El teórico-escritor y la diferencia academicista

Antonio Lobaina

Es difícil a veces mantener una mensurada relación entre el ejercicio fenomenológico-epistémico y la narración literaria. Si algo diferencia la actual actividad del teórico-escritor con la prosa académica es esta: por lo general, la prosa académica se sustenta en elementos pre-elaborados sacados de anaqueles narrativos, como objetos de tienda de Ikea, para ser empalmados ; por el contrario, el teórico fuera de la academia un individuo que  se acerca más a la compleja relación de la sintaxis y el estilo narrativo, intentando registrar nuevas matices  idiomáticos y verbales al margen del cualquier normativa al uso. Se ajustan a normas clásicas.

Otra diferencia se observa en las formas de alianzas.  Los académicos establecen vínculos cerrados entre el estar en los intramuros de las universidades, institutos y centros de estudios e investigaciones y las imprentas de libros como unidades bio-tópicas cognitivas. No salen a la esfera publica. Transcurre allí el  monologo de la cultura epitémica. El teórico fuera de las academias, en cambio,  busca la relación con los medios de comunicación y tranzas alianzas con la polis en virtud del debate público. La ciudad le confiere al teórico-escritor un espacio alternativo y una complicidad democrática.

Y dicho esto, aparece una tercera diferencia. La democratización del objeto de la investigación como narrativa literaria. Combinación cuya exposición permite explicitar ciertas temáticas que hasta ese entonces habían permanecido ocultas, implícitas entre las ruinas del lenguaje académico al uso. Temáticas que se enriquecen en el perenne contacto del debate público sin ninguneo.

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