La nostalgia del Antiguo Régimen

Por: Ariel Pérez Lazo  

Una de las tendencias que Ostwald Spengler reprochara a la filosofía de su tiempo era su desconexión de la sociedad. De ahí que insistiera en buscar el sentido que llevaba a un tiempo determinado a tener un arte o una filosofía en específico.

El reciente estreno de una nueva versión de La bella y la bestia-que esta vez abandona el animado y se torna ficción con actores humanos me ha hecho pensar en el retorno de esta ancestral historia.

Pudieran aducirse razones psicoanalíticas: la joven de “buena familia”-las virtudes de la clase media, ahorrativa, recatada, ajena al lujo y desenfreno de las aristocracias tardías del Ancient Regime– se enamora de la “bestia” parece recrear los misterios de la naturaleza femenina pero aquí se trata de algo más profundo. Una simple fenomenología del filme nos permite ver que esta historia transcurre en pleno Antiguo Régimen. La joven Belle es hija de un mercader-es miembro de ese Tercer Estado que habría de rebelarse en 1789-y la bestia es un noble arrogante que acarreo su castigo al humillar a una hechicera. Sin embargo, el noble recibe una “educación sentimental” de manos de la joven burguesa: ¿Un llamado a que la aristocracia “escuche” a la burguesía? [1]Ignoro los móviles de Beaumont al escribir la versión más conocida de esta historia en 1756 pero su cercanía temporal como el Despotismo Ilustrado permite la analogía.

Sin embargo, lo interesante es que esta historia retorne en nuestro tiempo. No se trata de la clásica historia de amor romántico. Belle no experimenta un flechazo sino repulsión al conocer a la bestia que ha encerrado de por vida a su padre y que, por amor a éste, toma su lugar. Recuerda mucho los matrimonios por interés de la época en el cual el padre arreglaba el casamiento, suponiendo que el amor vendría después. El romanticismo del siglo XIX-que llevaba en si la Revolución, a pesar de su aparente negación[2] junto a la Revolución Industrial echan abajo los restos sociales y costumbres del Antiguo Régimen como esta vieja costumbre de los matrimonios de conveniencia.

No parece casual que se vuelva a poner de moda esta vieja narración cuando los Estados Unidos se han entregado a una figura política considerada por muchos-dentro pero sobre todo fuera del país- como una bestia. En espera de que este pueda refinarse en el ejercicio de su cargo, América es una chica como Belle, va ablandando el corazón de su príncipe ogro hasta que al fin logra rescatar en él su humanidad.

¿Qué relación guarda esto con nuestro tiempo en general? ¿Por qué esta nostalgia del Ancient Regime? [3]Vivimos en un tiempo de crisis del ideal democrático liberal. Si algo une a políticos tan distantes como Donald Trump, Nicolás Maduro y Mateo Renzi (este último defenestrado en diciembre pasado) es su deseo de cambiar la constitución con la que se encontraron al llegar al poder, considerarlas inoperantes, demasiado enfocadas en el balance de poderes[4]. Aunque la destrucción del Antiguo Régimen derivo en una tiranía de la mayoría durante el Terror (1791-1793) este fue derribado en virtud del deseo de establecer un balance de poderes. No puede ser casual que de este lado del Atlántico se halla intentado en cinco naciones el intento de derribar dicha separación de poderes y el actual presidente norteamericano acuse a la constitución de ser el freno a su programa de America First.

Se tambalean los cimientos de la modernidad: asociación libre de conyugues y ciudadanos, deberes y derechos mutuos, separación de poderes a fin de debilitar al Leviatán-la bestia. Hay que ver detrás de los acontecimientos sociales a veces superficiales como una ligera mutación de las preferencias estéticas, el anuncio de cambios más profundos. Una nostalgia del Antiguo Régimen cuando ya se ha vivido la Revolución en todas sus consecuencias es algo sin embargo que solo podría dar lugar a un tercer momento que sintetice y supere ambos contrarios.

[1] Sorel veía en el mito un llamado a la acción. Si el origen de la historia de La bella y la Bestia como algunos analistas opinan se remonta a tiempos donde el mito era la forma dominante de la cultura, su reaparición en el contexto del Antiguo Régimen puede desempeñar esta función apuntada por Sorel. Mircea Eliade, en este sentido, reconoció la supervivencia del mito en el mundo contemporáneo: aún asistimos al conflicto de dos concepciones: la concepción arcaica arquetípica y antehistórica, y la moderna, poshegeliana que quiere ser histórica. El mito del eterno retorno. Alianza Editorial. Madrid, 2015.  p 162.

[2] Hegel, el idealista opuesto aparentemente al materialismo y anti-clericalismo de la Revolución, sembraba árboles en honor al acontecimiento de 1789.

[3] Yadira Escobar, la polémica bloguera de Miami, ha intentado explicar el reciclaje de estas viejas historias por Hollywood como muestra de la crisis del capitalismo o su incapacidad para la creatividad y la innovación una vez que ha despegado sus potencialidades (fuerzas productivas en términos marxistas). En realidad, el capitalismo actual es solo expresión de la vigencia de las ideas de la Revolución- es decir Revolución Americana, Francesa, Romanticismo y Revolución Industrial.

[4] Borger, Julian: Donald Trump blames constitution for chaos in his firsts 100 days. The Guardian. (versión digital) Sunday, April 30, 2017.

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