En Tiempo de la Colonia: “Un Cérnicalo guerrillero mambí”

Por: René León

Entre las tantas historia costumbristas de ese gran historiador, escritor y político espirituano Manuel Martínez Moles, en su Contribución al Folklore, nos dejó muchas de ellas muy interesantes, donde nos demostraba el carácter de los españoles de aquellos tiempos, que después aparecieron en Tradiciones,  Leyendas  y Anécdotas Espirituanas.

Como es natural voy añadir algunos otros datos extras, para ponerle más salsa, como se diría hoy en día.

En Sancti Spíritus había un cernícalo que los cubanos le habían puesto por nombre “Perico”. Se pasaba su vida posado en lo alto de la iglesia de la ciudad. Desde allí no se perdía ni pies, ni pisadas, como se dice, pero en este caso, el movimiento de cualquier pájaro, o lagartija que andaba extraviada. La guerra había dado comienzo en las provincias de Oriente, y Camagüey, pero no había llegado con toda su fuerza a Sancti Spíritus, sólo amagos de pequeñas escaramuzas. Cosa esta que molestaba a los españoles y los supuestos “valentones voluntarios”, que se comían el mundo hablando basura.

Un día un vecino español, como es natural, llamado Pancho Carús, se le ocurre ordenar a España, varias docenas de “gorriones” pájaro que simbolizaba a los Españoles. El tal Carús, decía que estaba cansado del cantar de nuestras aves. Va, este español en pocas palabras era un AMARGADO, por no decir otra cosa. . Recibe un mensaje en burro del poblado de Casilda en la costa Sur, de que habían llegado  los gorriones. La mayoría venían mareados y con diarrea para ser finos, problemas estomacales. Algunos murieron en la travesía que se demoró como treinta y cinco días. Fueron trasladados en burros y algunos en caballos a Sancti Spíritus. Carús estaba loco de alegría, los pájaros al fin habían llegado. Se le pidió  al  sacerdote  que tocara  las campanas  para recibirlos como se lo merecían ellos. Las autoridades fueron invitadas al recibimiento. Mientras todas estas cosas iban pasando, Perico, desde lo alto de la iglesia, veía todo aquel movimiento raro, y se preguntaba, (como es natural en lenguaje de los pájaros) QUE RAYOS PASABA. Puso buena atención a la Plaza de la Ciudad, donde empezaban a llegar los burros con la lengua afuera,  de lo largo del viaje, los caballos no venían tan cansados.

Se enarbolo la bandera Española, el Alcalde dijo unas palabras de recibimiento, Carús se puso una bandolera con una medalla, que decía era de un antepasado (sabe Dios si sería un sinvergüenza como él).

Los vecinos españoles entonaban cantos. Los cubanos  desde lejos observaban todo esto, unos se reían de la locura de Carús, otros se mantenían callados. Perico, vigilaba todos los movimientos. Al momento de abrir las jaulas y soltar los gorriones, y ver Perico que los pájaros estaban desorientados y cansados del viaje, sale a la caza de ellos, y se dice a sí mismo “banquete” y a coger gorriones que eran enemigos de los pájaros cubanos. Los cogía al vuelo con sus garras y los mataba. Los españoles le gritaban al cernícalo “asesino, asesino mambí” y le tiraban  piedras, gracias a Dios ninguna le dio. Los vecinos cubanos aplaudían a Perico. Un voluntario dijo de tirarle con un cañón viejo, pero el sacerdote dijo que no, pues podían darle a la iglesia. Carús desorbitado se fue corriendo a su casa que estaba frente al parque a buscar su escopeta, y de un certero tiro fulmina al guerrillero cernícalo. Gritando a todos aquellos que lo escuchaban, que así iban a morir los guerrilleros mambises. Cogieron a Perico y lo pusieron en el parque como ejemplo. En las casas de las familias cubanas esa noche lloraron por el valiente Perico, el guerrillero mambí.

Colorín, colorao, la historia se acabó. Ahora nosotros en el exilio gritemos “VIVA PERICO”  VIVA CUBA LIBRE”.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*