La “historia universal” de las estaciones espaciales

Por: Galán Madruga

En la época de la historia Todavía la gente de la era neo-liberal regresa -como en los tiempos medievales-   observa con escepticismo el cielo nocturno. El pánico se apodera de ellos porque no solo creen en que son observados, sino que también lo saben, y aceptando ceñido este discernimiento, actúan como lo requiere su conciencia. El pensamiento clásico de la tecnología se comprende en la hipótesis de los equipos técnicos constituyen, por su naturaleza, extensiones de los órganos vitales que permiten a los usuarios un tipo de dispositivo para extender el alcance de los sentidos y las extremidades. En este sentido, el teléfono extiende el radio de acción de la audición humana y los zapatos, carreteras y automóviles le dan a los pies y piernas un aumento dramático en las posibilidades de movimiento. Ahora es posible hablar de técnica desde la dimensión de la extensión, cuya posibilidad presenta a los órganos vitales y la tecnología como un conjunto de mejorar las prótesis o mejoras. Por lo tanto, el Homo sapiens sería el animal técnico por antonomasia.

Ya no existe el espacio cósmico como dependencia de la vida en la conciencia humana. Si se quiere ir allí, hay que llevar el habitar de la tierra para tener algo para quedase. Aunque esto puede parecer significativo a primera vista, tiene tremendas implicaciones antropológicas. Con la conquista del espacio cósmico la humanidad se deriva hacia el esfuerzo de la extensión y la expansión mediante remociones e incrustaciones, donde los órganos vitales no se trasplantan de un cuerpo a otro, más bien, se construyen estaciones espaciales que implican implantes ontológicos y trasplantes en el espacio sideral. La constitución de un mundo en la nada espacial y el trasplante de un mundo de vida habitable para un medio ambiente en el contenedor del mundo exterior perturba la conciencia humana. El arte de la construcción de prótesis avanza al nivel del conjunto del productor deficitario y la extensión ambiental a través de la etapa de reemplazo de órganos y alargamiento de órganos parece inevitable.

Una vez que las personas de la superficie de la tierra sean capaces de colocar los implantes en el vacío y llenarlo con los trasplantes de entornos de vida, serán capaces de igualar temporalmente en el mundo excéntrico e imitar ambientes habitables para participar en un desplazamiento de la tierra al cosmos de tipo de comunicación ontológica. A través de la construcción práctica de las estaciones espaciales, se verán explícitas varias premisas ocultas de Ser en el mundo:  que la tierra es el único lugar posible para el alojamiento de los actuales habitantes, técnicos constructores de mundo, y que con las estaciones espaciales existencia en la tierra perderá el  monopolio de  portador de la vida y cultura.  La tierra se verá obligada en tiempos futuros a compartir con los implantes en el espacio exterior una vida alejada de la tierra. Si la tierra es todavía el soporte de la vida en el mundo, en tiempos no lejanos las estaciones espaciales cobrarán  visos de soportes de  ser en el mundo cósmico. Habrá entonces que escribir muy pronto la historia universal de las estaciones espaciales como invernaderos de ser en el mundo humano.

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