El canon de la literatura cubana de la diáspora: José María Heredia (ensayo)

Canon Literario Cubano de la Diáspora

El poeta en actos

Tibi reg antiqua: laudis et artis ingredior,

sacros ausus recludere fontis

 

“Yo trabajo en una obra gitanesca, que llevo a la mitad a fuerza de constancia. Es un Ensayo filosófico sobre la historia universal desde los primeros tiempos hasta los actuales”, escribía José María Heredia y Heredia, en carta dirigida a su madre, María de la Merced Heredia y Campusano, fechada en México, el 18 de noviembre de 1826¹. En esa propia misiva, quien es considerado el poeta de la nacionalidad cubana, también suscribía lo siguiente: “yo he querido presentar a la juventud de nuestros pueblos un cuadro moral de la historia, como deben verlo, para que no se emponzoñen sus mentes en esa caterva de escritores viles que han escrito crónicas absurdas dictadas por la superstición o el culto infame de poder” ².

Dedicada a la juventud mexicana, el gran poeta cubano, José María Heredia, publica en México, Toluca, 1831-32, Lecciones de Historia Universal en cuatro tomos. La segunda edición en dos tomos, con prólogo de José Rodríguez García, data de 1915. Pero en años recientes, 2014, el Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México reúne en un libro facsimilar los cuatro tomos. Los editores explican:

“Acaso es este el primer texto de trascendencia continental de esta alta casa de estudios en sus días incipientes del Instituto Literario de Toluca, donde Heredia como director de la institución, estableció novedosos programas y proporcionó la primera organización docente y escolar en los cimientos de la ahora Universidad Autónoma del Estado de México”. ³

La paideia herediana

En la tradicional forma escolar, la historia universal de Heredia pretendía facilitar instrucciones para una vida patriótica; era, en el positivo emotivo de la palabra, una faena de la historia de las ideas que se suponía apta de testimonial bajo un mismo parecer el análisis positivista de la historia y la edificación moral de los pueblos latinoamericanos. Algunos epígonos de Heredia  opinan poder probar que, cualesquiera de los aspectos, Lecciones de historia representa realmente una modernización de  la metodología y el enfoque del historiador. Aun cuando en la introducción de Lecciones el autor se refiera al concepto y objeto de la historia no deja de llevar la prestación de la paideia.  Heredia no se apartaba un milímetro de la idea platónica de la ascensión del alma, donde flamean las ideas puras, como el viaje moderno del alma con los vehículos del concepto.

Si tenemos motivos para recordar Lecciones, es sobre todo porque todavía en la época de Heredia la ontoteologia funcionaba como escuela dominando e imponiéndose en las sociedades urbanas desarrolladas. Con el ensayo filosófico de la historia Heredia entra en liza con una pauta rigurosa de educador que se programe no dirimir el desarrollo de la juventud urbana en las evasiones de las convenciones, sino el ascetismo en relación con reglas rectoras y simuladas, convencionalmente universales.

Para la en cierne América, Lecciones marca el asalto de una nueva imagen de educación; el ensayo filosófico de Heredia se destaca en la polémica versus la ilusión y la conveniencia de la antigua retórica y sofistica de la escolástica. Paideia, o educación no solo como fundación del ser humano para una región continental en formación, sino que también da cuenta del inicio de un programa educativo sobre la base del filosofar como práctica política y cultural

Este programa, basado en Lecciones de historia Universal, debe recibirse como el alumbramiento de la teoría histórica condicionada por la emergencia de la nueva formación regional de los estados nacionales, arriesgada y cargada de poder. Estas Lecciones iban dirigidas a reforzar una nueva disciplina del ser humano con vistas a su idoneidad para las formaciones políticas de las naciones en ciernes.  En este sentido puede afirmarse que Lecciones constituye una ceremonia lógica-ético de noviciado para las élites naciones de hombres formados bajo la dirección de un maestro audaz, con el objetivo de alcanzar rebasar el simple carácter familiar y patriarcal que habían mantenido hasta entonces a la educación, para ayudar en las altas miras.

En sus mismos comienzos, Lecciones se presenta como la escuela de la síntesis universal para América latina; tiene como punto de partida enseñar a teorizar  lo  diverso  y lo monstruoso  en un todo,  introduce en el alma de América una carga intelectual moral correspondiente a la creciente complejidad del mundo e invita a la erección  de la escuela latinoamericana; quiere hacer de sus estudiantes hombres morales para una ciudad lógica y despierta en cada uno de ellos la sensación de  estar en todas partes como en su patria.

Un testimonio del propio Heredia nos da cuenta de lo anteriormente aducido. En La educación moderna escribe (se respeta la ortografía del texto):

La persecucion apenas comenzaba. Estábamos tomando el café, cuando el padre de uno de aquellos mocosos, con la taza en la mano, quiso darnos idea de los conocimientos históricos del señorito, y con voz imponente, y que reclamaba la atencion del auditorio, le preguntó que rey de España habia sucedido á Fernando V. El niño respondió sin vacilar que Fernando VI. Las tres cuartas partes de los

presentes, admirando la precision y prontitud de la respuesta, no dieron muestra de advertir la pequeña falta de esactitud que podia notársele, y á imitacion del historiador de chaqueta parecieron olvidar al famoso Carlos V, al atroz Felipe II, al nulo Felipe III, al disipado y fastuoso Felipe IV, al imbécil Carlos II, à Felipe V y á su hijo Luis, y se tragaron toda la dinastia austriaca, y al fundador de la borbónica, en un periodo de mas de dos siglos.

La señora de la casa aprovechó esta ocacion de hacer lucir á su hija, y dirigiéndose á ella con el tono de la confianza mas maternal, la dijo: “Emilia, dinos que son las hamadriadas.”— “Mamá, respondió la chica, “debias preguntarme antes por las driadas, pues las otras son su derivado.” A esta palabra derivado, echó la señora sobre los concurrentes una ojeada circular, á que todos correspondieron con un gesto de admiracion.

Otra chiquilla, picada al parecer del ningun caso que le hacian, quiso tambien tener parte en el aplauso, y dijo á otra de las señoras:

“Mamá, ¿quieres que te esplique las mínimas, semínimas, fusas, semifusas, corcheas y semicorcheas?” La madre tuvo la piedad de no acceder á la propuesta, y con todo empezaron á salirse algunos hombres. Yo los hubiera seguido con toda mi alma, pero estaba á las ordenes de doña Antonia.

Para contener la emigracion, se pidieron mesas de tresillo; y mientras se disponian, tuvimos que oir despedazar en el piano una sonata de Rossini por la inevitable Emilia, á quien su madre, con la mayor inhumanidad, hacia empezar de nuevo cuantas veces se equivocaba, lo que podia eternizar nuestro suplicio. Acabó por fin, y empezó el juego.

Despues de mil pesadumbres que me ha dado Birjan, me he propuesto, como el jugador de Gorostiza, no jugar sino al agedrez. Uno de los presentes me hizo la propuesta, y acepté, por escapar á la importunidad de los muchachos. Nuestro partido era casi igual:

yo habia perdido el primer juego, y tenia mucha ventaja en el segundo: era probable que con pocas jugadas iba á dar jaque mate:

y ya de antemano gozaba mi triunfo y la sorpresa de mi adversario, cuando viese un jaque á rey y reyna que tenia preparado. Mas en tan crítico momento, una maldita criatura, en quien no puedo pensar sin cólera, corria por la sala, huyendo de otras, y vino á dar con la mesita, derribando consigo tablero y piezas. En la rabia que me encendia, y que aquellas señoras aumentaban con sus groserisímas carcajadas, maldije á todos los muchachos del mundo. ¿“Tiene V. valor,” me dijo burlescamente la madre del derribado, “para enojarse con estos inocentes?” –A fé mia, señora, la respondí, “que tales inocentes me reconciliarian con Herodes.”

Duplicóse la risa, y muy oportunamente me dijo doña Antonia que su coche aguardaba. Tardé cerca de una hora en recobrar mi sombrero y baston, que aquellos mocosos habian escondido bajo de una cama. Un lacayo me los trajo por fin, y partimos.

En el camino hice confesar á doña Antonia que unas criaturas educadas asi, no podian menos de llegar á ser hombres insufribles y mugeres ridículas y holgazanas, y que si la educacion antigua alejaba mucho á los padres de los hijos, la moderna los familiariza demasiado. ¿Será imposible hallar un medio entre ambos estremos?

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¹ Johan Moya Ramis: “Lecciones de Historia Universal, de José María Heredia, una joya historiográfica para todos los tiempos”. En: Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, Año 105, No. 1-2, 2014

² Ibídem

³ Jorge Olvera García y Onoria Céspedes Argote: Política y pedagogía en el pensamiento de José María Heredia y Heredia. Universidad Autónoma del Estado de México, 2014

 

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