Una “Cala de prueba” en las familias blancas de La Habana y Guanabacoa. Brujas, Monjas y esclavas (*)

Por: Alexis Rives Pantoja, Juan Pose Quincosa y Alex Rives Cecín

Las características del proceso de «miscegenación» que ocurre en los siglos XVI y XVII en Cuba y particularmente en La Habana es necesario comentarlo en detalle para ganar en comprensión acerca de lo que, según los autores del presente trabajo, realmente ocurrió con la llamada desaparición de los aborígenes de Cuba. Existen en distintos museos, cuadros comparativos que estudian el problema del mestizaje hasta la saciedad que a veces resulta insólita según algunos términos empleados. Se trata de clasificaciones realizadas en los siglos XVII, XVIII y XIX, en distintas regiones de América. Los esquemas, que contienen múltiples variantes de combinaciones de las uniones de indios, españoles y negros y, a su vez las mezclas de estos con diferentes variantes de mestizos,  se acompañan con cuadros en que se incluyen las vestimentas locales, lo que se considera uno de los aportes perecederos de estos estudios coloniales (Pérez Barredas,1976: 227–238).No se trata de un trabajo realmente científico, sino una recopilación folklórica, pero muestra el criterio y denominaciones acerca del mestizaje en las señaladas épocas, a diferente nivel generacional según el caso, lo cual es útil para Cuba como un recurso pnemotécnico para graficar posibilidades  de hechos como esos. Los cuadros de las uniones entre españoles y negros y negros e indios se abordan en un capítulo posterior.  Las uniones entre españoles e indios se describen a continuación.

Los elementos que se utilizan del primer cuadro, perteneciente al Museo de Madrid, se remiten a México en el siglo XVIII y se comportan como sigue:

1.-Español con India produce Mestizo.

2.- Español y Mestiza produce Castizo

3.- De español y Castiza torna a Español

Según puede apreciarse el resultado de la unión entre españoles e indios se acepta como español a un tercer grado de parentesco, lo cual tiene como resultado que un individuo con evidente ascendencia india es considerado un Español blanco.

El segundo cuadro que se dice proveniente de Perú contiene las comparaciones siguientes:

A ) Unión de Español e india :        Mestizo

  1. B) Unión de Español y mestiza: Cuarterón (a) de Mestizo
  2. C) Unión de español y Cuarterona: Quinterón (a) de Mestizo.
  3. D) Unión de Español y Quinterona: Requinterón(a) de Mestizo.

Denominaciones con las que se hace referencia hasta un cuarto grado de mestizaje. Bibliografía y documentos cubanos sobre la época de los siglos XVI y XVII permiten explorar estas cuestiones con el auxilio, de inicio, de esta segunda nomenclatura. La mima propicia más profundidad que la anterior en los enlaces.

En los Índice de Protocolos del Archivo Nacional de Cuba aparece el Testamento de Antonia Millán de Bohorques y Quesada, de Octubre 28 de 1587 (Rojas, 1947- 1957 : 392-394). Antonia Millán quien fuera hija del conocido conquistador español Joan Millán de Bohorques y de su esposa, la india Naborí (Taína), Catalina de  Quesada y Porras (Cornide, 2003: 20), según este documento estaba casada con Juan Bautista Pérez Borroto, escribano él mismo e hijo del célebre escribano de la Habana, Francisco Pérez Borroto. Antonia tuvo los hijos siguientes: de un matrimonio anterior: Catalina Delgada, Leonor Millán de Bohorques y María Bohorques; y de su segundo matrimonio, Gaspar Pérez Borroto y Millán de Bohorques. Santa Cruz (1943) y M. T. Cornide (2003:20) señalan también a Luisa Pérez Borroto y Millán de Bohorques como hija de ese matrimonio. Antonia era una mestiza de India de Cuba y Español, que por la fecha del Testamento, 1587 y habiendo estado casada con el habanero Juan Bautista Pérez Borroto,  residía en la Habana en 1582 y no aparece en los Listados de Vecinos, ni como Vecina, ni como  mujer —no aparecen mujeres— ni como mestiza; al igual que sus hijos, que pese a ser Cuarterones de mestizo alcanzaron notables matrimonios y destinos en la Isla.

En 1591, Leonor Millán, hija de la anterior y Cuarterona de mestiza se casó con el escribano del Santo oficio, Juan Bautista Guilizasti, quienes tuvieron varios hijos (Cornide, 2003:32). Uno de ellos, Nicolás Guilizasti y Millán, Quinterón de mestizo, fue Alcalde Ordinario del Cabildo de la Habana, Procurador General (Acta de Cabildo,23 de enero de 1647, fojas 397, 405) y miembro de la Escribanía fundada por Martín Calvo de la Puerta, su suegro (García del Pino y Melis, 1988). María Bohorques, Cuarterona de mestizo, casó en 1586 con Diego de Lara y Negrón, “…uno de los primeros plateros de la Villa” (Cornide, 2003:40), con quien tuvo un hijo, Francisco de Lara y Millán, Quinterón de mestizo, Regidor del Cabildo habanero en 1636  según Acta del Cabildo ( 28 de marzo de 1536, foja 391), documento donde por esa fecha se le llama «regidor más antiguo de esta ciudad» (Ibid) .En segundas nupcias casó, María Bohorques, con el hijo de Juan Maldonado Barnuevo, Gobernador de Cuba. El hijo del gobernador,  Juan Maldonado  y Mexía de Tovar, apellidado «el Mozo» fue uno de los principales productores de azúcar de inicios del XVII y su esposa María, Cuarterona de mestizo, nuera del gobernador Maldondo.Gaspar Pérez Borroto y Millán de Bohorques, Cuarterón de mestizo, fue Alcalde de la Santa Hermandad en 1606 (Santa Cruz, 1943: 282) y casó con Leonor  Carreño y Roxas Sotolongo, «hija de un fundador de la Villa Habanera» (Cornide, 2003: 40; Santa cruz, op cit: 282).

Beatriz Calvo de la Puerta y Pérez Borroto, hija del primer Calvo de la Puerta en la Habana, casó, en primeras nupcias con Antón Recio y Avellaneda,  detentor del Mayorazgo de la familia y Cuarterón de mestizo (nieto de  la cacica Taína Isabel Cacanga); Beatriz casó en segundas nupcias con el mencionado Nicolás Guilizasti y Millán (Santa Cruz, 1943: 106), Quinterón de mestizo ( bisnieto de la de india Naborí, Catalina Quesada Porras;  casos, estos, en que se pueden apreciar dos líneas coincidentes o por mejor decir paralelas, de ascendencia familiar aborigen; Santa Cruz(1943:106) no especifica la descendencia en estos matrimonios, pues lo hace generalmente a partir de las líneas masculinas, pero por otras fuentes puede deducirse la descendencia, aspecto que se tiene en cuenta en párrafos que siguen.

Juan de Roxas Inestrosa, según el historiador Pérez Beato, era hijo del fundador Manuel de Rojas con una india, aunque no ha podido rectificarse en otra fuente. El argumento que se usa en contra de tal mestizaje por la historiografía es la declaración de Manuel Rojas de no tener posibilidades económicas para traer su esposa de España, en el momento en que es interrogado al respecto por las autoridades (Cornide, 2006: 23). Los colonizadores son urgidos en este sentido en épocas tempranas. La negativa de Rojas por insuficientes recursos económicos podría ser más un argumento a favor del mestizaje de Juan de Roxas Inestrosa, que en contra. Este notabilísimo vecino se casó con María Cepero Nieto, hija de otro personaje importante de la colonia (Ibid). «Una hija de éstos, Magdalena Roxas Inestrosa y Cepero…», en el caso de que su padre fuese mestizo, Cuarterona de mestizo ( su abuela india), casó con Alonso Velázquez de Cuellar, sobrino del Adelantado Velázquez (Ibid: 40).

Petronila Recio del Corral, hija de los anteriores, sería por ello Quinterona de mestizo y era además, como biznieta de Antón Recio Castaños —necesariamente hija de Antón Recio, nieto, detentor del mayorazgo quien estuvo casado con Beatriz Calvo de la Puerta y Pérez Borroto ; Petronila era detentora del Mayorazgo, y por esa vía también Requinterona de mestizo ( la india Isabel Cacanga), por lo que se trata en este caso de una doble línea también femenina de ascendencia aborigen. El matrimonio de Petronila con Melchor Pérez Borroto perpetuó esa relación en dos de sus hijos como Recio Borroto, por exigencia del Mayorazgo, cuatro Pérez Borroto Recio y uno, Escalante Borroto (Cornide, 2003:58). Ninguno de los casos citados, por supuesto, se reflejaron nunca con la referencia a su grado de mestizaje en Listados de Vecinos.

En tanto a la línea de ascendencia que parte de la india Catalina Quesada Porras puede continuarse aun la «saga»: Luisa Pérez Borroto y Millán de Bohorques, Cuarterona de indio, hija de Juan Bautista y Antonia Millán —según M.T.Cornide (Op cit), se casó en 1604 con Juan Sánchez Pereira y Gutiérrez, natural de México; tuvieron dos hijas: Magdalena y Bernarda Sánchez Pereira y Pérez Borroto, Quinteronas de mestizo. Magdalena casó con Martín Calvo de la Puerta y Arrieta, fundador de la Obra Pía. Bernarda Sánchez Pereira y Pérez Borroto casó con Luis Castellón y Osma de Cartagena de Indias; su hijo Nicolás Castellón y Sánchez Pereira, primer Patrono de la Obra Pía (Cornide, 2003:61-62, 74-81) era descendiente de este tronco de ascendencia mestiza por tres vías: su madre y su tía eran nietas de las Millán de Bohorques. La segunda esposa de Martín Calvo de la Puerta y Arrieta, Jacinta Gonzalez  Cordero y Guilizasti, era hija de Leonor Guilizasti Millán de Bohorques y de Germán González Cordero, era prima hermana de la anterior esposa de Calvo de la Puerta y Arrieta y de Bernarda su hermana y esposa de Luis Castellón, hijas de Luisa la hermana de Leonor Guilizasti; esta joven era, por tanto,  igualmente, Requinterora de mestizo.

La Hija de Jacinta González Cordero y Guilizasti, de un matrimonio anterior al de Calvo de la Puerta, era descendiente de ese tronco al mismo nivel que Nicolás Castellón quien sería su esposo y padre de los siguientes detentores del Patronato. En estos patronos sucesivos estarían presentes la ascendencia femenina de tres de las hijas de Leonor Millán, siendo sus padres también primos y descendientes del mismo tronco. Endogamia que reforzaría el carácter mestizo —y en último análisis aborigen— de esta rama. Lo que quizás no dejaría de incidir también en la conciencia de autoctonía de este grupo familiar. Castellón, además de gran fortuna alcanzó muchos honores en la Villa. Por ejemplo, Regidor del Cabildo en 1547, junto a Nicolás Guilizasti y Millán de Bohorques, tío abuelo materno suyo y de su esposa; igualmente él Quinterón de mestizo, ya mencionado como Alcalde Ordinario y Procurador general (A.C. 23 de enero de 1647, foja 401).

Nicolás Castellón, según M.T. Cornide (2003) era un ferviente defensor de la cultura criolla «Una muestra de esto fue su reclamación en calidad de Alférez Mayor, al Gobernador Don Rodrigo de Flores y Aldana (1663-1664) para que en el ceremonial del estandarte de la ciudad se prefiriese las costumbres americanas a las peninsulares».  Además de su fuerte raigambre mestiza de Cuba, el padre del primer Patrono de la Obra Pía, Luis Castellón Osma, era nacido en Colombia. Igualmente, su suegro era natural de México, cuyo padre había detentado la gubernatura de una región Yucateca; criollismo del que no puede descartarse la unión Español–India. Además de muestra de un enrevesado mestizaje hispano aborigen dentro del estatus más alto de la colonia, este tronco de ascendencia puede considerase un modelo de la complejidad que pudieron tener las uniones de familias de indios de Cuba, de la Florida, de Yucatán y otros más, que tendría lugar paralelamente a los hechos señalados; representantes de etnias africanas y europeas mediante.

La fundación de la Obra Pía que situaba fondos para beneficiar anualmente a 5 doncellas casaderas en la Habana, lo cual incide, por demás, en el mencionado hecho del excedente de mujeres a finales del siglo XVI y principios del XVII, el historiador Pedro Herrera (2006:6) la enmarca con precisión en el mecanismo económico de que forma parte:

Otrora…/señala Herrera/… no existían los bancos comerciales, por lo cual el dinero en efectivo se imponía —o sea, se daba en préstamo—  principalmente sobre el valor de propiedades inmuebles… A estas operaciones de tipo hipotecario se les decía —Imponer Censo—; se efectuaban por escritura pública y se anotaban y se registraban en un Registro de Censos e Hipotecas… Los intereses anuales no excedían el 5 % los réditos de los censos tenían tres finalidades fundamentales: una podía beneficiar a determinada persona; otra, sufragar gastos para un acto de carácter religioso…casos en que se les llamaba réditos de Capellanía; y… para financiar una obra de beneficencia, por lo que se le decía Obra Pía u Obra Piadosa» (Herrera, 2006:6).

En las actas Capitulares y otros documentos de la colonia puede apreciarse la difusión de este mecanismo de «Imponer Censo» que ha sido abordado también en un capítulo anterior del presente trabajo.

Se trata de un mecanismo financiero de préstamos mediante el cual se realizaban transacciones comerciales: compras, ventas, de bienes inmuebles, según puede comprobarse en numerosos documentos de la época, sin alusión a veces a Capellanías u Obras Pías, aunque ambas son bien frecuentes. En los reportes periódicos de impuestos contemporáneos se toman en cuenta las contribuciones a campañas y asociaciones de protección al medioambiente, de beneficencia y otras sin propósito de lucro, donde las de carácter religioso están entre las más reconocidas y ello rebaja los impuestos al dinero devengado por el contribuyente. Cuando se trata de grandes fortunas un mecanismo paralelo comparable protege a las Fundaciones científicas, culturales y de contribución social en todos sus rangos de la carga de impuestos. En el lado más negro de las transacciones financieras, compañías y empresas «fantasmas» sirven para licitar las ganancias habidas en operaciones fuera de la ley: el célebre «lavado de dinero».

Estudios recientes aportan información de interés en relación con lo anterior, respecto a las Fundaciones de Capellanía —Obras Pías pues sus mecanismos están muy relacionados— en los siglos XVII y XVIII. Se plantea que también se valora en aquellas los frutos anuales de los bienes raíces. El propósito, la elevación del alma del Fundador y generar rentas para mantener un Capellán en forma vitalicia —es la letra que da nombre al mecanismo. La Obras Pías proporcionaban fondos para huérfanos, rescates de prisioneros —capturados por los moros en el norte de África— y a doncellas casaderas. Era necesaria una autorización eclesiástica u oficial para enajenar bienes de Capellanía y Obras Pías. O sea que eran protegidas contra los vaivenes de la economía. Pero, aun se señala que se erigían también por restituir unos bienes que se consideraban obtenidos no lícitamente (Costes, Calvo y Granado, 2007:330-340). Un caso como este puede entreverse en el establecimiento de la Obra Pía de Martín Calvo de la Puerta y Arrieta, definible dentro del contenido del término anterior y que incluía al menos dos Capellanías más en el texto de Fundación: a la Cofradía de las Benditas Ánimas del Purgatorio;  y a la Cofradía de «El Dulce nombre de Jesús» … y se agrega  a la dicha Cofradía esta Obra Pía…” (Herrera, 2001:10, 6). Capellanías y  obras pías obtenían frutos de los bienes mediante intereses censales, como a los que se ha hecho referencia en capítulo anterior; básicamente gravados en bienes inmuebles que producían ganancia. Se ha mencionado que la casa de Calvo de la Puerta parece haber sido alquilada al propio gobernador Serrano; lo que indica un aspecto de las ganancias en el propio inmueble,  pero que debió representar un pico en la concentración de censos —e intereses— en manos de la familia y especialmente en la persona de Martín Calvo de la Puerta Arrieta.

El Fundador, era considerado una de las personas más ricas de la Villa, pero su riqueza no estaba basada en los inicios de la familia, de manera clara, en haciendas ganaderas o azucareras. Más bien aparecen referencias a su familia asociada con la venta del Tabaco; también poseen propiedades, estancias, donde en el auge de este rubro se sembraría la hoja y labranzas dirigidas al consumo y el mercado interno. Sebastián Calvo de la Puerta, padre de Martín, es persona en quien se delegan funciones del Ramo del Tabaco según el historiador Rivero Muñiz (1966). Sin embargo, Sebastián se ve asociado a un caso de contrabando de tabaco hacia Canarias con el Gobernador Cabrera y el habanero, Gobernador de Venezuela, Francisco Núñez Melian (Marrero, 1977). El contrabando es la constante de la época. El historiador C. García del Pino (2005) cita documentos donde tanto Martín Calvo de la Puerta y su sucesor,  el primer Patrono de la Obra Pía, Nicolás Castellón, fleteaban embarcaciones para la práctica del corso.

La fortuna de los Calvo de la Puerta estaría asociada más bien al ámbito financiero de la Escribanía de su abuelo en la que participarían después otras personalidades, no por casualidad, asociadas a la sucesión que culmina en la Fundación, como Juan Bautista Guilizasti y su Hijo Nicolás, yerno y nieto, respectivamente, del primer Calvo de la Puerta y también de Beatriz Pérez Borroto y Alfaro, esposa del Escribano. En este  «emporio» que más tarde sería conocido, no sin razón, como «Clan de la Obrapia», también estaban asociados como miembros no secundarios los Pérez Borroto, igualmente con Escribanía Pública —y los negocios que se asocian a ello—  pero que además habían monopolizado el puesto de Escribano del Cabildo de la Habana casi 100 años hasta la fundación de la Obra Pía lo cual indica su ascendencia y conocimiento acerca de todas las actividades públicas y privadas de la Villa. La generación de hijos de Calvo de la Puerta Hernández, como se ha dicho era Pérez Borroto por parte de madre; y ambas madres de las esposas del primer Patrono eran unas Pérez Borroto- Guilizasti de hecho y de jure. Juan Bautista Pérez Borroto, padre natural y adoptivo de los hijos de la mestiza Antonia Millán, así lo reconocía cuando en la boda de su hijastra Leonor Millán con Juan Bautista Gulizasti se ve asistir a Martín Calvo de la Puerta e Isabel Costilla, sus cuñados, como testigos (Cornide, 2003). En todo ese tiempo Martín Calvo de la Puerta, los Calvo de la Puerta Pérez Borroto y otros familiares y aliados como Jácome Justiniani, Francisco Núñez Melián y posteriormente los Guilizasti, y otros descendientes, han tenido secuestrados los consejos del Cabildo y otras cargos de autoridad de la Villa y, además, la alianza, a veces cómplice, de gobernadores como Pereda, Maldonado Barnuevo y Cabrera.

El testamento  de Antonia Millán de Bohorques y Quesada, realizado, por demás con el escribano Público Martín Calvo de la Puerta, demuestra su personalidad jurídica y habilidad en el manejo de las finanzas, por lo que no puede suponerse un mero instrumento de Juan Bautista Pérez Borroto en todos estos mecanismos. Su condición de mujer libre, de madre india liberada por Millán de Bohorques, le debió dar influencia afirmada por lazos de parentesco con los habitantes indios y mestizos de la Villa. La familia Pérez Borroto-Millán de Bohorques parece haber sido el núcleo inicial de toda la madeja.

La riqueza de estas personalidades: los Pérez Borroto, Calvo de la Puerta, Guilizasti, Millán de Bohorques, Sánchez Pereíra y Castellón no debió estar basada, salvo excepción, en el tipo de las grandes posesiones de Hatos y Corrales de la zona occidental (Rojas, Recio, Sotolongo, etc.) y sus incursiones, como en el caso de Calvo de la Puerta en la producción de azúcar todo parece indicar que no resultaron muy felices (Marrero, 1977; García del Pino,2005). La vinculación de estos escribanos con la especulación financiera alrededor del fenómeno económico del Sistema de Flotas es presumible a partir de varias noticias de las Actas del Cabildo por demás controladas por ellos, en que aparecen ellos, sus familiares y deudos en el control de las bebidas alcohólicas, los abastecimientos, la posesión de estancias privilegiadas, cerca del Río la Chorrera, El Usillo, Luyanó y los alrededores de Guanabacoa, que producían  renglones principales para la demanda que generan las circunstancias del período.

La Obra Pía es una institucionalización de las fortunas adquiridas sobre la base de la usura y la manipulación del mercado interno de la Villa y es índice de un extraordinario capital acumulado que permite  lavar el prestigio de sus poseedores, escribanos y cabilderos, comerciantes en general, en una etapa de transición de esas estructuras comerciales en contraposición con las actividades tradicionales de la agricultura y la ganadería y «a caballo» en las nacientes industrias del Tabaco y el Azúcar. Esta extraordinaria cadena de descendencia mestiza que continúa con la fundación de la Obra Pía, permite, además, abordar la comprensión de la línea de descendencia unilineal que representa y su paralelismo con las otras líneas colaterales  a que se ha hecho referencia. A condición, todo ello, si se establece su comparación de acuerdo con los parámetros cronológicos que han sido determinado mediante la serie arqueológica.

Antes de los sucesos protagonizados por los vecinos y el Corsario francés Jacques de Sores se habían producido ya los enlaces entre conocidos personajes de la colonia e indias a que se ha hecho referencia en líneas precedentes. Antón Recio Castaños e Isabel Cacanga; Joan Millán de Bohorques y Catalina Quesada Porras; y Manuel de Roxas y Magdalena Velázquez; esta última una deuda, se dice, de Velázquez. La referencia citada respecto a la respuesta negativa de Manuel Rojas al serle solicitado que traiga su esposa de España argumenta a que la deuda de Velázquez fuese una india de la casa del Gobernador de Cuba, con la cual Manuel Roxas tiene su hijo, Juan de Roxas e Inestrosa.

Estas uniones se producen antes o paralelamente a los hechos señalados, pero además coinciden con otros dos eventos de importancia:  el otorgamiento de la libertad a los indios y el inicio de la crisis climática de 1539 a 1580. Es una etapa de emergencia económica, social y natural donde los sucesos dramáticos y lamentables de la ocupación de La Habana, solo debieron ser un caso fortuito en comparación con las consecuencias de la próxima disolución de las Encomiendas, lo cual no es en principio aceptado y con un lapso de más de cuatro décadas de clima muy severo. Resulta notable, además, que estos casos se refieran, en primer lugar, a dos de las familias más importantes de la colonia hasta entonces; los Rojas y los Recio, entre cuyos clanes el historiador Sorhegui (1980) plantea una rivalidad por el dominio latitudinario que argumenta con documentos de la época. Y a un hombre, como Joan Millán de Bohorques de una vida ajetreada por sus posiciones cívicas ante Hernán Cortez o el Gobernador Guzmán; Millán de Bohorques es mencionado tanto por Cortez como por Bernal Díaz del Castillo, que lo tachan de atrevido o loco por sus enfrentamientos poco diplomáticos contra el propio Cortez, en defensa de Velázquez y más tarde en contra de las autoridades  de la Isla (Cornide, 2003:19-20).

Esa inminencia coyuntural de no corto pronóstico pudo afectar de alguna manera en tales decisiones. Para los Recio el reconocimiento del nacimiento de su hijo Juan —fuera del matrimonio— y la institucionalización del primer Mayorzgo a nombre de este, un mestizo, es un hecho inusual que, por otra parte, es evidente que se trata de una estrategia para la defensa de sus Mercedes o ya propiedades mediante ese mecanismo de inspiración feudal. Los Rojas que no es una única familia en Cuba: están, Juan Rojas por un lado, Manuel Rojas, su hermano, por otro y los Roxas Sotolongo o Sotolongo Rojas que parecen tener un desarrollo diferente; en los tres casos conquistadores y fundadores de las Villas cubanas y otras hazañas americanas (Cornide, 2003:21-28). Juan Roxas Inestrosa, hijo de Manuel de Rojas, se dice que va a la región oriental del país a hacerse cargo de las propiedades que deja su padre al morir. Al parecer se trata de un intento por preservar esas posesiones de tierras, superiores a las de los Recio, mediante el sostén y la continuidad de la propiedad latifundiaria, vía de más perspectiva que la del Vínculo de tipo feudal. Roxas Inestrosa es reconocido como hijo aunque no se acepte públicamente su mestizaje; y cabeza de esas  posesiones. Y en ambos casos, Recio y Rojas, se pueden apreciar vínculos de influencia con la población india de Guanabacoa. La madre de Juan Recio procede de esos indios y esta familia invierte esfuerzos y dinero en la explotación económica en esa zona. Hernando Manrique de Rojas, quien señala M. T.Cornide (2003:25) que pertenece a la familia Rojas, es nombrado Protector de la población aborigen de Guanabacoa (Ibid).

Los intereses de los Recio y de  los Rojas puede presumirse que requieren de un control de nuevo tipo sobre la fuerza de trabajo, india, que se va de sus manos con el cese de las Encomiendas. Nuevas formas de retener esa población productiva en los hatos y corrales de estos «terratenientes» puede haber sido la principal cuestión a enfrentar en las nuevas circunstancias, donde su condición de mestizos con prestigio social y poder económico, serían las ventajas a explotar en la nueva realidad.

En el caso de Joán Millán de Bohorques, el matrimonio con Catalina Quesada se remite a una época semejante, aunque como en los casos precedentes, existieran relaciones desde antes Millán de Bohorques se casa, da la libertad a su mujer y a varios parientes de esta y se marchan a España;  se piensa, por el acoso del gobernador Guzmán, al que diferentes reclamos ante las autoridades reales obligarían a una conducta diplomática aunque de talante hipócrita. El hombre que lo ha desafiado durante mucho tiempo ¿se marcha ahora solo por esas amenazas? o quizás también como una opción de salvar su familia y riquezas de vuelta a la Península ante circunstancias que no poseían un buen augurio en la Colonia.

Se dice que solo su hija Antonia Millán de Bohorques y Quesada, regresa, pero ello puede deberse a ser la única que los documentos coloniales mencionan. En realidad sus parientes, los indios Alonso, la esposa de este y otro de nombre o apellido García (Pichardo Viñals, 1989), miembros de ese clan familiar, quedan en condiciones de libertad jurídica. Algunos hermanos de Antonia, otros hijos y familiares de los mencionados deben haber sido una red de parentesco con ciertas condiciones de ventaja jurídica en la Villa de La Habana. Antonia Millán, poseía una condición jurídica de libertad, posiblemente medios económicos y una inteligencia suficiente para ser respetada por los indios y mestizos, sus parientes directos o indirectos, en proceso de integración en la Villa habanera. Y así parece haber ocurrido.

Los otros mestizos, Recio y Rojas, hombres, realizan sus enlaces matrimoniales, en las décadas siguientes, aunque no necesariamente en relación con su jerarquía de Agentes o Caciques, pues quizás tenían esa autoridad ellos mismos entre los indios asociados a sus grupos de influencia familiar; en sus «Reales» de explotación agrícola y ganadera; pero los enlaces matrimoniales de  Antonia, con Felipe Delgado,  tal vez hacia las décadas de 1560 -70, primero, y después con Juan Bautista Pérez Borroto, pueden estar relacionados, con más probabilidad, con el control de esos personajes sobre la población aborigen de San Cristóbal de La Habana.

Los tres casos citados puede hacerse referencia a ellos por su presencia en la documentación debido a su notoriedad social e histórica pero, es necesario recalcar que debe haber sido una conducta común, muy generalizada, el hecho del mestizaje, en todo el siglo y el siguiente; cuestión que es reconocida en muchas obras sobre la época pero obviada su significación en el proceso de «miscegenación» palalelo y su relación con la población aborigen en el contexto colonial. Las líneas de parentesco de los Recio y de los Rojas Inextrosa parecen haberse fundido entre sí y con el clan de los Millán de Bohorques y sus ramas a mediados del siglo XVII, según se había esbozado en párrafos precedentes; cuando las actividades económicas que se desarrollan en la Habana en relación con un extraordinario auge producido en la economía interna y de exportación,  asociado al sistema de Flotas, se torna dominante, orientando los intereses de Recio y Roxas Inestrosa.

El mestizaje recurre  —las líneas de Recio y de Roxas Inestrosa se unen— y además se propaga de manera exponencial; lo cual permite tener una idea, si estos casos se tratan de las familias más importantes de la Villa, de cómo sería este proceso en el resto de la población. En el Listado de 1582 donde si bien las cifras no representan al total de habitantes, pueden en cambio dar una idea de la composición de la población, en esa década y apenas las siguientes,  a que se refieren los párrafos precedentes, el mestizaje indohispánico sería muy amplio. En 1582 había 3 mulatos, supuestamente producto de la unión de blancos y negras y 26 mestizos de españoles e indios, reconocidos. Como se ha apuntado anteriormente, Juan Recio y su hermana María brillan por su ausencia en el número de mestizos. Otro tanto en relación con las Bohorques o los Roxas Inestrosa.

Por otra parte, el número de nacimientos de niños huérfanos en este período, se comporta igualmente de manera exponencial. Se trata de cifras alarmantes acerca de la horfandad y que un breve análisis puede argumentar acerca de su incidencia en el proceso del mestizaje: se trata de la estadística elaborada por el historiador Manuel Pérez Beato a partir de los tres primeros libros de Bautismo de la Parroquial Mayor (Herrera, 2006: 28); referidos a tres períodos tempranos de la Colonia que coinciden, además, con las fases determinadas por la serie cerámica. Del mismo modo, en fechas anteriores al primer período ocurren los matrimonios, respectivamente, de  Antonia Millán de Bohorques, Juan Recio y Magdalena Roxas Inestrosa; el segundo es la época de los enlaces de los hijos de estos y especialmente la unión de Leonor Millán de Bohorques y Juan Bautista Guilizasti; en el tercero y fechas posteriores a este, ocurren los enlaces que llevan a la fundación de la Obra Pía y la unión de las líneas de ascendencia aborigen entre sí.Los resultados de la estadística de los libros de la Parroquial Mayor son estos:

De 1590 a 1600: 50 niños de “padres no conocidos”

De 1631 a 1631: 314 niños de “padres no conocidos”

De 1632 a 1643: 393 niños de “padres no conocidos”

El historiador Pedro Herrera (2006) ha argumentado acerca de las implicaciones de este fenómeno en cuanto la moralidad de la ciudad en los meses que permanecía la Flota, lo cual es muy cierto. Y cita el caso de la violación de una dama distinguida. Para lo cual la fundación del Convento de Santa Clara “…daría cierta tranquilidad a algunas familias…” aunque el mal “no sería erradicado…”. pero independientemente de ello, es lógico pensar que, en esos hechos de paternidad no reconocida, las mujeres más afectadas por el abuso serían las de los estratos más humildes, entre las cuales estarían indias y principalmente mestizas, negras y mulatas libres. Esto significaría que para esa población creciente los lazos con su ascendencia quedaban limitados a los rasgos físicos, que se enmascaran con el mestizaje. Esos lazos disminuían, pues, progresivamente. La paternidad no reconocida es índice también de un desbalance en la composición poblacional de que se ha hablado anteriormente: el exceso de mujeres, por lo cual importantes vecinos de la ciudad, entre los que se encontraba Martín Calvo de la Puerta Hernández, solicitaban la instalación de un convento desde 1608 (Herrera, 2006: 28 – 31 y ss). Correspondencia al respecto prueba la continuidad de esas preocupaciones (Ibid). En un Acta de Cabildo de fecha posterior se aprecia otra acción, por estas personalidades, respecto a la posible fundación también de un convento de monjas, al parecer, en la Iglesia Mayor. Con ese propósito Sebastián Calvo de la Puerta entrega 800 reales, Francisco Núñez Melián 400 reales, Juan Bautista Guilizasti 800 reales, Hernando Pedrosa 400 reales (A.C. 1 / 4 /1621, Foja 213).

Uno de estos personajes, Juan Bautista Guilizasti y su esposa Leonor Millán de Bohorques, constituyen una referencia importante para comprender el papel de la población femenina excedente de indios y mestizos, en esta época; y su relación con los Cabilderos y líderes indios. Guilizasti y Leonor, cuarterona de mestizo, son acusados de “contactos” que se dejan entrever “ilícitos” con esas pobladoras. El Obispo de Cuba Fray Alonso Enríquez de Armendariz se refería a ellos de forma condenatoria. En una carta “dirigida el 17 de enero de 1619 al Consejo de la Suprema España, en la cual alegaba el mal uso de las potestades que hacían los comisarios, las irregularidades en su designación y otros abusos. En referencia a la diócesis, afirmaba que pululaba una infinidad de brujas y hechiceras” (Cornide, 2003:32) “…pues no sé que en toda la tierra de Logroño y Vizcaya haya tantas, como son mujeres todas y el notario Juan Bautista Guelizasti (Guilizasti) ha estado amancebado durante  dieciocho años ha o más con una mujer casada y ella y él son muy emparentados con muchas mujeres de esta isla, que es harto inconveniente para que use el dicho el tal oficio…” (Ortiz, 1975:399; en Cornide, 2003: 32). Como señala M. T. Cornide (Ibid) Guilizasti y Leonor estaban casados desde 1591, por lo que ¿pudiera ser otra mujer? O Armendáriz desconocería o no quería reconocer el matrimonio de Guilizasti y Leonor. Esta había sido encausada antes por limpieza de sangre. ¿Por ser mestiza de indio? cuando otras familias descendían de los indios y no habían tenido problemas, señala dicha autora; y pregunta si sería por el posible origen judío de su padrastro Juan Bautista  Pérez Borroto (Cornide, 2003:32).

Resulta clave la mención de que Guilizasti y su mujer «…son muy emparentados con muchas mujeres de esta isla…», cuando ha señalado la “infinidad de brujas y hechiceras que pululan en la Habana”. Resulta de interés recalcar los aspectos aludidos:

1) Guilizasti y su mujer estaban emparentados con mujeres de la isla, 2) estas son acusadas de brujas y hechiceras y 3) pululaba una infinidad de  ellas en la ciudad. Es palpable que esos emparentamientos con brujas y hechiceras de la isla, remite a un tipo de relaciones económicas y sociales, reprobable para el Obispo Armendariz, conocido por su intransigencia con las condiciones particulares de la Colonia. La población femenina de la Habana, sustentadora de la producción manufacturera no reflejada en los documentos de la época; se escapaba, como se ha planteado antes, de la administración pública; y probablemente esas ganancias contribuían menos que la de los terratenientes a el sostenimiento de la Iglesia. La alfarería, los tejidos y costuras varios, la preparación de alimentos y en especial la confección y consumo del casabe, prueban su presencia en las villas mediante la Arqueología y noticias históricas, y, por tanto, argumentan  acerca de la condición de portadoras de la cultura aborigen de las féminas que producían dichas manufacturas. Los vínculos entre personajes de la Villa con individuos de prestigio entre aborígenes, africanos e hispanos, mestizos blanco-indio e indio-africano, cuyas familias soportaban tales producciones, es la clave para entender esas circunstancias. Estudios contemporáneos acerca de la ¡Brujería! y ¡las Brujas! de aquellos siglos pueden contribuir la comprensión del caso de la Habana.

Los hechos a que se hace referencia en esta ciudad se hayan enmarcados en el período más importante de las persecuciones por brujería y hechicería, en América y España: los primeros cuarenta años del siglo XVII (Blázquez, 1994: 81). Las noticias históricas hacen fe de procesos contra la brujería en diversos países del Nuevo Continente: se denuncia la existencia de grandes manifestaciones de brujería en Guatemala. El Obispo de Panamá señala que la ciudad estaba infectada de hechiceros y hechicerías. En Cartagena de Indias (Colombia) coexistía una amalgama de artes ocultas: indias, negras y españolas. En 1627 hay inmensas denuncias de hechicería en Perú: 105 personas son acusadas de brujos. Los procesados fueron 21 mujeres y 1 hombre (Ibid: 1994:80-81). En España ocurre otro tanto: en Zagarramundi, Vizcaya, en 1609, las autoridades españolas realizaron una gran persecución de personas acusadas de brujería. En Jarque, Zaragoza, se llevó a cabo la represión entre 1611 y 1612. Fuenterrabía, en Burgos, fue otro sitio célebre por la caza de brujas; y grandes matanzas ocurrieron también en Cataluña; se dice que por fuerzas del Gobierno, no por la Iglesia (Blázquez, 1994: 81-82).

El investigador colombiano Juan Blázquez Miguel (1994:76) señala que los casos de hechicería en Latinoamérica son más sonados que el célebre de las brujas Salem en Norteamérica; y parece cierto si se tiene en cuenta hechos como los sucedidos en un convento de monjas en Trujillo y otros cargados de dramatismo en Querétaro; pero el exahustivo estudio de los ocurridos en Salem, por investigadores contemporáneos, pone en claro causas socioeconómicas de la brujería. Salem (Salem Town), importante puerto del Atlántico, limitaba al sudoeste con la Villa de Salem (Salem Village), pertenecientes al Condado de Essex.  Salem, junto a Boston eran los puertos de entrada a la Colonia y obtenía grandes beneficios del comercio. La Villa era un poblado agrícola, formada por antiguos habitantes de Salem que habían emigrado tierra adentro en época de menos bonanzas del puerto. En  la década precedente a los sucesos, un grupo mayoritario de la Villa de Salem había fundado una iglesia que brindaría culto a sus feligreses independientemente de la Iglesia de Salem Town a la que habían pertenecido todos. Salem Village pretendía separarse de Salem Town, pero no todos estaban de acuerdo.

Esto significó una escisión entre los propios habitantes de la Villa agrícola de Salem; unos que se pronunciaban por lo que ellos creían los lineamientos más ortodoxos del puritanismo y los otros que veían una fuente económica de prosperidad en la unión con el Puerto de Salem. La crisis de las supuestas manifestaciones demoníacas comenzó entre las pequeñas hijas, primas y amigas del pastor de la Iglesia de la Villa de Salem, Samuel Parrish. Y las denuncias de estas y otras niñas y jóvenes o la incidia de los inquisidores provocaron la puesta en prisión de muchos pobladores de la Villa y otras zonas limítrofes; lo cual resultó en el ahorcamiento de las llamadas brujas de Salem.

La investigación desarrollada por Paul Boyer y Stephen Nissenbaum (1983: 343 -372), se basó en información estadística del censo poblacional de la Villa. La localización de los sitios de vivienda de los habitantes y las listas de pago de impuestos de estos. La relación de acusados y acusadores; defensores y detractores de los acusados, en los juicios y en las cartas de protestas firmadas por unos y otros. Quiénes de cada uno de estos grupos apoyaban al pastor Samuel Parrish y su iglesia secesionista y quienes lo condenaban. Todo lo cual se reflejó mediante comparaciones en un croquis en planta de la Villa, sus límites y relación con los caminos y vías fluviales que los conectaban con el Puerto. De ello resultó lo siguiente: la mayoría de los inculpados y todos los condenados no pertenecían a la Iglesia de Samuel Parrish o habían manifestado su disconformidad con aquel, lo cual se pudo demostrar que concordaba con dos zonas contrapuestas de la Villa. Los sustentadores de Parrish hacia el oeste, los más alejados del Puerto de Salem; y los opositores ubicados hacia el este, los límites con dicha ciudad. Un buen número de los opositores y acusados se ubicaban en una zona limítrofe de la Villa y el Puerto, el camino de Ipswick; lugar de gran importancia comercial para los habitantes de la Villa por las ganancias que generaba el movimiento de hombres y mercancías por esa importante vía.

La motivación parece haber estado relacionada con las rivalidades entre los defensores de una producción agrícola tradicional, conservadora, y los sustentadores de nuevas formas comerciales que ponían en entredicho los estilos arcaicos de producción. Esto reflejado en las diferentes agrupaciones de culto de la misma Religión Puritana. Los acusados y condenados pertenecían casi en el 100 % a los que optaban por las nuevas formas de comercio. La tensión existente entre esas facciones de la población en las vísperas de los sucesos, hacen pensar que ello desató esas circunstancias o más bien que ese tipo de manifestaciones fue aprovechada o manipulada por participantes en dicho enfrentamiento. Los acusadores, implicados con las formas conservadoras de producción; y los acusados, enrolados en la ejecución de las nuevas formas, que se imponían por su propio peso, sin aguardar los dictados de las estructuras sociales establecidas (Boyer y Nissenbaum, 1983: 343- 372).

Los primeros detenidos fueron tres: la cocinera esclava de la casa de Samuel Parrish, culpable, según los acusadores, de las manifestaciones que padecieron las niñas a causa de supuestas influencias satánicas; una mujer que se le consideraba una mendiga agresiva y una vieja señora, antigua “Calientacamas”. Fueron los únicos casos de mujeres a los que se le podría achacar un carácter marginal. Los demás acusados eran gente de dinero y prestigio, obtenido en sus transacciones comerciales. De lo que aportaron los investigadores se deduce que los acusados eran los representantes de un nuevo orden: y se han manejado categorías opuestas como Capitalismo comercial versus Puritanismo. Otros estudiosos han cuestionado si en esas alternativas en pugna estaban presentes ya, algo quizás exagerado, las contradicciones que iban a llevar más tarde a las guerras de la independencia de las 13 colonias de Norteamérica (Murrin y Katz, 1983:343). Pero estos mismos autores dejaron planteada otra cuestión que es de mayor relevancia concreta. ¿Por qué fueron mujeres el mayor número acusadas y acusadoras ? (Ibid)

Las invectivas del Obispo Armendáriz contra Guilizasti, su mujer y sus numerosas parientes, supuestamente brujas, pueden responder a causa semejante. La prevención de un orden económico en decadencia: la producción ganadera y agrícola de hatos y corrales,  contra representantes del nuevo orden comercial que se desarrollaba en la Habana. La producción manufacturera y de bienes y servicios con destino al mercado de las Flotas; y los rubros del tabaco y el azúcar en desarrollo. La acusación contra Guilizasti resulta absurda, y parece confirmar lo expresado, pues este debía haber sido el persecutor de las supuestas brujas y hechiceras, ya que era miembro del Santo oficio, puesto para el que Armendariz creía que Guilizasti no era idóneo. Alternativas entre facciones. Este nuevo orden comercial por supuesto vinculado hasta la médula con el contrabando y con los intereses usurarios de los escribanos y cabilderos.

El  ejemplo es de carácter puntual, sí, pero testimonio en ausencia de otros del monto poblacional femenino, indio y mestizo, negro y mulato, que existía en la Habana en la primera mitad del siglo XVII, asociado a la economía interna de la Villa, según se ha deducido a partir de la interpretación arqueológica. La pregunta de Jh. M. Murrin y S. N. Katz (1983:343) acerca del porqué de la preminencia de las mujeres en estos procesos por brujería, quizás tenga una opción explicativa en la Habana de estos años. Se ha comentado con cierto detalle las características que debió tener la producción manufacturera en manos femeninas, en el seno de la familia, semioculta del control impositivo, pero en manos de manipuladores; y su contrapartida: la producción de alimentos y bebidas en gran escala para una demanda de notable intensidad en el mercado; “velada” en medio de la vida pública.

La preparación de alimentos y de bebidas es un arte antiguo, regido por recetas, fórmulas, que guardan celosamente los cocineros y elaboradores de los licores. En las sociedades tradicionales y en el ámbito popular; acompañadas de prácticas mágicas y rituales. Si tal alimento no se hacía con los pasos necesarios no se obtendrían los mejores resultados y en muchos casos se acompañaban de rezos o prácticas supersticiosas. Cuando alguien logra platos exquisitos con recursos escasos, es llamado popular y elogiosamente, “un Mago! Y los secretos se mantienen entre las familias o los amigos, desde la antigüedad, en la Gens o en el Clan. En la Alta Cocina y entre los Grandes Licoreros, ocurre algo semejante, y en la actualidad esos secretos de fabricación se protegen por el Derecho de Propiedad y se regulan mediante Patentes. Las mismas cocineras generalmente se ocupan de tizanas y aplicaciones o baños para sanar enfermedades, cuya forma de hacer ha sido mantenida en conocimiento y se ha trasmitido, por medio de recetas.

Hay un vínculo entre esos procedimientos y las recetas y conjuros de la brujería y la hechicería; y por qué no también entre sus ejecutoras. En el caso de Salem, cuando las primeras niñas, en la casa de Samuel Parrish, caen en trance y se lesionan, etc., aparentemente por ser poseídas por el diablo. Mujeres amigas de la casa tratan de probar si es realmenbte una posesión diabólica, por un método semejante: deciden hacer “un Pastel de Brujas”, confeccionado igualmente mediante una reseta trasmitida a través de generaciones. Era un pastel confeccionado con ingredientes a despropósito para ser ingeridos como alimentos y que debía dársele de comer a un perro. Si el perro manifestaba síntomas semejantes a los que habían sufrido las niñas, entonces las niñas estarían realmente endemoniadas. La esclava Tituba, cocinera de los Parrish, fue llamada a colaborar, por su experiencia culinaria, en el “Pastel de brujas”. Después estará entre las acusadas (Boyer y Nissenbaum, 1983:345). Según puede apreciarse, acusadas y acusadoras, pertenecían a semejante cofradía.

El auge de ese fenómeno en las primeras décadas del siglo XVII no puede asociarse más que con esas actividades manufactureras y comerciales que se desarrollarían en dicha etapa en diferentes lugares del mundo y en especial en América, a lo cual se ve vinculada la población autóctona y criolla en los centros poblacionales; y en especial el trabajo femenino. A causa de un excedente de población de este género, al parecer producto de la llamada sobre mortalidad masculina, que sin ser una constante irreversible, sí se manifiesta en muchas circunstancias; y que a finales del siglo XVI y principios del XVII, se puede asociar con eventos climáticos y epidemias concomitantes, de gran envergadura. Mas todo ello parece estar basado en las características de las manufacturas que se desarrollan en esa etapa a un nivel global, en gran medida, sobre la base del trabajo femenino como parte de la división del trabajo existente. Las características de los pobladores que son acusados de brujería en varios países de América Latina se enmarcan de manera coherente con estas ideas. La mayoría eran mujeres, criollas, indias, africanas y mestizas. Casos muy conocidos lo atestiguan: brujas: Justa, mulata y Ana Juárez, negra libre; en Cartagena de Indias (Blazquez, 1994:72-74); brujas Teodora de Saucedo, negra criolla; Paula de Eguiluz, criolla; La Habana;  bruja  Fabiana Sánchez, mestiza, Cajamarca(Ibid, 73-74); bruja llamada “la Chupaterrones”, coyota: hija de mestizo de indio y negro con mulata, en Trujillo; bruja Ana Almeja, Panamá (Ibid, 76-79). Bruja Zamba Ana María- Zamba: mestiza de negro e indio –en Tarapacuelles (Ibid, 85, 91)

En La Habana se conoce que todos los aspectos de esa economía manufacturera y de servicios eran muy extendidos. Había un excedente de población femenina, como aconseja el análisis de los Listados del último cuarto del siglo XVI. En esa preparación de alimentos y bebidas y la función de expenderlos en Tabernas, Casas cantinas, Posadas y Casas de alquiler, se hallaban los portadores de la cultura aborigen, si no ya solo los indios. La presencia de Leonor Millán de Bohorques entre los acusados prueba la presencia del Mestizo de indio y Español en la “Muestra” – sus parientes femeninas, según Armendáriz -. Y, además, la manufactura de la cerámica se conoce que está regida por procedimientos técnicos precisos, trasmitidos por recetas orales o escritas, según la época; y acompañados, como en pocas esferas, por ritos mágicos. En la Villa de Salem, una de las áreas de la población donde sus habitantes fueron afectados por las acusaciones, fue el camino de Ipswick. Había allí lo que P. Boyer y S. Nissenbaum (1983:361), han definido como “una acumulación de tabernas” de propiedad familiar con presencia femenina; en un espacio relativamente reducido; índice del nivel de la demanda; había además alfareros, carpintero, médico, ebanista, molinero, zapateros, todos servicios destinados a las necesidades que generaban los viandantes relacionados con el Puerto de Salem. Y, por supuesto alguna mujer dedicada a la prostitución, ese antiguo oficio.

En La Habana, igualmente debió pulular la prostitución, como demuestran las cifras de niños “sin paternidad reconocida” citados en párrafos anteriores. Como se ha comentado, la explotación de la mujer llegó en esa época a límites insospechados. Y el proxenetismo también de amplia historia debió ser otra de las lacras implicadas en el control del trabajo de la mujer.  Estaban todos los ingredientes; representados “cuantitativa y cualitativamente”, para que se produjeran las invectivas contra las prácticas de la brujería, que aunque realmente existieran, tales creencia y prácticas, pues la religiosidad popular apela a las supersticiones aún hoy en día, en aquel momento como en otros sería un argumento de alguno de los  intereses en pugna. En décadas siguientes, se produciría los que Calvo de la Puerta, Guilizasti, los Pérez Borroto Bohorques y los Calvo de la Puerta Pérez Borroto, etc., habían propuesto que se hiciera, un Convento de Monjas. Que como ha apuntado el historiador P. Herrera (2006) permitió un alivio a la población en cuanto a la moralidad y el destino de las jóvenes; pero que era también un nuevo emporio de finanzas y de producción manufacturera.

Los conventos históricamente aceptaron donaciones de la feligresía, que eran invertidas en bienes inmuebles, plantaciones y otras actividades que generaran ganancias. Todo ello mediante los mecanismos de “Censo” a que se ha hecho referencia en capítulos precedentes. Estos procedimientos que en las primeras décadas del siglo XVII, estuvieron centrados por el Cabildo habanero, a partir de la fundación del Convento de Santa Clara en 1644 (Herrera, 2006), comenzarían a girar progresivamente en torno a estas instituciones religiosas. El dinero producto de las donaciones era invertido con ventaja no muy grande (5%), pero a largo plazo. Las capellanías eran ingresos que se pagaban a religiosos y religiosas, Como, por ejemplo, Graciana Calvo de la Puerta Gama y Hernán Calvo de la Puerta Gama, hijos de Martín Calvo de la Puerta Pérez Borroto; el préstamo de que partían, gravado en una propiedad que generara frutos, era revertido por las autoridades conventuales en otras inversiones, con beneficio para censuarios, sensualistas e intermediarios, copartícipes en los mismos grupos de poder.

En los conventos, las monjas y sirvientas que entraban a formar parte de estos centros, constituían una fuerza de trabajo en diversos órdenes. Las sirvientas se dividían en libres y esclavas. Estas últimas podían ser “esclavas de la Comunidad” o “esclavas personales”. Las primeras se ocupaban de todas las tareas colectivas que eran muy variadas; y las otras de trabajos relacionados con las monjas a quienes servían; los cuales no dejarían por ello de ser productivos; incluso algunas monjas alquilaban sus esclavas para realizar trabajos que les eran remunerados (Rus, 1978:175-200). En documentos históricos de la época se menciona el propósito de reducir el número de mujeres en el Convento de Santa Clara, que llegó a superar las 200 entre monjas, sirvientas y esclavas (Herrera, 2006); lo que coincide con el comportamiento en otros conventos de América y habla de un buen número de jóvenes salvadas de las malas condiciones de vida; pero también de la numerosa fuerza de trabajo que se iría incrementando en el futuro con la creación de otros centros religiosos; una respuesta correspondiente con la demanda creciente de los intereses comerciales.

Entre los trabajos que se hacían en los conventos se hallaban, las confecciones textiles: hilanderas, tejedoras, bordadoras; trabajaban como sastres, lavanderas; incluso se hacían trabajos en hueso, cueros, metales y otros materiales (Rus, 1978: 175 – 200). Esto quizás propicie una idea sobre la existencia de un matadero junto al Convento de Santa Clara: el aprovechamiento de materia prima. Excavaciones en los espacios religiosos en la ciudad prueban la intensidad de las labores que desarrollaban las mujeres. El examen de sus restos óseos argumenta un gran desgaste corporal producto de actividades físicas y el padecimiento de enfermedades relacionadas (Lugo y Menéndez, 2003: 125-137). Aspectos que son motivo de estudios más profundos y de denuncia. Los conventos representaban una modalidad de la producción manufacturera fuera de la del seno familiar, aunque esta última aún no desaparecería. Y la Obra Pía, que se propuciera fines aparentemente similares a los del Convento, en cuanto a la protección de las jóvenes solteras, fundada por el mismo grupo enlazado endogámicamente que bogara por aquella institución,  permite comentar estos y otros aspectos con alguna ventaja.

Nicolás Castellón es nombrado primer Patrono de la Obra Pía fundada por Martín Calvo de la Puerta y Arrieta, en contra, pudiera pensarse, del derecho del hijo de este último. P. Herrera (2001) acota oportunamente que Castellón, casado con su prima hermana tendría descendencia y no aún el hijo de Calvo de la Puerta u otro pariente de esa rama. Esto es correcto aunque la línea de descendencia fuera solo másculina,  la de Calvo de la Puerta; pero esta familia estaba formada por enlaces a partir de la descendencia femenina (Cornide, 2003: 58), patente en las dos esposas de Calvo de la Puerta y en la esposa de Castellón – ella era como él una rama de ese tronco -.Y en sus hijos, quienes heredan el Patronato – y vienen a ser una especie de “Chamizos”: cruce de mestizo con castiza (Barreda, 1976:233, no. 11) – se reconcentra la ascendencia en cuestión. Ese, tal vez sea el motivo principal de la designación de Castellón. El y su esposa eran los familiares más cercanos de ambas esposas de Calvo de la Puerta; todos provenientes de un mismo tronco femenino.  M.T. Cornide (2003) lo presenta de la forma siguiente: “… parientes por vía materna …que se mantuvieron unidos por enlaces matrimoniales durante varias generaciones…/ y /… conformaron un conjunto de poder y riquezas en la Habana de entonces, que se ha identificado como el Clan de la Obra Pía (Ibid: 58). Descendientes de Doña Antonia Millán de Bohorques y Quesada: mestiza, hija de Catalina Quesada, india Naborí (Ibid, 2003: 58, 131, 20): a todas luces un linaje de ascendencia aborigen y Mestizo.

El propósito de la Obra Pía, la entrega de una dote anual a cinco doncellas, para que pudieran contraer matrimonio “o los hábitos de monja”, concuerda con el objetivo de la fundación del Convento de Santa Clara, logrado solo unos años antes. Calvo de la Puerta dejaba sentado que habría preferencia en ese sorteo o entrega a las jóvenes que tuviesen lazos con las que fueron esposas de él hasta el cuarto grado e parentesco. Las cuales no serían pocas como supone P. Herrera (2001). El Obispo Armendáriz se encargó de señalar el elevado número de “parientes” que tenían Guilizasti y su esposa en la Habana, línea de parentesco principal de las esposas de Calvo de la Puerta. Las dotes debían ir a parar generalmente a esas parientes. Los conventos devenían un ámbito nuevo para la producción manufacturera; y la Obra Pía contribuía a esa empresa, aunque de forma no cuantitativamente representativa: solo 5 doncellas que en el año se acogerían al seno de la familia nuclear o al del Convento.

Las obras pías propiciaban fondos, entre otros aspectos, para dotes de doncellas casaderas. En la literatura revisada las hay para una, dos o tres doncellas. No pudo hallarse en esas fuentes, hasta el momento, una cifra mayor, lo que no quiere decir que no existieran, pero de todos modos el caso de la Habana es significativo. Se señala que los objetivos sociales, económicos o espirituales de esas dotes para doncellas son difíciles de deslindar en el fárrago de información de aquellas épocas, pero el objetivo expreso era paliar problemas de la moralidad religiosa de la sociedad relacionados con la difunción familiar (Cutanda Pérez, 2011: 107–136); pero que, evidentemente eran destinados a jóvenes que no poseían tales recursos; por tanto, es patente que se trataba de personas de un nivel social medio o bajo. El número de jóvenes a quienes era entregadas dichas dotes eran pocos, incluso como en la Habana que llegaban a cinco, por lo que es necesario suponer que se trataba de un hecho simbólico que significaba más para el prestigio de los fundadores, que para la solución del problema que se pretendía resolver.

Las posibilidades de recibir dotes de esa manera eran realmente exiguas, y representaban una expectativa que contribuiría a la estabilidad de las relaciones familiares y de la profesión de fe conventual; y por consiguiente sería también de tipo simbólico en ese plano. Ahora bien, las características apuntadas acerca de los conventos como espacios de actividad manufacturera femenina, además de lugares de profesión de Fe; permite suponer que tanto en este ámbito como en el círculo familiar lo que se pretendía era la propiciación de condiciones subjetivas favorables para la estabilidad de esas fuentes de producción de riquezas, que no por casualidad eran controladas precisamente por la jerarquía. La preferencia de los familiares del fundador en el otorgamiento de las dotes, en la Habana las parientes de las Pérez Borroto Bohorques, tal vez se refiera al papel de las estructuras familiares aún en esa época, siglo XVII, como parte de los mecanismos de contingentación de esos productos para su comercialización. El otorgamiento de las dotes, entonces, salvando distancias, funcionaría como una especie de «premio» que estimularía las compras de productos 300 años más tarde; en el siglo XVII, un “gancho” para incentivar la orientación de la fuerza de trabajo femenina hacia el mencionado tipo de actividad productiva. A la vez que asentaba el prestigio de los fundadores, al echar un manto sobre las ganancias provenientes de la usura en variados tipos de transacciones y el comercio, sin descartar al intérlope. El propósito religioso estaba muy imbricado en todo ello y en tanto a los conventos también consistía en una contribución más representativa numéricamente para la moral de la sociedad.

Décadas más tarde, cuando se produce la toma de la Habana por los ingleses, ocurre otro hecho puntual en relación con los fundadores y patronos de la Obra Pía,  que es digno de mención en relación con la reiteración, a largo plazo, de los lazos económicos y de parentesco de la familia: el Cabildo de la Habana que recibe al nuevo gobernador inglés, Conde de Albemarle, estaba constituido, prácticamente, por la familia Calvo de la Puerta, hasta el punto de que se le ha llamado «El Cabildo de los Calvo» (Cornide, 2003: 294 – 296 y ss).  … El Alguacil Mayor, Doctor Pedro José Calvo y Arango y su Teniente Don Miguel Calvo y Arango, era hermanos y a la vez primos hermanos de los regidores Doctor Pedro Beltrán de Santa Cruz y Calvo y Don Sebastián Peñalver y Calvo; todos hijos de Sebastián, Josefa y María Calvo de la Puerta y Gatica, a quienes se ha mencionado al tratar el Clan de la Obra Pía” (Cornide, 2003: 296). Los Calvo de la Puerta y Gatica eran, asimismo, descendientes de Beatriz Calvo de la Puerta y Nicolás Guilizasti y Millán de Bohorques, requintón de mestizo.

El Alcalde mayor de la Santa Hermandad Don Jacinto Tomás Barreto y Pedroso y el Alcalde Ordinario Don Mateo Pedroso y Florencia eran primos hermanos y descendientes de Martín Calvo de la Puerta (Ibdid: 296). El Regidor don Miguel de Sotolongo y Pérez de las Alas descendía de los Calvo de la Puerta. El Regidor Don Cristóbal Zayas Bazán y Zayas Bazán estaba casado con Luciana Castellón y Calvo, también del Clan de la Obra Pía. El alférez Real Don Gonzálo Recio de Oquendo, estaba doblemente emparentado con los Calvo de la Puerta Gatica, en ambos casos con el tronco de los Guilizasti (Millán de Bohorques) y Calvo de la Puerta. (Ibid: 297).

Las familias de ascendencia aborigen unidas entre sí y con las familias Calvo de la Puerta, Pérez Borroto, Guilizasti, Castellón y los Recio y Los Roxas, continuaron refundiéndose en torno a sus intereses y las estructuras de poder de la Villa, hasta el punto de que el Gobernador Inglés, acostumbrado a los semblantes caucásicos de su Inglaterra natal, en el primer encuentro con el “Cabildo de los Calvo”,  pudo quizás observar algunos rasgos mongoloides y ciertas tonalidades en la piel provenientes de América y por supuesto de África; aunque los «Calvos» se presentasen como españoles y blancos.

La constatación de estas líneas de `parentesco es un caso afortunado de aprovechamiento de la escasa información existente, gracias a historiadores como Francisco Xavier Santa Cruz, María Teresa Cornide, César García del Pino y otros; pero el fenómeno era mucho más generalizado. Desde las primeras décadas del siglo XVI, como se ha anotado antes, las autoridades españolas promovieron los matrimonios entre españoles e indias. Específicamente con hijas de caciques – los tres casos mencionados pudieran coincidir en ello; esto último tenía un propósito utilitario: se suponía que en una generación todos los caciques serían españoles; pero significó, además, que el Mestizo sería definido como Español (Schwartz, 1989: 7). En la Española en 1514, el 37 % de la población solamente esa casada y de esta cifra un tercio eran el producto de la unión legal o mejor dicho religiosa entre españoles e indias; pero se supone que el restante 63 % fueran casos de barraganía entre colonizadores e indias y mestizas. El vocablo mestizo aparece en los documentos a inicios del XVI y va escaseando progresivamente. Los mestizos se convierten en españoles. Se ha hecho referencia de un eufemismo utilizado en la época, para mestizos: “hijos de cristianos” (Schwartz, 1989: 8 – 11).

El padre Abbad La Sierra, en un viaje a la isla de Puerto Rico, a finales del siglo XVIII, observó en el pueblo de Añasco, que la población era mestiza y no se podían apreciar “las castas que habían generado esa mezcla”; lo cual había dado lugar a una comunidad de Zambos y Mulatos., donde no se podía hallar a nadie realmente Blanco. Pese a ello en Listados generales de lugar se hallaban Blancos y estos eran tomados por tales, cuando en aquel y otros pueblos la población era verdaderamente una mezcla (Abbad Lasierra, 1997, en Schwartz, 1989: 14 –15).). La categoría “Blanco” era una definición formal. Algo similar, en mayor o menor medida, debió ocurrir en la Habana.

En los criterios clasificatorios del mestizaje utilizados como recurso demostrativo en este capítulo se hace mención a esa terminología en Perú, la cual reconocía denominaciones hasta el cuarto grado de parentesco: Mestizo: resultado de la unión de español e india, Cuarterón: de la unión de Español y Mestiza, Quinterón: de la unión de Español y Cuarterona y Requinterón: de la unión de Español y Quinterona; y de aquí  en adelante “Torna a Español” o “Torna atrás”: unión de Español y Requinterón. En México, en cambio, se reducía solo al segundo grado de parentesco: Mestizo: unión de Español e india, Castizo: unión de Español y mestiza; y a partir de ahí, “Torna Atrás” (Español): unión de Castiza y Español.

Estas clasificaciones muestran cómo, en una sociedad y otra, la aceptación de los plenos derechos como Español, de los mestizos, se producía con más o menos rigor. En Cuba los autores no han hallado hasta el presente noticias de clasificaciones como estas, pero en el análisis de los Listados de Vecinos, en capítulo precedente, se ha podido apreciar que no hay definiciones oficiales para los mestizos en primer grado, pertenecientes a la jerarquía colonial: los Recio y los Roxas Inestrosa, ni los Pérez Borroto y los Guilizasti (Millán de Bohorques). Solo se mencionan los mestizos de Español o Porrtugués e india que desempeñan oficios. Pero ni siquiera respecto a estos se menciona nada como Cuarterón y sus variantes o a Castizo ( mexicanismo por Cuarterón de mestizo…”-Diccionario de la Real Academia Española, 1922). La jerarquía colonial habanera poseía un mecanismo de “limpieza de sangre” más flexible desde el punto de vista “racial” que los de las colonias del Perú y México. Y muchísimo más que en el ámbito anglosajón. Un 50 % de “sangre india” podía ser suficiente para que un indivíduo fuese considerado Español, mientras que en Estados Unidos, como señala el antropólogo Marvin Harris (1997:16 y ss), apenas un miembro de una familia no blanco basta para que los descendientes sean considerados negros. Un rasgo probablemente heredeado del pasado colonial. He aquí otro de los aspectos que aconsejan la remisión de los “dictados” de la Leyenda negra.

Este proceder de la sociedad colonial habanera y cubana, impulsó irreversiblemente la integración de los aborígenes en la población criolla y los aborígenes de diferentes partes de América serían asimilados en ese proceso. Las consistentes y numerosas inmigraciones de representantes de etnos africanos y peninsulares a la isla inclinarían la balanza progresivamente a favor de la apreciación visual de un aparente predominio de la composición hispano africana en la población habanera; que en el siglo XVII y siguientes sería realmente un conjunto mestizo donde participaban las tres fuentes; pero la mezcla con españoles sería el aspecto principal de la integración aborigen.  Se ha apuntado que el monto progresivo de nacimiento de niños de padres no conocidos, en la Villa, contribuiría también al rompimiento de los lazos de esos descendientes con sus orígenes, fuesen, indios, africanos o europeos, pero estos últimos tenían el “parentesco de nación” y la historia, respectivamente, para mantener la continuidad. Los aborígenes estaban escindidos por la disyuntiva clasista que en última instancia representaría paulatinamente la antinomia entre blancos y negros. Pero ni aun así ello significó necesariamente la desaparición de los portadores de tradiciones de la cultura aborigen en la Isla.

Al final de la serie cerámica del sitio Casa de la Obrapía, algunos detalles del comportamiento de las tendencias se plantearon que podían asociarse con un fenómeno catastrófico que se produjo en la Habana a mediados del siglo XVII. La gran epidemia de 1648 -1650, con características semejantes a las Pestes europesas de la época medieval; y como la crisis climática de 1539- 1580, un evento de magnitud mundial. Ello representó un golpe fortísimo para recursos materiales y humanos de las Villas de la Habana y Guanabacoa; y para los indios y sus descendientes fue una circunstancia particularmente negativa. Una relación de algunos fallecidos permite clarificar esta idea. M. T. Cornide (2003): ha señalado que en estos años murieron entre otros, el propio Gobernador Gonzalo Serrano y el Regidor Pedro Pedroso García. Fallecieron también los regidores Hernán Calvo de la Puerta (A.C. 6/7/1650, Foja 619) y Sebastián Calvo de la Puerta (Santa Cruz, 1940:1-20); el Regidor Alvaro Velázquez de Cuellar (A.C.20/10/ 1648, Foja 130), el Procurador General Nicolás Guilizasti Millán de Bohorques (7/2/1649, Foja 418); y el teniente de tierras, Diego Millán (A.C /11/1650, F. 643).

Se trata de dos importantes cabezas del grupo de poder que tenía secuestrado el Cabildo: Sebastián y su hermano Hernán Calvo de la Puerta; Pedro Pedroso García, asociado a dicho grupo, y Nicolás Guilizasti Millán de Bohorques y Diego Millán, quinterones de mestizo, con lazos de parentesco directos en el Clan de la Obra Pía. Y Alvaro Velázquez de Cuellar, también miembro del grupo del Cabildo y requinterón de mestizo por los Roxas Inestrosa.Este testimonio de mestizos de indios perteneciente a la jerarquía habanera, desaparecidos en estas fechas, prueba que aunque de manera no tan inexorable como el mecanismo de aceptación y ocultamiento del mestizaje que mantenía la sociedad colonial; y a la manera del nacimiento de niños sin padres reconocidos, la mortandad provocada por la epidemia debió contribuir cuantitativamente a cercenar la continuidad de los lazos de parentesco de muchas familias de ascendencia aborigen. Sobre todo las que no tuvieran un nivel de riquezas notable, como sí es el caso en el Clan de la Obra pía, para instrumentar y salvaguardar los registros documentales de sus ancestros.

Otra muestra de estos hechos es la estadística de fallecidos proveniente de la Parroquial Mayor en los años de la epidemia (Herrera, 2005: 161):

FALLECIMIENTOS POR AÑOS:

1645: 87

1647: 106

1648: 134

1649: 562

1650:148

Resulta notable la diferencia entre el año de 1649 y los que lo preceden y suceden. Una distribución de esos casos en este año, entre varones y hembras de los vecinos “Blancos” y “de Color”, resulta ilustrativa:

AÑO DE 1649

BLANCOS                   DE COLOR

MESES    VARONES   HEMBRAS   VARONES   HEMBRAS

ENE                5                     2                      1                  0

FEB                5                     5                      0                  0

MAR              2                     1                      0                  0

ABR               2                     1                      0                  0

MAY              2                     2                      0                  0

JUN                0                     2                      2                  0

JUL                3                     4                      1                  4

AGO          136                    72                     2                  2

SEP            139                    96                     1                  7

OCT             17                      7                     2                  1

NOV            12                      8                     0                  0

DIC                9                      4                     0                  3

TOTAL      332                  204                     9                17

 

Es abrumador el número de fallecimientos de Blancos respecto a los “de Color”, lo cual resulta muy significativo. Si no se trata de que los blancos eran atendidos preferentemente en la Parroquial Mayor ¿querría decir ello que los sectores de menos recursos que generalmente se asocian a la población mestiza resultaron mejor protegidos a los embates del mal que los blancos? Parece poco probable. Conforme indican los argumentos expuestos, la causa podría ser que en ese monto de Blancos se contuviera el porciento mayor del mestizaje habanero: Indio – Español, en el que los abuelos de mestizos como Nicolás Guilizasti, Diego Millán y Alvaro Velázquez de Cuellar, habían sido considerados Españoles dos generaciones atrás. El escaso número de fallecidos de Color podría estar relacionado con la residencia de grupos de indios y mestizos aún en el entorno de las villas, donde se realizaban manufacturas para ser enviadas a la ciudad; desde el ámbito familiar más protegido del contagio que los espacios públicos vinculados con la actividad comercial urbana. En la muestra se aprecia sobremortalidad masculina entre los “Blancos”, mientras que en los “de Color” las mujeres fallecidas resultan casi el doble de los hombres.Quizás por el exceso de población femenina y la vinculación de parte de esta con el mercado.

La “conversión” de los Mestizos en Blancos es uno de las cuestiones más importantes en el proceso de integración de los aborígenes en la sociedad colonial; pero no se trata de un proceso aislado ni simple. Las inmigraciones africana y europea añadieron al proceso una gran complejidad. Según S. Schwartz (1997:12), en las Antillas los mestizos, primeramente absorbidos por los españoles devinieron aceleradamente parte de la población parda y mulata, y el final del proceso fue el surgimiento de la sociedad criolla. No obstante, es necesario anotar aspectos divergentes en el caso de Cuba.

(*) Capítulo XII del Libro: “De los Cacicazgos a San Cristóbal de la Habana” de los mismos autores.

 

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