La relación

Martha Rodríguez Cabeza

Capitulo I. del libro: Descubriendo el ADN de la pareja. Por Unos  y Otros Ediciones, 2017

 

A partir de un día…

«Dos personas se conocen, puede ser en una fiesta, en un bus, en un parque, en una empresa, son compañeros de trabajo, de estudio, vecinos …».

 

La variedad de situaciones que propician el encuentro entre dos personas que, tal vez, un día serán pareja, es inmensa e indiscutible. Tal diversidad está estrechamente relacionada con el funcionamiento de las sociedades y sus diferentes culturas, que generan espacios de encuentros.

En ocasiones, conocer a alguien es un hecho sorpresivo, otras son más predecible como, por ejemplo, cuando ha sido propiciado por el interés de algún amigo que percibió semejanzas entre dos que no se conocen. Algunos encuentros han sido buscados intencionalmente, pero también existen encuentros fortuitos en los cuales el azar juega el rol de casamentero.

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De cualquier manera, algo pasa un día y desde ese momento se producen cambios en los planes, en el orden de prioridades y en la vida en general, de esas personas que hasta entonces no funcionaban como unidad.

Por lo general se recuerda el primer encuentro con cierta exclusividad, pues delimita el comienzo de una situación de gran importancia en la historia personal.

Conocer a alguien agradable y que clasifica potencialmente como pareja, es una invitación de redefinición y transformación de la existencia, un movilizador de añoranzas, expectativas y sueños.

La vida enseña que la noticia de un nuevo amor es una experiencia intensa.

Son muchas las señales psicológicas y físicas que delatan el comienzo de una relación de solo citar algunas, podemos señalar como «la nueva situación» actúa en forma de afrodisiaco natural. El organismo es activado felizmente: la piel, el cabello, el brillo en los ojos, lo que muchos llaman el sex appeal, son manifestaciones de la intensidad con la cual se festeja la buena noticia.

Desde el punto de vista psicológico, estamos ante un hecho de envergadura, ya que, tanto el aspecto motivacional, los mecanismos de la cognición y las actitudes, es decir, todo el mundo interior, se moviliza positivamente con intencionalidad hacia el cambio, proyectando una actitud favorable en general y en particular hacia la persona de interés.

Lo expresado repercute en la flexibilidad de los mecanismos psicológicos y es promotor de una compensación transitoria y dependiente de la manera en que se vivencia la experiencia.

Alguien en una consulta de psicoterapia comentó que: «conocer a una persona atractiva, hizo despertar un mecanismo de exploración que estaba dormido».

La apertura y la exploración son dos de las más importantes estrategias para comenzar a considerar la posibilidad de una elección, pudiendo dar como resultado en el futuro, la construcción de un nosotros.

La curiosidad como mecanismo se renueva y los procesos motivacionales entran en escena con un importante papel: descubrir con quién nos estamos involucrando, encontrar áreas de enlace positivo y redefinirnos en la nueva situación.

De alguna manera es una oportunidad de volver a empezar.

Cuando estudiamos la conducta humana hacemos abstracciones de procesos que siempre están influidos por las características de la personalidad. La curiosidad como mecanismo auténtico de los humanos y preámbulo de la exploración también se manifiesta de diferente manera en dependencia de la individualidad. Por esta razón, aunque estimula la cognición y el intercambio con el entorno, no se visualiza de igual manera en unos y otros.

Al observar las relaciones interpersonales notamos que en ocasiones la falta de interés por el otro puede ser un enmascaramiento de la condición real, también por el contrario puede manifestarse una curiosidad inflada como con secuencia de otros factores subyacentes.

Aunque por lo general podemos percatarnos de la curiosidad que despertamos en los demás, la conducta humana con su riqueza y variedad nos puede desinformar. Esta es la razón por la que en ocasiones una persona que ha estado interesada en otra, puede pasar inadvertida para esta. Lo que sí es indudable es que la curiosidad desatada, es un importante movilizador psicológico y conductual y una necesaria condición para la obtención de información.

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