El canon cubano de la literatura en la diáspora: Orlando Fondevila (poesía)

Canon Literario Cubano de la Diáspora

El poeta en actos

A Orlando Fondevila lo conocí una noche del 2014 en casa de Armando de Armas. Con él sostuvimos una larga plática memorable, donde pude percatarme que la pasión, el amor y sinceridad constituían el conjunto de valores éticos conformadores de su carácter. Su manera de expresar los asuntos que nos atañen como exiliados y libertador eran también claves ocultas para entender la  profundidad su pensamiento. Allí me obsequió su libro El mundo aproximado (Aduana Vieja, 2011).

No se podría comprender la coherencia interna de este libro (poesía reunida) si no se conoce la expresividad y el sentido  visualizado con que Orlando hace de la Isla el espacio incorpóreo y el arquetipo político que la construye.

En la dedicatoria del libro Fondevila escribe: “Para Ángel Velázquez, intelectual de veras, y espero que amigo…”. Es de suponer que lo de “intelectual” no era cierto, pero lo de “amigo” se aproxima apropósito a este mundo, a la cercanía de la amistad. De modo que preferí leer el libro  desde la perspectiva del amigo, quien aprecia la veracidad del acto y no la intelectualidad de rapiña,  parásito de la dolencia. Esto me puso, por supuesto, en ventaja respecto a otros analistas, ya que  me permitió expresar  una lectura apasionada sobre algo que no motiva pasión. Y todo porque al conocer a Fondevila, oír su plática, comunicando con sangre lo que siente, el libro perdió casi todo mi interés como lector de poemas. Pero siempre hay resquicios inviolables, zonas de El mundo aproximado que por sí  salvan  lugares donde la poesía toma el curso de lo insospechado y los “arquetipos”, los  modelos, pierden la razón de ser.

Quizás porque Fondevila no lo intuya claramente el hecho primordial que intento desvelar aquí:  El mundo aproximado es el dubitativo  ser cubano “asimilando” la cultura que le impacta en el  vivir diario. El aspecto significativo del libro es que pretende convertirse en el  “arquetipo”, en una suerte de estructura mental aprovechable desde los sentimientos,  oculta al sentido de la razón. En el “paraíso” no se ve la asimilación; en lo “sagrado” no se consigue una imagen brumosa, pero en la epidermis de la piel  reposa la “muerte” y el “amor”. Debido al  carácter metafísico de los versos, la vida, cosa extraña, comienzan a percibirse para Orlando como  racionalidad. Racionalidad tras la cual recibe el  cubano  el legado de la sensibilidad política y literaria de la obra de José Martí: la poética de la opresión racionalizada  en los sentimientos  que los versos de Fondevila muestran cabalmente.

De hecho, el modo de racionalizar el sentir puede ser también desde otra dimensión, en términos de honestidad –ético/morales-,  avance prometedor que el libro pone a juicio del lector. Fondevila no enjuicia únicamente la naturaleza de la opresión, sino también algo más relevante: la naturaleza de la imposición. Siente que la naturaleza del amor y la pasión por Cuba libre les llegan por medio del recuerdo y la memoria histórica de la cultura política cubanas.

Por eso, El mundo aproximado no es el absoluto acercamiento al  mundo en que cabe el abrumador mundo inconsciente de la mentalidad cubana. Aproximarnos a la cultura de la represión, que Fondevila trae  a través de lo que siente, se nos revela  en  la  experiencia de totalidad.

Tras leer el libro queda la sensación de la aproximación a la regularidad de la historia por la independencia de Cuba. Encima de   la experiencia por la independencia,  el poeta llora dejando lo que Borges llama la   marca del comienzo:

Lloré aquel día
en que técnicas manos me forzaron
a conocer la helada luz humedecida
de mi primer enero
y se estremecieron
los sillares hoscos y en capullo
desde ya soldados al derrumbe

Mis sagrados llantos”, la aproximación real al mundo de la opresión y la falta de libertades.

 

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