El canon literario cubano de la diáspora: Guillermo Rosales (novela)

Canon Literario Cubano de la Diáspora

El poeta en actos

 

Un hecho, sin duda, puntual en la literatura cubana es la falta de temeridad. La bravura, que consiste en muchos casos en ayunar el arte, se ha vuelto mortal y en el mejor de los casos insípida. Si tuviera que reunir en una santa orden aquellos escritores estrellas que una vez usaron la palabra franca para llevar acabo el desatino descarnado del yo y penetraron sin petulancia en la subjetividad los contaría con los dedos de mis manos. No quiero ser pesimista y quisquilloso sobre este asunto, pero escribir se vuelve, en este estado para pocos, en un muro de contención y al mismo tiempo en una ayuda piramidal para sobrevivir al mundo, bien negándolo, bien afirmándolo. No hay duda, en este sentido, que la escritura en ambos casos morales se ve transformada en una huida a hurtadillas. Debido a como está hecha la naturaleza cultural cubana, que arrastra un largo pasado pesimista e intimidatorio, la literatura ha ido sucumbiendo formalmente hacia la negación.

Nos parece apropiado –muestra ya Varona  Con el eslabón, en 1932- compartir desde entonces la siguiente sugerencia: avistamos en el horizonte un punto metafórico de suprema abstinencia identitaria a partir de la cual todo pasa a ser la perla de la plenitud. Con la palabra franca“, esa que suele destilarse en obras como Memoria de la casa muerta de Dostoievski, se cobra fuerza vital y llega a establecer en la mirada de algunos escritores cubanos el único camino moral plausible, de conciliable deuda existencialista, humana, pero profundamente nihilista. Ese punto metafórico de giro inesperado cabe, para subrayar el hecho, en una frase clave de Emile Cioran, en Las alturas de la desesperación, aterradora pero significativa: “como seguir adelante si a uno todo le queda demasiado”. Aparece entonces un fenómeno literario que ha dado su cuenta y su provecho como lo mejor de la literatura cubana: la autopatografia literaria. La bravura consiste en eso, en expresar públicamente no solo el dolor, el vacío, la levedad, sino también como el mundo se hace demasiado, arbitrario y metafísicamente inconcebible e insoportable.

¿Qué queda para estos supuesto imprudentes autores? La osadía se paga con dos cosas: con un minucioso relato donde prima, a través de secuencias memorables, la sensación de que existir en cada momento es ya de hecho sobrehumano y, por consiguiente, suicida de la escritura. Poner fin a la no ceptación para que otros puedan abrir el camino a la auto-afirmación. De modo que, el desentrañamiento de esta metáfora se da como apunte de buhardilla en cada actor, sujeto y ejercitante como escritura basada en expresar la negación de la vida. Negar sería, reconvirtiendo la idea en el tono más enigmático posible, un modo fugitivo del lenguaje, correlativo también a la infamia, que con la insensatez se proyecta para afirmar que nada en lo adelante tiene sentido y el mundo parece demasiado. Hecho que por demás es meritorio y difícil de lograr. ¿Que proporcionan estos autores de “santa orden” a fin de cuenta?

Están exponiendo la parte enferma de la literatura moderna. Están refiriéndose, a partir de la escritura, a una caída humana desde sí mismo. Hacen el trabajo de exiliados literarios. Se extravían en ese mundo que es la literatura para apaciguar la muerte, para alagar un tanto el tiempo que se ha vivido. Es lo que está destinado, sugiere Cioran en La tentación de existir, cuando la impotencia de morir los conviertes en escritores. De ahí la patografía literaria. Un afán por encontrar al escritor que desvelaría públicamente la enfermedad espiritual. La palabra honesta se transmuta aquí en un ascetismo constitucional: un ejercicio de la escritura sin el escritor, porque el ejecutante mismo de la escritura va poco a poco dejando de serlo. La literatura experimenta en todo su momento un medio para auto señalarse y hasta cierto punto odiarse.

Boarding Home, novela de Guillermo Rosales, se encuentra dentro de las obras de la temeridad y la palabra franca. Premio Letras de Oro, Miami, 1987, es el testimonio vital por el que pasa, en un momento dado, cualquier intelectual exiliado: el ser no puede adaptarse de pronto, rápido, a la nueva técnica. La técnica del consumo. La técnica de los automóviles. La técnica ahora de moverse no a través de sus pies habaneros, sino de las muletas tecnológicas. Dicen que sufría trastorno esquizoide, pero la experiencia demuestra que no se puede vivir en la competitividad del capitalismo pensando en la literatura. Te apartas o luchas; te enfrenta a la realidad, abarcadora y dura, incorporándote a ella desafiándola. Pero el espíritu anacoreta del narrador de Boarding Home, inimitable, por cierto, en tanto literatura vengativa se refiere, combate contra la realidad. Rosales es de esos lectores que testimonia la virtud por la literatura: “Mi nombre es Wiliam Figueras, y a los quince años me había leído al gran Proust, a Hesse, a Joyce, a Miller, a Mann. Ellos fueron para mí como los santos para un devoto cristiano.”

Boarding Home constituye la metáfora del lugar de retiro de la epojé literaria de Guillermo Rosales. El interior monacal para un ejercicio literario donde el escritor se enfrenta contra el afuera. El pensamiento para él es ingratitud, y la vida diabólica en virtud de la teoría y la crítica. Recluirse comporta un ejercicio directo con la palabra franca y la memoria con la casa muerta. Por tanto, esta última carece de sentido. Por eso, incluso, se resiste a creer en el concepto “exilio”. Él es exiliado retirado dentro de otro exilio. El exilio que sustenta la afirmación como puede seguirse adelante si a Rosales le falta todo y todo le parece demasiado. Entonces se vuelve contra el exilio. Lo ataca, lo odia y lo maldice. Procede contra el exilio con fuerza demoníaca. Envenenado por el insomnio, por la falta de descanso y quietud, la revancha opera contra el sosiego de quien, por naturaleza, tiene la posibilidad de descansar y dormir, quien en la mañana se levanta y tiene el sosiego de pensar la realidad circundante. La epojé de Rosales fue envenenada desde el momento en que el totalitarismo del régimen castrista le negó dormir.

¿Cuál es la importancia de esta obra? La imposibilidad de ser imitada. Podemos imitar a Gastón Baquero, Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, pero a Boarding Home no hay forma de cómo imitarla. Carece de sentido la imitación. Nos deja huérfanos de Ser. Todos aquellos que hablan de Boarding Home con el objetivo de reivindicar la obra y colocarla en el canon de la literatura cubana y universal, incurren en el error de ignorar la versatilidad revanchista de Guillermo Rosales. Revancha que se vuelve contra sí mismo. Para decirlo con Cioran, Rosales se va extraviando en la literatura por la imposibilidad de suicidarse. El suicidio de Rosales es pos-literario. En el lugar de reclusión, en el Boarding Home, Rosales es más importante que cualquier santo. No se aparta en un milímetro para desvelar las reglas existenciales del Boarding  totalitario cubano.

 

 

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