El canon de la literatura cubana de la diáspora: Joaquín Gálvez (poesía)

Canon Literario Cubano de la Diáspora

Por: El poeta en actos

«El espíritu de esta época es más filosófico que el de ninguna otra.

La literatura aún está por escribir»

Literary Ethics. Essays and Lectures, 1838. Emerson

Uno de los buenos poemarios del momento. Bueno por su dimensión ética, y bueno por su pronunciamiento antropológico. Ni romántico, ni modernista: más allá del romance presuntuoso en que algunos poetas se ven signados por naturaleza óntica y estética del arte, este curioso poemario sobrevuela por encima del espacio inmediato y alcanza algunas cotas de lejanía. En lontananza, donde el mundo se muestra cada vez más penumbroso, y donde se anuncian los imperativos humanos más plausibles, aparece el mandato ético de la poesía. Para abreviar, necesitamos con urgencia la autoridad poética para que nos obligue a reflexionar sobre el Ser como el pastor y celador. Con ello redondear la angustia que provoca la eterna pregunta del por qué al nacer nos hallamos de pronto arrojados en el espacio abierto, habitándolo con el cuidado del lenguaje.

Desde luego, se trata de la exigencia sobre una poética, que fuera de la conducta social, derribe con belleza y gusto ascético el imperativo ético establecido, del cual hemos sido conducidos a la más estrafalaria unanimidad de pensamiento. Con el mejoramiento del mundo y del hombre, como imperativo ético absoluto, se arrastra siempre la falsa poesía. Por primera vez, después de un siglo, cuando Rilke se proponía sistematizar y sugerir cambiar el sentido de la antigua ética del mejoramiento, aparece Habitat (Neo Club Ediciones, 2013), poemario de Joaquín Gálvez, para cumplimentar, desde una economía del lenguaje, la misma señal rilkiana:    lo primordial del hombre no es ser mejorado, sino inmunizado de las carencias humanas y la perversidad de la naturaleza una vez que se halla habitado el espacio.

Lo que Habitat propone, en suma, y en un sentido poético y oculto también, es replantear la historia de la poesía. Es cambiar el viejo sentido o patrón ético por otro nuevo. Permanecer atento a las posibilidades antropoartisticas, tanto del desarrollo biológico como social una vez el ser arrastrado por la fuerza del habitat. De ahí que la fenomenología de habitat, la apariencia de la forma y el ritmo, resuma en la experiencia del aborto del ser una poética. Nacemos y traemos de ese duro resistir la salida al mundo la poesía para defendernos y protegernos de las enfermedades sociales y naturales. Es nuestra primera técnica artística y nuestro primer ardid inmunológico simbólico, que nos ayuda sobre cualquier elemento cultural exterior que nos obligue a sobrevivir el mundo en la etapa más deficitaria y endeble de ser humano. Es nuestra primera ética ante el mundo. Por eso Habitat no constituye un poemario cualquiera, no redunda en los esquemas que hace del verso y el poema un producto ético revolucionario socialmente, que tienda a indagar en el progreso y la sensibilidad del poeta. Habitat  procura dejar una señal y una mirada de poeta al ser  anónimo o al  inconsciente de serlo. No se trata, empero, leer los poemas de Habitat al ritmo acostumbrado, mediante la costumbre de pensar, a priori, lo que debe ser mejorado social y culturalmente, o para significar al  “yo poético” en el intento pedestre de mejorar al hombre.

La mentira de que el hombre nunca puede ser mejorado se evidencia diáfanamente, como lo señala Bachelard, en el sentido del aborto de la poesía que sucede en el momento de separar al ser de la naturaleza inmunológica. Cuando aparece  como primera ética, como primera forma necesaria de ayudarnos a sobrevivir el medio habitado, la poesía y el arte no cumplen el rol, como lo han señalado algunos, de  mejorar algo. La poesía no es para mejorar y transformar, es para cuidar y proteger la existencia humana en el espacio que se habita.

Habitat, de Joaquín Gálvez, constituye sin duda un nuevo mandato poético. Me he limitado a realizar un ejercicio de abstracción para exponer la corriente primordial subyacente del espíritu en la fenomenología del alma del poemario. Basta de descripciones y positivismo poético. Nada más hay que mirar en la estructura discursiva del poemario y ver que Habitat canta en su primera sección la balada al purgatorio, pasa a recrear el archivo del poeta y finalmente se decide, como todo un atleta olímpico, de habitar el mundo, la temeridad y alcance ético. Como el dios Apolo a  sus creyentes,   Habitat a sus poetas  abre un mandato universal: todo lo que hemos hecho por el hombre hasta hoy no tiene un sentido ético creativo y  objetivo. En estas dos magnitudes, entre lo creativo y lo objetivo, creo ver la viveza del poemario Habitat.

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