Las ciencias culturales buscan todo lo que el ser humano realiza, afirma el novelista Manuel Gayol Mecías

En los días que corren, se hace más efectiva la opinión de que el trabajo de la ciencia es cada vez más prominente en los medios digitales. Particularmente, los pasos se concretan en dirección a las humanidades, donde las ciencias sociales y culturales juegan un rol importante. Sabemos que la cultura nunca ha estado desligada del pensamiento y la ciencia y que, en este sentido, existe un poderoso banco de información que da cuenta de siglos de trabajo. Sin embargo, queda mucho por recorrer, sobre todo porque en la actualidad se examinan proyectos de investigaciones sobre la cultura atendiendo a enfoques multidisciplinarios.

A la siguiente entrevista del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de la Diáspora (ICCCD) respondió gentilmente Manuel Gayol (MG), narrador, crítico, investigador literario y periodista

ICCCD.-En su opinión, ¿existen las ciencias culturales? ¿Qué relaciones guardan con el panorama de la cultura cubana?

Manuel Gayol Mecías (MG): Por supuesto que las ciencias culturales existen, y forman parte de la trayectoria histórica de la ciencia como categoría que estudia la naturaleza (biología, medicina, psicología, química, física, cosmología, entre otras, que pueden ser combinadas como la bioquímica, la astrofísica, etc.). En el caso de las ciencias culturales habría que decir que estas buscan todo lo que el ser humano realiza, digamos, la sociología, politología, literatura, arte, economía, Historia en general (historia de las ideas, historia de los movimientos sociales, etc.).

En cuanto a su relación con la cultura cubana puedo decirte que estas deben tener las mismas clasificaciones y funciones que todas las ciencias guardan con cada país y cultura, pero que sabemos bien que en Cuba nada de esto funciona ya con el debido respeto y profundidad que todas las disciplinas deben tener, excepto quizás con los números de la revista Criterio, por una parte, y por otra con el Centro Arquidiocesano de Estudios de la Habana (CAEH) y su revista Vivarium. En Cuba hay que hacer mucho trabajo (quizás un trabajo titánico) en casi todos los escaños de las ciencias y, en específico, las culturales como antropología cultural, psicosociología, entre muchas, y fundamentalmente en economía, socioeconomía, etc.  Habría que reconstruir la Historia en su generalidad, la sociología; tendríamos que rehacer lo que es la historia de la literatura y la de las artes. Hay grandes lagunas, inmensas si se quiere, de problemas de todo tipo que desde hace 57 años no se han tocado o no se han profundizado. Será un trabajo de muchos años. Hay que reconstruirlo todo o casi todo. Es como desmantelar esa especie de  Miniver orwelliano, donde solo se ha consignado la Historia con todo aquello que le ha convenido al régimen cubano, y volverla a construir de una manera descriptiva y objetiva.

ICCCD.- ¿Qué nivel y grado les consideraría a estas ciencias en el marco del quehacer de la investigación cultural cubana?

MG.- Creo que esto se enlaza con parte de la respuesta anterior, eso de que es imprescindible reconstruirlo todo. Son muchos años en que las ciencias culturales han sido tergiversadas. Sin embargo, puedo añadirte que en el caso específico de la literatura y las artes plásticas sí se ha hecho un gran trabajo, pero ello ha sido por parte de dos o tres personas. El que conozco un tanto es el esfuerzo que ha realizado Desiderio Navarro (aun cuando podamos estar de acuerdo o no con él; ya que todo lo ha llevado a cabo siempre desde la perspectiva marxista). Pero ha sido alguien que ha trabajado a fondo con muchísimos problemas teóricos de la cultura. Alguien que ha tenido muchos obstáculos en su contra, aun cuando se supone que sigue los “lineamientos teóricos” de Marx, pero ha tenido trabas por asuntos de envidia y de rechazo por parte de varios “intelectuales” oficialistas. Desiderio ha dado a conocer a muchos teóricos europeos y de Asia central, y también de Europa oriental. Y nos guste o no, su revista Criterio es una referencia importante para todos los que necesiten entrar con un mínimo nivel de seriedad  a cualquier tema de la literatura y el arte, o de la lingüística misma, entre diversas disciplinas más, aunque se vayan a encontrar, pienso, en los primeros números, con esos obsoletos principios marxistas impostados al arte y la literatura.

ICCCD.- ¿Pueden las ciencias culturales tener relaciones de trabajo con la creación artística y literaria?

MG.- Por supuesto, no solamente “pueden”, sino que tienen que tener relaciones de trabajo con la creación artística y literaria. Tendríamos que recordar que, desde los años 20 del siglo pasado, ya venían realizándose estudios científicos  aplicados a estas disciplinas creativas. Ahora recuerdo, por ejemplo, a Miajil Bajtín, quien fue crítico literario, teórico de la cultura, quien asimismo hizo importantes estudios de filosofía del lenguaje. De hecho, por su obra y pensamiento, fue condenado a Siberia por Stalin. Con Bajtín se descubren las interrelaciones de los diferentes tipos de discursos culturales. En realidad, con él surge el dialogismo, que ya de los años 60 a los 70, con Julia Kristeva, la bulgara-francesa, estudiosa de la literatura  y de la filosofía, también del feminismo y quien fue psicoanalista, surge la intertextualidad literaria. En buena medida, a la Kristeva se le debe las teorizaciones y análisis no solo sobre la intertextualidad literaria, sino además sobre la metatextualidad y la intratextualidad, basados todos en la obra de Bajtín.

Esto, de las ciencias aplicadas al arte y la literatura,  es ya una cuestión connatural. En el caso de la literatura, a través del ensayo, la crítica y la descripción de la Historia, se produce toda una epistemología; es decir todo un cuerpo de fundamentos y métodos científicos aplicados a la ética y la estética de la sociedad y del mundo.

Y, por otra parte, cuando me refiero a la “Historia”, digo “descripción” y no “interpretación”, porque tenemos mucha necesidad en Cuba de buscar objetividad en la Historia; por eso, yo diría lo mismo que propuso Andrés Bello, desde su rectoría de la Universidad de Chile en el siglo XIX, en ese país austral, cuando Bello hacía énfasis de la necesidad imperiosa que tenían los países de la independencia hispanoamericana de hacer su descripción objetiva de los hechos, después de haberse liberado de España. Naturalmente, la descripción objetiva de los hechos echa por tierra todo lo que supuestamente analizó e interpretó el enfoque y perspectiva de los vencedores (después de la conquista).

ICCCD.- ¿Cuál es su campo de investigación y cómo definirías las tareas de un investigador de la cultura?

MG.- Bueno, mi campo es, por encima de todo, literario, aun cuando yo me dedico no solo a la fabulación, sino también al ensayo y a la crítica, a tratar de que la ficción asimismo —a través de la sugerencia, le especulación imaginativa y a una forma de pensamiento intuitivo— sirva como hipótesis para llegar a proyectar o descubrir verdades. Con el intuicionismo literario se puede especular positivamente, sugerir, opinar, y todo ello labra un camino por donde después las ciencias humanistas trasiegan y llegan a consensos y a criterios factibles. Mi método intuitivo tendría que ver más con incentivar las búsquedas fenomenológicas, místicas, metafísicas, poético-filosóficas, entre otras más. En realidad, intento trabajar de una manera intuitiva; es lo que me gusta y es lo que la literatura me permite. Naturalmente, indago, busco, a través de bibliografía (específicamente libros de consulta y de autores con temas específicos) y asimismo, por supuesto, lo filtro todo por cierta criba racional; por otra parte, busco mucho en internet. Creo que la internet se ha convertido en un instrumento de referencia extraordinario, con el que se puede encontrar buena parte de lo que se necesita. Claro, hay que trabajar mucho en esto, porque en internet está lo bueno y lo malo, y hay que deslindar y constatar a quién se le da reconocimiento de seriedad y a quién no.

ICCCD.- Para usted, cuáles serían los puntos débiles y fuertes de las actuales ciencias culturales en Cuba

MG.- Yo pienso que la gran mayoría de las materias y disciplinas en Cuba habría que revisarlas. No tanto por cómo piensen y actúen los profesores universitarios, sino por la confección de los programas de estudio que —naturalmente— responden a la ideología e intereses de la dictadura. Con excepción de los dos casos que te hablé anteriormente: la revista Criterios y la revista Vivarium y el CAEH, en la que yo mismo participé en su consejo de redacción cuando vivía en Cuba; estos dos medios serían los fuertes. Todo lo demás, pienso, hay que cuestionarlo.

ICCCD.- ¿Cómo evaluaría el futuro de las investigaciones sobre la cultura en la diáspora?

MG.- No sé, es impredecible. Todo lo que sea futuro en relación con Cuba es pura ilusión. En el exilio se ha tenido 57 años para crear manifestaciones culturales fuertes, y no se ha hecho. Es cierto que hoy en día, Miami se está descubriendo como un importante polo cultural, y en especial, lo que se relaciona con la cultura cubana. Y ello me tiene muy contento. Pero no es suficiente. Es necesario crear más instituciones culturales. Es necesario vitalizar esto que están haciendo ustedes para entretejer las ciencias culturales con las manifestaciones de la literatura y el arte. Los esfuerzos del exilio, en este sentido, siempre han estado por debajo a todo lo que ha hecho la cultura oficialista cubana. Y es porque en el exilio, los empresarios, los líderes de organizaciones y aquellos que han podido ser influyentes no se han percatado nunca de la importancia crucial que tienen las ciencias culturales, y la cultura en general, en todas sus manifestaciones, para unir y ripostar el potente andamiaje que el régimen cubano ha proyectado ante el mundo, incluso a sabiendas de que muchas de las políticas culturales que salen de la isla son mediocres y falsas. Sin embargo, el exilio no ha podido crear las instituciones imprescindibles para hacerle frente a la distorsión cultural creada por el castrismo. Y lo que nos hace falta para resolver esto, aquí en la diáspora, es sensibilidad y apoyo material. Crear instituciones y programas en cantidad suficiente, tanto en teatro, música culta, ballet, literatura y arte (incentivo a escritores y artistas: concursos, eventos, centros de investigación, más allá de los que existen en las universidades). En este sentido, yo reconozco y aplaudo lo que ha estado haciendo el Festival Vista del Arte y la Literatura Independiente de Miami; ustedes mismos, repito, con este instituto, al que hay que darle apoyo y donaciones, etc.; a las distintas editoriales independientes que existen ya; el Festival Internacional del Libro de Miami debe ser proclive a estas editoriales y a los escritores independientes. Pero todavía hay mucha división y grupúsculos. El ego —como tú sabes bien porque lo has estudiado— aún es muy fuerte en los cubanos… Por ello no puedo asegurar nada a un futuro inmediato; todavía seguimos separándonos y desvariando entre nosotros. Lo que está funcionando bien, como creo, en mi criterio muy personal es Neo Club Press y Neo Club Ediciones (que se encuentra en relación directa con el Club de Escritores Independientes de Cuba, que trabaja a todo riesgo en la misma isla); la Editorial Alexandria Library, la revista digital Signus Nous y este ahora instituto de Ciencias Culturales Cubanos de la Diáspora, entre otras entidades que a veces vuelven a resurgir y después se apagan. Ah, no me puedo olvidar de La Otra Esquina de las Palabras, que ya es una tradición en Miami. A todos ustedes, los que han tenido que ver y tienen que ver con estas entidades, yo los felicito de corazón. Y sé lo duro que ello es porque esa experiencia me sucede a mí con Palabra Abierta, mi revista digital, con Palabra Abierta Ediciones —mi propia editorial— y con el Club del Pensamiento Crítico, que aunque los hacemos funcionar desde California, también están vinculados, en esencia, a los asuntos culturales cubanos del exilio.

ICCCD.- ¿Otras consideraciones que quisieras abordar?

MG.- Sí, claro, y te agradezco mucho esta entrevista. Aprovecho para ahondar un tanto más en eso que ya te mencioné de mi método intuicionista, y es porque verdaderamente tiene mucho que ver con el enfoque científico o no que se puede hacer no solo de un texto, como tal, sino además de cualquier obra artística. Pienso que la intuición es un recurso para pensar y escribir, y que viene desde los tiempos del mito; cuando el ser humano primitivo vivía y actuaba en las propias leyendas que imaginaba. Todo su pensamiento estaba en función de la tribu, de la colectividad. En aquellos tiempos, el recuerdo entonces se transformaba en leyenda, en mito; era algo distorsionado por la imaginación del hombre… Después vino la era del Logos, donde se impuso la racionalidad. Y la mente humana logró hacerse individual. Esto fue un gran paso de avance en la evolución de la inteligencia. No obstante, yo pienso que el nuevo reto del hombre en su evolución es el volver a su origen que, según los vectores míticos, era un origen divino. Pero esta vuelta de tuerca en la cosmogénesis del hombre sería el de lograr un origen renovado, donde la ciencia y la magia de la tecnología se den, definitivamente, la mano.

Por eso hoy en día te encuentras dos posibles discursos: el intuitivo y mítico que puede hablarte de lo que está invisible en nosotros (aquí tiene mucho que ver los arquetipos de ese analista genial que fue Carl Gustave Jung), en lo que creo se puede llegar —desde una perspectiva metafísica y fenomenológica—al estudio de la conciencia y del mundo interior de la No-forma. Y, por la otra, el discurso racional, realistamente corpóreo, con un lenguaje racional que tiene que demostrar todo desde una perspectiva concreta, objetiva, y, sin embargo, siempre, en los casos de la literatura y el arte, termina un poco como perdido a la hora de poder demostrar los sentimientos, las sensibilidades. Porque estas funciones humanas siempre, por naturaleza, son subjetivas. Es lo que siempre les ha pasado a los científicos cada vez que quieren estudiar la conciencia: ¿por qué y cómo una puesta de sol incide o repercute en las sensaciones humanas?, el amor mismo, ¿cómo se puede explicar —con toda la profundidad que implica este hecho en una persona? El mismo caso de la poesía de José Lezama Lima, a la que casi nadie entiende desde una perspectiva lógica, racional, pero sí se puede leer desde una perspectiva intuitiva, en la que las imágenes, las metáforas, las atmósferas, entre tantas subjetividades más, se pueden sentir. ¿Qué es lo que significa científicamente hablando el hecho de sentir un poema en comparación con el hecho de entender ese mismo poema? En fin, es esto una de mis consideraciones que quería abordar. Y disculpa por extenderme tanto. Ha sido una gran satisfacción para mí haberte respondido estas preguntas. Muchas gracias, y lo mejor para ti y el ICCCD.

 

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