¿Razón poética?

El poeta en Actos

Se trata de la reflexión preliminar acerca del concepto razón poética, núcleo central de las reflexiones filosóficas de la española María Zambrano. Se trata, en suma,  de medir ciertas cuestiones fraseológicas contemporáneas como “aquí y ahora”,  “vive el momento”, demodé  intelectuales  cuyas exigencias   textuales  confirman una vez más la negación de la vida.

Hablar de la vida desde la filosofía no constituye nuevamente  volver a negar y desconfiar de la vida. La poética de la razón en la temporalidad subjetiva de María Zambrano sirve de introducción y aproximación al proyecto reflexivo sobre la poética del impulso.

Existen tres niveles por donde pasa la energía pensante: a) el intelecto, b) el sentimiento y c) la conciencia. El intelecto, el modo lógico del pensar los objetos; el sentimiento constituye la experiencia lógica y la conciencia predetermina tanto al objeto como a la experiencia sentida. Y más allá de ellos, más allá de estas experiencias, la intuición, que  torna consciente al intelecto, el sentimiento y su conciencia. El pensamiento de María Zambrano queda situado, hasta donde alcanzo a ver, en el segundo nivel, en el sentimiento. En la manera que la energía pensante pasa y se transforma en sentimiento,  la energía pensante se trasfunde en experiencia sentida, en sueños etéreos. El soñar en el segundo plano de la realidad produce  el truco, de como funciona, ocultándose, la invención de la mente humana.

De no tomarse en cuenta esta distinción metódica, no podríamos entenderse a fondo en qué consiste la noción de razón poética. No constituye  una razón práctica sobre la realidad, sino sobre los sueños y los deseos eternos que siente la humanidad. La aportación de la Zambrano al conocimiento es significativa, pero no deja de ser una limitación para alcanzar el nivel último de la realidad. Aun cuando la energía pensante llega a transformarse en experiencia sentida, en razón poética, constituye un fenómeno “experiencial” único dentro de los límites de la temporalidad del sujeto, que siente la experiencia, que sueña y desea la libertad. Pero esta condición del sentimiento desafortunadamente nunca llega a ser real. De ahí que sentido “poético” dado a la razón sirva de pretexto a la escritura como  diálogo sentimental y cumpla con el rol esencial en las expresiones  sentidas de la experiencias, desde luego subyacentes a la lógica del intelecto.

De modo que, a partir de aquí asistimos a la  tendencia,  muy marcada hoy en día, que jerarquiza en la razón poética la relación o el diálogo con  el amor como fuerza superadora. El impacto de que Zambrano para mucho es una pensadora, filosofa también, se produce una  ruptura esencial respecto al antiguo enfoque racional, de la razón masculina. Los lectores y estudiosos (Actas, III Congreso Internacional sobre la vida y obra de María Zambrano; María Zambrano: palabras para el mundo) sienten la vibración de una escritura que obedece más a la racionalización intuitiva, al sentimiento, al dolor, a la tragedia, que a la racionalización del pensamiento positivista y fenomenológico. En este sentido, la mayoría de ellos concuerdan en un punto. Como dice el profesor Juan Fernando Ortega:  “Zambrano, desde sus primeros escritos, estaba convencida de que el “racionalismo” había llegado a su fin, la metafísica racionalista tradicional era historia”.

¿Qué sucedía en el terreno del conocimiento que la Zambrano se planteara un nuevo enfoque de  entender la vida? El misticismo, la tradición de la ciencia oculta, el ocultismo, atravesaba y manipulaba el centro del intelecto. La transformación de la vida en el racionalismo sutil, más alogico, sopesado a la conciencia humana, había comenzado a finales del siglo XIX y principios del XX por tres grandes mujeres, Madame Blavatsky (Isis sin velo, La doctrina secreta), Mabel Collins (Light on the Path) y Annie Besant (The Doctrine of the Heart), las tres fundadoras miembros respetados  del movimiento teosófico. Tal y como estas tres mujeres, mediante el conocimiento teosófico, intentaron capturar la crisis del mundo occidental en base al budismo esotérico  para convertir al hemisferio al hinduismo, Zambrano apostaba por la fenomenología y proponía detener dicha crisis con la noción razón poética.

Con la teosofía la mujer interviene buscando fenómeno experiencia/Dios, y Zambrano no sería ajena a lo que después se interpretó como movimiento feminista sobre el conocimiento de Dios. La mujer era mas dotada para la sensibilidad la hora de  lo sagrado y divino. En el libro El hombre y lo divino, Zambrano deja entrever la existencia del carácter femenino, poético de la conciencia. Carácter que no puede ser atribuido al género. Sin embargo, la mujer, por la condición que la caracteriza,  puede experimentar en abundancia  los fenómenos sensibles en el plano donde la intelectualización no tiene mucho que aportar.

Ahora bien, ¿hasta qué punto la  relación amorosa formaba parte también, sutilmente, de la caída, sentimental quizás, de lo femenino, tal y como el hombre cae enamorado a los pies de la mujer y viceversa? ¿No seria la obra de Zambrano la propuesta inconsciente de la realización de la caída universal más laxa, pero caída al fin en que lo femenino tiende a obstaculizar de algún modo el despertar de la conciencia humana? ¿Estaríamos ante el fenómeno de la creencia femenina, del conocimiento pos-racional e ideal profesado por la filosofía, trasformado en razón poética? ¿Se trata sobre cierta confusión entre la intuición, la energía pensante y del objeto de la experiencia sentida? A mi modo de ver, y hasta donde he leído a Zambrano,  nunca se esclareció semejante dicótoma. Doy por establecido a la  intuición  como componente modificado de la experiencia sentida. Zambrano no profundizó más allá de la posible separación y por eso intentó unificar, en filosofía y poesía, dos extremos en una misma concepción: razonar poético.

Hasta cierto punto es posible razonar sobre la experiencia sentida, pero entonces no seria una experiencia, sino la forma dinámica del ejercicio del intelecto sobre la experiencia. Desde luego, no duda asitemica en la  recuperación del concepto “amor”, obtenido de la antigua tradición filosófica humanista y que haya significado un aporte sustancial en los días posteriores al Husserl (La fenomenología y la crisis del hombre europeo) cuando se declaraba que  Europa era en la de década de 1920  “como una vida corrupta, con un destino oscuro, sin ningún destino impenetrable”. El fenómeno español, por ende, no fue ajeno al fenómeno europeo.   ¿Cuál es la ventaja de la noción razón poética sobre  razón vital en función de superar la crisis europea y española, o sea, la crisis de la ciencia y la existencia del hombre moderno? No hay diferencia y, si me inclinara por una, lo haría por la razón vital. ¿Por qué?

Aquí radica el misterio del fin del idealismo. La razón poética es la razón sobre la experiencia sentida, que constituye también un ideal. Razón vital es la experiencia sobre la “energía pensante”, sobre la conciencia de la energía, impulso consciente igualmente intelectualizado, expresado en palabras. En Historia como sistema, Ortega y Gasset ataca la fenomenología diciendo que a través de ese enfoque (la razón poética pertenece a ese enfoque fenomenológico también) Husserl había llegado a experimentar la crisis de Occidente. Pero que la razón vital no constituía una razón con ideas, con crisis, sino sin ideas, sin nada que la perturbara. Esta es la diferencia que no se llega a esclarecer del todo: la razón poética es la noción con ideas, con proyecciones de futuro, con sueños y posee la perspectiva poética en virtud de alcanzar los objetivos que supone desplazarse por el canal de la temporalidad –invención– subjetiva del sujeto. La razón vital, por el contrario, constituye la existencia de energía pensante sin atributos y acomodamientos; es Ser fundamental, existo primero, luego puedo pensar sobre las experiencias y los fenómenos existentes.

¿Qué se quiere afirmar con razón poética? Reafirmar el lenguaje. Abrirse a un nuevo relato. Una literalidad poética de la razón en el sentido de cómo el ego proyectaría los sentimientos de la abulia existencial. Cómo matizar la vida, si vivir tiene sentido. Si para contextualizar un problema, la falta de algo, la  crisis existencial, entonces no sirve a la transformación humana. Zambrano estaba interesada al parecer en una “contextualización” del fenómeno  Dios, sagrado, del hombre; pero el pensamiento no conlleva, como afirma Carmen Revilla en Sobre el ámbito de la razón poética, una función para la vida. El pensamiento no llega a rendir la experiencia existencial, real, en los individuos, sino la temporalidad de la razón basada en el conocimiento de lo sensible, de los sentimientos intuidos y, por supuesto, imaginados. “Razón poética”  imagina, inventa, como aliviar el dolor dramático,  el trágico  ser de inventar el futuro.

Razón poética  también parte de la dimensión del tiempo experimentado subjetivamente. Habremos de ver esto más adelante en otro lugar, pero es necesario abordar las contingencias del tiempo como subjetividad en la obra de Zambrano para entender por qué la noción razón poética trata de aislar otras modalidades como la orteguiana razón vital. De entrada, como dice Ouspensky en un  imprescindible texto, Un nuevo modelo del universo: “Los principios del método psicológico en su aplicación a los problemas de la ciencia, la religión y el arte, el pasado y el futuro no forman parte de la unidad del tiempo”. Ouspensky dice “pasado” es memoria y el “futuro” imaginación, unidades subjetivas.

En Sobre el tiempo, Xavier Zubiri señala la estructura modal, el modo como el tiempo se expresa en la cosa temporal; componente esencial, unificado, de la dimensión de los caracteres descriptivos y estructurales que lo forman; y de esta relación doble surge  por qué debe ser también considerado el tiempo  la unidad mínima del tiempo. Lo más profundo del tiempo, según Zubiri, aparece con la  especulativa forma sobre la unidad, la medida mínima temporal en la que sucede “transcurrir”. De modo que tiempo será, en este sentido, la dimensión que transcurre en el espacio mental del individuo,  fuera de la  órbita social y cultural. Sin embargo, Zubiri no toma en consideración el hecho, y piensa que tiempo descrito transcurre fuera de lo que  la memoria del ego propone. Cree en el tiempo como  unidad separada de la mente humana. Del espacio y la  dimensión separada del tiempo habremos de perseguir cómo se erige el concepto de razón poética en la representación imaginaria de María Zambrano.

Más allá de la razón poética, o de cualquiera otra razón incorporada al hombre, cualquier ideal y conocimiento metafísico asimilado, debe hacerse consciente y comprensivo sobre la existencia un impulso poético, cuya fuerza sin contenido, desprovista de ideales, utopías y conocimientos espera por ser dilucidadas. En cambio el  impulso poético ha  sido contaminado y escamoteado mediante muchas determinaciones, entre la cual pulula  la razón poética.

Sin duda, se trata de la fenomenología que tiende hacer creer en lo bello, sensible y estético una forma de razonar, razón por la cual el pensar no tiene parangón con la capacidad reflexiva. Lo que Zambrano tiende llamar dos partes, “el hombre y lo divino” no es más que otro deseo unificado entre dos unidades únicas e indivisas. El hombre no puede ser divino, de ahí las partes.

Por lo tanto “razón poética” no es otra cosa que la nación (imagen) unificado de lo ya dado y establecido en el interior del hombre, como lo es la “razón histórica” para la sociedad. La razón poética  permite la sensación  de estar más cerca de la unidad entre lo sagrado y lo profano.  Solo la  sensación estética que se gana y se pierde. El impulso poético, por el contrario, realiza una actividad interna, ascetológica y subyacente para toda la unidad humana en acción perenne. Puede que no se reconozca nunca por que el hombre vive más tiempo en la inconsciencia que en la conciencia y que debajo  oculte cualquier concepto funcionando para establecer el equilibrio interno. “Razón poética” es la invención de la mente para mitigar y camuflar la inconsciencia del impulso poético, hacer creíble el  equilibrio mental necesario.

Al no tener otra plausible  noción para nombrar el  suceso existencial, el impulso poético no constituye un concepto como la razón poética, con la prerrogativa de perderse  y anularse en el tiempo. El nombramiento a tal suceso vital queda provisto, en toda la totalidad, de unidad humana. Atributo de la conciencia misma de estar consciente del funcionamiento en el todo humano. D. H. Lawrence en Psycho analys and the unconscious explica que desde el primer momento en que el óvulo materno es fecundado, se determina conciencia de esa fecundación. El niño nace y lleva la conciencia; el niño se convierte en adulto y lleva consigo la conciencia; el adulto llega a viejo y muere con la conciencia; la conciencia sigue y con ella el impulso. El impulso es intrínseco a la naturaleza misma de la conciencia, pero el hombre pueda que no lo sepa, o no lo experimente, entonces se siente desarraigado. De ahí la necesidad de crear un sustituto, un concepto, para sentir que ya  no estamos solos. De ahí el concepto “razón poética”.

Quien lea detenidamente, sin prejuicio alguno, Delirio y destino, memorias de María Zambrano, tendrá la posibilidad de captar las ambigüedades trágicas que es la vida. La autora da cuenta que falta algo, el desconcierto interior, la vida anda su rumbo, pero no tiene sentido. Entonces tiene que falsificarla, buscar el sentido, creando el sustituto. Creer que la vida existe tal y como se piensa, como lo determina la razón más allá de la práctica y la pureza. La vida debe ser bella como un poema y  la imagen. Entonces, la fe en la filosofía, en las abstracciones mágicas, impone un así debe ser, un  poema y no la teatralidad trágica a secas. Y España sentía que respiraba esa abstracción mágica, porque sentía lo bello y lo pleno. El pueblo español sufría el cansancio de la racionalidad positivista, el escamoteo de dos guerras mundiales y una civil. Algo necesitaba inventarse. La razón poética es la invención de entender la posguerra en la experiencia de María Zambrano. Parece que viene de algo existencial, del eterno retorno y lo sagrado, pero no lo es. Viene del sufrimiento,   la angustia y el tiempo.

Para reconocer hay que reconocerse. Si te reconoces divino, reconoces lo divino en los otros. ¿Pero hasta dónde Zambrano se reconocía divina? ¿Recurría al concepto para reconocer lo divino? ¿Y cómo llega a existir en el concepto “razón poética”? Según la concepción que tiene sobre el tiempo, el tiempo dividido en tres partes: futuro, presente y pasado. ¿Pero las dimensiones del tiempo son reales para que la poética resulte objetiva? No, es solo el concepto, la palabra, la semántica. Ni futuro ni pasado son tiempos objetivos, reales; son tiempos para el ego, la imaginación y la lógica, no para ser vivida.

La idea de que la razón pudiera ser poética, pero merece  la reflexión más a  fondo, ya que sobrepasa los objetivos de este texto. Pero, en resumen, todo lo que parte de la razón, la razón mediante la temporalidad subjetiva –“razón histórica” (Dilthier), “razón eidética” (Husserl), “razón existencial” (Heidegger), “razón vital” (Ortega y Gasset), “razón poética” (Zambrano)–, seria desplazamientos argumentativos, especulativos de la ascesis para que la vida fuese la vida misma. Aunque haya una ruptura conceptual con la actitud metafísica tradicional sobre la vida, los  conceptos descolonizadores adquieren utilidades en el  desplazamiento de los deseos, esperanzas y anhelos inmonológicos de la naturaleza humana. La razón misma es desplazamiento,  trasladarse hacia el futuro,  imaginar  el  arribo. La “razón poética”, núcleo central de las indagaciones filosóficas de María Zambrano, resulta así idealismo frente a la crisis existencial que azotó el  espíritu del pueblo español y Europa cuando cuando Heidegger desató la curiosidad interpretativa de que el hombre era ser para la muerte. ¿Para qué muerte?

De la ciencia de las esencias (fenomenología) se deriva la existencia; de ésta a lo vital y de aquí a lo poético. Razones en desplazamiento, pero al mismo tiempo  desplazamiento intrínseco de la categoría propuesta: un doble desplazamiento: hacia el cielo y hacia la fosa funeraria.  Este ha sido el desplazamiento de una época pos-metafísica. El hombre se desplaza, buscando en el concepto un nuevo consuelo, la protección. Una indagación, desde los supuestos neurológicos, de la “poética de la cognición”, puede arrojar luz sobre el concepto “razón poética” razonado por María Zambrano en los planos de una sociedad resentida por el engaño de la racionalidad positivista, un concepto que ayudará a adaptar al hombre  a la vida cotidiana en España. La presentación del concepto en la mente del lector no es la misma que la presentación en el texto. La cualidad de la filosofía en María Zambrano tiene un sabor de trascendencia. Pero esta trascendencia no deja de ser una visión filosófica otra vez.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*