Trascendología: ¿ciencia nueva?

Por: Dr. Callejas

No pretendo crear la noción Trascendología para una teoría de la ciencia, un sistema de conocimiento. No le confiero al término una visión colectiva, que augure en el saber una utopía para todos. Aunque en él se desenvuelve un proceso deductivo, lógico y hasta cierto punto fenomenológico, se trata de un método y de una técnica para alcanzar la transformación humana.

Trascendología contiene tanto la lógica como el proceso mismo de trascender lo lógico a lo existencial.

No solo te proporciona la pregunta, sino la duda de la pregunta misma para trascender hacia lo existente. En el campo de la filosofía, Descartes abrió la pregunta de cómo dudar sobre la certeza yo existo, y luego Husserl la reduciría hasta la conciencia misma para convertirla en fenomenología, en ciencia eidética de los conceptos.

Por ese mismo camino desarrollado por Husserl, de que la conciencia tiene un límite, Jacques Derrida desarrolló la idea de que el significante del lenguaje lógico es escritura. Tal como pudo escribir Husserl en Meditaciones cartesianas, el significado de las meditaciones está en la fenomenología de la escritura (metáforas, signos, símbolos, palabras). De ahí que Derrida acuda al término gramatología para designar la ciencia de la escritura. Transcendología, en cambio, busca el significado oculto, adentro, desde el interior. Desde afuera, gramatología solo puede dar la señal. Puede responder lógicamente, pero no será una respuesta viva, auténtica ante la vida.

Trascendología no es “trascendentalismo”, la visión lógica sobre algo que debe cambiar. Naturaleza de Emerson puede ser un texto objeto de estudio de la gramatología derridiana, se puede deconstruir, porque el sujeto lo ha entregado así, con la función deconstructiva. Insiste en una visión filosófica de los conceptos sobre la vida y cómo debe ser el nuevo intelectual norteamericano. Con trascendología se pierde la lógica de la hermenéutica escritural. Trascendología propone un impulso poético más allá de lo racional (hermenéutica) en la deconstrucción de cualquier texto. Trascendología es la semilla, el origen, el silencio, la base de la doble manifestación (racional y deconstructiva) de los textos y parlamentos de la escritura y el habla.

La mente y sus modificaciones en cualquier contexto histórico (tiempo y ser) forman un círculo vicioso que conduce a ninguna transformación esencial. El padre de la deconstrucción, Jacques Derrida, reconoce al final de su vida estar agotado y desconcertado por la práctica de la deconstrucción de textos, pero no puede olvidarla. Su gran motivación final, dice, la “deconstrucción”, es afirmar la vida. ¿En qué sentido? Si no aprendió a aceptar la muerte, ¿cómo puede ser afirmativa la vida? Derrida se encuentra en la misma situación del inglés Cyril Joad, que para sobrevivir tendrá que filosofar, no pensar en la muerte. Pero no hay en esta situación regreso de la melancolía, de lo afectivo dentro de las categorías mentales, narrativas y textuales. Nada de esto sobrevivirá a la muerte. La angustia provocada por no saber morir, por no saber existir, será determinante en la compresión profunda sobre el ser humano.

Hermenéutica (Hans-Georg Gadamer: Verdad y método. Fundamentos de una hermenéutica filosófica) y “Desconstrucción” (Jacques Derrida: De la gramatología) vienen  a ser variables modificadas de la mente. Variables pos-metafísicas ordenadas a partir, la primera, de la racionalidad del texto, y la segunda de la incertidumbre en la superficie de los textos. Pero ambas se derivan de la mente modificada en tres partes: pensamiento, imaginación y memoria.

La hermenéutica reconstruye la lógica del texto; la deconstrucción lo destruye para inventar un nuevo. Pero evidentemente,  ninguna de las dos propuestas conlleva  una transformación esencial del ser humano. La hermenéutica es un bello juego de la conciencia inmediata con el objeto que es el texto (ser consciente del texto), como la deconstrucción es estar consciente de las aporías del texto. Consciente del texto es  todavía permanecer en  estado de ensoñación,  juego de modificación mental. Ambas formas de concebir textos,  estados de la conciencia que refleja el   deslizamiento natural lógico del “yo” desde la supuesta sustancialidad a una sutil actividad. Se puede “desconstruir” y “reconstruir” textos en la medida en que la lógica advierta y asegure que  “yo” se determine como actividad, proceso que nunca llega a convertirse en sustancia.

Derrida pregunta si el “yo” existe verdaderamente. La no existencia del yo como sustancia, sino como un complicado proceso de palabras que no termina en conclusión alguna, se ocultará en cualquier texto que se ha deconstruido y reconstruido a sí mismo. Lo que la hermenéutica ve son las apariencias del fenómeno textual. No ve los movimientos internos que observa el deconstruccionista. Pero éste tampoco ve la no existencia del proceso mismo: no ve la transcendencia.

Si el hombre tomara conciencia de ese juego interno que son los textos y parlamentos, caería en la cuenta de cómo un fenómeno se origina sobre otro fenómeno. Alcanzaría a ver que no se trata solamente de estar consciente del texto, del lenguaje, sino consciente de esa  conciencia sobre el texto. Se desplazaría fuera de la trama del yo y buscaría una transformación, una visualización más amplia en cuanto a “quién soy yo que observa el texto”.

Se impone una nueva noción, o se impone echar a un lado las nociones y las abstracciones. Por eso a veces resulta difícil acuñar un término.

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