El legado de Biología de la democracia

Ha sido pronunciada y escrita millones de veces. Es la palabra más  veces usada en la historia de la modernidad. Sin embargo, Democracia tiene una connotación diferenciada en cada época de la historia humana. Para los antiguos griegos de la civil Atenas y la guerrera Esparta el poder iba junto al símbolo de la ciudad. En los imperios clásicos el cosmos se apoderó del poder.  En la modernidad, cualquier ruta abierta para comunicar e intercambiar con el resto del mundo terminaba apoderándose de un pedazo de mar y tierra. Hoy la nube, el agujero negro donde se almacena la información del mundo, comienza apoderase del globo. Instintivamente, la democracia representa el poder del espacio. Allí donde viven gentes, donde se reúnen grupos humanos, la palabra democracia toma una connotación esférica, lógica y vital. Si usted camina de la casa al Sedanos sin que algo se lo interrumpa, va haciendo uso de la democracia, está ejerciendo el poder sobre el camino, la distancia, para arribar a su destino. Los griegos poseían un concepto ontológico, los romanos cosmológico y los modernos, ideológico. Esta última produjo un desastre irreparable.

Sin embargo, el diabólico Nietzsche, que vivió en pleno auge la modernidad, no consideraba un hecho la democracia. No era viable. No tenía sentido. El espíritu teutón era anti-democrático y gozaba de una ascendencia autocrática. El poder lo ejercía el espíritu, no la sustancia causal. En el segundo imperio bismarckiano, la educación jugo un importante rol democrático, que según Nietzsche fue el factor determinante para propagar la ideología del populismo alemán. En vez de formación, fit, se propagó una pedagogía escolástica y numerosa. En vez del poder para el pueblo, se desarrollaba a galope la pedagogía para el pueblo. El espíritu de la paideia se ausentó por completo de la vida alemana.

Analizando todo esto y sin caer en esquematismo, Alberto Lamar Schweyer se apareció en la liza cultural habanera de 1927 con una bomba, la publicación de Biología de la democracia. El libro de marra no estaba contra el concepto democracia, pero se empeñaba demostrar, desde una perspectiva vitalista, cuáles eran las fallas y las incapacidades de las Américas para el ejercicio político y democrático. Proponía una solución al caciquismo, caudillismo y la tiranía: la entelequia social, la singularidad de selección, una noción del entrenamiento y el rendimiento pronosticada en el campo de la biología.  Pero sus amigos del minorismo intransigente no aceptaron la propuesta del joven Lamar y de inmediato arremetieron contra los postulados de la obra, tildándola de contenido fascista. No le quedó otra opción a Lamar que el  camino purpuro del ostracismo.

Lo interesante del trabajo intelectual de Lamar se concreta en el legado profético. Todavía las Américas confronta problemas de primer orden, de riego, con la democracia. Quizás porque el imperativo biológico fue separado y anulado de la noción empirista y positivista del contenido educativo sobre democracia. Lo cierto es que no se ve la luz al final del túnel y los países de las Américas cada vez más apuestan por la mal llamada “socialdemocracia representativa”.

Hemos reeditado 90 años después el libro de Lamar Schweyer con la intención de reactivar la lectura de un texto polémico y sugerente para os tiempos que corren.

Lo que a continuación sigue, es la selección escogida de varios fragmentos de Biología de la democracia. El libro disponible en Amazon.

 

Fragmentos…

“La De­mocracia es un doble problema a estudiar. Es anti-científica para Europa y para América es, además, no experimental. A este último punto de vista tenemos los americanos que consagrar nuestra atención científica. Aun aceptando que la Democracia sea una posibilidad europea, no lo será nunca americana, como no lo será ningún sistema que no se apoye en nuestras necesidades sociales y capacidades políticas.”

“Así América, al ser libre y tener el derecho a la Demo­cracia, no pudo aprovecharse por ser su Derecho Político incompatible con sus antecedentes psico-biológicos, man­tenidos intactos y sin freno por la absoluta carencia de cultura en que nos tuvo la Metrópoli.”

“Las democracias de América surgen circunstancialmente, sin arraigo en las masas, fuera de toda aspiración, por una serie de movimientos desorientados, casuales, imprevistos, que derivan en la república como pudiera derivar en la monarquía.”

“Las masas de la revolución americana no presentan ese espíritu conservador cuando la revolución termina, porque en ellas la desorientación espiritual que las llevó del colo­niaje a la incomprendida democracia, había creado una modificación del espíritu absolutista hacia el caudillismo, movimiento concordante con otro, en sentido inverso, de la democracia al absolutismo republicano, que se había operado en las minorías directoras.”

“Europa dirá adiós a la Democracia, pero América no la ha experimentado. Allí en donde el Estado ha dejado de ser un concepto intelectual y ha tenido una realización práctica en la vida política, prejuicios raciales, de casta, diferencias de origen han carcomido la Igualdad y socavado la Fraternidad.”

“Agobiada, aplastada bajo el peso invencible de la hete­rogeneidad espiritual, desorientada por la diversidad de capacidades, la Democracia, exótica al ser implantada, no ha podido reaccionar sobre el medio americano.”

“La democracia es el natural remate a la cultura europea, remate que trata, a la vez, de ser principio a la cultura americana, que inútilmente lucha cien años por constituirse y levantarse sobre esa base artificial, inaplica­ble dentro de un alma de cultura cuyo centro de gravedad radica en valores propios, opuestos muchos de ellos a los de la cultura europea.”

“Por eso la Democracia es y será un concepto abstracto sin realidad política en la nueva cultura americana.”

“La cultura americana todavía en germen, se orienta contra la democracia.”

“La democracia ha sido la oportunidad política de los inferiores, la relegación del saber y de la capacidad, recha­zados por la ignorancia y la incapacidad que predominan en las masas. Sólo tiene, como apunta Scheler, un camino para salvarse a sí misma de la Dictadura, limitándose para ponerse al servicio del espíritu, de las élites, en vez de en­señorearlos como hace ahora, apoyando el advenimiento de las neo-aristocracias de Stoddard.”

“Una nueva filosofía de política biológica se construye con lentitud. Ella lleva la anulación de los dos errores fun­damentales de la Democracia: el equilibrio de los poderes y el voto universal.”

“El error científico de la Democracia, juzgada biológi­camente, fue el falso sentido de la igualdad.”

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