Los Chinos en Cuba

Por: René León

La trata fue oficialmente abolida en 1820, pero en Cuba se siguió con el comercio de negros esclavos sin disminuir su entrada en la isla. En 1835 se suscribe un nuevo tratado con Inglaterra, pero los negreros españoles y cubanos, siguieron con su negocio. La azúcar se seguía produciendo sin problemas, pero a partir de 1840 a 1844 se confrontan problemas con la entrada de los barcos negreros y la persecución por parte de Inglaterra. El temor a una sublevación negra, parecida a la de Haití. Se decía en aquellos años que Cuba seria española o africana. En el año de 1843 un grupo de cubanos influyentes y dueños de ingenios y cafetales se reúnen y llegan al acuerdo de dirigirse al gobernador para pedir la supresión de la esclavitud, entre ellos estaban: Domingo Aldama, su hijo Manuel, su  yerno José Luis Alfonso, Alfonso y Pepe O’Farill, junto con Gaspar Betancourt Cisneros y otros. Pero al saberlo el gobernador, amenazó a los antes citados, porque él apoyaba a los grupos que estaban a favor de la  esclavitud, que eran hombres influyentes.

Se pensó en traer inmigración blanca de España para trabajar en los campos, pero la idea no dio el resultado esperado. Lo que hace que los comerciantes busquen la entrada de los “Culies Chino” como se les llamó. La sublevación de negros en Matanzas, de la dotación del ingenio “Alcancía”, en 1843. Después las dotaciones de los ingenios “Triunvirato” y “Acana”, que pertenecía a la familia de los Aldama El gobernador O’Donnell aprovecha la oportunidad para incluir entre los sospechosos a negros libres y libertos, que tenían propiedades y educación. Las autoridades habían culpado al cónsul británico, David Tumbull y al doctor Richard Robert Madden, que habían inspirado todas estas sublevaciones contra la corona española. Al momento de producirse la prisión de la mayoría de los negros libres de  La Habana y Matanzas, estos funcionarios ya habían abandonado la isla.
La Real Junta de Fomento fue convocada por el gobernador O’Donnell, los días 29 de febrero y 7 de marzo de 1844, para oir las propuestas de fomentar l a  población blanca de traer braceros, en especial peninsulares contratados. La idea fue aprobada por la Junta, donde se contemplaba la inmigración por contrato. Los contratados debían comprometerse a trabajar por tres años, por un salario  de 4 pesos mensuales sólo al terminar esos años, podían ser libres siempre y cuando pagaran la  mitad  del costó del pasaje  y todo lo que se les  había  dado.
En el siglo XIX comenzaron a llegar los primeros chinos a la ciudad de La Habana. En 1847 se estableció un tráfico entre Macao y la ciudad-puerto de Amoy, con el puerto de La Habana que alcanzó grandes proporciones. La razón histórica de que dicho intercambio comercial se originára en los dos lugares – distante uno del otro- y que entraron en relaciones comerciales. Fue primero, que fue siempre un tráfico legal; segundo, de carácter típicamente capitalista.
En la Habana se hacía sentir la falta de mano de obra esclava, ya que la trata negrera había decaído un 85 por ciento de su volumen, y muchos negros esclavos habían alcanzado
 la libertad al expirar su tiempo que habla sido fijado en 12 años. por Real Cédula de 1838. Por tal razón los ricos comerciantes habaneros buscaban otros lugares del  mundo de donde extraer mano de obra barata y la oportunidad se les brindó  en  Amoy.
En este lejano lugar del continente asiático se había producido un levantamiento popular contra los señores feudales de la zona, la rebelión había fracasado y las cárceles políticas estaban  atestadas de rebeldes. Un comerciante español Julián Zulueta entró en contacto con altos funcionarios de la dinastía de Fukién y le prometió pagar  un buen precio por cada recluso de guerra que le vendieran bajo contrato firmado. El trató se llevó de hecho y prontamente comenzaron a despacharse hacia La Habana los primeros cargamentos de chinos vendidos al gobierno español de Cuba bajo contrato. Se les prometió a los reclusos que serían llevados hacia las Filipinas y que se le pagaría un sueldo mensual de 8 pesos. Esta cantidad era considerada una fortuna en China, pero no resultaba así en América, y el engaño fue descubierto por dichos contratados poco después de haber comenzado sus labores como obreros agrícolas en suelo cubano.
Julían Zulueta era un rico hacendado que entraba en todo tipo de negocio sucio, y se prestaba a la corrupción administrativa de la colonia. Compraba negros e indios yucatecos, para luego venderlos como esclavos. Había abierto una oficina en Londres, donde tenía a un familiar suyo como encargado. En 1846 la Comisión de Población Blanca de la Junta de Fomento, que era presidida por el conde de Cañongo, célebre negrero, aprobó en 1846 un proyecto presentado por Zulueta, para introducir chinos contratados, que serían traídos a La Habana, desde Amoy. La Junta se había comprometido en pagar a Zulueta la suma de 170 pesos en efectivo por cabeza. Todos estos  acuerdos fueron aprobados por Real.Orden de 3 de julio de 1847. En Manila, la compañía que se encargó de conseguir los chinos y los barcos era Matía Menchacatore. Los Gontratos se firmaron en Amoy el 24 de enero de 1847.
Los primeros chinos que llegaron al puerto de La Habana, vinieron en la fragata española “Oquendo” con una “cargazón” de 206 chinos, siendo los primeros que llegaron a Cuba. Días más tarde llegaba la fragata inglesa “Duke of Argyle’ con 261 chinos. Según las informaciones de la época, llegaron enfermos, flacos y casi moribundos. Días después llegaba el “Delfín”. Siendo estos una pequeña parte de los complotados contra los señores feudales de la dinastía de Fukién. Estos conspiradores eran dirigidos por un monje taoísta conocido por Jung Shui Shuan, el cual era el jefe del grupo llamado ‘Taipins” que queria decir: “Reina  de la  Paz”.
Cuando llegaban al puerto de La Habana, eran llevados al barracón de la Junta, que era el depósito de los negros cimarrones, y servía para dejar a los canarios que llegaban como colonos a Cuba. Se separaba a los chinos en lotes de diez con un cabecilla. La primera venta se hizo al precio de 100 pesos, la pérdida era absorvida por la junta. Los primeros compradores fueron los hacendados; don Urbano Feijoo Sotomayor, que era contratista de obras, después los revendió a otras personas. La compañía de ferrocarril también compró. Los hacendados Pedro y Fernando Diago, Manuel Pastor, Luis Mariátegui, Julian Zulueta, Miguel Castañón, el marqués de la Cañada de Tirry y otros.
 Entre los años de 1847 y 1865 llegaron por el puerto de La Habana cerca de 75,000 chinos. El Consejo Económico Azucarero presidido por el conde Cañongo, cuyo palacio nobiliario estaba muy cerca de la Catedral de La Habana era el encargado de distribuir a los chinos entre los colonos españoles para su ubicación en las propiedades cañeras de la ciudad y de otras ciudades del Occidente de Cuba. La información disponible corresponde a las noticias publicadas en el Boletín de la Colonización durante los años de 1873- 1874, siendo los más completos. En él no aparecen las cifras de chinos que llegaron anteriormente al 1847, ni de los “californianos” como se les llamaba a los venidos de Estados Unidos, después de terminada la fiebre del oro. Aparecen también en este cuadro estadístico los muertos durante la  travesía

Año   Cantidad Muertos en Travesía Vendidos en La Habana

1855         3.130           145           2.985
1856         6.152           1.084       4.968
1857         10.116         1.575         8.547
1858        16.414         3.019        13.385
1859         8.549         1.345         7.204
1860        7.204          1.011         6.193
1861         7.252          279            6.973
1862        356              12              344
1863        1.045           93              952
1864        2.664          511             2.153
1865       6.794           394             6.400
En los censos de población efectuados en 1861, 1877, 1899 y uno parcial, empadronamiento de 1872, se hace mención de la población china, como asíatica, que era entonces como se les llamaba. El censo de 1861 registra 34,828. En el empadronamiento de 1872, registra 58,400. El censo de 1877 registra 48,835.  En el de 1899 aparecen sólo 14,565 varones y 49 hembras. Estos eran los sobrevivientes de los 148,000 chinos que desembarcaron en  Cuba hasta el 1874.
Pero no todos los cargamentos de infelices llegaron a puerto cubano, algunos bergantínes españoles y extranjeros se perdieron en alta mar a la  altura de las Filipinas, naufragando algunas veces, otras veces asaltado por los piratas del mar de la China, para ser vendidos como esclavos, y otras veces desapareciendo por incendios provocados por los propios infelices chinos que se amotinaban en alta mar. El caso más conocido y lamentable fue el recogido por la prensa de la época colonial la cual reportó que los bergantínes españoles “El Fresneda” y “El Rioseco” se habían amotinado los chinos a la altura de las Filipinas y habían pasado por las armas a la tripulación española. El bergantín “Rioseco” desapareció, y dos meses después fue localizado el casco Del bergantín “El Fresneda” cerca de las Filipinas, donde fue abordado por un barco de guerra inglés, encontrándose en la cubierta y bodegas de dicho bergantín-fantasma 150 esqueléticos cadáveres.
Para saber cómo eran embarcados, cito a Lacroix.: “Antes de embarcar los culíes, cuya presencia podía ser tan peligrosa a bordo, los capitanes tomaban medidas de precaución: el carpintero construía un fuerte mamparo con tablones de roble de pulgadas de espesor, a prueba de balas y que desborda hacia fuera de la batayola, por lo menos un metro subiendo a más de tres sobre el puente. Había además una garita blindada la cual  un centinela deblía  vigilar el puente noche y día .Como podemos ver, los armadores y capitanes tomaban todas las precauciones posible. En el Harper’s Monthly de Junio de 1864, Edgar Holden que era pasajero del clíper  “Norway”, dice que la   nave desplazaba  2424 toneladas, y era uno de los más veloces en su tiempo. Llegó a Hong Kong procedente de Liverpool, su capitán era J. Mayor. Había sido contratado por la casa Vargas y Cía., de Macao, agentes de Torices, Ferran, Dupierris y Cia, de La Habana. Llevaba. Un cargamento de 1,100 chinos y una tnpulac1on de 60 hombres, un médico y dos intérpretes. A los tres días de salir de Macao, que era de bandera portuguesa los chinos se amotinaron, pero se pudo controlar el motín”. Pasada dos días volvieron a amotinarse, dando candela al barco. Como pasajeros iban unas mujeres americanas, y ayudaron  a la tripulación a controlar el motín. Después de dos días se rindieron. Llegaron a La Habana, el 1O de marzo de 1860, después de 104 días de travesía, solamente llegaron 935 chinos. Que fueron vendidos a 400 pesos por cabeza por el Dr. Marcial Dupierris.
Según el Boletín de Colonización de 1872, había un total de 58,400 chinos en la isla y 8,380 eran cimarrones. Debido a todas estas cosas, les costó trabajo de liberarse del engaño dentro del cual habían caído. De aquí surgió una frase criolla de tipo refranero popular que se hizo muy conocida, cuando alquien era timado o engañado, se apuntaba filosóficamente: “Te engañaron como a un Chino”.
Otra de las causas que motivó la reducción de la población china: suicidios, prófugos (cimarrones), muertos por enfermedades, mal alimentados, cansados de tanto trabajar, sufriendo los maltratos en los campos de caña, a mano de los capataces negros. Las aguas que bebían contaminadas, sin embargo el negro esclavo que estaba expuesto a las mismas condiciones, sobrevivía.
El suicidio fue el que mayor porcentaje de muertes reclamaba entre ellos. En las estadísticas criminales de aquellos años aparece que en el año de 1855, se habían reportado   62   suicidios,  al  año siguiente 101, y así sucesivamente.  No se daban cuenta a las autoridades de los que enterraban en algún rincón de los bateyes. La realidad, era simple, el maltrato se cebó en ellos e hicieron lo mismo que los indios que vivían en Cuba, cuando llegaron los españoles, se suicidaron. Hubo días de aparecer varios chinos colgados de los árboles, en los ingenios o en los caminos reales. Juan Pérez de la Riva, dice sobre el particular: “Se puede afirmar que mientras duró el trabajo contratado, la tasa de suicidio entre los chinos en Cuba fue de las más altas del mundo, comparable sólo a la de los” culíes peruanos”. Más adelante el mismo autor dice: “En diciembre de 1870, se ahorcaron en una noche 14 chinos de la dotación del ingenio “Dos Marías” en casa de Pablo Carrolilla, propiedad de don José de la Portilla, y ¡eran los últimos cu líes que quedaban en la finca!”.
Al llegar la Guerra de los Diez Años (1868-1878) los chinos se sumaron muchos a los mambises cubanos contra los amos peninsulares, formando rápidamente ordenados y disciplinados batallones de infantería. Famosos fueron los capitanes chinos Sian, Whun y Woo, y las hazañas del comandante Ching, el cual con 400 chinos destruyó un fuerte contigente militar español, en la batalla de las Guásimas. Se batieron hombro con hombro contra el ejército de la metrópoli española, utilizaban dardos, flechas, lanzas y filosas dagas hechas de caña brava (una especie de mambú). Aterrorizaban a los. jóvenes soldados españoles porque se presentaban ante ellos camuflajiados con ramas y yerbas, surgiéndoles de improviso, masacrando a los bisoños soldados. Fueron disciplinados, obedientes y leales a la causa militar cubana contra el sistema colonial español en Cuba.
A cerca de los llamados “Californianos” se ha podido saber que llegaron después del 1860. Estos disponían de recursos económicos, porque habían trabajado, o en los lavaderos de oro, o en los ferrocarriles. Salieron huyendo de allá por los motínes raciales, y por legislaciones racista en Estados Unidos de Norte América. Según informaciones tomadas de la época, no se sabe con certeza la cifra total, pero se cree no pasaron de más de cuatro mil a cinco mil. Llegaron por vía de México y la Luisiana. Seguirían llegando hasta 1875.
 Los antecedentes de los comercios chinos se encuentran ya en 1860 cuando se abrieron dos comercios en la calle de la Zanja Real (conocida por Zanja): uno fue de frutería y el otro un restaurante. Comienza la aparición de comercios de propietarios chinos de todos los giros. En el año de 1861 se abrieron un tren de lavado y un comercio de  ventas de vegetales, estos tomarían gran auge en La Habana. Se empiezan a abrir tiendas de ventas de objetos de China y Japón, y se ponen de moda en la ciudad.
Los “Californianos” empiezan a adquirir propiedades, utilizando de co-dueños a españoles y cubanos, para no tener problemas con las autoridades españolas. Compran pequeños ingenios y plantaciones. Se empieza un rápido desarrollo a fines de la Guerra de los Diez Años.
Los primeros chinos libres del régimen de contrato y que se hicieron comerciantes fueron Lían Siu Yi,Chang Lian y Wong liyu.
Los chinos eran muy dados al juego de dominó, conocido por “longana” y a las rifas o charadas siendo organizados dichos juegos con carácter especulativo por dos chinos ricos que llegaron a Cuba procedente de California. Estos dos ricos propietarios abrieron dos garitos de juego: el primero en la calle de San Nicolás al lado casi de la iglesia Católica de Nuestra Señora de la Guadalupe (actualmente llamada Parroquia de la (Caridad del Cobre) y la segunda casa en la calle de Campana• no muy cerca del teatro Shanghai. El área principal de asentamiento de la comunidad converge hacia la calle de Zanja.
En 1873 se abre el primer teatro chino en Cuba. Según Antonio Chutfat en sus Apuntes histórico de los Chinos en Cuba, “En el mes de marzo llegaron de San Francisco California los .chinos Carlos Chang, Li Weng,Wong Yot Se y Lay Fu, constituyendo una sociedad con el objeto de construir un teatro, chino, que fue abierto en la calle de Zanja y San Nícolas, en La Habana, con un capital de quince mil pesos. Representaba el teatro como apoderado, dí Francisco Gasso, persona prestigiosa, en unión de los señores Agustín Chuffat, Pedro Pan, Abraham Lan y Luis Pérez.
 En noviembre de 1870 Chuffat, junto con el chino Domingo Ramírez, forman una sociedad para la creación de “cuadrillas de paisanos” que iban a trabajar a los ingenios, plantaciones y obras públicas. Las óperas tradicionalistas chinas, toman gran auge en La Habana, y empiezan a llegar grupos de Estados Unidos y China. Se abre otro teatro en la calle de Lealtad 124 y 126, squina a Reina. Su nombre “El Sun Yen”, sus dueños o representantes eran de origen “californiano”, Mo Ga Si y Pan Chu F1. Estos datos han sido posible gracias al trabajo de Chuffat. El mismo autor; dice que “…en el mes de abril (1875), los chinos construyeron en la ciudad de Cienfuegos un teatro a estilo de Cantón, en el Paseo de Arango. Este coliseo fue inaugurado en el mismo mes por la compañía de actores que vino de La Habana, procedente de la calle Zanja, esquina a San Nicolás, y lo representaba el Sr. Loo Pan, empresario fuerte de aquella época”.
Pero el más famoso de los teatros enclavados en el Chinatown de La Habana, lo fue el llamado Teatro Shanghai. El origen de dicho teatro hay que buscarlo a finales del siglo XIX o principias del XX, las informaciones con que se cuenta son orales. Sus primeros dueños fueron dos asiáticos llamados Ly y Wung, los cuales habían sido en su juventud malabaristas y saltimbanques. En dicho teatro se representaban dramas chinos de carácter religioso-profano, mitológico popular. Siempre estaban presentes los demonios creados por la imaginación de los poetas chinos de cuatro siglos atrás, el pescador anciano con su sabiduría milenaria y su paciencia sin límites, el soldado aguerrido y pundonoroso que combatía contra un hada de demoníacos poderes, el señor feudal y la hija de éste que terminaba prometiéndose con el valiente soldado. Pero al fracasar dicha empresa el teatro fue comprado por un peninsular español de apellido Rexach, el cual con más visión comercial lo convirtió en teatro vodevil, utilizando modelos que salían semi-desnudas, velando sus redondeces apetecibles con velos vaporosos. Este fue el centro de corrupción moral de nuestros abuelos. En dicho teatro se hicieron famosas algunas parodias satirizadas tomadas del teatro español, algunas de ellas y otras de pura invención criolla. La más famosa parodia fue la hecha por un chino-criollo de apellido Chang y un cubano bohemio llamado Salvador, las cuales parodiaron la obra del “Don Juan Tenorio” de Zorrilla, y la adaptaron al género vodevilesco reinante en la atmósfera de dicho teatro. En las carteleras del Teatro Shangai se anunciaba el “Día de los Fieles Difuntos’.’ la parodia vodevilesca “Don Juan Rebollo y Don Luis Morcilla”.
Dos teatros de marionetas chinas se abren en 1878 y un teatro de variedades en 1899. El primer periódico chino o sea con impresiones en carácteres chinos se publicó en la ciudad de La Habana en 1867. Ya a principios de la época republicana existían cerca de 300 comercios cuyos propietarios eran chinos del continente asiático y otros nacidos en suelo cubano.
 La farmacopea asiática se hizo famosa entre los clientes criollos que buscaban en las droguerías chinas todo tipo de yerbas, raíces, ungüentos para quitar dolores, semillas para curar parásitos intestinales, o raíces abortivas.
Un personaje que cobró fama y renombre en Cuba, fue “el médico chino”una especie de curandero con conocimientos generales de fisioterapia, medicina general y botánico de grandes conocimientos. El Dr. Lin Sham -como se le conoció- vivió en La Habana entre los años de 1895 y 1915, fecha en que desapareció sorpresivamente suponiéndose que embarcó hacia los Estados Unidos de América.
Debido a una denuncia que hizo el intelectual portugués Eca de Oueiros, sobre el nuevo tráfico de chinos-contratados en 1874, llegaría a La Habana el Alto Magistrado y Mandarín de ideas liberales Chin Lan Pin , en el barco español “El Veloz” en julio de 1874. De las investigaciones que realizó entre la colonia china en La Habana el citado funcionario, se puso fin un año después a la contratación de chinos.
El primer chino que intentó comprar su libertad en Cuba, fue uno llamado Pablo, de la dotación del ingenio “Flor de Cuba” en Matanzas, propiedad de Pablo Ignacio Arrieta. Esto sucedía en 1852. Había ahorrado el dinero para pagar por su libertad, que eran 70 pesos que Arrieta había, pagado por él. Pero este se negó, al enterarse Pablo, se trato de suicidar. Su caso fue a la corte, y sabiendo que tenía derecho, se lo negaron, siendo favorecido Arrieta. Pablo al fin fue libre, se ahorcó, al saber el fallo negativo.
En Cuba el chino no se fundió con el criollo en la medida que lo hicieron otros grupos de inmigrantes, aunque fueron muchísimos los que se casaron con mujeres cubanas y formaron familia. En general, ellos no fueron insensibles al encanto que emanaba de nuestra tierra. La amaron como a la suya y contribuyeron notablemente  a su progreso.
 Durante el tiempo de la trata de “culies chinos” llegaron a Cuba 338 barcos, hasta el año de 1873. Al constituirse Cuba en república solamente habían aparecido en el censo de población 14,565 varones y 49 hembras. Estos eran los sobrevivientes que habían quedado de los años de trata.
Da comienzo la república en Cuba, la situación de los chinos ha variado. Tienen propiedades que están situadas en lo que fue llamado “barrio chino de La Habana”, la famosa calle de Zanja. Sus fronteras o límites estaban enmarcados dentro las calles de Zanja, Belascoain, Galiano y Reina. Un mundo completamente distinto al orbe occidental de vida y costumbres. Sus calles atestadas de pequeños comercios. Lavanderías, puestos de frutas, heladerías, restaurantes especializados en comidas chinas, ocho casinos de juegos, dos pagodas budistas, una iglesia católica, dos centros de enseñanza primaria donde se impartía una educación bilingüe español-mandarín; tres farmacias chinas, nueve hoteles y tres teatros, que completaban el cuadro comercial de este barrio.
 Entre ellos había sus problemas raciales. Se consideraban los chinos puros, aquellos que su sangre no se había mezclado con la cubana. Los considerados “puros” recibían una educación estilo cantones, mientras los no “puros” eran marginados. Quizás esto fue posible, por la influencia que tenía en Cuba el Kuomintang, durante su gobierno en el país natal.
 Los propietarios chinos compraron una parcela de grandes dimensiones en el reparto del Vedado, cerca del Cementerio Colón, y allí construyeron su cementerio. Tenía una capilla en su centro en donde celebraban los ritos orientales funerarios.
El día de los Difunto para ellos, era la segunda semana de noviembre, asistían en grupos, marchando en forma de parada desde el barrio suyo en la calle de Zanja, hasta el Cementerio Chino, quemando por el camino incienso y rezando en voz baja, formando un vistoso desfile de túnicas multicolores de mangas anchas y zapatos de pico hecho de raso. Llevaban golosinas y manjares que comían sobre la tumba de sus finados y pasaban el día en ceremonias orientales  hasta  la caída  de  la tarde,  que  regresaban  en idéntica forma hacia sus hogares.
 Las bodas eran fastuosas, banquetes en donde el menú estaba compuesto de variados platos orientales, mariscos, vegetales, carnes ahumadas, ensaladas de exóticos sabores y presencia, incitadora de los paladares más refinados.
El Año Chino era celebrado públicamente con festejos alegres, danza, actos de malabaristas y saltimbanquís y funciones gratis en los dos teatros de variedades que tenían en su barrio.
 El barrio Chino de La Habana hoy, es un mundo descolorido Y mudo completo. De él desapareció la alegría de sus  pocos habitantes, el colorido de sus anuncios comerciales, lo exótico de .su ambiente oriental. Los establecimientos vacíos son un testigo del paso del tiempo y el paso destructivo de los sistemas políticos inventados por el hombre no para provecho del hombre, sino para el sufrimiento el dolor y calvario del propio hombre.
Para aquellos que tratamos de salvar del olvido el panorama romántico de una Cuba muerta en el pasado glorioso de sus mejores  años, el Barrio Chino de La Habana, vivirá eternamente en nuestro recuerdo grato, como una experiencia imborrable, como un paseo por un mundo lejano, mundo oriental, con sus costumbres y dialectos tan diferentes al mundo occidental y cristiano en donde se nació.
Bibliografía Consultada
Chuffat  Latour,  Antonio.  Apunte histórico de los chinos m
Cuba. La Habana, Molina y Cia. 1927.
Dana  Jr,  Richard  Henry.  To Cuba and Back, a  vacation
voyage.  Boston, 1860.
Lacroix,P.  Les demiers négriers. Demiers voyages  de   bois
d’Ebone. coolies et de modries du Pacifigue. Paris, 1952.
León,  Julio  y  León,  René.  El  China Town  de  La Habana
Charlotte, North Carolina,  1975.
Pérez de la Riva, Juan. “Los Culíes Chinos y los Comienzos de
la inmigración  Contratada en Cuba  (1844-1847). Revista de la Biblioteca
Nacional José Marti, diciembre del 1963, pp. 35-76.
“El Viaje a Cuba de los Culíes Chinos”. Revista de la Biblioteca Nacional
José Martí año VI, núm. 3-4, julio­ diciembre de  1964, pp. 75-90.
El  Barracón. Esclavitud y Capitalismo de Cuba. Edit.
Critica, Barcelona, España,  1975.
Saco, José. “Los Chinos en Cuba” y “Cartas sobre el cólera morbo asiático”.
En Colección de sus papeles y obras La Habana,  1962.
Harper Monthly Magazine, junio 1864.
Consultados otros documentos del Archivo Nacional en los Estados Unidos,
referente a las contratas y los chinos traídos a Cuba.
———————————
Conferencia Congreso Nacional del CCP. noviembre 10,11 y 12 de 1995.
Williarn Paterson Univ. of New Jersey.
Texto publicado en blog Pensamiento, miércoles, 1 de febrero de 2017

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