“La cultura no se puede definir solo por su aspecto lógico-racional”, afirma Ariel Pérez Lazo

En los días que corren, se hace más efectiva la opinión de que el trabajo de la ciencia es cada vez más prominente en los medios digitales. Particularmente, los pasos se concretan en dirección a las humanidades, donde las ciencias sociales y culturales juegan un rol importante. Sabemos que la cultura nunca ha estado desligada del pensamiento y la ciencia y que, en este sentido, existe un poderoso banco de información que da cuenta de siglos de trabajo. Sin embargo, queda mucho por recorrer, sobre todo porque en la actualidad se examinan proyectos de investigaciones sobre la cultura atendiendo a enfoques multidisciplinarios.

A la siguiente entrevista del Instituto Cubano de Ciencias Culturales de las Diáspora (ICCCD) respondió gentilmente Ariel Pérez lazo (APL), Lic. en filosofía, Master en Historia Contemporánea por la Universidad de La Habana y profesor de Filosofía en el Miami Dade College.

ICCCD. En su opinión, ¿existen las ciencias culturales? ¿Cuáles relaciones guardan con el panorama de la cultura cubana?

APL. Primero, creo que habría que hacer una distinción entre ciencias sociales y ciencia (filosófica) de la cultura. Me referiré a la segunda y es de la que hablaré en todas las preguntas pues me parecería muy complejo entrar en cada una de las disciplinas que se engloban el concepto al uso y prefiero más bien enfocar mi análisis en el concepto mismo.

Como siempre se asume por ciencia cultural lo que a veces se llama ciencia social se supone un objeto sea cultura o sociedad. Aquí estamos frente a una pregunta a la que me gustaría responder buscando lo que de común tienen estas disciplinas, algo que implicaría definir que es la cultura pero la intentaré responder tomando un atajo histórico.

Después de que en el siglo XIX el neokantismo de la escuela de Baden definiera el objeto de las ciencias de la cultura en los valores para justificar su independencia vinieron una serie de enfoques. Creo que pudiéramos pensar en los términos de Cassirer y ver en las ciencias de la cultura la búsqueda de la forma, de una totalidad no mecánica y reducible a otro contenido. Y donde no hay reducción hay autonomía del objeto de una ciencia. Resulta, sin embargo que la ciencia se torna historicista en el lenguaje de los científicos que constituye el pensamiento de la complejidad. Nociones como la de emergencia sustituyen a la de causalidad. Ya nadie, por ejemplo en la biología pretende explicar el origen de la vida a menos que continúe adscrito a un desfasado positivismo y por tanto en vez de acudir a un enfoque dualista como el de los neokantianos y su último exponente: Cassirer, donde se podía hablar de ciencias de la naturaleza y de la cultura con métodos diferentes, llegamos a una nueva definición de ciencia, donde el método de la forma de Cassirer puede ser aplicado mucho más allá de los limites a los que este los reservara.

Por otro lado, si desde la sociología filosófica del conocimiento autores como Ortega y Gasset plantearon la ciencia es solo una de las alternativas que el hombre se plantea en una situación concreta y vital, irreductible a una necesidad biológica o social, hacer ciencia de la cultura es tan justificable como cualquier otra actividad y a lo que debemos prestar atención es a nuestra actitud frente a la misma. En otras palabras como me relaciono como sujeto concreto con dicho saber que voy construyendo y me constituye como científico de la cultura. De ahí que habría que velar porque esta ciencia de la cultura no sea extraiga su método de otras actividades. De manera que afirmando la existencia de una ciencia cultural sin necesidad de crearle un status especial, sin ver la naturaleza dentro de la historia o la historia dentro de la naturaleza podemos pasar a la segunda pregunta.

Primero habría que justificar la existencia de una cultura cubana. Se habla de cultura latinoamericana o de cultura caribeña o iberoamericana. En caso de existir la cultura cubana: ¿en qué se diferencia de ese conjunto superior que es lo latinoamericano? ¿Cuál es su espacio dentro de la cultura occidental? ¿No se estará confundiendo nación con cultura? ¿Existe una cultura francesa? Titubeamos. ¿Una danesa? ¿Quizás una propia de Luxemburgo o Albania? Ya aquí la confusión resulta mucho más evidente.

Recordemos un ensayo escrito hace casi cien años por uno de nuestros pensadores que solo es citado o retóricamente o para mostrar sus diferencias con el marxismo de corte estalinista. Me refiero a La crisis de la alta cultura en Cuba de Mañach. Allí exponía las condiciones que nos permiten reconocer- a la manera neokantiana-una cultura. Desde esa óptica Francia lo es pero Cuba no lo seria porque en Cuba el sectarismo a nivel político, “racial”, regional e incluso personal impide esa comunidad trascendente que es la cultura. Desde la óptica posmoderna esto es puro discurso metafísico y retrógrado pero de ser así no nos preocupemos: no tiene mayor importancia la cultura de Sagua la Grande, la de Hialeah o la del Cotorro que la de Cuba y su diáspora en su conjunto.

¿O es la latinoamericana una cultura diferente a la occidental? Esta pregunta es idea de Badruel y repetida por Huntington. Los latinoamericanos, dice Huntington ni son occidentales ni anti-occidentales, simplemente son diferentes. Como yo no sé que es un latinoamericano – y perdóneseme la ironía- pero sí creo saber de qué se habla cuando se pregunta qué es un occidental. Me atrevo provisionalmente, a hacer las siguientes observaciones. El cubano, promedio de cierta edad- digamos de cuarenta años en adelante- está mucho más cerca de un español del sur que de un boliviano o un centroamericano. América Latina no es una unidad homogénea. Hay una América Latina fuertemente influenciada por las culturas prehispánicas y hay otra con igual influencia española y africana.

Si como decía Ortega, el hombre no tiene naturaleza sino historia, miremos a la historia de Cuba, a sus relaciones íntimas con España y Estados Unidos, lo que la hacen diferente y no reducible simplemente al Caribe y en esto pese a lo antiguo de la fuente me quedo con Azúcar y población en las Antillas de Ramiro Guerra. Si esta diferencia de Cuba frente al Caribe que no fue colonizado con España y la América indígena (diferencia que también vemos en Puerto Rico y Republica Dominicana) basta para constituirla en cultura o no, creo que sería una de las preguntas donde las ciencias de la cultura y el concepto de cultura en particular habrían de tener un papel.

ICCCD. ¿Qué nivel y grado les consideraría a estas ciencias en el marco del quehacer de la investigación cultural cubana?

APL. Si se va a tomar a la totalidad de producciones artísticas, científicas, literarias, folklóricas, técnicas y demás que se hace en Cuba para distinguirlas de las de otro conjunto nacional con el fin de averiguar si se trata de una cultura con una unidad dada en sus valores y propósitos o si esa unidad y propósito corresponden a una situación concreta y vital, estas ciencias serian el concepto desde el cual la pregunta de si existe una cultura cubana y que es se intentaría responder.

ICCCD. ¿Pueden las ciencias culturales tener relaciones de trabajo con la creación artística y literaria?

ALP. La cultura no se puede definir solo por su aspecto lógico-racional y el artista puede ser escuchado a la hora de explicar por qué hace arte, pero el conflicto entre ambas visiones está latente porque el artista no puede ser al mismo tiempo objeto y sujeto de sí mismo y lo que se puede intentar es complementar ambas visiones: la del científico cultural y a del artista o escritor a la manera del psicoanálisis donde el sujeto se analiza y es analizado desde fuera.

ICCCD. ¿Cuál es su campo de investigación y cómo definirías las tareas de un investigador de la cultura?

APL. Me interesa la filosofía, particularmente el concepto de cultura y de crisis cultural. Se habla de crisis de la modernidad, del capitalismo, de la ciencia, de los valores (si, aún queda un eco pese a las fuertes ráfagas del huracán relativista del último medio siglo) y se construyen discursos apocalípticos (calentamiento global, nueva invasión de los barbaros a la Roma posmoderna, léase Estados Unidos y la Unión Europea, terrorismo, choque de civilizaciones, fin del hombre culto en la era digital etc. Se culpa a la tecnología, al club Bildberg, a las sociedades ocultistas, a los inmigrantes, al fundamentalismo religioso a la burguesía o al capitalismo. Me interesaría trabajar el vínculo entre estas imágenes de la crisis con las visiones de la misma que tenia la filosofía en la primera mitad del siglo XX cuando se empieza a cuestionar la modernidad. Me interesa además el pensamiento cubano de corte filosófico.

Me tomaría tiempo desarrollar esas tareas del científico cultural pero he apuntado arriba alguna posible pista preliminar.

ICCCD. Para usted, cuáles serían los puntos débiles y fuertes de las actuales ciencias culturales en Cuba.

APL. Existen historiadores, sociólogos, historiadores del arte, antropólogos y seguramente muy buenos, pero no creo haya una ciencia cultural en el sentido que la definí mas arriba. Se define una historia de la literatura cubana revolucionaria, o de la sexualidad revolucionaria y no me interesa entrar en los detalles de ventajas y defectos.

Hablo desde una perspectiva filosófica. En Cuba la academia continúa supuestamente fiel al marxismo-leninismo en sentido general, marxismo filtrado con influencias de Gramsci y alguna que otra figura del marxismo cultural, ni siquiera de Habermas o Zizek ni menos aún de la reciente conversión de Vattimo pero ni siquiera se intenta hacer un análisis superestructural de la “cultura” cubana actual. Si desde la lógica del marxismo más tradicional hay un capitalismo emergente en Cuba: ¿Cómo este influye a algo tan abstracto como la poesía? O para decirlo de manera menos determinista: ¿Cómo se correlacionan ambos fenómenos? ¿Quién estudia a la ciencia (o la poesía) hecha en Cuba como actividad cultural? Alexis Jardines escribió hace diez años una teoría fenomenológica de la cultura, un texto que ni siquiera se estudia en las universidades y no veo interés en el método fenomenológico a la hora de abordar estos asuntos.

Historiadores como Carmen Barcia, a quien conocí personalmente en Cuba, están al tanto de los estudios culturales que se pueden ver en universidades norteamericanas y han hecho interesantes estudios sobre la esclavitud en Cuba o sobre el aspecto que tomó la vida cotidiana en La Habana durante el bloqueo naval americano de 1898 pero desde los cuáles no se pueden responder las preguntas dadas más arriba. Otros que prefiero no mentar se lanzan a elaborar una filosofía de la historia cubana, siguiendo el modelo de Cintio Vitier que no tiene carácter científico sino propagandístico del régimen político actual de la Isla.

En el exilio se encuentran Abel Sierra y Duanel Diaz, para mencionar figuras de mi generación, de este último han sido útiles varios de sus libros en algunas de mis investigaciones  o pudiera mencionar historiadores como Rafael Rojas pero se deja sentir la falta de esta perspectiva.

ICCCD. ¿Cómo evaluaría el futuro de la investigación sobre  la cultura cubana en la diáspora?

APL. No estoy al tanto de todo lo que se hace en este terreno en la amplia diáspora cubana. Puedo hablar de Miami y decirte que lo que vemos es más ensayística que trabajo científico y esto obra de figuras que generacionalmente no se pertenecen al exilio histórico. Hay una academia cubanoamericana en diferentes universidades y estados pero se desmarca de Miami por un lado y la academia en Cuba todavía no la acepta. No se ve a corto plazo un florecimiento de los estudios cubanos desde la perspectiva cultural que he mentado aquí. Mucho estudio “de campo” a tono con los intereses de las universidades norteamericanas pero que por ese motivo queda absorbida por la cultura donde nos hemos alojado.

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