POÉTICA DE LA GUANTANAMERITUD

Por: Ángel Callejas

La Guantanameritud no constituye una estructura histórica de la división geográfica y administrativa, ni del municipio ni de la provincia de Cuba. Esta idea, preñada por el determinismo geográfico, del positivismo a la vieja usanza, no tiene  ninguna relación poética con la Guantanameritud. Esta entidad espiritual del espacio colectivo e individual podría definirse como una metáfora del lenguaje para dialogar con la evolución y trasformación de la cultura regional guantanamera a lo largo de los siglos. Hasta donde alcanzo ver, según mis conversaciones con el creador del neologismo, el poeta e historiador Augusto Lemus Martínez, Guantanameritud posee la estatura conceptual y poética de resumir y atrapar en una noción, el sentido de la formación cultural y espiritual de una comunidad.

En los años 70 del siglo XX, Juan Pérez de la Riva en La conquista del espacio cubano estableció más allá de cualquier división política administrativa de la isla de Cuba, el compartimiento de dos grandes regiones culturales, Cuba A y B, según las características demográficas y socio- económicas.  Para el historiador y demográfico cubano, Guantánamo entraba a formar parte de una sub- región cultural en el bloque de la Cuba A caracterizada por la Plantación Esclavista. Sin embargo, todavía aquí la cultura regional carece de un acercamiento ontológico. Lo que voy a tratar de definir como Guantanameritud en breves palabras recorre el campo de la existencia en el espacio. Y en este sentido las culturas constituyen interiores arrebatados al espacio abierto. Por ejemplo, la ciudad dentro del  hinterland del espacio.   En ese interior buscaríamos hasta donde es posible el espíritu de la Guantanameritud

“Tú serías un guantanamero” según tu existencia perteneciese a la construcción de una conciencia colectiva de “ser ahí” en el mundo, marcada por tatuajes de la cultura del espacio en un lugar. Según Heidegger, ninguna cultura, por amplia que sea, podría existir en un universo abstracto y sino en la cercanía a la casa. A mi modo de entender estas complejidades gnoseológicas culturales, Guantanameritud tendría mayor valor ontológico que descripción de fenómenos culturales en diversas esferas positivas del acontecer.  Hasta qué punto “eres un guantanamero”, lo revelaría la poesía del espacio como estado de creación. Gastón Bachelard diría sin temor a equivocarse que Guantanameritud pretendía dibujar otra forma redonda fenoménica de la existencia en un lugar.

Existe una breve historia sobre Guantánamo que jamás ha sido contada. Leí la anécdota hace más de 30 años en un legajo del fondo del Departamento Oriental, Guerra del 68, del Archivo Provincial de Santiago de Cuba. En 1869, un grupo de campesinos alzados en la inhóspita serranía del Alto Oriente quedaron incomunicados y atrapados en un sitio sin orientación geográfica para continuar camino hacia las montañas vecinas. Es el momento del que entre los alzados cunde el pánico y la desaparición.  ¿Dónde estamos? ¿Qué hacer? ¿Hacia dónde ir?, se preguntan. Pero de súbito aparecen en las ramas de los árboles varios sinsontes que entran cantando un melodioso himno e imitando a otros pájaros para dar una señal topográfica. Venían de un lugar de donde escapaban del estrés de otros hombres.   La proto-mambisa alzada hace silencio absoluto. Y entonces Demetrio, uno de los labradores alzados, eleva la voz y dice: “por aquí, andando” ….

La Guantanameritud en este sentido deja de ser un lugar geográfico y una unidad política administrativa para representar la poética de una señal, un augurio, un presagio: simboliza el estado de pertenecía y la orientación mágica de un lugar por el conocimiento colectivo e individual de una comunidad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*