Tres Cuba, A, B y C: enfoque y perspectiva*

Por: Dr. Callejas

Cuando en 1989 visité la Biblioteca Nacional de Cuba, particularmente la Colección Cubana de libros raros y valiosos, me topé con la insólita referencia de la existencia en la colección Manuscritos de Juan Pérez de la Riva del libro inédito titulado La conquista del espacio cubano¹. Escrito a mano sobre una libreta de tapa azul, el manuscrito se notaba ojeado y pulverizado por el tiempo. En una entrevista concedida a Ramon de Armas para la Revista Universidad de La Habana² antes de morir en 1976, Pérez de la Riva esbozaba las directrices generales del proyecto-libro inédito que pretendía concluir y publicar. El libro fue definitivamente publicado en el 2004 por la colección La fuente viva de la Fundación editorial Frenando Ortiz³.

Mientras tanto, el libro inédito fue objeto de muchas consultas, pero poco o nada citado. Jorge Ibarra no solo menciona al libro sino lo comenta y pone referencia en un estudio particular sobre las formaciones sociales de la esclavitud patriarcal en las regiones del oriente cubano⁴. Ibarra propone que el enfoque del libro para una Cuba A y B constituye una aproximación concreta para elaborar una historia científica de la conformación regional y local de Cuba. Oscar Zanetti, en un trabajo Juan Pérez de la Riva, un adelantado, se refiere a que “convencido que la presencia humana en un espacio determinado, por su cuantía y duración, por sus patrones de asentamiento, por la medida y manera en que se explotaban sus recursos naturales, ejerció una influencia decisiva en la modelación de nuestros paisajes, en la entidad de las regiones cubanas, Juan se lanzó a la monumental empresa de reconstruir el poblamiento y la explotación del espacio insular a partir de disímiles fuentes de información”.

Un relato de esta naturaleza nos limitaría a concebir cómo se configuraron ciertas características del poblamiento y el éxito de esa conquista. El estudio de Julio le Riverend sobre La Habana, espacio y vida, puede arrojar luz sobre el enfoque ontológico del ser espacio. Pero deberíamos trabajar el determinismo de la acción y transformación del hombre sobre el espacio. ¿Por qué no preguntarnos al revés, cuál es la acción del espacio sobre el hombre? ¿El espacio no es el Ser ante el hombre? Concretamente, el enfoque de la Cuba A y B que hay en La conquista del espacio cubano delimitaba y dibujaba dos grandes conjuntos o bloques de la cultura regional de Cuba. La Cuba A caracterizada por el dominio del sistema de la plantación esclavista y la Cuba B por el sistema de hacienda y la esclavitud patriarcal⁵. Para Ibarra, aclarando dudas y críticas mal intencionada sobre el enfoque de Pérez de la Riva, consideraba entonces que ya en ambos macros conjuntos regionales se delineaban varios subconjuntos dentro de la gran región, desde luego, sin estimar que en (en la región) podía cambiar el enfoque del positivismo hacia nuevas consideraciones del Ser y el éxito en el espacio.

El enfoque de La conquista del espacio cubano guarda relación con el complejo disciplinar de las ciencias sociales y culturales. Pérez de la Riva había sido un geógrafo que devino en demógrafo e historiador introductor en Cuba del pensamiento historiográfico de la escuela de Anales de Francia, particularmente las incursiones historiográficas se su fundador Mach Bloch. La Cuba A y B se sostenían sobre la base de un planteamiento económico demográfico en una historia de cómo las instituciones económicas y sociales conquistaban el espacio exterior a cuenta de la circulación del mercado interno e internacional. El marcado carácter regional de la Cuba A y B parecen desdibujarse en el siglo XX con la homogenización del mercado nacional y la emigración hacia el exterior de cubanos después de 1959.

Aun cuando este esquema o modelo de investigación pretende quemar las naves, todavía hoy se siente en Cuba las particularidades de cada región. Las diferencias se notan, a mi modo de ver, en la forma de la conquista del lenguaje sobre cada lugar.  Una economía socializada para toda Cuba no permite exhibir diferencias. La cubanidad de hoy está regionalizada a través de la conquista del lenguaje sobre el espacio. El éxtasis se logra, de una forma u otra, mediante referencias extra sociales.  Por ejemplo, gran parte de la región oriental de Cuba está identificada con la serranía, muchas veces con un elemento geográfico, como los bayameses con el rio Cauto. Podemos intuir que todavía existe la Cuba A y B, pero muy relativas. El factor estriba en un cubano volcado enteramente a una existencia en la cercanía. Agregar además una Cuba C en el exilio y la diáspora.

Pero aquí, la conquista de la Cuba C se produce mediante los textos. La memoria para conquistar el nuevo espacio es, en los principios, libresca y testimonial. Guarda estrechamente relación con la necesidad de transcender la extrañez y agarrarse del sentido existencial de la memoria. Las configuraciones locales aquí se han vista agredidas por la sociedad de las espumas. Cada cubano puede hacer, pese a la individualización de la vida en paredes finas, de su residencia inmediata una región cultural. No importa que viva en California, Las vegas y Atlanta, cada región cultural se lleva en el lenguaje y el soma espiritual. Puede conquistar el espacio interior de la cubanidad en el interior de la individualidad. E incluso puede portar.

___________

 

*Nota: En este texto empleamos una síntesis de un texto mayor que en algún momento se publicará. Algunas de estas ideas se emplean en el libro Manifiesto Convencion: la cubanidad como imagen del mundo. Edicones Exodus, 2018.

¹ Fondos manuscritos, ubicado en: (Ms- 87-2- No. 27)

² Ramón de Armas, entrevista publicada en el número 207 de la revista Universidad de La Habana.

³ El libro se puede leer en la Biblioteca de la herencia Cubana de la Universidad de Miami

⁴ Jorge Ibarra: Regionalismo y esclavitud patriarcal en los departamentos Oriental y central de Cuba”, Anales del caribe, No. 6, 1986

⁵ Para un modelo de la Hacienda y sus regiones, Angel Velázquez Callejas: La hacienda de Bayamo, Editorial de Ciencias Sociales, 1996.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*