El canon de la literatura cubana de la diáspora: Armando Añel (novela)

Por: El poeta en actos

«Está claro que, bajo el efecto de un encuentro amoroso, y si quiero serle fiel realmente, debo recomponer de arriba a abajo mi manera ordinaria de “habitar” mi situación»

La ética: ensayo sobre la conciencia del mal/ A. Badiou

 

 En la antigua cultura helénica, los griegos solían reconocer en Eros tres formas del placer y lo bello: el deseo, el orgullo y la razón. La erótica del deseo no era el ideal. Los griegos preferían el thimos, el orgullo y la valentía como placer. Preferían romper con lo dado y lo establecido. Defendían hacer con Eros una relación con la política desde el orgullo, no desde el deseo. De estas tres formas del placer, la thimotica parece que constituye la espina dorsal de Erótica, la novela de Armando Añel. En la sociedad del disparate, donde copulan sujetos ensimismados, se paraliza por completo la acción del thimos y se imposibilita una gestión común. Desaparecen de la política las historias del amor. El thimos es una fuerza estética para el amor en una escena para dos. Evita el ensimismamiento y hace surgir el mundo desde la perspectiva de la diferencia y lo inclusivo.

A mi sentido del gusto, a mi forma de percibir lo útil, se aproximaba una escritura, al parecer, borrosa y extraña. No solamente se trataba de palabras, de textos, sino del argumento de una novela que aspiraba a una relación con la política a partir de Eros. Erótica cuenta la historia del placer que produce el acontecimiento, y este la del flujo de la información como una propiedad universal del Eros. Paradójicamente, aunque discrepaba en algunos puntos de su abordaje, la novela fue aceptada involuntariamente en el espacio interior, allí donde cabe la libertad.

Dado que he tenido protervas experiencias con otros textos, Erótica, sin embargo, me ayuda a testimoniar el estado de mi angustia como lector. De pronto, cuando comienzo a leer un libro y no me atrapa me inunda el aburrimiento total. El cuerpo se apaga y el sueño entra galopante. ¿Ante un tipo de literatura racional, realista, mi cuerpo involuntariamente pide dormir? No tengo la respuesta satisfactoria al respecto, pero insisto la lectura de esos textos es inútil. Me invade el malestar, y acabo tirándolos. Esta sensación de fastidio no me sobrevino con Erótica y las 130 páginas las devoré de un tirón. Solo porque en el ensueño, no en la realidad, pude percibir el lenguaje de Cumberland –la imagen donde El Reducto cabe en la Playa y la Playa cabe en el Eros, el Gran Salto Adelante que une el amor con la política y el arte. Entreví como la paradoja del espacio se sobreponía a la historia.

Indagar las razones por las cuales el recogimiento sensual ante Erótica constituye el acontecimiento de la relación de amor nos propone pensar sobre el carácter de fuerza creadora, del impulso de la creación. No desde los actores, sino de la creatividad. Se hace claro por qué a veces necesitamos firmar sobre lo que nos es dado y lo que nos es prestado para aprobar curiosamente lo que impone la imaginación. En este sentido, Idamanda alumbra la necesidad literaria por el placer a Richard del Monte, el placer thimotico. No está admitido rectamente en la novela, pero está indicado con una sutileza magistral. Las imágenes con las que Idamanda descifra el sentido de la vida y expone una poderosa fuerza hedónica cifran un nuevo significado al acontecimiento del Eros. La vida no es trágica como asumen los existencialistas; no está privada de sentido, pero tampoco posee un significado preestablecido. Decir que la vida es hedónica, que “para ser plenamente productivo hay que ser plenamente feliz”, es inapreciable para la vida. La vida ni es significativa ni deja de serlo. Todo depende de lo que cada individuo decida hacer con ella. ¡Depende de su libertad! Si de antemano fijamos un significado, el hombre será indigno.

Será legítimo para el hombre de Playa Hedónica, el pragmático y la celebración de la vida mirando el lado lúdico. Se volverá lenitivo pragmático para enfrentar la vida, para hacerla más placentera y feliz, con el objetivo de aliviar el lado trágico de la existencia. La libertad sin responsabilidad puede ser usada para aliviar la parte trágica de la vida y para aplacar el sentido funesto de la cultura. El vacío de significado el hombre de Playa Hedónica tiene que colmarlo mediante la productividad. ¿Es religiosa o política la actitud de Playa Hedónica? Es el dilema que no alcanza solucionar Erótica: el placer por el placer, por muy productivo que sea, no irradia tampoco sentido de verdad a la vida; no permite dar religiosidad individual, sino política. Aún el ego persiste. ¿Esa alternativa conduciría en un futuro a cambiar el panorama esencial de la cultura cubana?

Playa Hedónica se presenta como la posibilidad para el orden político. Porque el significado dado a patria se distorsiona, parcial, desde el principio. Patria nos ha llegado esencialmente como un símbolo de la nacionalidad, del ego nacional, cuando Martí y Lezama intentaron dar un matiz religioso. Dado que ha sido fijada y orientada hacia el placer, Playa Hedónica pierde contacto con la existencia, con el origen patrio-religioso de la humanidad. ¿Dónde está la libertad, la responsabilidad en este sentido? En un proceso de transformación total del individuo, no de la sociedad. En Playa Hedónica veo suspendida la libertad, porque al fin y al cabo el concepto “uno mismo, mi mujer, mi familia, mis amigos”, sufre la alteridad. No hablamos ya de individualidades, sino de colectividad. Sartre dijo con razón: “El infierno son los otros”. ¿Qué realidad es esta? En Playa Hedónica se vive bajo un significado preestablecido, una creencia imaginada. Erótica pierde el control y salta por encima de sus pies y evoca un nuevo sentido, una nueva otredad metafórica.

He leído una historia sobre el Jardín de Epicuro que no sé si es cierta, pero que revela algo muy significativo. Se dice que un rey fue informado del modo extraño en que vivían las personas allí y por curiosidad fue a visitarlo. El rey al llegar al jardín quedó estupefacto, no podía creer lo que veían sus ojos. Mucha carencia y pobreza, pero una inmensa gracia en el rostro de cada una de las personas que habitaban el lugar. Miró hacia un lado y vio a un hombre debajo de las aguas de una cascada; no se percibía si la cascada era el hombre o el hombre era la cascada. Miró hacia otra dirección y se asustó porque no supo reconocer si era un hombre el que comía una manzana o era el comer la manzana lo que era el hombre. Se dice que el rey abandonó su palacio y solicitó a Epicuro la entrada al jardín. Cuando le preguntaron el porqué de tan atrevida decisión, dijo: “Nunca antes había estado tan cerca de un estado pleno de religiosidad”. Eran tan conscientes los hombres en su quehacer en el jardín, que me enamoré de él. Un poco esto se ajusta a la idea del pensador francés Michel Onfray:

“Hay un mal entendido con la figura hedonista. Se cree que hedonista es aquel que hace elogio de la propiedad, de la riqueza, del tener, que es un consumidor. Ese es un hedonismo vulgar que propicia la sociedad. Un hedonismo del ser en vez del tener, no pasa por el dinero sino por el comportamiento”.

En Erótica la geografía es también más grande que la Historia. Erótica enfatiza el placer amoroso por la geografía del islote. De hecho, hay una poética sensual y amorosa en Erótica. De ahí también la importancia estética de esta novela; revela algo funcional, de manera interconectada: el escritor desvaneciéndose como entidad del ego y posibilitando la manifestación de Idamanda: el goce y el placer solo como posibilidad en una literatura donde el espacio de las imágenes actúa como un puente entre la creatividad y lo creado. En este sentido, Añel es solo un cigoñal entre IdamandaErótica. Palabras, pero sumergidas en sueño.

Siempre y cuando el ego se afianza como pretencioso, vanidoso y autoritario, deviene en obstáculo para el nacimiento de la creación, produce un realismo banal y espurio. Pero cuando el ego es solo el vehículo, la conexión erótica con el creador, el arte se manifiesta como gozo. El placer irradia la creatividad. Y de la creatividad brota la libertad. Los éxodos de los cuales se vale la novela para temporalizar la historia de Erótica están más presentes en los ensueños de los cumberlanos que en las sentencias tomadas por el Consejo de los Consejos. Cumberland como fantasía erótica lucha contra la postura social nacionalista implantada en Cuba como una utopía tropical comunista, tal y como lo señala Cabrera Infante.

Allí donde el espacio se presta a la libertad, las palabras no existen. Es por eso que grandes poetas y escritores ansían volver, en algún momento de su vida, a la infancia, a esa vista-recordación de las antiguas imágenes. ¿Es Erótica también un reencuentro con la niñez olvidada? Veo incurrir a Erótica en una imagen exiliada; una imagen que se va al olvido para retornar nuevamente.

Con las palabras se entra de lleno al exilio. Con las palabras el hombre se expulsa a sí mismo de su espacio natural. Y es mediante el simbolismo verbal evocado desde la imaginación que Erótica se vuelve por naturaleza un documento literario para el exiliado. Esta es otra observación que puedo hacerle a la novela Erótica, de Armando Añel: trata desmitificar el origen del trópico, los apoyos verbales, la hipnosis arrolladora, acentuando e incorporando, como contrapartida metafórica y simbólica, un lenguaje de exilio. Erótica es un lenguaje de exilio en tanto se contrapone como geografía y espacio al metarrelato histórico. De ahí también la alternativa que subyace en el imaginario de Playa Hedónica. ¿En qué sentido? En que la Historia impone esclavitud y el espacio libertad, es decir, esto cabe muy bien dentro de la sentencia de Nietzsche: “Dios ha muerto y el hombre es libre”.
En otras palabras, la Historia ha muerto y el hombre tiene por delante todo el espacio para la libertad. La metáfora de Playa Hedónica viene dada, presumo, por esa instancia del espacio que los interesados en el  crecimiento personal pueden cultivar, primero, en el interior.

 

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