Marqués de Sade, el libertino de la filosofía de lo real

Por: Galán Madruga

“A horcajadas sobre las sepulturas, un parto difícil. Abajo en lo profundo de la fosa el sepulturero aplica los fórceps soñolientos”.

Samuel Beckett/ Esperando a Godot

 

Sade escribe y publica La filosofía en el tocador (su mejor obra) entre 1793 y 95. La obra anduvo circulando en París sin pena ni gloria hasta 1801, cuando Napoleón Bonaparte lo defenestró de la vida pública y decidió internarlo en un manicomio por considerar la obra un insulto a la ciudadanía.  La interpretación trasmitida hasta ahora sobre esa obra encubre una sospecha por dilucidar: Napoleón podía haber comprendido con ayuda de sus asesores que no se trataba solo del perjuicio moral a las costumbres de la época, sino del ataque a la forma del pensar teológica-metafísica. Descubren que el libertino significa ser real, en tanto que la materia (el cuerpo humano) es capaz de producir placer, la bóveda que sostiene al cosmos es arrojada a la tierra. ¡La suerte de Dios está echada!

A partir de La filosofía en el tocador la tierra aparece como el centro donde los seres habitan y tienen la voluptuosidad de una vida llena de libertad. Si reparamos en la búsqueda de los orígenes de la ciencia del hombre no hay duda que la obra del divino marqués representa un nicho importante dentro del esoterismo naturalista de la época. El surgimiento de la antropología guarda una relación estrecha con la secesión de Sade. El tocador implica la ruptura esencial de la filosofía en favor de lo real: la filosofía clásica y el idealismo alemán en la mirilla del tocador.

La filosofía en el tocador es una obra relativamente breve constituida de varios diálogos interpersonales y se completa con textos políticos, ensayos, dramas y relatos literarios. Un tema velado a sugerencia del autor que irrita a la aristocracia de la época es sobre la procreación humana. A lo largo de los diálogos, Sade no dejaba de insistir, a través de sus interlocutores, en una iniciativa anti-procreación, es decir, en la separación de la sexualidad respeto a la reproducción. Las fuertes escenas eróticas, rosando el espíritu sádico del autor, es el reflejo de la crítica a una sociedad incomprensible sobre lo que Nietzsche más adelante denominará como crítica a la reproducción descendiente. Nuestra genealogía natural depende de la sexualidad, no de la razón crítica de la procreación ascendente.

Con estas imágenes grotescas como macabras, la rebelión contra la procreación descendiente estaba echada. En unos de los diálogos el tocador dice:

SRA. DE MISTIVAL: ¡Oh! ¡Justo cielo! ¡Qué horrible condena!

EUGENIA: Más vale eso que morir, mamá; por lo menos podré llevar mis lindos vestidos este verano.

DOLMANCÉ: Divirtámonos mientras tanto; mi opinión es que nos flagelemos todos; la Sra. de Saint-Ange zurrará a Lapierre, para que encoñe con firmeza a la Sra. de Mistival; yo zurrare a la Sra. de Saint-Ange, Agustín me zurrará a mí, Eugenia zurrará a Agustín y será azotada vigorosamente por el caballero. (Todos se colocan. Cuando Lapierre ha follado el coño, su amo le ordena joder el culo, y lo hace.) Bueno, vete, Lapierre. Toma, aquí tienes diez luises. ¡Oh, diablos! ¡Vaya inoculación! ¡Ni Tronchin hizo una igual en su vida!

SRA. DE SAINT ANGE: Creo que ahora es muy esencial que el veneno que circula en las venas de la señora no pueda salirse; por tanto es preciso que Eugenia os cosa con cuidado el coño y el culo, para que el humor virulento, más concentrado, menos sometido a evaporación, os calcine los huesos con rapidez.

EUGENIA: ¡Excelente idea! Vamos, vamos, agujas, hilo… Separad vuestros muslos, mamá, para que os cosa a fin de que no me deis más hermanas…

 

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