Ser ahí el poema

Por: Galán Madruga

Insisto en la frase del poeta rumano-alemán Paul Celan, quien se estableció formalmente en Francia a partir de 1948:

“La poésie ne s’ impose plus, elle s’ expose”.

La obra poética nos puede “testimoniar” algo incluso a nosotros, a quienes nos hemos evadido de la forma, ya que es del todo evidente que ella no encarna ninguna intención de cohibirnos. Lo contrario, lo que se ha “expuesto” a sí mismo y se ha mantenido a salvo en la prueba de la observación y la crítica alcanzaría una potestad que no se ha apropiado. En la arena de la creación poética, donde se exponen los frutos y las disoluciones de la creación estética, puede operar una preponderancia del poema y no ser apreciado por quienes se protegen de no asumir la autoridad de ningún emperador por encima, ni antiguo ni nuevo.

Sucede con el “buen poema”, cuando este posee el rango (altura) de autoridad de exponerse y decir algo de lo superior sin tener que subyugar y reprimir a sus interlocutores. Pero lamentablemente todos los días aparecen nuevos versificadores que reciclan temas, abusan de las formas cuyas “poéticas” participan en antologías y otros medios sin convertirse en la autoridad desde lo alto.

La frase de Celan ante citada invita a la trasformación del poema en mensajero. El poema que logra ser entendido es lenguaje, lo cual entraña, en la antípoda, la idea de que el lenguaje inerme por el poema se transfigura en simple palabrería versificada. A partir de que el poema se ahorra en cosas privilegiadas (la condición humana es una generalidad), y facilitando una perífrasis por esas cosas privilegiadas surgen móviles para la expectativa de la autoridad poética. El privilegio del objeto poético expuesto cede paso -según la visión de Celan-  al cambio de la imagen metafísica por la “imago” de la exposición real: !ser ahí el poema!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*