Apertura

Ekatombe Literaria

  Por: Julio Benítez


                         Predicción

Merlín no destruyó la vara de los encantamientos,

ni Excalibur fue la única de las posesiones reservadas

a un caballero suficientemente hábil

para arrancar la espada insertada en la tierra madre

y una piedra más sólida que el Yunque.

El oráculo de Tebas ya lo describió brevemente

en sus veinticinco siglos de pronósticos

que no incluyeron al cornudo de Menelao

porque ya Helena andaba por el hades

hurgando el interior de las faldas de Paris

y Aquiles complacido compartía en su lecho infinito

la eterna compañía de Patroclo.

No sé si Andrógino ya había esparcido su complejo

a las parejas de soldados espartanos;

pero algo sobre la venida de una especie

de fabulador incansable en forma de monarca barbudo

fue predicho allá por la tierra

de Aristóteles y sus hermanos macedonios

quienes incluyeron el infausto atraco de los hermafroditas romanos

que trajeron la baja costumbre de comer en la cama

y lubricar el glande que mejor brillara

aunque fuera el del negro fuerte al que sólo le quedaba

una muestra colgante de su virilidad de eunuco.

Quizás aquellos latinos depravados

no habían aún alcanzado el estoicismo

de un Séneca que serviría dizque

de modelo al monarca de los discursos

algunos siglos después de la conversión

de los emperadores de la Roma de San Pedro.

Pero la odalisca de aquella ínsula

adonde el verde olivo y el dulce vino

adelantaban los milagros de la salud moderna

no pudo en lo absoluto imaginar

que el placer de las ninfas a su servicio

no bastarían para oscurecer el inevitable camino del hado

unas veinte centurias y quinientos años después

cuando el hombre vestido de soldado

presidiera las concentraciones

y los altavoces difundieran sus discursos

como un ágora gigante y especialmente construida

para el Pericles moderno que enfrentaría a los nuevos bárbaros

y de paso cancelara cualquier disidencia interna.

Ni uno solo de los polvos del dragón amaestrado,

ni aún los pelos de las brujas de Halloween

le favorecieron en aquella predicción

que avizoraba el mago Merlín

con incrédulo desconcierto, a pesar de ser

especialista de conjuros y apócemas

mareado no por el licor mediterráneo

sino por los vapores que hacían renacer

los espíritus burlones que brotaban

a modo de heliográficas figuras

emergiendo de sus ollas de barro escocés.

Y aquellas representaciones enunciaban las palabras

del un día insólito rey de la extensión

bordeada por las aguas calientes

que un genovés siglos más tarde

considerara la más bella de las tierras vistas jamás.

 

Surgidas como heraldos del porvenir

con formas tan fuera de lugar

que sólo podríamos encontrar

en el espacio ficticio de Las Guerras de las Galaxias,

aquellas siluetas, especie de petimetres del vodú

le relataban al brujo de la capucha de estrellas y lunas

el nacimiento de una especie de santón guerrillero

que convertiría el gobierno de sus soberanos

en el claro de las elevaciones y llanuras

de su palabra infinita y su mando sin límite.

Pero el brujo hechicero no alcanzó a descubrir

el significado de aquellas alucinaciones

ni los extraños mensajes que brotaban

de aquellas pociones con vapores tridimensionales

que jamás llegó a entender,

entre otras cosas porque la jerga utilizada por ellos,

era parte del castellano del Caribe

que los mundos del Norte de Europa ignoraban

como casi siempre ha sido en el perpetuo trato

con los extraños seres de Las Antillas españolas

porque, seamos sinceros, coño

¿qué carajo sabía él

de islas tropicales con forma de Caimán

que este sabio protector del reino inglés

utilizaba de castigo

para suavizar los espectros malignos

cuando eran lanzados al destierro del sin fin

por sólo mirar al pasado de Caronte

y no al futuro anglosajón del reino unificado de la Gran Bretaña

que un día explotaría las modernas fábricas

de la Revolución industrial y los niños y mujeres semi-esclavas

sin la aún famosa parsimonia de la aristocracia victoriana

y con mucha ayuda de los cipayos

que hipócritamente olvidaron a Brahma

pero contaminaron a los ingleses con su té

y divulgaron por el mundo occidental

la primera versión explícita de la sexología

que ha sido distorsionada

por los puritanos cristianos

al presentarla como el primer libro pornográfico

como siempre, llenos del desprecio

por la gente trigueña y morena

aunque fueran tan arios como aquellos                                                                     fuertes guerreros de colores desteñidos

que conquistaron medio orbe

en nombre del bien común

de la raza humana.

 

Y los siete milenios de las tablillas sumerias

parecen indicar que un día el Rey Mago

utilizaría todo su poder para regir

La Isla extraña de la perfección.

No interesa en modo alguno la opinión de Nostra Damus

porque tal vez él no fue más que un charlatán renacentista

y su ignorancia de tan excelso rey futuro

nos demuestra, es posible, según los modernos cronistas

la falsedad de sus predicciones.

 

Antes de morir Rasputín, se lo contó a la Zarina madre;

pero nadie le escuchó porque los celosos

miembros de la aristocracia corrupta

de la ciudad imperial del Santo Pedro eslavo

se preguntaban si realmente aquel engendro siberiano

era el fornicador insaciable de las princesas afrancesadas,

o sólo un hablador más que aprovechaba el cándido comportamiento

de unas mujeres demasiado inocentes,

que no fueron lo suficientemente hábiles

para distinguir entre la charlatanería

de un semental sin freno

y aquel Lenin que transformó el mundo en siete días

que parecen hoy borrados por la historia

mientras su heredero bolchevique,

descendiente de las órdenes más corajudas y sangrientas

que protegían El Camino de Santiago,

vocifera tal cual vislumbró el brujo ruso,

que la época de los Ejércitos Blancos ya pasó

a pesar de toda y la globalización moderna

que los yanquis superpotentes

con sus obsesiones democráticas

y pragmatismo económico y religioso

insisten en decir que aún existen

como ejemplos vivientes

en el San Petesburgo del Tercer Milenio.

 

Todos los números que los antiguos chinos,

desesperados en medio de su paciencia,

y que sabios de la Mesopotamia de Gilgamesh

consultaban simultáneamente aún con inocencia

indicaban veladamente su llegada.

Hasta la sabia y más experimentada mano

de los rabinos del Andaluz

que se reunieron en las montañas de Galicia

a descifrar unos códices misteriosos,

sostuvo con autoridad la revelación colectiva,

que pronosticaba la salida de un vástago con el cuello rojo

hacia el otro lado de la tierra

desde la mera heredad que abarcaba también León y Portugal.

La magia negra y la Güija no profetizaron

en modo alguno el acierto del rabino Saúl

después del caos que provocó la cábala olvidada

cerca de la misma Alhambra

por ese judío egoísta que no murió de avaricia

sino de los muchos coitos con una infiel

que no respetaba el viejo Jehová del Génesis,

y quien calculó el momento exacto

de la llegada del hijo de ese aldeano montañés

a la Ciudad de las Columnas.

 

O tal vez el Inquisidor estupendo descubrió

la herejía de los nuevos fieles a la causa

del hombre que discursara por horas en nombre

del ideario que pareció demolerse en un muro teutónico

y que dicen los filósofos modernos anda extraviado

por inservible, entre un poco de Marx y algo de Saint Simon.

Y este místico y duro clérigo en su interés de encapuchado jesuita

hurgó en los setecientos años de ha

tanta ascendencia cristiana ignorante

del que sería el monarca de las exageraciones

y que curiosamente jamás fuera esquivada hacia los basureros

por los viejos musulmanes de Córdoba

quienes conservaban en sus ciudades

una tan extraña condonación respetuosa

por la creencia del otro, muy a pesar

de ese abusivo impuesto que por no respetar a Alá

y mucho menos venerar su Profeta

debían pagar los alejados del Islam.

 

Probablemente Harry Potter hubiera intentado lo imposible

por evitar el nacimiento del barbudo infante

que el gallego Castro

engendraría en los llanos campos del mundo Insular

porque no hubo vara de maravillas que compitiera

con la caña de aquella plantación,

ni brujo más brujo que el haitiano de las murmuraciones

que protegiera con su africana muestra de poderes especiales

al que un día se convertiría en monarca absoluto

y propietario, otros dicen protector ilustrado,

del Dorado Reino de la perfección.

 

No sé si el rey Arturo imaginó que su Mesa Redonda

se repetiría como diario espacio

de las Batallas de Ideas

que este soberano,

imitaba muy plebeyamente,

en la Televisión Nacional.

 

Así vistas las cosas después

de revisar las crónicas y eventos

este Poeta suyo y del Rey Mago

se despide, por ahora ,

en busca del verbo

que permita contar

las hazañas del soberano de La Isla hermosa

con sus mañas de rebelde universal y carcelero mayor

de los que ven en él y su gobierno

la profanación del futuro y el endiosamiento de

ese infeliz obseso de la oratoria.

 

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