El canon de la literatura cubana de la diáspora: Juan Carlos Recio (Poesía)

Canon Literario Cubano de la Diáspora

Por: El poeta en actos

Dice Hubert Benoit en la Doctrina suprema que el mayor regalo de la existencia al hombre es dar la condición de poeta. Es decir, el ser humano es poeta siempre en potencia y por descubrirse; lo único que le falta es afirmarse a sí mismo: Let’s Go, la liberación de los prejuicios que obstaculizan la realización dichosa emana de la relación íntima entre la naturaleza y el hombre. De modo que lo esencial del poemario de Juan Carlos Recio es que desea irse, despedirse, decir también let’s go.  Pero el deseo lo convierte en la barrera del retroceso.

Lo primero que sobresale en Juan Carlos Recio es la honestidad. Sus versos, el modo de insertarse en el mundo circundante, son dignos. De ahí que la referencia guarde relación intrínseca con lo que vive y lo vivido. Quizás esta es la paradoja: moviéndose hacia adelante y al mismo tiempo retrocede a la memoria, a la identidad del pasado. Desde luego, su poética no cae en la encrucijada del existencialismo, aun cuando ciertas inquietudes pudieran llevarlo a desvanecerse en la caprichosa “ausencia de sentido de la vida”. Este sentido, apreciar la incertidumbre, y del crespúsculo, muestra el comienzo de la literatura de Recio. Como es natural, el poeta siente no estar en ninguna parte, desarraigado, como sentirse en el aire. El mejor de los lugares imaginativos, porque en el aire aparece la liberación y relajación.

Del poemario de Recio no sé qué decir claramente. Tiene algo de “poesía en actos”: honestidad increíble. Se abre a desenmarañar los prejuicios más puntuales de su condición con una calidad literaria fenomenal. Y no sólo desenmarañar, sino buscar profundamente la salida de la condición. Hay momentos de retroceso, cuando se le ve avanzar hacia la otra orilla. Su barca está dispuesta, pero él titubea y retrocede al mundo. Pero hay una ganancia inestimable. Recio merece estar en el camino que describe Hubert Benoit.

Que su poesía a ratos resulte cínica para retroalimentarse, para aliviar las penas, aunque diga sentirse “sentado en el aire”, es comprensible y natural. Es del todo natural que el ego busque su niñez, porque el folclorista de la naturaleza del cubano, sobre todo de aquellos que abandonamos la “patria”, produce un recogimiento que nos afecta a todos. El último poema del libro, pero el primero que comencé a leer, es delicioso. Un día, en la presentación del poemario, en Delio Photo Studio, le oi leer varios poemas del cuaderno cuando una extraña sensación me asaltó el corazón. Irremediablemente estaba oyendo despedir la barca. Y percibí, además, la trasmisión: ¡Vayámonos, que  el desarraigo es cuestión de moda!

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