La orden y la cultura en la representación múltiple entre muertos y dioses

Por. Ángel Velázquez Callejas

“(…) llamemos principio al elemento que, dentro de una pluralidad determinada, la organiza o tiende a organizarla en forma de sistema. Con igual ausencia de pretensión ecuménica llamemos representación múltiple a aquellas que, por necesidad o por conveniencia, se presenta más de una manera.”

Sobre muertos y dioses/Joel james. P. 13-14

 

Para arribar a una aproximación del pensamiento filosófico y antropológico de Joel James Figarola no basta con conocer al autor y su existencia personal, también es necesario leer su obra completa con la mayor visibilidad posible. De hecho, no tengo la menor duda que, en el trasfondo de los hechos y la narrativa de las investigaciones, la obra de Joel guarda una sistematicidad común al lenguaje, pensamiento y estructura de la gramática. James fue, entre otros enmascarados de la isla, un Wittgensteiniano sutil y secreto, propiciador y provocador del debate profundo, basado en determinadas formas de los juegos del lenguaje, pero que no se deben tomar como la última palabra sobre la reformación de la lógica positivista en un análisis estructural y fenomenológico. Lo impensado hasta ahora, lo cual merece atención especial puesto que rosa la periferia  de la ascetología, surge cuando al jugador del lenguaje también le interesaba, en rigor, exponer una definición de cultura e identidad a partir de que ambas formas de vida estaban ligadas a la existencia de una reglamentación espiritual cuya práctica cultural se articulaba más en el espacio que en el tiempo. El espacio de la práctica en una interrelación estricta con la orden y su regla

Hasta donde alcanzo ver, la obra Joel sigue sin ser dilucidada en tanto proponía de fondo un lenguaje alternativo y, por añadidura, una concepción de divergencia cultural a través de los sistemas mágicos religiosos. ¿Pero qué significa para Joel James la noción juegos del lenguaje y qué ganancia reporta en el pensamiento abstracto? Todo lo que se diga de aquí en adelante es absolutamente responsabilidad mía.  Pertenecer a una orden, practicar y estudiar la forma de vida constituye para el observador en juego una síntesis del ejercicio espiritual. Bien porque lo que da especificidad a la operación del ejercitante-observador es hacer suya la forma de la regla, sean estas palera, santera y espiritista. Qué los juegos del lenguaje de James contribuyen a primera vista a enfatizar la frontera para visualizar la unidad de la regla en el culto no tiene parangón con otras metodologías de estudios sobre la problemática de la religión en Cuba.

Supe por primera vez de Joel James por medio de sus libros; lo conocí personalmente en los años precarios de la primera mitad de los 90s, cuando durante el Festival del Caribe ambos participamos en el Evento teórico de historiadores locales. Allí tuve, por primera vez, la ocasión de intercambiar ideas con quien era ya un acérrimo crítico del positivo en la historiografía cubana. Más adelante, dos años después, 1994, se me dio el privilegio de conversar largas horas en Manzanillo, ciudad que veneraba por la versatilidad y difusión de las tradiciones populares. Allí hablamos sobre variados temas de la historia y la cultura regional.  Por aquel entonces James había publicado aproximadamente diez libros y un sin número de artículos y ensayos en la revista Del Caribe, de la cual era director. Entre los diversos textos narrativos, históricos, etnológico y antropológicos destacaba uno, que para mi gusto llamó la atención por el nivel del pensamiento abstracto y las complejidades metodológicas que les confería el autor. Me refiero a:  Sobre muertos y dioses, libro con no más de 80 páginas cuya primera edición fue en 1989, bajo la edición de Jorge Luis Hernández y que era quizás el primer intento dentro de la obra del autor de estudiar con sistematicidad la funcionalidad múltiple de la representación lógica-lingüística de una orden, a la cual se pertenece como ejercitante por convicción.

Un punto importante en esa indagatoria la representa la multiplicad de la selección de lo prevaleciente cuyo modelo daba importancia a la jerarquía del sistema de presentación en una tendencia o regularidad para el pensamiento abstracto. Lo que es capaz de ser seleccionado implica por formulación teórica que debe ser adiestrado bajo la regla predominantemente motivada mediante el lenguaje abstracto y concreto. Quienes llevan a cabo la selección del grupo escogido, se representan ellos mismo de múltiples maneras. El principio rector en los sistemas mágicos religiosos no deja de ser también una forma de vida de acercamiento a la regla pues intenta establecer lenguaje de acuerdo a la orden religiosa. No habrá practica espirituales de Palo Monte, Santería y Espiritismo sin una deliberada instrucción de parte de los arquetipos seleccionados. En el fondo Muertos y dioses no constituyen un hecho de la representación en múltiples maneras, sino metáfora de la selección, del grupo, que por la orden se representa varias veces como autoridad ante los muertos y los dioses.

Joel aduce un elemento del principio, que en primer plano juega un rol de finitud cuando “la representación múltiple puede expresarse dentro de los ordenamientos religiosos en una gama de manifestaciones, que abarca desde las entidades divinas plásticamente concebida en forman que remiendan la silueta humana, hasta las variadas maneras de nombrar un mismo elemento mítico o ritual e, incluso, en las plurales cristalizaciones con que la fuerza supraterrenal representa el cerebro del creyente durante la vigila y el sueño”.  La representación tenía un número; es decir, una cantidad simétrica de presentación varias veces. Este dato positivista, susceptible a ser registrado empíricamente, no debe tener la consideración pertinente en el nivel abstracto del pensamiento; lo que hace abstracto al pensamiento es precisamente el muerto en la forma de divinidad.

Para establecer el principio o la teoría, en la representación múltiples, el observador debe estar muerto en apariencia, separase de la corriente de la existencia, pero estando en ella, en medio de la orden y la gramática que la identifica. A partir de esta aceptación espiritual, Joel se aventuró en la investigación de la cultura como una orden, en la cual puso a los sistemas mágicos religiosos en el nivel de culturas sistematizada y ordenada sobre la base de un saber ascético moral tras las múltiples representaciones que les confieren.

Lo que hay por estudiar en el principio de la nganga Joel no lo esclareció del todo, pero señaló la dirección a seguir: en su mudanza al exterior, el hombre-muerto se muda de lugar y hace de la nganga el núcleo central alrededor del cual el muerto en vida o la muerte aparente construye su nuevo habitad.  Joel anuncia, en rigor, una tesis, probablemente heideggeriana, donde lo más importante de la práctica estriba en el oyente. Este practicante sonoro, si cabe la metáfora,  se apropia del espacio donde vive  la comunidad religiosa en base  la regla y la orden por medio de la pastoral de los muertos y los dioses. Qué la regla no contenga un código de escritura instructiva sino signos del lenguaje revela hasta qué punto la Nganga constituía la Casa del palero. Joel pensaba en la trasformación de la cultura y la identidad mediante la cohesión de la unidad del practicante en el sentido de la solidaridad en plano diferente a como el positivismo había causado efecto con la literatura.

Dicho esto, lo que se representa, ya Foucault lo observó una vez en los estudios sobre el poder, es forma la “minimalidad” del lenguaje hecho raya. La nganga se reproduce en la segunda naturaleza por medio de la obviedad, dígase empeño de seguridad y cuidado del creyente. Lo que Joel propone a lo largo de sus investigaciones empíricas y sobre todo se advine muy bien este libro Sobre muertos y dioses constituye una epojé, la retirada desinteresada de la vida del muerto, de la futura realización de la regla en nganga, esta como el lenguaje de la Casa, o de la orden religiosa. En la representación múltiple, la nganga es la casa del lenguaje del palero. A eso se le añade la siguiente simplificación de los juegos del lenguaje: “la presentación múltiple puede obrar como principio articulador dentro de los sistemas mágicos religiosos cubanos porque constituye en sí mismo una orden…(continua)

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٭Lo que aquí se aduce constituye un fragmento del libro en preparación sobre la obra de Joel James Figarola.

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