Teatralidad pictórica en la obra de Alexis Pantoja

Por: Dr. Callejas

En lo profundo, en las determinantes estructuras sociales y culturales subyacentes, Cuba es toda una metáfora de la vida en sueño, del tipo de sociedades medievales (románticas) que duermen y sueñan con la maldecida circunstancia que les rodean el castillo y la ciudad. Sea el agua, la geografía, la naturaleza cultural de la isla, Cuba reafirma a lo largo y ancho de su territorio una plasticidad teatral virulenta, evanescente, mediante la cual la conciencia nacional prefiere disolverse en el absurdo y lo paradojal, o marginarse en lo grotesco y lo mordaz. No cabe duda que la cultura cubana usa desde siempre ese doble lenguaje expresivo para mitigar la no correspondencia de los sueños con la realidad, con la circunstancia que le es afín que termina maldiciéndola; de ahí que en el subconsciente construya, haga suya, toda la a escena teatral cuyo drama se torna apoyada por dos columnas que sostiene a ese teatro (o teatralidad): el absurdo por una parte y el poder por la otra.  En medio de esa doble circunstancias la obra pictórica de Alexis Pantoja intenta reflejar ciertos códigos (matices) y metáforas visuales que presuponen la identificación y desmitificación de esa realidad.

¿Por qué en casi todas las piezas pictóricas Pantoja representa a personajes en forma de sueño? ¿Qué se apoya detrás del ensueño personificado en figura humana?

Si observamos la realidad actual cubana desde la perspectiva consciente, desmitificada de toda teoría filosófica y cultural, el escenario de esa realidad se nos presenta como la gran máquina cuyo engranaje se mueve perfectamente a través del uso del poder y de lo que se convierte en absurdo sobre ese poder. Es decir, no habrá delimitación espacio y tiempo cuando el deseo pasa a ser el absurdo y cuando el absurdo pasa a ser el deseo. No hay delimitación en la concurrencia, pero hay desplazamiento orgánico, cuántico. No podremos determinar cuándo, pero si captar el desdoblamiento, que nos lleva a inferir conceptualmente la maldecida circunstancia de la existencia.

La objetividad conceptual de no poder determinar cuándo la fuerza del poder contribuye a padecer la ironía, colma toda la obra pictórica de Pantoja. Si miramos profundamente en los cuadros la realidad se nos presenta desdoblada, pero sin distinguir cuándo. De ahí lo absurdo, incluso lo grotesco de la plasticidad. El espacio pictórico se nos revela teatralidad entre los dos referentes metafóricos que constituyen las figuras en sueños y las circunstancia que lo rodean, objetos medibles a la razón práctica. Por ello se hace  inamovible el espacio, pero si vallamos a una reconstrucción cognitiva (lo que realmente se puede considerar conceptualmente como metáforas pictórica) se muestra  infiriendo  una movilidad orgánica como cuando entra en contacto con la escenificación real (de la vida que transcurre) de la cultura cubana.

Hasta donde sé, la historia de la plástica cubana ha estado al margen a esa teatralidad orgánica y sistémica porque no ha comprendido a fondo los distingos de una cultura que se sumerge en la vida en sueño. Bien por un lado, la dinámica de las artes plástica en Cuba solo reconstruye ciertas partes de ese todo orgánico; bien por otro lado distinguen una forma metafórica de esas partes. Las artes plásticas aun continúan por el sendero de atribuirle arte su propia dinámica de conocimiento y sensibilidad. Pero en este caso, “la teatralidad pictórica” de Pantoja asume la sutileza del desdoblamiento en todas sus partes orgánica y el resultado pudiera ofrecer otras interrogantes al tema culturologico sobre la mal ponderada apertura de cambio en la cognición poética de las artes plásticas en Cuba. Se trata por ahora de alejarse de esa incertidumbre artística por la cual el arte no responde a nada, sino a lo que desee responder. La “teatralidad” no es una poética en sí, sino un camino hacia la poesía, hacia el acto poético, hacia la desmitificación del arte por el arte. La teatralidad es una representación conceptual, aun todavía por superar, de una meditación poética. De esa “teatralidad” que acabamos se reseñar, base de la obra pictórica de Alexis Pantoja,  surgen  las siguientes preguntas, a las cuales más adelante un esfuerzo crítico podrás responder satisfactoriamente.

¿Por qué la representación de las diversas formas de realidades al mismo tiempo constituye la teatralidad?

¿Qué pasos cognitivos da el sujeto pictórico para que resultase ese enfoque de teatralidad?

¿Qué indujo al sujeto pictórico al desdoblamiento sobre la realidad escenificada en torno a la cultura cubana?

¿Por qué duermen los personajes y las figuras plásticas dentro de una diversidad real que parece estar despierta y viva?

¿Qué da orden y sentido al cosmos pictórico de la teatralidad?

Yo veo las respuestas inmediatamente: comienzan a tomar sentido cuando las mismas asumen el reto de pintar a partir de esa maldecida circunstancia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*