada en  cada sujeto y como sustancia  del sujeto revolucionario  se convierte en  proceso de configuración en sí mismo. El proceso revolucionario es el proceso por añadidura de ser procesado en todas las circunstancias, importa si es relevante o no. Sustrato de ideas magistralmente narrada por el autor, apoyada con el recurso de la narrativa analógica: lo que pudiera ser procesado en mí, es también objeto de proceso en ti. La formación del revolucionario desde los días de 1959 constituye todo el proceso de larga duración y extensión.

La otra relación es la violencia, la autoridad, el chantaje y el miedo con el proceso. Recordemos que la novela gira en torno a un contexto definido de la historia del proceso judicial en Cuba socialista, la causa 1 de 1989. Allí fueron procesados los desafectos a la Revolución. Pues bien, la metáfora del proceso abre una perspectiva inusitada como forma de control sobre la alta jerarquía del poder en Cuba, da cuenta el narrador mediante la voz titubeante del Corso. Así le decían, porque no pedía decir más de lo que el proceso permitía.

Felicito a Félix Fojo por haber logrado una brillante aproximación del proceso cubano desde la literatura. Como en efecto, pueda que la novela proporcione varias lecturas y represente varios modelos literarios polivalentes puesto que hechos narrativos sobran; nuestra intención ha sido rapsódica y abstracta, intentando develar el proceso en sí del hecho narrativo, doblemente representado en tanto en forma narrativa como en la  especulación de ideas y juicios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*