La Turas: significado filosófico cosmovisión y tratamiento de la Naturaleza

Por: José Millet

En estos días he estado recordando la copia de un audiovisual que grabamos en las celebraciones de Las Turas que tienen lugar en Moroturo, Estado Lara y la comparación que quisimos hacer entonces con un fenómeno semejante existente en Cuba, denominado Espiritismo de cordón. Desde la primera vez que asistí a estas celebraciones, se me hizo evidente la base étnica común, de definida raíz aborigen amerindia como huelen calificarla lo arqueólogos. Deseo concentrarme en la interpretación de esta expresión de alta espiritualidad distinguida como una de las más auténticas de Venezuela. Lamento que se sigan atropellando tradiciones ancestrales que nos remiten al pasado más remoto de la Humanidad por dos impulsos errados, cada uno de los cuales más dañino: por un lado, debido a la ignorancia y, por el otro, a la ligereza al tratar asuntos de extremo cuidado relacionados con la sensibilidad de un pueblo. Por el primero de ellos, se han asumido afirmaciones que todos repiten sin la más elemental y serena reflexión y a la comprobación de lo que la mayoría de la gente ha afirmado hasta aquí, mecánicamente. La primera afirmación es la que vemos en obras recientes y respetables, al alegar que Las Turas son o consisten en un baile o en un ritual. Ante las Turas, estamos en presencia de fragmentos de un todo –cuyo fondo no se visualiza nítidamente– dotados de movimientos y de una dinámica que nos remiten a procesos simbólicos o a sistemas culturales en algunas comunidades lamentablemente debilitados. Específicamente en nuestra región, tenemos la suerte de contar con dignos exponentes, tanto humanos como espirituales, que nos permiten trabajar de caras a su fortalecimiento y a subrayar su trascendencia en muchos y complejos sentidos.

La segunda afirmación se refiere a los “instrumentos musicales” empleados por los tureros u otros miembros de estas comunidades para “interpretar” la música con que se acompañan los movimientos colectivos danzados que, en ocasiones, son ejecutados en parte de sus festividades: algunos distinguidos investigadores, como nuestro coterráneo Luis Arturo Domínguez, los reduce casi a las flautas de carrizo o de bambú y otros, a las de maíz. Hay que añadir los instrumentos en que pueden convertirse los seres vivos, como los propios cuerpos de los tureros cuando se desplazan, acompasadamente, alrededor, de las fuentes de agua, de algún árbol o del espacio sagrado “presidido por un altar de ofrendas frutales con una cruz en el centro “denominado “patio de las turas”, semejando danzantes concentrados en su comunicación con las fuerzas trascendentes, ubicadas en la tierra que pisan o que se encuentran en algunos puntos del universo. Asimismo, es tal vez más significativo el empleo de “instrumentos musicales” derivados de seres muertos, como el cráneo astado de venado en cuyo orificio se sopla para producir un sonido único. De modo que la Naturaleza queda plenamente adoptada como el escenario ideal donde tiene lugar estas celebraciones que se realizan cíclicamente, en ocasión del cambio de las estaciones o ciclos astrales, al amparo de la relación íntima y permanente de todo lo que se mueve en la Tierra con el cosmos.

¿Qué son Las Turas realmente, pues? En la visión del común de la gente, son los elementos formales externos que se presentan, en sitios públicos de ciertas comunidades, durante sus celebraciones anuales: el mal denominado “baile de las turas” y los ritos que acompañan a aquéllas. Pero más allá de las apariencias, con Las Turas nos enfrentamos a las huellas y evidencias de un conjunto coherente y unificado de símbolos que es necesario interpretar, porque nos remiten a un estadio muy antiguo de la vida del hombre encima del planeta. Hablo de símbolos, pero también de significados y patrones de comportamiento de la criatura humana que se traducen en el tipo de relación establecida con el resto de los seres vivos que cohabitaban con ella “como las plantas y animales–; hablo de un pensamiento centrado en el mito del nacimiento del Hombre de una planta: el maíz, que aunque nos ha llegado algo fragmentado es uno de los más ricos, complejos y diversos de cuantos formaban parte del mosaico de las diversas culturas originales que existían aquí y que se pusieron en contacto e intercambiaron entre sí en nuestras tierras “americanas”, mucho antes de la invasión del conquistador europeo que terminó por dominar a los pueblos nativos que las habitaban a su llegada.

El tema de Las Turas nos obliga a tratar el proceso de transculturación que tuvo lugar a partir del contacto de los pueblos nativos del continente con los que vinieron del Viejo Continente, lo cual nos remite, de paso, a todo lo que sobrevino durante el período de la conquista y de la colonización foránea con sus correspondientes secuelas del etnocidio y el genocidio de los aborígenes. El intercambio de bienes materiales y culturales cubrió todas los ámbitos y esferas de la vida social y fue particularmente intenso, sostenido y transformador en cuanto a valores y creencias, muy manifiestos en algunos elementos que pueden ser apreciados en los espacios sagrados de los tureros, tanto en los altares colocados en el interior de sus casas como en los “patios de las turas”. Un ejemplo elocuente nos lo ofrece todo el rito de confección, reparto e ingestión de la chicha, bebida hecha a base de maíz que el elemento simbólico más caracterizador de la comunidad de los tureros.

Las Turas pueden ser vistas también como la expresión de agradecimiento y bendición de las cosechas anuales obtenidas por los tureros que son, en su mayoría, ciertamente agricultores generalmente de conucos, aunque existen entre ellos trapicheros y, en un alto por ciento, obreros agrícolas. Existe un fuerte vínculo entre la actividad económica apuntada con la praxis espiritual y hasta cierto punto religiosa turera, como puede apreciarse en el diagrama en el diagrama de la elaboración artesanal de la chicha que colocamos como parte del presente texto. La palabra tura es identificada con el maíz y, en efecto, en cierto modo existe esa identidad, pero Las turas abarcan un modo de vida y estilo que tienen en las celebraciones cíclicas uno de sus momentos más representativos. Pero una vez más debemos evitar tomar la parte por el todo, al hacer esa identificación mecánica parecería que seguimos manejándonos en la pura exterioridad del fenómeno, que es mucho más profundo y abarcador. En efecto, Las Turas envuelven todo el espacio cósmicamente concebido e imaginable, en el que están, en primer plano, los seres vivos “es decir, el, las plantas y los animales– y, asimismo, con igual o mayor peso determinante, las fuerzas y principios fecundantes propios de la Naturaleza, invisibles, que posibilitan la vida de esos mismos seres, su creación y reproducción encima de este planeta que denominamos Tierra. No es sólo, pues, a la Madre Tierra a la que se le rinde reconocimiento en estas celebraciones, sino también, y en no menor medida, a los principios que hacen posible su fertilidad y que, en su seno, se continúe la existencia, sea la humana o la de otras criaturas como las arriba mencionadas. Es correcto decir que se venera la cosecha, con el impulso propiciatorio adicional de que sean colocados todos los elementos necesarios para que el Dador nos vuelva a conceder igual merecimiento en especies comestibles y en bienestar espiritual.

2.- La comunidad turera de San Pedro de la Parroquia Mapararí cuenta su historia

Las entrevistas que le hiciéramos, a partir del año 2006, a Ángel Colina y a José Castillo, dos de los directivos principales de Las Turas, perteneciente a la comunidad San Pedro de Mapararí, nos han proporcionado una valiosa información que transcribimos a continuación, acompañada de algunos comentarios.

El 5 de enero de 2004, se legaliza la Fundación que lleva el nombre de José Cecilio Salas, fallecido en 1977, y considerado uno de los capataces que mantuvo durante largo tiempo esta tradición indígena, que ellos asocian a las comunidades étnicas de origen ayamán. Al final, al pie de página, colocaremos la relación de sus miembros fundadores, aportada en las entrevistas y que ha sido avalada por varios miembros de la propia comunidad durante algunas de nuestras numerosas visitas a San Pedro*.

Cuando les preguntamos quiénes fueron los primeros capataces, nombraron al mencionado Cecilio Salas y a Rodolfo Garcés, su actual capataz, e identificaron como sus reinas más antiguas a Engracia de Yugurí, fallecida a los 78 años, y a Marcelina Antequera, quien aún ejerce esta función.

En cuanto a la “composición organológica” o conjunto de instrumentos musicales empleados, resulta de mucho interés la relación de los instrumentos que identifican como los propios de Las Turas, a los que se asocian los siguientes nombres de quienes los ejecutan:

-Flauta Tura Macho: Hipólito Casiano Castillo

-Flauta Tura Hembra: Rodolfo Garcés

-Cacho Mayor: Rafael Molleda

-Cacho Menor: Martín Garcés

-Cacho Mediano: Ángel Colina

-Cacho Pequeño: Simón Castillo, Enrique Castillo

-Maracas: José Castillo, Yovanny Colina

Las turas es vista por el común del venezolano como un “baile”, en tanto se producen numerosos movimientos coreográficos realizados al compás característico de los instrumentos musicales que acompañan a estas celebraciones. A continuación, figuran los nombres de los danzantes de esta comunidad: Laudelina Castillo de Garcés, Elicia Castillo, Paula Garcés, Lourdes Antequera, Flora Robertis, Carla Antequera, Morelis Antequera, Emérita Colina, Elita Mora, Dominga Garcés y Adelaida Mora

2.1 Calendario de las celebraciones tureras

Al año, sus miembros pautan dos fechas para la realización de Las Turas: la primera, el 29 de junio, por motivo de la celebración católica de San Pedro y ocasión en que precisamente esta comunidad se ha esforzado por hacerse de un espacio de encuentro entre las comunidades de los Estados Falcón, Lara y Portuguesa; donde se ha mantenido viva esta raíz aborigen venezolana. A este espacio lo denominan “Día de la Fraternidad Turera”, por cuanto se caracteriza como un compartir entre hermanos, ideas y experiencias dirigidas al fortalecimiento de estas tradiciones. La segunda celebración la realizan el 23 y 24 de septiembre, en ocasión de la fiesta dedicada a la Virgen de las Mercedes. Nos llamó la atención que se los tureros de San Pedro se han esforzado por añadir una tercera fecha de festividad: la del 7 de abril, como “Día del Aborigen Ayamán”. En esta comunidad resulta significativa la voluntad de un porcentaje elevado de sus miembros de reivindicar su raíz ancestral, definiendo claramente que esta comunidad proviene de los grupos étnicos ayamanes.

3.- Dimensión telúrica y cósmica de estas celebraciones: las turas como círculo mágico

Muchos de los miembros de la comunidad de San Pedro que hemos entrevistado, afirman que Las Turas es una festividad agrícola en que se invocan las fuerzas reproductoras de la naturaleza para que propicien que la tierra sea fertilizada: que acepte la semilla en su seno mediante una cópula. Esta intervención garantiza la siembra. Se produce en el período de equinoccio de primavera, en marzo, cuando las condiciones climatológicas son favorables a la actividad agrícola y durante el equinoccio de otoño, en el mes de septiembre. ¿A quién se le rinde culto? ¿A esas fuerzas propiciatorias de la fertilidad y a la propia tierra? Al todo: a las fuerzas que se apropian de los miembros de la comunidad humana, a los animales y plantas, permitiendo que se conviertan en un sujeto colectivo, sin olvidarse de los espíritus ancestrales ni de los muertos; representados respectivamente por las flautas de carrizo, maracas y los cachos de venado.

La fecha de estas celebraciones tureras se enmarcan con los períodos del año marcados por el cambio de las estaciones: en mayo, cuando la primavera rompe con el período de las lluvias, la vegetación renace y el verdor de las plantas se extiende por todo el campo. Viendo las turas como un Proceso productivo, el equivalente a la unidad existente entre La Tura macho y La Tura hembra, podría encontrarse en la unión de la pareja formada por el Capataz y La Reina de Las Turas. Esta unión podrías ser interpretada como la cópula entre seres de sexo opuesto que derraman el semen que alentará a la tierra a recibir en su seno la semilla. Este “matrimonio espiritual” tiene el simbolismo del cielo eterno de la regeneración de la naturaleza, no regido por las leyes de los hombres.

La segunda época evoca su opuesto: la muerte, con ausencia del verdor reinante en la primavera, de la fronda coronada en flores de intensos colores, la caída de las hojas y el anuncio del frío, o si no, de la humedad que estremece los cuerpos. De ahí que, en esta otra época, los frutos cosechados deberán ser almacenados para conservarlos y usarlos en caso de que sobrevenga una temporada inclemente. Aun cuando en Venezuela no exista la sucesión indicada de las estaciones, igual el ciclo de las lluvias pone la pauta. Salvo condiciones climáticas no habituales, los ciclos lluviosos y secos pueden tomarse como regulares, y, por tanto, referentes bastante seguros.

En los eventos realizados durante esta conmemoración festiva anual se manifiesta todo un simbolismo. La marcha india de los tureros atraviesa los campos donde viven y se dirige directamente a la fuente de agua: exactamente al ojo de agua, de donde nace la vida. Se atraviesa la poza y se adentra en el fondo de una cueva donde viven los espíritus, justo en “el nacimiento”. Se les reconoce, así como indispensables dadores de dones esenciales, por cuanto si no existiesen o no dejaran que de su seno fluyese el líquido vital, ¿podríamos hablar acaso de agricultura?

La siguiente estación permite la comunicación con los espíritus que moran en la corteza terrestre. Activadas las mencionadas entidades acuáticas, se procederá a “despertar” a la madre tierra, empleando los procedimientos acostumbrados de las turas: ensalmes, invocaciones y cantos, acompañados de sones de flautas de carrizo y de cachos. La convocatoria a los poderes ocultos, también alcanza a los insomnes gigantes que descansan, de pie, encima de la superficie sólida: el círculo de los tureros se desplaza alrededor de un árbol acompañado de su música y de los característicos movimientos corporales. Aquí resalta la función exacta de las flautas: avisar al oído de las plantas, mediante el estremecimiento de su sonido, que debe activarse su capacidad reproductiva, el flujo de la savia, su ascenso a los gajos y fronda.

La voz venezolana cacho designa a la asta de un animal y sustituye, en este caso, a la calavera de venado usada como instrumento musical aerófano, que aporta y subraya lo opuesto o el polo negativo a la vida, o sea, la referencia explícita a la muerte. La puesta del juego de los contrarios que conviven en un mismo plano, escenario y tiempo es una especie de recordatorio o vínculo con el más allá. En definitiva, también es lo que motoriza la existencia al recordar lo que acontece permanentemente en la Naturaleza, a lo cual parecemos estar ajenos los humanos. Se invocan también con ello nuestra pertenencia al reino animal: no hay, pues, nada de macabro en los sones alusivos a aves conocidas en sones donde interviene esa calavera astada. Creo que adicionalmente debe indagarse en el llamado a una arista de agresividad representado por los pájaros invocados en los sones de turas, a la lidia eterna, que caracteriza a estos inquietos y bulliciosos animales.

El mencionado simbolismo remite a un sistema de círculos concéntricos que parte de la fuente hídrica-el enigmático ojo de agua-, se traslada a la parte sólida contigua a la poza y a la cueva, donde moran otros espíritus arbóreos y de la fauna, hasta desplazarse a un destino final: el de los seres humanos, cuando la comitiva llega al centro poblado que es la comunidad turera. Pero, concentremos la atención para que no se nos escape la definición del espacio sagrado inicial, caracterizado por la ausencia de fronteras entre los distintos estados de la materia, que se entrelazan, interponen e interactúan en un juego donde intervienen los seres invisibles y fuerzas que habitan en él, la tierra y el aire.

¿Qué aporta? ¿Cuál es la función y el sentido del traslado de los tureros, desde el espacio sagrado en que se produce o tiene lugar el encuentro inicial de esos tres importantes elementos a otro espacio, en este caso habitado por otros seres vivos que somos los humanos? Integrarlos en el “todo” de la naturaleza para que puedan funcionar en él como se quiere, a fin de alcanzar todas las metas propuestas, tanto el activa las fuerzas de la naturaleza convocadas, como las otras que puedan aportar otras criaturas del reino, en donde viven, fluyen o interactúan otros espíritus, por ejemplo, los de sus ancestros, totémicos familiares o comunitarios. De ahí que los tureros se esfuercen en llevar la relación detallada de cuanto aconteció en el pasado, y la traigan al presente como para rendirles a todos esos seres y fuerzas respeto.

También en el interior de la organización humana acuden y fluyen diferentes tipos de energía, dados por muchos elementos y eventos que en dichos espacios tienen lugar. Disponen de los frutos de la cosecha y los procesan para distribuirlos en determinados momentos de la celebración. Basta sólo con captar el significado de la presencia, empleo y dominio del fuego sitúa a los tureros por encima del resto de otras especies de su propio reino animal. Este último elemento nos permite adelantar algunas ideas que permitirán darle la ubicación aproximada y función que este postrer espacio tiene.

El movimiento del sistema de círculos concéntricos se detiene en un espacio abierto, en el patio de la casa o denominado “Patio de Las Turas”, restrictivamente hablando. Nuevamente estamos en presencia de otro espacio sagrado: en su centro una cruz, con los diversos sentidos que ella tiene, en su relación con el corte de los espacios y su asociación con la muerte; alrededor de ella, los frutos de la cosecha, obtenidos normalmente en el conuco local perteneciente a un turero. Entre los frutos mostrados destaca el maíz, en este caso la planta-dios que se ha sacrificado- para que su cuerpo y su espíritu sean compartidos por cada uno de los individuos que integran la comunidad turera y los invitados asistentes. El acto de consumo en colectivo, cerrado y unido, del tótem (maíz: turas) del que nacimos, es sólo un episodio de ese movimiento rítmico y acompasado, del que cada cual participa con conciencia más o menos clara y aquí nos esforzamos por aprehender e interpretar.

La cruz como referente de la religión judeo-cristiana, nada tiene que ver con los grupos y comunidades étnicas que poblaron nuestro continente y se mantuvieron en el mundo antes de la existencia de Cristo. Pero su ubicación en el “patio turero” es una clara remisión al carácter social al que hemos arribado en esta tercera “estación”. No se trata de un espacio más, de los existentes en estos vastos ámbitos rurales, sino de uno marcado por un tipo de organización social específica: la humana, en este caso de clara raíz nativo o aborigen.

* La “Fundación Cultural José Cecilio Salas” tuvo como fundadores a los siguientes tureros: Á Ángel Custodio Colina, José de Los Santos Castillo, Nelson Antonio Matute, Carlita Coromoto Antequera, Lisandro Rafael Antequera, Eddie Santos Páez, Rafael Ramón Rivero, Rafael Simón Chirino, María Lourdes Antequera, Marcelina del Carmen Antequera, Morelis del Carmen Antequera, Rafael José Molleda, Cecilio Antonio Castillo, Alida María Chirino, Martín Ramón Garcés, Salvador Vásquez, Dominga Ramona Garcés, Aureliana del Carmen Hernández, Carmen Lucía Acosta, Emérita Colina de Martínez, Adelaida del Carmen Mora, Elita Ramona Mora, Gloria Josefina Rivero, Clan Antonio Rivero, Paulita Chirino, Flora Robertiz, José Luis Garcés, Yolanda Antequera..

ANEXOS

Ayamanes: testimonio acerca de su comunidad de la tradición Las Turas,

Nuestro Atlas Etnográfico del Estado Falcón-Venezuela es el atlas del venezolano de hoy, con su
historia, vida cotidiana, valores, costumbres, personajes, quehacer
característico y creaciones culturales—colectivas e individuales—en
las circunstancias que lo rodean y en medio de este escenario, rico y
diverso desde todo punto de vista que se le mire, que es la región
falconiana. Por tanto, necesitamos colocar en el primero de los planos
su biotipo—tarea ésta que estamos conscientes es muy difícil de
plasmar. Pero, sobre todo, nos hemos esforzado por ofrecer una
“postal” de su vida en la comunidad concreta donde nació, ha crecido o
vive, en unión de su familia y de sus vecinos. Es decir: nuestro atlas
se ha impuesto ser el Atlas de la cultura comunitaria venezolana, en
especial de la rural, debilitada por el desgaste de esa realidad, tal como la percibimos y
apreciamos en su proceso de transformación, que descansa
en el empoderamiento de las comunidades de base de todo tipo de
recursos: medioambientales, naturales, energéticos y económicos.
Damos, pues, aquí, a modo de adelanto, una pauta de la vida y del
quehacer cultural del ser falconiano en ese horizonte elemental, y
humano, de su existencia, plena y libre, que es la sociedad solidaria
aspirada

.
La historia orienta al pueblo en la clarificación de las metas que
tiene por delante. Los valores están firmemente afincados en sus
tradiciones culturales y artísticas, y en ellos debemos beber siempre
como principal fuente de inspiración para fortalecer nuestro espíritu,
si en algún momento los sentimos menguarse. Es lo que ofrecemos aquí
con este vistazo a algunos de los asentamientos de donde emerge la voz
cálida y aleccionadora de la gente humilde apegada a su terruño,
atenta siempre a los latidos que corren por debajo de ésta, como
alegres manantiales que nos acompañan; orgullosa precisamente de lo
creado y capaz de esforzarse porque lo mejor de su pasado nunca muera.
El pueblo tendrá lista siempre el arsenal de conocimientos,
experiencias y saberes de los que beberemos como principal fuente para
mantener joven nuestro cuerpo y lista nuestra alma.

Entiéndase esta sección de nuestra obra como el reflejo—dado en
bocetos etnográficos—de lo que hemos podido registrar en nuestra
libreta de apuntes en nuestras investigaciones de campo y visitas,
muchas veces hechas en equipo, durante los más de dos años que
llevamos aguzar los sentidos y estudiando la región falconiana, su
gente y sus valores patrimoniales, materiales e intangibles.
Por último un llamado o aviso: el presente espacio, colocado en
Internet o impreso, proponemos sea aceptado como una invitación a los
miembros de las comunidades, a sus líderes natos y dirigentes, a
contribuir mediante escritos y aportes de documentos, fotográficos y
audiovisuales, que nos permitan ampliar nuestro registro hasta abarcar
los 25 municipios del Estado. Así seguirían el ejemplo de los tureros
de San Pedro de Mapararí, municipio Federación, quienes nos entregaron
un manuscrito que publicamos en esta sección y el primer de los
fascículos impresos de nuestro Atlas.

José Millet
Coro, septiembre 12.2016.
_____________________________________________________________________________________

 

1.2.1. COMUNIDADES, HISTORIAS E IDENTIDAD CULTURAL.

 

MUNICIPIO FEDERACIÓN. –

Comunidad San Pedro de Mapararí: Las Turas.

La siguiente reseña tiene un valor excepcional a los efectos de la
filosofía de nuestra obra: fue escrita por los humildes miembros de la
comunidad turera San Pedro, ubicada en la parroquia Mapararí del
Municipio Unión. La hicieron con la más absoluta libertad que le
otorga vivir en un territorio que consideran ayamán, de lo cual se
enorgullecen, a pesar de que podemos apuntar que las tierras que
labran, siembran y cosechan no les pertenece en lo que a propiedad
privada se refiere. Por nuestra parte, tenemos la dicha de ver
realizado, en parte, ese sueño de que el pueblo se esfuerce en
reconstruir su propia historia y es eso mismo lo que estos
trabajadores del campo han hecho para que el resultado de su voluntad
sea incluida en el Atlas Etnográfico del Estado Falcón que lleva
adelante nuestro Centro de Investigaciones Socioculturales del
Instituto de Cultura del Estado Falcón, Venezuela. La publicamos
textualmente, sin apenas hacerle ninguna corrección o cambios.
Lic. José Millet
Coro, 12.09.2016
———————————————————————————————-
SAN PEDRO DE MAPARARÍ CUENTA SU HISTORIA

Contada por los autores, tureros de esta comunidad

RESEÑA HISTÓRICA DEL PRIMER EVENTO DE LA FRATERNIDAD TURERA EN SAN
PEDRO DE MAPARARÍ.

En el 1.992 surge una idea del profesor José Chirinos de hacer un
encuentro de tureros en nuestra comunidad turera. Este primer
encuentro se inició el 28, 29  y 30 días de San Pedro y San Pablo,
donde asistieron tureros de  El Tigre, El Jusal,  La Duquesa,  San
Tacnus,        el Río Mapararí.

En este evento se integraron para que se realizara José Chirinos, como
Principal, Carmen Olivet, Samuel Bermúdez, Roselina Leal, Ender
Rodríguez y esposa Flora  Robertis, Simón Castillo, Ángel  Colina y
Tarcisio Gauna.

De este evento salió la donación del patio cedido por Servando
Cordero,  ganadero, dueño de la  hacienda La  Garza.  Desde allí
hasta la actualidad nos hemos independizado, y de allí arranca la base
fundamental de La Casa de los tureros; esta casa lleva el nombre de
Casa de las Turas “José Cecilio Salas”. También salen de este
encuentro los beneficios que los tureros no tenían, por ejemplo, la
ayuda para los viejitos tureros, construcción de la casa de los
tureros, mejoras del patio de turas, y otros.

RESEÑA HISTÓRICA DE LA DANZANTE MAYOR Y SUS CAPATACES

Audelina Castillo de Garcés, hija de José Cecilio Salas, su mamá María
dionisia Castillo.  Con una edad de 90 años.  Se destacó como danzante
en las turas desde muy niña.  A los 12 años andaba en los patios de
tura con su mamá.  Audelina fue y es danzante mayor por ser la hija
mayor de Cecilio Salas.  Al frente de las turas tiene un aproximado de
78 años como danzante, animadora  y  ser capataz.

RESEÑA HISTÓRICA DE ELICIA DEL ROSARIO CASTILLO

Elicia, hija de José Cecilio Salas, su mamá María dionisia Castillo.
Elicia  tiene 68 años, empezó a andar en los patios de turas a los 10
años, tiene 58 años al frente de las turas.

Como danzante  en su historia cuenta  que cuando la virgen María
andaba huyendo de los fariseos que mataban a los niños, una vez los
encontró y ella vio  que estaban tocando las turas;  y para esconderse
de ellos se metió en medio de los tureros, llegaron los fariseos y
dijeron: “vámonos, estos son unos locos”.  No la vieron y la virgen
bendijo en ese momento las turas.

HISTORIA Y RESEÑA DE PAULA GARCÉS

Paula, hija de José Cecilio Salas, su mamá  Pastora Garcés.  Tiene una
edad aproximada de 72 años.  En las turas empieza a los 10 años y
tiene danzando al frente de las turas 62 años.

Paula nos cuenta que en todos los patios de turas se mantenía una
cadena de      plantas medicinales, animales, guindados en el palacio:
un cachicamo, el primer animal de las turas, aguardiente o guarapo,
fuente de caña, chicha, fuente de carne de venado, marrano é monte,
mazamorra y muchos jugos.  El respeto, sobre todo, la orden era del
capataz y el mayordomo.
VERSIÓN DE PAULA GARCÉS

RESEÑA HISTÓRICA DE ANGEL COLINA

En Las Turas

Yo, Angel C.  Colina Castillo, nací un 16 de junio del año 1959.  Fui
promovido en las turas en una edad comprendida a los 9 años de edad,
bautizado en el año 73 en el patio de El Jagüey en los     del
Capataz mayor José Cecilio Salas, como Tureros Mayores Rodolfo Garcés,
Hipólito Caciano Castillo.  De allá hasta la actualidad me he venido
destacando en las turas como tocador de todos  los instrumentos de las
turas, como fundador del primer grupo de tureritos, entre ellos está
ahorita el turero José Castillo, Juvenal Castillo, Gregorio Hernández,
Alexio Mora, Jesús Mora, Erico Marrufo, entre otros;  Instructor de la
Resistencia  Indígena  Ayamán, fundador de la Fundación José Cecilio
Salas.

SAN PEDRO, 06 04 08.

PEQUEÑA RESEÑA HISTÓRICA NARRADA POR TARCISIO  A. GAUNA

Tarcisio A. Gauna, 58 años de edad, natural y residenciado en este
caserío.  Duro caserío, fue habitado por primera  vez  por los señores
Cecilio Salas y José Salas, siendo éste último el primero en llegar a
asentarse en un fundo que le puso San Lorenzo; historia que conozco
por versión del señor Cecilio Salas en el año 1976, ya fallecido.

También me contó sobre las turas y me dijo que estando muy pequeño  se
hizo turero en el patio de Monche Morles y Sixto Morillo, ubicado en
un sector de nombre El Zulia. Hizo un patio en el nacimiento, al cual
le puso el nombre de San Pedrito, del cual era devoto.  Habiendo sido
bautizado como Capataz de Las Turas por Sixto y Monche en los años 90
de 1800.

Belarmino Vásquez lo invita para que lo toque unos sones de tura en
Mapararí, para pagar una promesa a la Virgen de Las Mercedes, quedando
de acuerdo en tocarle  todos los 24 de Septiembre.

Una vez fallecido toma el mando como Capataz él, su hijo Rodolfo
Garcés como Sub-capataz  Casiano Castillo los cuales se mantienen.

Las Turas es un ritual que se toca para rendir tributo a los espíritus
benditos para que llueva y se den las cosechas, y promesas a petición
de quien se haya comprometido.  Se hacían juegos dentro del baile, la
gallina, el zorro, el venado, matrimonios, el perro, el cazador, y
otros.

Del  21 al 29 de Mayo se celebra al Día de Santa Rita, se le toca Las
Turas.  Dicha virgen la trajo Juana Carrasco, proveniente de La
Peñita.

La primera formación de niños tureritos fue por el señor  Ángel
Colina.  Hizo un grupo con los ñiños José Gregorio, Danny Antequera,
Darwin Gauna, José Garcés, Pedro Antequera, Miguel Leal  y otros,
como Reina  Audelina Garcés, de formación se mantiene .

Las Reinas de Las Turas:  la primera  Pragedes Chirinos (Siglo XVIII),
la segunda Ingracia de Yugurí (Siglo XIX), la tercera y  hasta el
presente Graciela Antequera.

RESEÑA HISTÓRICA DE LAS TURAS.

Una de las vivencias donde se observa de manera concreta nuestra
cultura prehispánica es el ritual aborigen o Danza de  Las Turas
(Danza del Maíz y de Vida), de carácter folclórico en homenaje a los
dioses de la cosecha y en honor al  santo San Pedro, celebrado dos
días, 29 y 30 de Junio de cada año en la comunidad de San Pedro,
Parroquia Mapararí, Municipio Autónomo  Federación.

Con la flauta de carrizo inventada por los indios  Ayamanes  y
mantenida hasta la actualidad, con ellas imitamos el canto de los
pájaros, con los cachos de venado cubiertos con cera negra de vallude
o de arigua; representa el sonido de los vientos y los truenos.  Los
trocones o tapara con semillas de capacho y maracas; representan las
lluvias.  Al juntar  símbolos  las turas originan el sonido de los
espíritus de la naturaleza para darles gracias y bendiciones a los
pueblos indígenas ayamanes.

RESEÑA HISTÓRICA DE LA FUNDACIÓN JOSÉ CECILIO SALAS

La Fundación fue fundada en 1.997, y se registró en el año 2004 bajo
el Nro. 37, folios 186 al 189.  Esta fundación lleva el nombre de José
Cecilio Salas.  Este protagonista fue el descendiente, el primer
Capataz en la década de los años 30 hasta el año 1976.

José Cecilio Salas fue el fundador de San Pedro, fue quien por primera
vez llegó a estas montañas vírgenes, acompañado de un tío de nombre
Maximiliano Salas, trayendo con él la estampa del Santo  San Pedro  y
sus instrumentos de las turas.  El nombre de San Pedro fue por el
santo, regalo que le hizo el padre Rivero en  Churuguara.

RESEÑA HISTÓRICA DE LOS  FUNDADORES DE LA FUNDACIÓN JOSÉ CECILIO SALAS

En el año 97, yo,  Ángel   Colina me propuse fundar esta fundación
dándole el nombre de José Cecilio Salas, por ser el fundador padre de
todos los tureros, abuelo de los descendientes.

El propósito de esta fundación fue para defendernos  un poco de los
manipulistas y así defenderlos un poco, reclamando nuestros derechos,
ya que nuestras costumbres y tradiciones ayamanes   hemos  mantenido
500 y tantos años atrás, sin desmayar.

En la  fundación y al frente están Ángel Colina Castillo, como
Coordinador General (7.498.174), José de los Santos Castillo,
como    Coordinador de Eventos (13.269.051), Flora Robertis como
Secretaria de Finanzas (3.097.667), Paulita Chirinos, como
Coordinadora de Proyectos (18.480.025), José Luis  Garcés, como
Secretario (18.605.103) y Yolanda Antequera, como Asesor (14.733.141).

RESEÑA HISTÓRICA  DEL  CAPATAZ RODOLFO GARCÉS

En el año 77 tomó el mando  como Capataz  el señor Rodolfo  Garcés.
Tiene un tiempo limitado en Las Turas, de una edad comprendida de 73
años al frente de esta tradición indígena.  Cuenta con 86 años de
edad,  como capataz o al frente de los  tureros tiene 32 años.
Rodolfo Garcés como capataz se encarga del respeto en el  patio de las
ceremonias y sahumerio de hojas de la montaña, llevar las plantas
medicinales, llevar las reliquias en el patio, entre otros.
RODOLFO GARCÉS

RESEÑA DE HIPÓLITO CASIANO CASTILLO

Hipólito Casiano Castillo lleva en las turas un tiempo al frente de
esta tradición, desde  muy niño.   Cuenta que ellos hacían turitas de
tártago o de hojas de lechosa.  Esa fue su inspiración en las turas y
fueron amaestrados por los piaches de Monche Morles.

Castillo cuenta ahorita con 80 años.  Tiene en las turas como turero
Mayor y Chamán 71 años.  Su comienzo fue aproximadamente a los 9 o 10
años.  Es hijo de José Cecilio Salas y María Narcisa Castillo.

_____________________________________________________________________________________

Otra forma de contar su historia turera…

Por José Millet

Las  entrevistas que le hiciéramos, a partir del año 2006, a Ángel
Colina y José Castillo, dos de los directivos principales de Las
Turas, perteneciente a la comunidad San Pedro de Mapararí,  nos han
proporcionado una  valiosa  información que transcribimos a
continuación, acompañada de algunos comentarios.

El 5 de enero de 2004, se legaliza** la Fundación que lleva el nombre
de José Cecilio Salas, fallecido en 1977, y considerado uno de los
capataces que mantuvo durante largo tiempo esta tradición indígena,
que ellos asocian a las comunidades étnicas de origen ayamán. Esta es
la relación de sus miembros fundadores, aportado en la entrevista y
que ha sido avalada por varios miembros de la  propia comunidad
durante algunas de nuestras numerosas visitas.

Cuando les preguntamos quiénes fueron los primeros  capataces,
nombraron al mencionado  Cecilio Salas, fallecido en 1977 y a Rodolfo
Garcés, su actual capataz, e identificaron como sus reinas más
antiguas a  Engracia de Yugurí, fallecida a los 78 años, y a Marcelina
Antequera, quien aún ejerce ésta función.

En cuanto a la “composición organológica” o conjunto de instrumentos
musicales empleados, resulta de mucho interés la relación de los
instrumentos que identifican como los propios de  Las  Turas, a los
que se asocian los siguientes nombres de quienes los ejecutan:

-Flauta Tura Macho:     Hipólito Casiano Castillo
-Flauta tura Hembra:    Rodolfo Garcés
-Cacho Mayor:   Rafael Molleda
-Cacho Menor:   Martín Garcés
-Cacho Mediano: Ángel Colina
-Cacho Pequeño:        Simón Castillo, Enrique Castillo
-Maracas:               José Castillo, Yovanny  Colina

Las turas es vista por el común del venezolano como un “baile”, en
tanto se producen numerosos movimientos coreográficos realizados al
compás característico de los instrumentos musicales que acompañan a
estas celebraciones. A continuación figuran los nombres de los
danzantes de esta comunidad: Laudelina  Castillo de Garcés, Elicia
Castillo, Paula Garcés, Lourdes Antequera, Flora Robertiz, Carla
Antequera, Morelis Antequera, Emérita  Colina, Elita Mora, Dominga
Garcés y Adelaida Mora.

* La “Fundación Cultural José Cecilio Salas” tuvo como fundadores a
los siguientes tureros:  Ángel  Custodio Colina   , José de Los Santos
Castillo, Nelson Antonio Matute, Carlita coromoto Antequera, Lisandro
Rafael  Antequera, Eddie Santo Páez, Rafael Ramón Rivero, Rafael Simón
Chirino, María Lourdes Antequera, Marcelina del Carmen Antequera,
Marelis  del Carmen Antequera, Rafael  José Molleda, Cecilio Antonio
Castillo, Alida  María Chirino, Martín Ramón Garcés, Salvador
Vásquez,  Dominga  Ramona Garcés, Aureliana del Carmen Hernández,
Carmen Lucía Acosta, Emérita Colina de Martínez, Adelaida del  Carmen
Mora, Elita Ramona Mora, Gloria Josefina Rivero, Clan Antonio
Rivero, Paulita Chirino,  Flora Robertiz, José Luis Garcés, Yolanda
Antequera..

Calendario de las celebraciones tureras.-

Al año, los líderes de esta comunidad pautan dos fechas para la
realización de Las Turas: la primera, el 30 de junio, por motivo de la
celebración católica de San Pedro y ocasión en que precisamente esta
comunidad se ha esforzado por hacerse de un espacio de encuentro entre
las numerososas comunidades de los Estados Falcón, Lara y Portuguesa,
donde se ha mantenido viva esta raíz aborigen venezolana. A este
espacio lo denominan Día de la Fraternidad turera, por cuanto se
caracteriza como un compartir entre hermanos ideas y experiencias
dirigidas al fortalecimiento de estas tradiciones. La segunda, el 24
de septiembre, la realizan último por coincidir con “fiesta patronal
de Mapararí”.  Nos llamó la atención que agreguen una tercera fecha,
el 07 de abril, como “Día del aborigen Ayamán”.  A pesar de que nadie
en ésta comunidad resulta significativo la voluntad de un por ciento
elevado de sus miembros de reivindicar su raíz ancestral, definiendo
claramente de que comunidad étnica provienen los grupos étnicos
ayamanes.

 

 

 

3 thoughts on “La Turas: significado filosófico cosmovisión y tratamiento de la Naturaleza

  1. Las turas son el espacio—que algunos pretenderán que es sagrado—que conecta la tierra con las fuerzas de la Naturaleza y del cosmos; sus portadores, dotados del fuego que trasladaron del foco primigenio del agua a la tierra, los tureros, lo llevan consigo para mantener una tradición que se remonta al origen del Tiempo y que, para sus comunidades, se reduce al culto de la tierra, de los elementos que la benefician para que fructifique en ella su “Dios”: el maíz, a cuya cosecha y reproducción alaban, como lo hacían los pueblos originarios, como ellos, los ayamanes, en Centroamérica. Hombres del Maiz, la planta “sagrada”, que se aplican a honrar la lluvia y las energías que hacen posible el principio de continuidad de los seres vivos en nuestro planeta. Gracias a los organizadores de este Centro de estudios por hacer posible esta breve publicación la que forma parte de un todo mayor que alguna vez verá la luz del Sol, a quienes los ayamanes también honran. (Josè Millet, milletjb3000 gmail.com)

  2. Saludos Sr. Millet, buen artículo, para recordarnos que cada día los Ayamanes y Las Turas son dignos de respeto, y también del deber que tenemos como falconianos de conocer, defender y difundir esta tradición tan nuestra, tenemos esa deuda con la naturaleza y con la cultura falconiana.

    1. Y por qué sólo menciona a Las Turas y Tureros de Mapararí? Los del municipio Unión también dieron muy buenos aportes, la Reina Críspula y su gente, dedíqueles un artículo que usted sabe bastante de eso. Seguimos en contacto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*