Región, regionalistica y regionalidad cultural en la genealogía de la nacionalidad Cubana

Por: Ángel Velázquez Callejas

Nunca he presentado este libro en público. Algunos amigos, pocos, tres, cuatro, conocen el contenido. Es un texto que transita del saber místico a la racionalidad ascética. De ahí que la genealogía de la nacionalidad cubana tenga por  oculto un matiz onto-mítico y una  ritualitisca de la forma de habitar el espacio. No obstante, el libro lleva más de 10 años escrito esperando al poeta,  que se adueñe de la voluntad poética. Julio Benítez, el narrador de la guantanameritu, escribió hace algún tiempo  una reseña que agradezco sin fin, la cual constituye en esta edición el prólogo del libro. Benítez se acercó minuciosamente a la estructura narrativa del libro, indagó en el espacio imaginado, en  los hechos empíricos y señaló  la erudición del mismo. Descubrió que se trataba de mi posición como atleta ante la dimensión de lo indecible y descifrable. Creo que su lectura dio cuenta que se trataba de un libro (para no decir la Biblia) de la nacionalidad cubana.

Ahora rápido quiero dejar constancia de la estrategia metodológica y teórica en la que nos embarcanos hace más de 25 años: con informe al concepto habitar, ponemos de manifiesto la clave del análisis de la existencia y la definición de región histórica. ¿Puede la región histórica definirse de desde los onto-existencial? En otras palabras, ¿puede el origen y formación de la nacionalidad cubana estudiarse desde el onto-existencialismo?  Lo que se denomina aquí ser en una región histórica o cultural es establecer mediante el estanciero alianzas y previsiones elaboradas per se en forma de habitar y no de conquista.

La historiografía cubana parte del concepto conquistar el espacio nacional y regional. De modo que permanece intacta  la noción histórica y demográfica de la región del regionalistas Juan Pérez de la Riva de la dos historias; la Cuba A y la Cuba B.  En las descripciones  de La conquista del espacio cubano prevalece el concepto socio- económico-demográfico y político de región. Pero esta categoría sigue siendo para el pensamiento actual de la regionalista y de la concepción de la historia regional un modelo a superar, pues no aporta mucho a lo decisivo sobre  el hombre y su existencia en el espacio. El extravío con respecto al espacio en los actuales estudios sobre historia regional  lo ofrece las imágenes antiguas de la cartografía cósmica, que en la modernidad se convierten en cartografía socio económica del territorio por el capital y la formación del mercado interno. Dado a lo que tiene que plantear la frase cogito ergo sum acerca del tema de la espacialidad, esta  queda concerniente al conjunto de cuerpo y ente como insuperables usufructuarios de la extensión. Entonces reaparece a la vista de los historiadores y antropologos la ilusión de que el pensar y la extensión no pueden encontrarse in situ. Para dar sentido a la problemática cartesiana de la espacialidad, surge en el siglo XX la idea: “yo soy yo y mi circunstancia”.

Pero la circunstancia tampoco da la extensión cognoscible de la espacialidad del estanciero, debido a que  se sitúa carente de mundo, desposeído de  extensión. Habría que habitar el lugar, en tanto acercamiento al lugar de origen, para que el encuentro se efectúe: un caminar de regreso por el lenguaje  sin la perderse en  la dirección a la casa. Así reaparece un modo de región histórica del Cauto, de orden patriarcal,  que desmitifica al habitante bayamés conquistando la región y lo abierto en forma  física y geográfica. La región histórica tampoco se fundamentaría en la deposición del espacio donde los existentes puedan entran y salir fácilmente. La región aquí posee lenguaje del dónde para direccional a sus habitantes.  El lenguaje, por ejemplo de la hacienda agraria, marca el límite y la regla gramatical en el espacio.

Por eso la cultura regional o la regionalidad cultural constituye el espacio de extensión donde el bayamés se dilata fuera de sí, de su bóveda originaria, y alcanza límites espaciales imaginarios insospechables pero reteniendo la imagen de la bóveda imaginaria después del parto materno. Ese estar fuera de sí ordena, una vez habitándose, la  espacialidad mítica que da sentido Bayam como poética. El sonido Bayam marca los límites alcanzables de la regionalidad. Hasta dónde logra alcanzar la voz del sonido Bayam, es hasta dónde el habitante logra habitar la  cura regional. El sacerdocio regional da sentido al espíritu del lugar. Por tanto, el origen de la nacionalidad cubana arranca y se relaciona con el espacio ya  habitado dentro de la región histórica cultural, cuyo habitar aprende a direccional  en el espacio como tiempo y movimiento hacia la cercanía. La regionalidad cultural  del espacio existencial se propone, por ende,  sustituir el manco concepto regionalistica de la historia  por la concepción poética del espacio. Un estudio de la genealogía del espacio, de la existencia de los hombres en un lugar, nos proporciona una forma de vida de la identidad del espacio como inmune cultural.

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