El canon de la literatura cubana de la diáspora: Waldo Balart (ensayo)

El poeta en actos

Conocimiento y arte: una práctica pictórica sobre lo concreto. Leer las 87 páginas de ensayos que forman la estructura discursiva del libro La práctica del arte concreto: el camino hacia el conocimiento europeo (Aduana Vieja, 2011) del pintor cubano Waldo Balart, presentado exitosamente hace unos años en la librería de Coral Gables “Books and Books”, con un esclarecedor prólogo de Alfredo Triff, constituye una faena intelectual frente al pensamiento abstracto. La plataforma discursiva del libro se desarrolla bajo cuatro tópicos esenciales: tópico-estructuras cuya visión paradigmática del concretismo juega un rol de primera importancia epistémica en la obra pictórica de Waldo Balart.

Primero, simbólico-místico; segundo, paradigma racional; tercero, revolucionario/vanguardista y cuarto, sensibilidad global de la información instantánea. Cuatro tópicos conformadores del sistema de pensamiento estructurado que, de principio a fin, establece coherentemente los significados de la puesta en escena de la obra pictórica de Waldo.

Me llama la atención a partir de esta obra (colección de lo concreto) la una todavía permanencia e influencia del paradigma en el arte. Pensaba que el arte había superado definitivamente la idea de los paradigmas, la idea de conocer el arte mediante el conocimiento. Waldo afirma categóricamente desde el principio: “Yo pienso y siento instintivamente en sistema”. Por eso el ensayo sobre lo concreto, sobre el arte, parte del concepto de ciencia como paradigma, pero en determinado momento choca o acarrea contradicción con el arte como mística.

Algo así le sucedió al eminente filósofo checo Karel Kosik. No podía solucionar del todo la contradicción interna entre la totalidad concreta y lo oculto. En uno de los más versátiles estudios filosóficos sobre la realidad concreta, Dialéctica de lo concreto, Kosik se declaraba inofensivo, desecho ante la visión adecuada entre el misterio de esa totalidad concreta y las apariencias de los fenómenos. Sin embargo, pudo argumentar con suficiente claridad cómo la realidad concreta emerge de la totalidad. Pero el arte del misterio que encierra la totalidad no pudo ser argumentado y descifrado. Kosik debió que callar.

Ante la situación sin remedio señalada, Wittgenstein baja la escalera y dice en los Tractatus Logico Philosophicus: “Hay cosas en este mundo de las que no se puede hablar. Sólo experimentarlas, sólo vivirlas”. Es decir, el mundo y la totalidad, cuenta con el mayor misterio. La sensibilidad artística de Waldo es tremenda y aquí va, según mi modesta opinión,  lo esencial de la práctica de lo concreto: al sistematizar el misterio simbólico del color, las respuestas a cualesquiera preguntas pierden significados y sentidos. Mas allá el del mundo de la vida, la obra de arte adquiere un significado misterioso. Por lo demás, el ensayo sobre lo concreto es encomiable.

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