Períoca Sociográfica de la cubanidad (capítulo III)

Por: Elías Entralgo

(*Libro homónimo publicado  en JESÚS MONTERO, Editor. OBISPO, 521, LA HABANA, 1947.

En este año Ediciones Exodus pondrá en circulación una reedición de la obra, con introducción  de Ángel Velázquez Callejas )

Si las islas no parecen haber sido hechas para estimular inicialmente entre los hombres el ánimo de asociación, al contrario la de Cuba, por su estructura, configuración, relieve y distribución peculiares, brinda el ámbito mejor para producir la uniformidad social. Pero la Historia se le ha atravesado a la Naturaleza en nuestro proceso social para acercarnos a la insularidad y alejarnos de la cubanidad.  Por una parte, cuatro siglos y medio de evolución histórica suman muy poco tiempo para que una sociedad posea experiencia de sí misma. Por otra parte, esa sociedad no ha podido integrarse totalmente, no ha podido salir del estado de sorpresa que significa el encuentro de una de las etnias históricas más viejas con una de las razas más nuevas en la historia, más conservadoras de su virginidad antropológica. La primera, como única casta dominante en cuatro siglos de Factoría, impuso su retenido individualismo medieval que ha llevado a publicar no hace mucho a uno de sus penetrantes pensadores lo que sigue: “El individualismo del español se manifiesta con fuerza singular en todo lo que atañe a la defensa de la personalidad contra las invasiones del medio.

Tal es probablemente el secreto del instinto hostil a toda asociación que con frecuencia se ha observado en los españoles”. “De igual raíz individualista procede, sin duda, también la tendencia española a invertir la escala de los valores sociales usualmente aceptada, al menos en teoría. Individualismo no quiere decir egoísmo, y, por consiguiente, el yo, en el sentido estrecho de esta palabra, no figura necesariamente en la cima de esta escala de valores”. “Sin embargo, el yo es el elemento esencial de esta escala, porque constituye el criterio sobre el cual está construida, puesto que las entidades sociales mejor servidas son aquellas que se hallan unidas al individuo por los lazos más íntimos y personales:   primero    la familia. luego, los amigos. El Estado ocupa, la Ciudad, la Provincia, la religión ejerce sobre el individuo una autoridad inversamente Proporcional a su importancia real, pero directamente proporcional al grado de intimidad que le une a él”*

Y, en efecto, el sentido de lo colectivo la sociedad cubana no traspasa los límites de esas dos entidades: la familia y la amistad.  Se quieren llenar tanto que se desbordan. La familia se prolonga por vía ascendente, descendente y colateral, por cognación y agnación no se sabe hasta dónde. La amistad nace fácilmente, y sirve para justificar desde los más pequeños servicios hasta los juicios sobre las cuestiones más complejas y delicadas. Familia y amistad salen de sus cauces y se derraman hasta por el Estado: el mayor número posible de puestos públicos los destinan los gobernantes para los que, a falta de otros títulos, tienen el de parientes y amigos, sobre todo los cargos de confianza.

Sería curioso indagar por qué la amistad no se ha regulado jurídicamente en las leyes, los códigos y las constituciones del mundo. En nuestra legislación reclamaría un articulado muy particular.

La familia cubana es el producto complejo de la poligamia africana, de la antigua barragania hispánica, de la monogamia católica y de la regulación del derecho romano.

De fuera nos han venido casi todas nuestras otras formas de vida.  La religión, del fanatismo y tradicionalismos católicos españoles y el fetichismo africano; las instituciones jurídicas civiles, de España; las doctrinas morales, de la cultura occidental, la ideas estéticas y políticas, de Francia, los organismos estatales, de los Estados Unidos.

Mas hay una forma del vivir en la que la sociedad cubana manifiesta una incipiente aspiración vernácula: el léxico. Ya se sabe que el lenguaje es uno de los fenómenos de más importancia en la vida social. Hay quien lo considera la institución fundamental de la sociedad. Por otra parte es la base de la cultura. Desde la tribu, por lo menos, todos los grupos humanos han tenido su lengua para expresar y comunicar su sentido del mundo, de la vida y de la sociedad. Se habla para los demás, y aun cuando la persona habla sola o ensaya un discurso, piensa en los demás. Si   el hombre no hubiese salido de la fase de la horda, creando entre otros medios de comunicación del lenguaje, la lucha de todos contra todos hubiera aniquilado a la humanidad. La lengua es tan poderoso agente de socialización del individuo que Adler les niega sentimiento de colectividad a los niños mudos.  Las palabras, por medio de la comunicación conducen a la comunidad. Del lenguaje, común a una raza histórica, se van desprendiendo los léxicos que, tras una evolución de centurias, llegan a integrar nuevos lenguajes. El léxico es el vagido de la personalidad nacional, es manifestación primigenia de que existe una comunidad humana, la cual ya no siente ni quiere ni piensa como aquellas otras que le dieron vida.

El carácter de la sociedad cubana tiene una definición lexicográfica —muestra significativa de su aspiración a lo singular—, en la que la informalidad figura como elemento típico. La informalidad tiene que ver mucho con la informidad. Se es serio, exacto, puntual y consecuente cuando se ha salido de la vaguedad e indeterminación, cuando se ha adquirido forma, figura y hasta perfeccionamiento. Y estas virtudes son propias de etnias históricas definitivamente integradas, de las que se han formado, como la cubana, por una raza histórica deshecha y otra por hacer.

El vocablo de más acepciones y derivaciones en el léxico cubano se emplea para caracterizar muchas situaciones adversas o negativas, y corresponde al nombre de un animal inquieto: el chivo. Adversidad, negación, animalidad, inquietud. Podrían tomarse esos cuatro caracterismos para sumarlos a esta consecuencia definitoria: preocupación por lo que está en contra de la propia naturaleza humana, sin hallarle solución a favor. Si del rodeo en torno a un vocablo pasamos a la multiplicación de palabras, veremos que donde más se extiende el sentido creador del léxico cubano es en lo atinente al sexo y al sensorio, es decir al origen de la vida zoológica.

Siguiendo el orden de más a menos, viene después la violencia, que es ímpetu primigenio de la energía orgánica; luego, la economía: medio elemental de sostenimiento; más tarde, el engaño:  procedimiento de huir de la fuerza de la verdad con débil disfraz de apariencia; con posterioridad, los despectivos,  que revelan desequilibrio hacia abajo en el concepto de valor, y este último se adquiere lo general, mediante la ponderación qué da  la experiencia; detrás, el escándalo público:  extraversión  primitiva;  a  más  distancia, la  debilidad de carácter: confesión con relevó de  pruebas; en lejanía, la poquedad de entendimiento: expresión de las limitaciones ambientales; ulteriormente, las anomalías: atención  a lo irregular por los que no se sienten ajustados; últimamente, la vanidad, pasión de niños y mujeres. . .

Y como declaración final, lejos de hacer afirmaciones rotundas y contundentes, término con un procedimiento grato a la fenomenología dejando en la mente de los estudiosos    esta pregunta: ¿qué características han ofrecido las sociedades con cuatro siglos y medio de historia compuestas por una raza paleohistórica y por otra ahistórica?

*Salvador de Madariaga: ingleses, franceses, españoles. (Ensayo de Psicología Comparada). Espasa-Calpe, Madrid, 1929. Págs. 89 y 90

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Se respeta en la publicación la integridad del texto original, sintaxis, estilo y gramática.

 

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