La gran lógica de los condenados

Por: Ángel Velázquez  Callejas

Si nuestro interés fuese dirigido a descubrir por qué una época se presenta como es, mítica y esclerótica, no cabe otra alterativa que dudar sobre como la condición humana se humedece de inoculaciones emotivas.   Relativa a la época actual, nada ha cambiado respeto a cuando quedaba claro, hace más de un siglo, que la esfera de lo intersubjetivo estaba cargada de voluntad imitativa y erótica por el hechizo mágico del ser humano por el ser humano.

Como sujetos que erotizan, las experiencias los condenan a llevar consigo el anhelo por el otro.  Sienten que el rol fundamentar es contagiar al objeto de fascinación con sus propios anhelos. Bajo estas compulsiones infecciosas a los fascinados no les  quedan otra salida que imitar y seguir a los fascinantes.

Detrás de cada campo mágico de fascinación se esconde siempre un manipulador erótico. La historia prueba un largo camino en la maniobra de la psicología del erotismo hipnótico.  Si nos retrotraemos al siglo XV, cuando aparece el documento De Amore. Commentarium in Convivium Platonis de Marsilio Ficino, nada hoy nos parecería extraño. En este documento quedaron establecidas las normas para la consecución del discurso hipnótico, en boca de los llamados patológicos de espíritu.

Si bien aquí el ojo, la visión, es determinante para la fascinación ante el otro, ahora todo depende de cómo la flauta de la escritura haga de la magia un encanto. Giordano Bruno fue tan lejos en esto, que pudo vincular la dualidad sexuada en una relación por medios de los signos. La magia tiene hoy un campo privilegiados para los condenados. Guarda el secreto de una gran lógica para el encanto.

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