La derecha del Dr. Mollejas

Por: Galán Madruga

(Primer capítulo…)

El Dr. Mollejas, un auto proclamado “intelectual derechista”, vive en una casa solariega pos-moderna  en Playa Albina, un pueblo cosmopolita en el norte de Miami. Desde este antiguo y aislado puesto de avanzada, Mollejas, que tiene 50 años, ejerce una considerable influencia sobre los pensadores, activistas y políticos de extrema derecha en toda la Florida cubiche, y muchos seguidores hacen peregrinajes regulares a Hialeah para una audiencia con él. El lugar de conferencia sirve como sede de la revista y la editorial que dirige el sr. Mollejas con su esposa, la escritora Antonia de Arcos, y también para un grupo de expertos de derecha, el Instituto de cultura de la diáspora, claramente nombrado, y una pequeña licorería orgánica donde destilan vino y alcohol. Mollejas se llama a sí mismo conservador, luchando por preservar la “identidad etnocultural” de Cuba en la diáspora, que según él está amenazada por el ninguneo y los efectos alienantes de la modernidad izquierdista. Se identifica como parte de la “Nueva Derecha” cubiche, que busca disociarse de la “vieja derecha”, que en el exilio significa anticuado. Los politólogos cubiches de Playa Albina, por el contrario, clasifican el tipo de pensamiento que Mollejas atribuye como bisagra ideológica entre el conservadurismo y el extremismo de derecha, o simplemente como extremista, no muy diferente, en otras palabras, del viejo derecho. Mollejas, sin embargo, presenta sus puntos de vista con un idealismo teutónico desarmante que recuerda a una Cuba eugenesia que precedió mucho al ascenso del machadato. El periódico en la red Cubaencuentro una vez se refirió a él como un “caballero oscuro”.

Fue en abril del pasado año que primero hice el viaje a la fortaleza del Dr. Mollejas. Playa Albina se encuentra en una zona urbana de lo que una vez fue la Habana del Este, y llegar allí implica tomar un bus a través de un turbio tráfico pasando por lugares salpicados de negocios, viviendas y monótonos complejos de apartamentos construidos durante la era de la primera inmigración cubana. A medida que el bus avanzaba hacia el lugar, los parajes parecían cada vez más extraños.

Playa Albina es una aldea limpia de unas 4000 personas, y rápidamente encontré la casa del Dr. Mollejas en la calle principal, no lejos del Publix y relativamente cerca de la alcaldía, un apartamento modesto para un genio post-moderno, en el décimo piso pintado de gris, lo que se construyó alrededor del año 1980 y, de acuerdo con el folclore de la ciudad que progresa, sirvió como primer festín para caballeros viajeros y dignatarios de la cubanidad. En el patio delantero, una bandera inusual, rayas azules y negras con un patrón de hojas de roble dorado en el centro, revoloteando en un palo de madera. Esta era la bandera de los hialeahnos, toda una fraternidad patriótica fundada a principios del siglo XX con el objetivo de unir territorios de habla hispanas en un solo condado. La bandera parecía marcar un puesto rebelde, y cuando entré en la propiedad del Dr. Mollejas, tuve la sensación de que estaba entrando en un terreno ocupado. La bandera, llegaría a comprender, ejemplificaba la cosmovisión de los ciudadanos: su orgullo nacional estaba enraizado en la identidad cubana, pero no en la república socialista cubana.

Mollejas estaba organizando un evento llamado Eka literaria, una casa abierta para personas interesadas en conocer sus ideas y publicaciones del proyecto. Caminé a través de una puerta abierta y subí una serie de escalones de madera a un desván con vigas de madera. Algunas docenas de invitados se sentaron en mesas, bebiendo café y comiendo pastel casero. Los asistentes se veían principalmente librescos; algunos de los más jóvenes usaban gafas de barba y cejas favorecidas por la intelligentsia transnacional. Mollejas fue inmediatamente reconocible, una imponente figura vestida de negro con una cabellera rubia y la postura erguida de un oficial militar. (Una vez sirvió en una unidad de reconocimiento del Ejército Revolucionario Cubano.) Saludando con un apretón de manos formal y asentimiento, me invitó a unirme a él en una mesa en la esquina, donde se sirvió un pequeño vaso de cerveza y comenzó a describirme el filosófico fundamento de su ideología.

El ser humano, me dijo mientras tomaba un sorbo moderado, es un “tipo muy difícil”. No está en nuestra naturaleza adherirnos a una ideología política estricta como el comunismo o el nazismo, dijo; más bien, los seres humanos deben ser criados de acuerdo con sus inclinaciones. “Hay algo que el ser humano puede lograr, algo que puede ser”. Es en esta dirección que debe ser criado. Y nunca debemos alejarlo de eso. “¿Es este un caballero oscuro o un maestro Montessori, me pregunté a mí mismo, pero Mollejas ya había pasado al tema de la Cubanidad? “La idea de que exista algo así como un cubano puro es totalmente absurdo”, dijo, “las poblaciones migran y absorben otras influencias”. Naturalmente, dijo, un inmigrante también podría convertirse en cubano caribeño, siempre y cuando esa persona “esté dispuesta a dar todo por Cuba y esté lista para identificarse con él”.

 

(Continua…)

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