La deriva de los proxenetas en la Cuba castrista

Por: Gadiel F. Hernández

Jaroslav Zourek, quien fuera relator del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en una época muy convulsa, el inicio de los 60’, en un ya viejo manual de Derecho Internacional Público de 1962, hacia una asociación, en apariencia delirante, pero sumamente aguda. En la génesis de las relaciones consulares en Roma, un proxeneta, era en esencia la misma cosa que un diplomático en la actualidad: se trata de personas escogidas entre los ciudadanos de la Ciudad cuya protección se buscaba y encargados de representar a los extranjeros en sus relaciones con los órganos de la Ciudad y con la justicia local, eran llamados proxenis o proxenetas, y este es el origen último de la palabra.

Después de la fugaz y poco clara participación del excandidato presidencial en 1952, Dr. Roberto Agramonte, quien fuera canciller de Cuba hasta poco después de la Reforma Agraria en 1959, apareció en la caja de resortes de la maquinaria del régimen cubano un personaje sacado de una viñeta de la Revista Social o de cualquier garito de intelectuales procomunistas en torno a la Universidad de La Habana: Raúl Roa García.

Roa, que el aparato propagandístico del régimen castrista ha puesto el pomposo título del Canciller de la dignidad, fue el proxeneta mayor de Fidel Castro por los 17 años que duro la fase de orgía revolucionaria en la que Cuba era gobernada sin Constitución, sin leyes y a dedo alzado del dictador. A esto llaman eufemísticamente la provisionalidad institucional.

En estos años hacía falta un intelectual en Relaciones Exteriores que tuviera respuestas para toda idea estrafalaria, la suficiente creatividad para lidiar con la juventud impetuosa del joven e inexperto “bola de churre” con todo el poder y sobre todo el total cinismo que se requería para poder aguantar risas o reclamos en el mundo, de cualquiera que cuestionara al gobierno de La Habana y sus fantasías quijotescas.

Este curioso personaje, hoy encumbrado en la Cuba demolida, hombre frustrado que ya se había ido a bolina con su delirante Revolución contra Machado, fue el sabio constructor del colonialismo soviético en Cuba, el artífice de la “honrosa salida de Cuba” de la OEA y el ingeniero de una red de nuevas embajadas en todo el Nuevo Mundo creado por las independencias después de 1960. Si la Revolución había cambiado a Cuba, Roa había transformado el concepto de canciller, al de hombre sin límites, al cual cabía en el mismo fragmento de discurso la epopeya de la Sierra Maestra, el instinto criminal del Che Guevara o los pozos petroleros de Cabinda en Angola.

Como no recordar a Isidoro Mas…ierda o Malmierca, como el indetenible choteo cubano le nombro al proxeneta, sucesor de Roa. Después del pseudointelectual, un burócrata. Malmierca, estuvo por 16 años en el MINREX, y hubiera estado 40 y nadie se hubiera percatado de su eficiente incompetencia y seriedad burocrática. El proxeneta de un país, calcado a la URSS de Breznev, con una Constitución, unas leyes, y unas instituciones.

Malmierca fue el responsable de Relaciones Exteriores en el momento culminante de 1979, cuando Fidel Castro adquirió el complejo de Dios: presidente del MNOAL, paseando por Nueva York, desfilando triunfal en Managua y avanzando en Angola, con el petróleo de Angola. Malmierca, le toco lo mejor y lo peor de esta caja de Pandora, el fin de la metrópoli roja de Moscú, la retirada de las tropas de Angola y los escándalos que las resonancias del caso Ochoa cayeron sobre el MINREX por todas partes. Puede que el efecto radiactivo de toda esta porquería lo haya matado de cáncer de pulmón en 2001. En cualquier caso, su lineal burocratismo sovietomorfo lo hizo innecesario en 1992 y fue despedido.

Vino entonces, un buen servidor, pero mal proxeneta, porque esto no es lo suyo. Ricardo Alarcón de Quesada que hasta ese momento había dormido cada noche bastante tranquilo e incluso aburrido en Nueva York, vio que su carrera dio un salto hacia el cielo, cuando Fidel Castro lo nombro Canciller en el Periodo Especial. Alarcón básicamente ni hizo nada en el MINREX como no ha hecho nada en ningún sitio, ni es nada, es solo el nombre de un vacío en la política absurda del régimen y el contenido de espera de un genio creativo: Roberto Robaina.

Este si fue un canciller, Roberto, Robertico, Robaina, joven, emprendedor, ex secretario general de la UJC, inteligente y seductor fue el artífice de un momento casi extático en el MINREX. Solo 6 años duro su paso por aquel sitio, pero rebeló sus cualidades. Robaina, fue el proxeneta especial que el periodo especial requería. La cara de Cuba en el mundo debía ser mentalmente flexible, creativo, impetuoso y dotado.

Trato de vender y vendió, armo la nueva industria de la Cuba postazucarera, armo el turismo y uso las habilidades de una generación de mujeres cubanas sin miedo. Trato de redescubrir América Latina, fuera de la OEA, se acercó con éxito, demasiado éxito a México, cruzo mucho más que palabras con la España de José María Aznar y murió públicamente o fue botado como Malmierca cuando ya no hizo más falta, envenenado por su propia posición. Robaina, ahora es el hombre del bosque.

Entonces apareció, Hugo Chávez, y ya las muchachas pudieron descansar un poco, porque regreso el petróleo. Y en grandes cantidades, más que Angola, más que los rusos. Regreso la fiesta, la FIESTA, como acierta Rafael Rojas. Y toda fiesta lleva un payaso, el proxeneta sucesor de Robaina fue Felipe, Felipito, Pérez Roque. Al ahora anciano dictador le agradaba rodearse de jovencitos y le daban fuerzas, Robertico, Felipito, Carlitos Valenciaga, fueron sus últimas creaciones. Probablemente en la historia de la Isla no haya habido nadie tan incapaz en un cargo tan importante.

Ignorante, arrogante y bufonesco, las cualidades más sobresalientes del nuevo inquilino del MINREX. El hombre perfecto para lidiar con Chávez, su alma gemela. Hizo lo que pudo, dijo en Caracas que Cuba tenía dos presidentes Chávez y Fidel Castro, sobrevivió 10 años, robo lo que pudo y fue castigado públicamente cuando la nueva capa de la casta política del castrismo que encabeza Raúl Castro termino de instalarse. Para hacerle justicia a Pérez Roque, no fue un mal proxeneta, nunca se enteró de nada, y esa es una cualidad altamente apreciada por el aparato político de la dictadura cubana.

Esta deriva o desconcierto sigue. Bruno Rodríguez Parilla, mexicano, parece la mejor pieza del artefacto de Raúl. Hombre inteligente y discreto, de buena familia, de historial agradecido al sistema político cubano por donde ha recibido todo lo que es. Es el encargado de revender a Cuba en una nueva etapa, profundamente nueva, Venezuela es un fracaso, en Cuba parece que ya no hay nada que vender, ni la gente se quiere vender ya, y lo mejor, ya EUA no es el enemigo.

Bruno, nombre de galgo, es el hombre del deshielo, es el proxeneta que le mostro a un presidente de EUA, los encantos de La Habana, había esperanza, oportunidades, todo parecía ir según el plan. Pero, Donald Trump fue elegido presidente de EUA, parece no haber ni una sola persona en el mundo que haya estado lista para esa noticia. El buen Bruno muchísimo menos. ¿Y ahora que…? Hay que cerrar la embajada, acercarse a Putin para ver si el New York Times está en lo correcto y el régimen de Cuba hace un triángulo nuevamente Washington, Moscú, La Habana. Venezuela es cada día que pasa, menos una salida y más un problema, América Latina no parece gustarle más la Nueva Izquierda o la Vieja y a todos preocupa la salud mental del nuevo proxeneta, por 9 años en el MINREX.

A la deriva y Fidel es polvo.

 

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